Menu
BLOG DE LA FUNDACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL DERECHO Y LA EMPRESA




España, Francia y la regulación de la economía colaborativa


Alejandro Sanchez del Campo

13/01/2017

Artículo elaborado por Alejandro Sánchez del Campo Redonet, abogado y editor de Replicantelegal.com, en base a un texto previo de Rafael Martinez-Cortiña


Alejandro Sánchez del Campo Redonet
Alejandro Sánchez del Campo Redonet
La regulación de la denominada economía colaborativa es un asunto candente y espinoso. La CNMC ha recibido más de 600 respuestas a la consulta pública que publicó hace unos meses sobre el tema, la mayor parte de las cuales venían de ciudadanos y particulares. El presidente del organismo administrativo encargado de velar por los mercados ha señalado en varias ocasiones que va a defender los intereses de la mayoría y que no se pueden poner límites a una nueva forma de entender la economía, que genera oportunidades para todos.
 
Parece evidente que una de las cosas que no encaja bien es la normativa vigente, pensada para otras circunstancias. Un ejemplo claro es la reciente sentencia de un juzgado de Barcelona anulando la sanción impuesta por la Generalitat en 2014 a Airbnb por considerar que existe un vacio normativo.
 
En julio se publicaron las conclusiones de un grupo de debate sobre economía colaborativa que celebró en FIDE, en el que tuve el placer de participar.  Entre las siete claves que entendíamos deberían estar presentes en cualquier regulación o análisis de la materia destacábamos que no tendría sentido una norma general que intentara cubrir todos los sectores y actividades; que las normas deberían basarse más principios que en reglas muy detalladas; y que, la regulación, en el caso de que fuera necesaria, debería ser proporcionada y no incluir más restricciones a la actividad que las que fueran estrictamente imprescindibles.
A este respecto, leo con interés en Tendencias21 que Francia acaba de aprobar una nueva ley que obliga a los agentes de la economía colaborativa a cotizar a la seguridad social. En concreto, los que ganen más de 23.000 euros por alquilar una vivienda o 7.720 euros por alquilar su coche, tendrán que hacerse autónomos.
 
Para poder valorar si tendría sentido extrapolar una regulación parecida aquí, tenemos que entender qué diferencias existen entre España y Francia en el régimen de los autónomos.
  • Los autónomos en Francia no pagan impuestos durante el primer año de su actividad (cotizan a partir del segundo). En España pagas desde el primer momento por el derecho a facturar aunque no llegues a hacerlo.
  • Los impuestos en Francia se pagan si has obtenido ingresos. La cuota varía (12% de ventas comerciales; 21,3% de ventas en servicios y 18,3% para las profesiones liberales) y se pueden pagar mensual o trimestralmente.
  • La media de ingresos por actividad colaborativa en España es de 10.000 euros anuales y muchas personas apenas llegan a 4.000 al año. Poner un coste fijo a los autónomos en España de 450 euros/mes (cuotas, gestorías, etc) supondría que casi ningún ciudadano podría asumir un coste que es más elevado que los ingresos.
  • En Francia se ha regulado para mantener la calidad del “ciudadano productor”. Su objetivo es ordenar una actividad que está muy implantada allí. En España por el contrario se recurre a los tribunales para prohibir actividades económicas que son, paradójicamente, política de Estado en otros estados miembros de la UE (UK, por ejemplo).
 
La figura del auto-entrepreneur francesa
  • No existe en España. En Francia por el contrario existe una categoría legal que ampara a los trabajadores por cuenta ajena o en el paro que quieren iniciar una actividad laboral complementaria y facturar.
  • Impuestos: Están eximidos de cobrar el IVA en las facturas realizadas (aunque pagan IVA por productos para realizar la actividad empresarial); no se pueden desgravar IVA ni gastos de productos derivados de la actividad. El IRPF y la Seguridad Social se liquidan trimestralmente y se aplica un porcentaje sobre el volumen de negocio. Además la cotización a la Seguridad Social es equivalente a los servicios prestados.
  • Existen numerosos trabajos realizados en España que no están del todo encajados (por su elevadísimo coste): “servicios” como cuidado de personas mayores, niños, clases particulares, etc. o “trabajos que no ofrecen (exactamente) servicios” (airbnb, blablacar, etc). Este tipo de trabajos se podrían englobar bajo la figura del auto-entrepreneur.
 
La solución que se puede aplicar en España: el ciudadano productor
 
Vistos los anteriores antecedentes, una opción sería explorar la viabilidad de una nueva figura legal que podríamos llamar “ciudadano productor”, basada en la francesa de autoentreprenuer.
 
El objetivo sería transformar a aquellas personas desempleadas, con una mentalidad tradicional y poco activa y que están FUERA DEL MERCADO DE TRABAJO, en ciudadanos productores digitales y proactivos DENTRO DEL ESQUEMA PRODUCTIVO, gestionando y aprovechando sus recursos propios (su casa, su coche, su energía, su talento y su producción gráfica).
 
El público objetivo es muy claro: parados de larga duración con dificultades para entrar en el mercado laboral (por edad, básicamente), con experiencia profesional y capacidad para producir con sus recursos. Hablamos de unos 2.000.000 de parados de los cuales medio millón ya están en la economía colaborativa en España.
 
Como explica Rafael Martinez-Cortiña en este brillante artículo, la economía colaborativa ha sido impulsada por ciudadanos innovadores. Si deseamos ponernos al día con esta nueva realidad digital, no debemos seguir pensando en las soluciones analógicas del pasado para empresas industriales. Apostando por el ciudadano productor podremos entre todos conseguir una España más generosa, inclusiva y productiva. Así vista, la economía colaborativa es una gigantesca oportunidad para incluir a trabajadores digitales y proactivos en el sistema productivo español. 
 



Nuevo comentario:


Blog colectivo editado por Rafael Martínez-Cortiña
Eduardo Martínez de la Fe
Eduardo Martínez de la Fe
Rafael Martínez-Cortiña es CEO de Thinkeers, un Think Tank de reflexión distribuida y conectada que ayuda a comprender la Sociedad Digital y que facilita la transformación digital de empresas tradicionales hacia ecosistemas de negocio basados en comunidades conectadas peer-to-peer. Participa en esquemas digitales globales de integración de conocimiento. Pionero de la economía colaborativa en España.