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45 días después


Por favor, España necesita que aprendamos de nuestros errores y no volvamos a cometerlos. Los españoles no merecen otra cosa.



  1. Algo personal
 
Hace unos 45 días (más o menos)* escribí un primer artículo compartido en este foro referido a los que me parecían los temas más importantes en aquel momento. Unas cuantas semanas después siento la necesidad de revisitarlo.
 
La verdad es que no dije nada de lo que me arrepienta ahora, lo que, dada la incertidumbre de aquellos primeros días, no es poco.
 
Empezaba con un recuerdo a las personas fallecidas y a sus familias, al que añadiría ahora a todos los que han sufrido (y mucho) como consecuencia de esta situación, y no sólo en términos de salud.
 
Recordaba también a los héroes de estas semanas, personal sanitario, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, repartidores, empleados de los supermercados y establecimientos que han permanecido abiertos (incluidas las sucursales bancarias que han canalizado miles de moratorias hipotecarias y las imprescindibles líneas de liquidez a grandes empresas, PYMES y autónomos con el aval del ICO y a cuyos empleados nadie dedica un minuto de reconocimiento).
 
Una vez más en nuestra historia (y van demasiadas) necesitamos del heroísmo porque no tenemos otra cosa. ¡Qué solos dejamos siempre a los que nos defienden!
 
Si algo tuviera que decir transcurridos estos días es que en algunos aspectos me quedé corto porque nunca imaginé el enorme peaje en vidas humanas que se iba a cobrar esta situación. Tampoco me alcanzó la imaginación para darme cuenta de la soledad de esas muertes y la enorme tristeza de las familias por no poder acompañar a sus seres queridos. Debemos un homenaje a todas esas personas, especialmente a las de una generación con la que España tiene una deuda eterna.
 
Hacía un llamamiento en mi artículo a que fuéramos buenos ciudadanos. Me parecía y me sigue pareciendo, absolutamente imprescindible. Que quien no sea parte de la solución, no sea parte del problema. Que no molestemos y que tratemos de ayudar en lo que podamos a frenar los efectos de esta situación: que trabajemos con la mayor normalidad posible, que no despidamos a quienes trabajan para nosotros si podemos evitarlo, que no nos demos de baja de servicios que vayamos a utilizar en el futuro si podemos afrontar los pagos de las cuotas y, también, que no dejemos de ser solidarios. En definitiva, que no agravemos la factura que seguirá a todo esto.
 
Habrá habido comportamientos insolidarios, a mi juicio muy minoritarios y excesivamente destacados desde distintos ámbitos, pero una vez más los españoles han estado muy por encima de las estúpidas leyendas negras sobre indisciplina, ingobernabilidad y demás sandeces que nos han acompañado siempre. La inmensa mayoría de los españoles hemos atendido lo que se nos pedía estuviéramos o no de acuerdo con lo que se nos decía. Que conste.

Me ha preocupado y me sigue preocupando mucho todo lo relacionado con la preservación de nuestras libertades y privacidad. Estoy muy poco dispuesto a hacer concesiones en ambos ámbitos. Se ha publicado mucho en estas semanas sobre la futura sociedad que tendremos y suelen aparecer ideas relacionadas con limitaciones en ambos aspectos. Ocurrirá sólo si dejamos que ocurra y tenemos que utilizar todos los medios a nuestro alcance para que no sea así. No podemos dejar que los enemigos de la libertad se hagan ilusiones al respecto.
 
Por último, en lo más personal, me admira la facilidad con que nos hemos adaptado a esta nueva situación. Nunca pensé que durase (ni que vaya a durar) tanto ni que todo funcionaría como lo ha hecho. Este reconocimiento se extiende a todas las generaciones, por distintas razones ha sido duro para todos. Pero lo hemos sobrellevado, aunque personalmente no pueda entender por qué mañana dos de mayo podré salir a correr por todo Madrid y, en cambio, no podré ir a ver por fin a mis padres, que también viven aquí. Ya nos ocuparemos nosotros de no contagiarnos.
 
Tenemos una deuda importante con la tecnología y con quienes nos la hacen accesible. Pero no sólo es la tecnología. No han faltado alimentos ni productos en los establecimientos, ni prensa en los quioscos, ni ningún producto que hayamos podido necesitar. Las cadenas de suministro y de distribución han funcionado de forma ejemplar. Gracias, de nuevo, a las personas que lo han hecho posible. Sin ellos, todo hubiera sido mucho peor.
 
Y creo que, en general, y salvando a los héroes a los que me he referido antes y algunas otras excepciones, lo privado ha funcionado mejor que lo público y esto debería servirnos para recordar qué es lo que terminó sacándonos de la crisis anterior y seguramente también lo hará en la actual.  Equivocarnos en esto nos costará la ruina colectiva.

 
  1. Algo sobre la economía… y de política
 

No soy economista y no voy a dar ningún dato ni proyección económica. Fui muy pesimista desde el comienzo sobre los efectos económicos y sociales de esta situación y con el paso de los días lo soy todavía más.
 
