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BLOG DE LA FUNDACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL DERECHO Y LA EMPRESA





Ignacio Ayerdi, Ex-Presidente Philips Iberica.
Ignacio Ayerdi, Ex-Presidente Philips Iberica.
A pesar de los fantásticos logros conseguidos, en el último siglo, por los Sistemas Sanitarios, hay una preocupación global sobre su sostenibilidad. El Sistema Sanitario de un país es uno de sus Activos más importantes por el impacto que tiene en la salud de la población, su efecto en la reducción de desigualdades y en definitiva por su contribución al bienestar social y económico de sus ciudadanos. 

El futuro de la sanidad es uno de los temas más candentes en nuestra sociedad. Los sistemas sanitarios y su ecosistema (industria farmacéutica, tecnología médica, etc.) han dado lugar a crear el sector más relevante del mundo de los Servicios, no sólo por la valoración de los ciudadanos sino  por su contribución al PIB de los países. Es un sector muy innovador, que genera muchos puestos de trabajo y muy cualificados. Preservarlo es una tarea que nos concierne a todos.

A pesar de las bondades de los actuales sistemas, el modelo sanitario tradicional está en cuestión; se enfrenta a retos formidables: un radical cambio epidemiológico, una explosión de innovaciones científicas y tecnológicas sin parangón y a una sociedad/ciudadanía más exigente. La actual estructura del gasto sanitario, no parece la más idónea; está muy sesgada hacia los pacientes crónicos, especialmente los pluripatológicos y con muy poca inversión en prevención. En España, acaba de publicarse, que las enfermedades crónicas que padecen el 50% de los mayores de 65 años copan el 75% del gasto sanitario, en los países de nuestro entorno la foto es similar. El sistema está fragmentado, tiene un foco demasiado orientado a lo episódico y poco a la continuidad asistencial, incentiva más la actividad que el valor de las actuaciones.

El gasto sanitario viene creciendo en las últimas décadas 2 puntos por encima del PIB en los países de la OECD, tendencia que pone en cuestión la sostenibilidad del sistema. La crisis económica ha impulsado medidas cortoplacistas de reducción del gasto sanitario que ha logrado contenerlo pero a expensas de una pérdida de calidad-excluyendo acciones positivas de eliminar actuaciones innecesarias-. El aumento constante de la esperanza de vida y el éxito en el tratamiento de los episodios agudos de salud prolonga la vida de las personas pero con frecuencia transforma la enfermedad  en crónica, va a magnificar el problema. Además una parte importante del gasto (algunas estimaciones lo sitúan en un 30%) se dedica a procedimientos diagnósticos y terapéuticos de poco valor o innecesarios.
La sanidad está muy regulada y la Política Sanitaria de un país tiene un papel clave que cumplir en su transformación.

El mantra global es que hay que moverse  hacia una medicina basada en el Valor que aporta al paciente, donde las tres Ps  son claves: Prevención, Precisión y Personalización. Las últimas innovaciones disruptivas en las tecnologías TIC´s: Big Data, Análisis de Datos, Sensores llevables, Internet de las Cosas, Realidad Virtual y la Inteligencia Artificial  tienen la potencialidad de abordar con éxito estos desafíos.

Quiero destacar varias iniciativas recientes que apuntan en esta línea:

•    Kayser Permanente, que no es una organización virtual como Uber, Amazon o Airbnb, porque tiene 38 hospitales y 700 clínicas, está explorando nuevas formas de relación  con sus pacientes, recientemente la cifra de sus pacientes que interactúan con los médicos por vía digital ha sobrepasado (52%) a los que utilizan la vía  presencial. Esta tendencia además de disminuir costes del sistema refuerza la responsabilidad del ciudadano con su salud.

