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BLOG DE LA FUNDACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL DERECHO Y LA EMPRESA





Parece ser que estamos evolucionando hacia un nuevo paradigma de sociedad. Hasta hoy conocíamos la Sociedad Agraria, desaparecida a finales del siglo XVIII tras 10.000 años de vigencia, la cual dio paso a la Sociedad Industrial, que es en la que nos encontramos actualmente, con unos 200 años de antigüedad.

Nuestra sociedad es industrial y se rige bajo parámetros que surgieron tras la Revolución Industrial. La lógica industrial empuja a las grandes empresas a desear convertirse en grandes corporaciones por fusiones o compras porque en la lógica industrial la unidad más adecuada para todo parece ser “cuanto más mejor”. Cuanta mayor producción industrial, mejor. Cuanta mayor presencia de soluciones industriales, en forma de polígonos, fábricas y nodos logísticos, mejor. Cuanto mayor trato haya con corporaciones industriales, mejor. Cuanto mayor empleo generen las industrias, mejor. Cuanto mayor sea el número de canales de comunicaciones por tierra entre nodos industriales, incluyendo transporte público, mejor. Bajo la lógica industrial parece ser que en todo “cuanto más, mejor”.

Nuestra sociedad es industrial y empezamos a ver unas primeras señales serias de alarma por no haber sabido calibrar exactamente hasta dónde podíamos llegar. Lo mismo durante 200 años habíamos creído que los recursos eran infinitos, que la tierra era nuestro cortijo particular y que no habría realmente consecuencias. Pues bien, las ha habido. Nada menos que nuestra entrada triunfal en la Era geológica del Antropoceno, según acuerdan determinados científicos. Nuestra lógica industrial del “cuanto más, mejor” nos ha llevado a dejar rastro en la tierra. Hemos forzado la salida de la Era del Holoceno para demostrar al universo lo increíblemente tóxicos que somos los seres humanos bajo la lógica industrial. Si morimos mañana, nuestra basura industrial seguirá presente en la tierra durante miles de años. Y como no somos capaces de parar de producir más basura industrial  se generan grandes citas internacionales de primer nivel, para debatir qué se puede hacer ante esta realidad que nos está destruyendo, poco a poco.

Nuestra sociedad es industrial pero los millenial la quieren hacer humana. La conexión global de toda una generación ha generado una mentalidad que actúa de manera completamente diferente a los parámetros de la Sociedad Industrial. Se han visto forzados a generar un nuevo esquema porque la Sociedad Industrial les expulsó laboralmente de su seno tras la Gran Crisis de 2008. Se han visto motivados a generar una economía de acceso frente a la economía de propiedad imperante bajo la Sociedad Industrial. No tienen dinero para comprar casa ni coche, pero sí pueden pagar el wifi y acceder a soluciones que responden a sus demandas concretas. De la economía de propiedad lo sabemos todo, pero de la economía de acceso apenas sabemos nada. Todo es una gran incógnita.

La economía de propiedad está basada en la oferta y nuestro marco jurídico ha sabido ordenarla en estos 200 años. La economía de acceso está basada en la demanda y de ello sabemos poco. Hasta hace poco no teníamos la capacidad de analizar la demanda porque no existía la tecnología para ello o era excesivamente caro. Era una locura. Las empresas se han tenido que contentar con analizar la demanda de sus productos, es decir, sólo la vinculada a su propia oferta, pero nunca a la demanda global. ¿Y qué es la demanda global? Efectivamente, los más de 7.300 millones de personas en el mundo (y creciendo). Hasta hace poco, nuestra sociedad industrial era analógica y reactiva y resultaba imposible conectar tanta información de tanta gente en circunstancias tan diversas por sitios tan remotos del mundo. Ya no.

Hasta hace poco, nuestra sociedad industrial tomaba las decisiones que creía más correctas sobre la base de la información a la que tenía acceso. Las decisiones industriales se han materializado en resultados concretos que son completamente diferentes cuando las empresas tienen acceso a información. Una cosa es intentar adivinar qué desea la demanda sobre la base de su información disponible y otra que sea la demanda la que te indique lo que desea para que tú no pares de ofrecer cosas. Hablamos de la diferencia de enfoque entre un video club y Netflix. La Sociedad Industrial es reactiva y analógica (esquema video club: “te adivino y te ofrezco”) y la tecnología ahora nos hace comportarnos de manera proactiva y digital con la on-demand economy (esquema Netflix: “te conozco y te respondo”).