Creo que estamos muy solos (con la sola excepción del Banco Central Europeo, a quien una vez más, tendremos que agradecerle que nos haya protegido de un escenario inimaginable) y que lo vamos a estar mucho más cuando se evidencie que, aunque todos vamos a sufrir mucho en el 2020, la situación va a ser muy diferente en el 2021.
 
Nuestras circunstancias específicas, a las que en algún momento me he referido como “la singularidad española”, nos lo han puesto más difícil que a otros.
 
Para empezar por la propia severidad de la crisis sanitaria y la extensión de las medidas de confinamiento y limitación de actividades.
 
Además, por la composición específica de nuestro PIB (en el que el turismo y los servicios tienen el peso que todos conocemos), la estructura de nuestras empresas (con predominio de micro pymes con escasa capacidad de resistencia en una coyuntura adversa) y nuestro escaso margen fiscal.
 
Todo ello nos ha situado en una posición distinta a la de otros países, y, especialmente por el reducido margen fiscal, nuestra capacidad de respuesta a esta crisis ha sido limitada. Hemos tenido que pedirle más esfuerzo al sector privado que otros países porque, sencillamente, el sector público no podía hacerlo.
 
Admito, sin reparos, que parte de ello tiene su origen en la crisis anterior. En ella fue el sector público el que tuvo que rescatar al sector privado (sobre todo a la parte dañada del sector financiero) y eso explica parte de la situación actual…pero no toda. No hemos aprovechado como hubiéramos debido los años de crecimiento económico que hemos tenido.
 
Sigo teniendo la esperanza de que, al final, pueda alcanzarse un acuerdo europeo que nos ayude a sobrellevar este momento tan difícil, pero estoy convencido de que si es relevante no será incondicionado, aunque haya quien empiece a pensar que la posible condicionalidad no sería tan mala.
 
Preparémonos para unos meses (espero, con pocas esperanzas, que no años) muy difíciles. Tanto en términos de caída de PIB como de destrucción de empleo. Da igual el detalle de las cifras, no hemos conocido nada comparable y menos en tan poco tiempo.
Necesitaremos mucha generosidad, esfuerzo y perspectiva de largo plazo para salir adelante y no veo nada de eso en ningún lugar de la política española.
 
España tenía grandes retos pendientes antes de esta crisis. Hubiéramos necesitado grandes acuerdos en materia de educación, transición digital, modernización de nuestra economía, aumento del tamaño y la competitividad de la PYME, reforma de administración (incluida la eterna reforma pendiente de la administración de justicia), sostenibilidad fiscal, financiación territorial en materia de pensiones. Y, desde luego, afrontar el reto territorial. Todo eso hubiera hecho imprescindibles acuerdos entre los partidos políticos, pero, a pesar de que en los últimos años han sobrado las oportunidades para que hubieran sido posibles esos grandes acuerdos, basados en la generosidad y en un entendimiento de las necesidades del país a largo plazo, no han tenido lugar ni tan siquiera en uno de los aspectos mencionados.
 
Añadimos ahora, sin duda, los acuerdos necesarios para afrontar esta situación y remediar los enormes efectos que van a producirse. ·Evidentemente, serán imprescindibles, pero no más de lo que lo eran los que acabo de mencionar, y no se produjeron.
 
La historia está llena de ejemplos de acuerdos y de iniciativas de ese tipo, pero, sin altura de miras y sin un proyecto compartido de lo que, en lo económico y en lo social, debe ser España, y que básicamente está ya recogido en nuestra Constitución, no será posible. Les confieso que, de nuevo, no soy optimista.
 
Por último, aprendamos de nuestros errores. Hemos estado como quien disfruta de un día soleado y mar tranquila en un bote que no tiene ni remos, ni velas ni timón. Aunque disfrutáramos del momento, si la mar o el tiempo cambiaban (y sabíamos que tarde o temprano lo harían), lo pasaríamos mal.
 
No se pueden pasar los años de bonanza sin aprovecharlos para aumentar el margen de maniobra de la política fiscal y la monetaria. Conste también que si la política monetaria se ha mantenido sin cambios en Europa desde la crisis pasada ha sido porque la política fiscal no ha hecho su trabajo, especialmente en algunos países. Ha sido un error y deberíamos aprender de él.
 
La diferencia de nuestra situación en el 2021 va a tener que ver, en parte, con ese peor punto de partida. Alemania y nosotros compartimos un pronóstico económico similar para este año, de acuerdo con las previsiones del Fondo Monetario Internacional (en torno a un ocho por ciento de caída de PIB, aunque me temo que nuestra caída terminará siendo superior, Banco de España dixit). Sin embargo, Alemania terminará el año con un pequeño déficit público que mantendrá intactas sus capacidades de todo tipo y nosotros, cabalgando sobre el déficit acumulado en años anteriores, acabaremos con unas cifras insostenibles…o sostenibles sólo gracias al Banco Central Europeo.
 
Por favor, España necesita que aprendamos de nuestros errores y no volvamos a cometerlos. Los españoles no merecen otra cosa.



*Fecha original del artículo referido: 19/3/2020.-

Madrid, 01/05/2020.-

Francisco Uría

Socio principal de KPMG abogados.
Miembro del Consejo Académico de Fide.

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