•    Google maps for Health,  está lanzando el Proyecto Baseline, un estudio longitudinal de Salud, de 4 años, diseñado con las Universidades de Duke y Stanford, en el que han enrolado 10,000 pacientes para comprender mejor cómo se produce la transición  de estar sano a enfermo. Los participantes, a quienes se secuenciará su genoma, llevarán unos “sensores llevables” que registrarán a diario múltiples señales fisiológicas y ambientales. Los investigadores esperan que esa información ayude a identificar signos precoces de enfermedad. Este proyecto impulsará una medicina más predictiva y preventiva 

•   Lancet, Planetary Health, Proyecto que quiere eliminar las barreras existentes entre las disciplinas de Ciencias de la Salud, Ciencias de la Naturaleza y la Física para asegurar un futuro más saludable y sostenible. La ciencia médica está basada en comprender lo sistemas dentro del cuerpo humano, esta iniciativa ensancha la visión al incluir sistemas externos que amenazan o sostienen la salud humana; potencia en definitiva la Inteligencia Colectiva

Implementar estas innovaciones en los Sistemas Sanitarios puede hacer que la experiencia del paciente sea radicalmente distinta, con más prevención, con un diagnóstico y tratamiento más rápido, con una estancia hospitalaria más corta y una vida independiente más larga. Si el paciente retorna al hospital, llevará consigo la evolución de sus datos vitales, captados por los “sensores llevables”. Los datos se integrarán en la historia clínica que dará una visión de largo recorrido de su salud en vez de una información episódica del día que visita al médico.

No podemos olvidar que estas innovaciones tienen por delante retos como su interoperabilidad, la protección de la privacidad, la seguridad; ni tampoco ignorar que si bien los profesionales sanitarios adoptan rápidamente las innovaciones verticales (aplican a su área de competencia: fármacos, equipos de imagen…) son mucho más reticentes con las innovaciones horizontales (aplican a todos los sectores: rueda, máquina de vapor, internet…).

Las organizaciones sanitarias tienen un gran reto por delante para innovar en su organización, formar a sus profesionales sanitarios en estas tecnologías e incorporar profesionales de las TIC's al sector sanitario. 

La tarea es ingente y requiere la colaboración de los distintos agentes del Sistema para que la transición se gestione adecuadamente y poder construir un sistema sanitario y social más proactivo, integrado e innovador, centrado realmente en las necesidades de los ciudadanos. Más resolutivo desde  los primeros niveles, con la ambición de la triple meta: 
Aumentar la calidad/ Mejorar la experiencia del paciente/ Reducir costes




Jueves, 18 de Mayo 2017 | Comentarios

España e Israel anuncian el lanzamiento conjunto de la novena convocatoria para la concesión de ayudas públicas a proyectos internacionales EUREKA de I+D.
La convocatoria, promovida por el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI) español y la Israel Innovation Authority (IAA), ambos dependientes de sus respectivos Ministerios de Economía, está prevista para conceder ayudas públicas a determinados proyectos presentados conjuntamente por empresas españolas e israelíes.
 
Todos los proyectos en todos los campos son bienvenidos, pero los relacionados con agrotecnología, biotecnología, life sciences, cleantech, ICT, y nanotecnología, parecen recibir un especial interés en esta ocasión.
 
El plazo para la presentación de propuestas se cierra el 15 de junio de 2017 y las bases legales pueden consultarse aquí

Este tipo de iniciativas contribuyen, sin duda, no sólo a reforzar las relaciones comerciales entre España y el país hebreo, sino que suponen también una excelente oportunidad para intercambiar conocimientos y avanzar en ciencia y tecnología.
 
La IIA es una entidad clave para el desarrollo y el fortalecimiento de la economía Israelí y la responsable de guiar al país en materia de innovación. Más información sobre sus funciones se pueden leer aquí y los casos de éxito y determinadas ayudas concedidas se pueden consultar aquí.
 
Por su parte, el CDTI promueve la innovación y el desarrollo tecnológico para empresas españolas y canaliza las solicitudes de ayudas públicas y apoyo a los proyectos de I+D de tanto en ámbitos nacionales como internacionales. Más detalles sobre CDTI pueden leerse aquí y las ayudas públicas concedidas pueden consultarse en el Portal de Transparencia disponible aquí   (en Administración del Estado se deberá seleccionar “Ministerio de Economía, Industria y Competitividad” y como órgano “CDTI”).
 