Comprender lo que está pasando es muy importante para los miembros del grupo de análisis Sociedad Digital de Fide. Tan importante que solicitamos a uno de nuestros miembros, Orazio Corva, que nos explicase cómo uno de los mayores grupos industriales del mundo, el grupo alemán Daimler, había generado una solución de movilidad urbana tan sorprendente como Car2Go. Orazio en mayo de 2016 explicó que si se hubiese preguntado a los clientes del grupo Daimler, habrían sacado al mercado un Mercedes más urbano pero la nueva demanda urbana sin embargo quería un coche útil y eléctrico. Puesto que Smart pertenece a Daimler y tenían la tecnología para responder a la demanda, generaron el esquema Car2Go. Al final, parece ser que la demanda quiere cosas diferentes de lo que quiere nuestra demanda. Y porque precisamente la demanda evoluciona con la tecnología muchas industrias ahora se ven forzadas hacia una transformación digital que no entienden muy bien. Es el caso de la industria del taxi.
https://www.youtube.com/watch?v=Ut12vtXsoeQ

Ya casi todos percibimos que el esquema industrial del taxi se ha quedado antiguo y que no responde a las necesidades de movilidad urbana del siglo XXI. Sin embargo, nos cuesta enormemente generar soluciones porque primero nos encontramos con unos agresivos gremios industriales de frente y porque no comprendemos la tecnología, realmente. Nos cuesta pensar diferente si no nos lo explican bien. En abril de 2016 invitamos a Fide a Javier Maroto para que nos explicase los retos y oportunidades de repensar la movilidad urbana con el uso de la tecnología digital en las ciudades del siglo XXI. Su experiencia como Alcalde de Vitoria resulta muy valiosa, dado que durante su mandato la capital vasca fue reconocida internacionalmente como ciudad verde. Junto a Javier Maroto pedimos a uno de los miembros del grupo Sociedad Digital de Fide, Carles Lloret, Director del Sur de Europa de Uber, que nos contase su visión prospectiva personal de ciudad conectada por la tecnología. Ambos coincidieron en la necesidad de pensar “hacia el ciudadano” y dibujaron ecosistemas de ciudadanos conectados por la tecnología en entornos más humanos, en ciudades más human friendly.

El esquema tecnológico de Uber estremece. Permite nada menos que conectar a ciudadanos con mentalidad digital hasta generar un macroesquema de conexión logística urbana de millones de ciudadanos a través de la tecnología. En España hemos identificado a Uber como un mero sustituto de nuestros taxis y nos hemos quedado ahí. Tanto ruido de los gremios no nos ha permitido ver que Uber propone la generación de una comunidad virtual que funciona como un enorme cerebro interconectado globalmente, 24 horas al día y 7 días a la semana. La función de los miembros de la comunidad es ser súper eficientes en el uso de los recursos disponibles y responde perfectamente a la mentalidad millenial. Genera un esquema logístico tecnológicamente orgánico donde un esquema distribuido permite conectar con cada uno de los ciudadanos, que se comunican ya digitalmente y que no paran de ofrecer información en forma de Big Data, el nuevo petróleo del siglo XXI.

Parece ser que las soluciones digitales consideradas más disruptivas siguen el mismo esquema. Se trata de generar conocimiento (Big Data) de ciudadanos productores que interactúan de manera distribuida (como la sinapsis) conectados por la tecnología. Dicha sinapsis sólo se produce cuando existe el factor confianza, el nuevo oro del siglo XXI. Aparece la reputación digital como nuevo elemento en la función económica. Al final, nuestro cerebro confía cuando siente que tiene la suficiente información y percibe que puede interactuar. Aparece la intuición como otro elemento inédito en la función económica. Uber ha invertido millones de euros para conseguir generar la tecnología suficiente como para que cada viajero intuya que el conductor le va a ofrecer el mejor viaje posible. Con total confianza. Frente a una lógica industrial, su app con esquema tecnológicamente orgánico ya vale la friolera de 70.000 millones de dólares.

Si la tecnología efectivamente nos dirige a una sociedad donde el objetivo es responder a la demanda, donde el ciudadano es el centro de todo, donde la tecnología incorpora emociones en la función económica y en la que nos conectamos como un enorme cerebro global, tendremos que reflexionar de otra manera para generar el mejor marco jurídico posible.
El grupo Sociedad Digital de Fide está centrado en comprender los retos y oportunidades que nos ofrece una sociedad más proactiva, con nuevos agentes, con nuevos estímulos, con nueva información y con nuevos esquemas que realmente no comprendemos del todo bien. Nuestro objetivo es reflexionar sobre cómo generar un marco jurídico para que la transformación digital de nuestra sociedad nos permita organizar en el largo plazo una Sociedad Humana y en el corto plazo una sociedad más humana.





Lunes, 19 de Diciembre 2016
Blog colectivo editado por Rafael Martínez-Cortiña
Eduardo Martínez de la Fe
Eduardo Martínez de la Fe
Rafael Martínez-Cortiña es CEO de Thinkeers, un Think Tank de reflexión distribuida y conectada que ayuda a comprender la Sociedad Digital y que facilita la transformación digital de empresas tradicionales hacia ecosistemas de negocio basados en comunidades conectadas peer-to-peer. Participa en esquemas digitales globales de integración de conocimiento. Pionero de la economía colaborativa en España.