Por último, para los interesados en conocer más sobre EUREKA, pueden familiarizarse con sus loables funciones en el siguiente enlace http://www.eurekanetwork.org/.

Difundido por Ignacio González Royo, Senior associate at Meitar Liquornik Geva Leshem Tal's Technology and Intellectual Property Group. Currently based in Tel Aviv, Israel.  Prior to joining Meitar, he was a senior associate at J&A Garrigues S.L.P, in the Intellectual Property Department and the Telecom & Media and Sports & Entertainment industries. Degree in Law from Universidad Complutense de Madrid. Degree in Architecture from Universidad Politécnica de Madrid. Postgraduate studies in business law and business intelligence and security. Member of FIDE's Academic Council.




Martes, 16 de Mayo 2017 | Comentarios

Ramón López de Mántaras, Director, Artificial Intelligence Research Institute (IIIA-CSIC) Fotografía: Jordi Cabanas
Ramón López de Mántaras, Director, Artificial Intelligence Research Institute (IIIA-CSIC) Fotografía: Jordi Cabanas
El objetivo último de la Inteligencia Artificial, lograr que una máquina tenga una inteligencia de tipo general similar a la humana, es uno de los objetivos más ambiciosos que se ha planteado la ciencia. Por su dificultad, es comparable a otros grandes objetivos científicos como explicar el origen de la vida, el origen del universo o conocer la estructura de la materia. El principal problema al que se enfrenta la Inteligencia Artificial es la adquisición de conocimientos de sentido común. Poseer sentido común es el requerimiento fundamental para que las máquinas actuales dejen de tener inteligencias artificiales especializadas y empiecen a tener inteligencias artificiales de tipo general. Los conocimientos de sentido común los adquirimos gracias a nuestras vivencias. Una aproximación interesante al problema de dotar de sentido común a las máquinas es la denominada “cognición situada”. Es decir, situar a la máquina en entornos reales con el fin de que tengan experiencias que les doten de dicho sentido común mediante aprendizaje basado en el desarrollo mental. Esta cognición situada requiere que la IA forme parte de un cuerpo. Esto es así porque los cerebros forman parte integrante de cuerpos que a su vez están situados e interaccionan en un entorno real muy complejo. De hecho, el cuerpo es determinante para la inteligencia ya que el sistema perceptivo y el sistema motor determinan lo que un agente puede observar y las interacciones con su entorno. A su vez, estas situaciones conforman las habilidades cognitivas de los agentes. Las aproximaciones “no corpóreas” no permiten interacciones ricas con el entorno por lo que, inevitablemente, dan lugar a falsos problemas y por lo tanto a falsas soluciones. Actualmente todavía nos encontramos con importantes dificultades para que una máquina comprenda completamente frases relativamente sencillas o bien sea capaz de describir cualquier tipo de escena visual. 

Posiblemente la lección más importante que hemos aprendido a lo largo de los 60 años de existencia de la inteligencia artificial es que lo que parecía más difícil (por ejemplo, diagnosticar enfermedades o jugar al ajedrez y al Go a nivel de gran maestro) ha resultado ser relativamente fácil y lo que parecía más fácil ha resultado ser lo más difícil. Las capacidades más complicadas de alcanzar son aquellas que requieren interaccionar con entornos no restringidos: percepción visual, comprensión del lenguaje, razonar con sentido común y tomar decisiones con información incompleta. Diseñar sistemas que tengan estas capacidades requiere integrar desarrollos en muchas áreas de la Inteligencia Artificial. En particular, necesitamos lenguajes de representación de conocimientos que codifiquen información acerca de muchos tipos distintos de objetos, situaciones, acciones, etc., así como de sus propiedades y de las relaciones entre ellos. También necesitamos nuevos algoritmos que, en base a estas representaciones, puedan razonar y aprender de forma robusta y eficiente sobre prácticamente cualquier tema. A pesar de todas estas dificultades, las tecnologías basadas en la IA ya están empezado a cambiar nuestras vidas en aspectos como la salud, la seguridad, la productividad, o el ocio y a medio plazo van a tener un gran impacto en la energía, el transporte, la educación, y en nuestras actividades domésticas. En cualquier caso, por muy inteligentes que lleguen a ser las futuras inteligencias artificiales, de hecho, siempre serán distintas a las inteligencias humanas debido a lo que hemos mencionado sobre lo determinantes que son los cuerpos en los que están situadas. El hecho de ser inteligencias distintas a la humana y por lo tanto ajenas a los valores y necesidades humanas nos debería hacer reflexionar sobre aspectos éticos en el desarrollo de la Inteligencia Artificial y en particular sobre la conveniencia de dotar de autonomía completa a las máquinas. 

Estos aspectos éticos, entre otros, fueron debatidos en un B·Debate  el pasado 8 de marzo de 2017, organizado por Biocat, con el apoyo de la Obra Social la Caixa, Barcelona y ha dado lugar a la “Declaración de Barcelona para un desarrollo y uso adecuados de la Inteligencia Artificial en Europa”. Esta declaración se puede ver y firmar en http://www.iiia.csic.es/barcelonadeclaration/   




Martes, 11 de Abril 2017 | Comentarios

«I would suggest that
the whole imposing edifice of modern medicine,
for all its breath-taking success, is,
like the celebrated tower of Pisa,
slightly off balance» (1)


    «Medicina» es la aplicación de la ciencia y de la técnica —«tecnología médica»— en aras de prevenir —medicina preventiva—, predecir —medicina predictiva—, diagnosticar, pronosticar y tratar —medicina clínica—, la enfermedad. También, rehabilitar —medicina rehabilitadora— sus secuelas. Sin embargo, en los últimos años han hecho eclosión una «medicina molecular» y derivados, y una «medicina de la salud», una demanda sin freno, un consumismo exagerado de recursos reclamado por una salud virtual y por una estética tirana. 

    La práctica de la medicina, que se centra en el «encuentro clínico» —fuera de él, la medicina, tal como todavía hoy se concibe, carece de sentido—, ha sido considerada, desde los tiempos hipocráticos, un arte y una ciencia. Aunque la medicina no es una ciencia stricto sensu, con ella se construye —«ciencias biomédicas»—; mas, el arte, la intuición y las consideraciones humanas, requeridas en la práctica médica pueden estar entre las razones por las que la medicina desarrolló una cultura peculiar, un sistema educativo distintivo y una literatura característica, mientras incorporaba, en beneficio propio, los conocimientos y los logros de las distintas ciencias e ingenierías.

    Los esfuerzos encaminados hacia un enfoque más racional de la atención médica en el futuro, han caminado por dos sendas paralelas si no divergentes. Por un lado, existe un convencimiento creciente, resultado de los estudios de los patrones de las enfermedades en grandes poblaciones —epidemiología—, de que las principales patologías pueden achacarse, en su mayoría, a los cambios producidos en el ambiente y en los estilos de vida. A la vez, han ocurrido sendas revoluciones en las ciencias biológicas, en particular en los campos de la biología molecular y celular y en la ingeniería médica, cuyos resultados han dado un vuelco al modo de ejercer la medicina. Sin embargo, hay una creciente disparidad en el corazón de la denominada biomedicina. La producción de conocimiento básico ha superado, con creces, las expectativas más optimistas planteadas un par de décadas atrás; pero el impacto de esta investigación en la práctica clínica ha sido mucho más modesto. El término «investigación traslacional», apenas escuchado hace poco más de diez años, está en boca de expertos y legos, quienes lo consideran la solución de la disparidad señalada. Para ello habrá que reconvertir la autovía monodireccional del «laboratorio a la empresa», en otra bidireccional: «bench to bedside and back» (2); un camino aún sin concluir.

    Además, un tercer elemento: el incremento imparable de los costes. En ello se apoyan los epidemiólogos para reclamar mayor compromiso hacia la atención médica comunitaria y hacia las necesidades y preferencias de los pacientes, que justifican una aproximación más holística al tratamiento de los enfermos. Quienes administran los servicios sanitarios no logran establecer las prioridades: cómo enjaretar la prevención, en principio más económica, y cómo aquilatar la demanda de la alta tecnología con la atención de una población, cada vez más envejecida, que exige trasplantes y libre acceso a las unidades de cuidados intensivos (3).

    Desde al menos dos centurias, al igual que hoy día, la educación de los médicos incluye, típicamente, una formación en los principios de las ciencias generales como la matemática y la física, así como un currículo médico estándar que incluye anatomía, fisiología, farmacología, bioquímica y otros temas que se asocian, de manera automática, con la medicina. Sin embargo, hay una opinión generalizada de que muchas de las cualidades del buen médico se han perdido en el esfuerzo por comprender la enfermedad, en vez de por los problemas de los enfermos. Ello se imbuye en una serie de paradojas, a primera vista incompatibles con el éxito prodigioso e indudable de la medicina moderna: médicos desilusionados; soluciones agotadas y pacientes desengañados; popularidad rampante de las medicinas alternativas, y la espiral de costes apuntada de la atención médica (4). En resumen, una insatisfacción con la práctica médica (5).

  

Pedro García Barreno
Pedro García Barreno
  La profesión médica, hoy, se enfrenta a varios problemas. Está desorientada en un laberinto burocrático; ha perdido su autonomía; su prestigio se sume en una espiral descendente, y se ha hundido su profesionalismo. Pero los problemas no acaban aquí. Una grave enfermedad médica merodea entre las sombras de todo ello. Una enfermedad de la que sólo es responsable la propia medicina y que amenaza al público al que debe servir. Comienza en la Facultad, donde prácticamente no recibe atención alguna. Pasada la incubación, florece durante el periodo de especialización en los años de Residencia. Luego, se cronifica. La terapéutica y sobre todo las medidas preventivas, se ignoran, y en el mejor de los casos son inadecuadas. Nos encontramos ante un cuadro típico de «insolvencia clínica».

    Herbert L. Fred (6) acuñó el término hyposkillia  —«hipopericia»— para referirse a la deficiencia de habilidades clínicas de los médicos; una patología debida a que sus intereses se centran en la enfermedad y en la técnica, que relegan a un segundo plano el contacto directo con el enfermo. Una situación que queda recogida en un nuevo eslogan: «medicina high-tech low-touch», que se ejemplifica en el «hospitalocentrismo» imperante (7). Médicos que aprenden a solicitar todo tipo de pruebas y procedimientos, pero que no siempre saben cuando pedirlos o como interpretarlos; médicos incapaces de hacer una historia clínica o una exploración física bien hechas. Además, una gestión prepotente orientada a recibir —no a atender— al mayor número de pacientes, en el menor número de minutos posible y aquilatando al máximo el número de euros por paciente. Protagonismo «numérico» que bien pudiera dar pie a una nueva área de conocimiento de las ciencias médicas, junto a la genómica, proteómica o celulómica: «numerómica». 

    ¿Existe cura para la tiranía tecnológica? Se necesitan docentes que sepan y que enseñen fisiopatología, propedéutica y patología clínica; que apliquen high-touch, que conozcan las bases de las diferentes técnicas y sepan cuando solicitarlas y cómo interpretarlas, y que utilicen high-tech para verificar más que para formular sus impresiones clínicas. Se requieren docentes que verdaderamente comprendan el valor de la historia clínica y de la exploración física; el valor de saber pensar y de la importancia de la responsabilidad. Profesores que usen antes el fonendoscopio y no un fonocardiograma, para detectar una valvulopatía cardiaca; que con un oftalmoscopio y no con una imagen por resonancia magnética, diagnostiquen una hipertensión intracraneal; que utilicen sus ojos y no una gasometría para diagnosticar una cianosis; que apliquen sus manos sobre el abdomen de un enfermo y no consulten una tomografía computarizada para diagnosticar una esplenomegalia, y que utilicen su cerebro y su corazón y no una horda de consultores, para atender a sus pacientes. Tal vez ello atempere una judicialización creciente de la medicina (8).

    Los centros médicos académicos o universitarios —al menos así consta en las fachadas de nuestros hospitales— tienen la responsabilidad de proporcionar una atención sanitaria ejemplar a los enfermos, enseñar medicina a los estudiantes, formar a los futuros profesionales y aportar nuevo conocimiento a través de la investigación (9). Hay que reinventar el sistema, porque ni reformas ni reestructuras son suficientes: existe la tendencia de que cuando se topa con problemas complejos, se opta por soluciones simples. Henry L. Mencken dijo que «para cada problema complejo existe una solución simple y errónea» (10). No hay una solución simple; son tantos los factores involucrados que es imposible, desde la pasividad, predecir un futuro que está por venir.
 
    Richard Anderson (11) caracterizó los desarrollos médicos históricamente recientes en décadas: la de los años 1960, década de la innovación clínica; la de 1970, década de la expansión clínica, y la siguiente, década de la restricción financiera. Para la década de 1990 reservó el calificativo de paradójica. Para esos últimos años, Alexander J. Walt (12) acuñó el término «dis-decade». Un término que resume una enmienda a la totalidad: «Medical education: a continuum in dis array + dis affected public (lack of humanism) + dis spirited residents (service versus education) + dis functional government (declining financial resources) + dis organized speciality movement (fragmentation) + dis couraged faculty (relative value of medical education) = decade of dis enchantment».

    Pocas son las razones, desde luego, para sentirse optimista. Tal vez, esperanzados. «La trampa del presente es el futuro […] el futuro solo tiene sentido como proyección del presente» (13). «En el ámbito de la medicina, no hay contradicción fundamental alguna entre la aproximación científica al estudio y tratamiento de la enfermedad y los aspectos pastorales del cuidado de los pacientes» (14). Uno de los avances más importantes de la práctica médica ha sido un lento pero mantenido desplazamiento desde un oficio artesanal hacia una disciplina más racional y con una sólida base científica. Debemos poner nuestra esperanza en más y mejor ciencia. Sin embargo, la enfermedad es un problema biológico extraordinariamente complejo; una entidad que tiene que ser entendida a niveles muy diferentes, desde las moléculas —medicina molecular (15)— hasta la población global (16). 

    Ya operativa, una «medicina predictiva» en la que el diagnóstico molecular cambiará las bases científicas del pronóstico; a la vez, alterará las dimensiones éticas y legales de la relación entre pacientes, sus médicos y otros estamentos implicados en la acción sanitaria. El término unpatients (17) ─prepaciente, paciente potencial─ supone una especie de carga de profundidad a la «nueva medicina». También, la «medicina personalizada» y «de precisión»; ¿términos sinónimos? (18). Y ya más que en puertas: «medicina regenerativa», «nanomedicina», la implicación de la «inteligencia artificial» en el contexto médico o «i-patient» e «i-medicina», y a la vista la «edición del genoma» humano; aplicaciones, todas ellas, que obligan, a pasos agigantados, a un cambio sin precedentes del cuidado de la salud (19).

    En cualquier caso, mientras haya enfermos que tratar, la medicina seguirá teniendo mucho de arte; cuanto más sofisticada sea la práctica clínica, mayor será la necesidad de tratar a los pacientes como personas y no como enfermedades (20).

Accede aquí a la lista de referencias usadas en este artículo 




Lunes, 27 de Marzo 2017 | Comentarios

Fide y la Fundación Garrigues analizaron el pasado 2 de febrero, en sus "Diálogos Ciencia y Derecho", los principales retos a los que se enfrenta la genética/genómica actualmente.


Sesión Diálogos Ciencia-Derecho: "El difícil diálogo entre Derecho y genética. Más allá de la bioética"
Presentó la sesión: Antonio Garrigues Walker, Presidente de la Fundación Garrigues y participaron en las intervenciones iniciales José Miguel García Sagredo, Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina. Fundador de la Asociación Española de Genética Humana, de la Sociedad Española de Genética Médica y de la European Cytogeneticists Association. Investigador y Luis Fernández Antelo, Magistrado especialista de los contencioso-administrativo. Profesor colaborador de la UCM y Académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Leyes. Pedro García Barreno, Doctor en Medicina. Catedrático emérito de la Universidad Complutense, moderó la sesión. 

Durante la sesión se presentaron el estado de la genómica y los retos a los cuales se enfrenta la ciencia y el derecho en estos momentos. Se habló del diagnóstico preventivo de enfermedades, del importante dato sobre los genes que no predicen una enfermedad, sino un riesgo, y sobre la cuestión de los hallazgos incidentales en el estudio del genoma humano. Estos son los retos a los cuales se enfrentan los pacientes con el consentimiento informado y su autonomía. José Miguel García Sagredo comentó que, en la práctica, el consentimiento informado no presenta problemas y la ley se lo exige a los genetistas. En muchos casos surge la pregunta sobre quién debe informar al paciente, ya que si no es genetista pueden surgir problemas con el consentimiento informado. Esta cuestión se ha abordado de forma diferente en las distintas legislaciones.

Durante la sesión también se hizo referencia tanto a los estudios masivos que se están realizado como a la inexistencia de estudios genéticos suficientes para grupos étnicos minoritarios. También se abordó el tema de las pruebas diagnósticas por internet, los datos genéticos en la nube y los principales riesgos derivados. La reproducción asistida, en concreto la técnica de transferencia mitocondrial, que está generando un amplio debate ético y legal también fue objeto de análisis y comentarios. Los usos de la edición genómica y los órganos creados para trasplantes fueron temas sobre los que también se habló en el debate. 
  
Luis Fernández Antelo argumentó que, ante los retos descritos, que en muchos casos ya son una realidad, el modelo actual de responsabilidad legal, basado en la responsabilidad subjetiva (que requiere intención o culpa) y en la responsabilidad objetiva (que se presume, salvo prueba en contrario) está obsoleto. Así, defendió la necesidad de regular nuevas categorías culpabilísticas de responsabilidad, aunando la corrección necesaria de la causalidad natural con la naturaleza predecible de los eventuales riesgos de la experimentación genética. De tal modo, en supuestos en que la actuación investigadora (o secuenciadora) se lleve a cabo sin suficiente información sobre sus eventuales consecuencias, bien para el sujeto concreto, bien para la colectividad, podrían acuñarse distintos tipos de dolo similares al eventual (dolos in secuenciando, in programando, in alterando…) o, en su caso, actualizar categorías propias de la teoría clásica alemana del delito, como de las actio liberae in causa, en paralelo con el desarrollo de figuras de responsabilidad similares al garante, en los delitos de comisión pro omisión. Finalmente, recalcó que, dado que no existen las fronteras para la genética, sería interesante que se estableciera un regulador o supervisor global a quien comunicar todos los hechos relevantes. 

Pincha aquí para consultar el resumen completo de la sesión. Accede a las presentaciones de la sesión aquí 
 




Viernes, 17 de Marzo 2017 | Comentarios

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Blog de la Fundación Fide y la Fundación Garrigues
Fide
Eduardo Martínez de la Fe
Antonio Garrigues Walker, Francisco J. Ayala, Cristina Jiménez Savurido, Pedro García Barreno y Fernando Vives.

Integrantes de la Comisión Ciencia-Derecho

Francisco Ayala, Profesor Ayala School of Biological Sciences, University of California, Presidente de la Comisión Ciencia-Derecho
Pedro García Barreno, Doctor en Medicina
Cristina Jiménez Savurido, Presidente de Fide
Antonio Garrigues Walker, Presidente Fundación Garrigues

Introducción del Blog

En este blog se recogen artículos y reflexiones generados dentro de los diálogos Ciencia-Derecho de Fide. Estos diálogos están presididos por la Comisión Ciencia y Derecho. Se trata de un blog colectivo en el que los profesionales que participan de manera regular en estos diálogos compartirán sus reflexiones.