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A propósito de Libra


El lanzamiento de Libra por parte de Facebook y de un consorcio de 27 empresas varias de ellas con alcance global (la Asociación Libra) nos animó a celebrar una primera sesión de debate y análisis de las principales cuestiones que sugiere esta noticia y avanzar unas primeras consecuencias.



Libra será un nuevo dinero digital y móvil a disposición de personas y empresas de todo el mundo, inicialmente orientado a las necesidades de 1.700 millones de personas que no disponen de servicios financieros desarrollados en el mundo. Libra tiene la particularidad de presentarse como una “stablecoin”, con un valor ligado a una cesta de monedas y activos denominados en dólar, euro, libra esterlina y yen japonés.
 
Libra parte como una propuesta que no encaja en las actuales definiciones en torno a la actividad del dinero y los actores tradicionalmente implicados. Para el funcionamiento de Libra, la Asociación propone una infraestructura del dinero nueva con elementos como la Reserva de Inversión Libra, la propia Asociación Libra como elemento central del gobierno de la moneda, una red de casas de cambio de Libra por las monedas nacionales y un monedero digital denominado Calibra (subsidiaria de Facebook), que permitirá almacenar los saldos y transacciones y que puede ser el germen para crear un nuevo sistema financiero.
 
Si Libra circula a través de redes sociales y redes de comercio electrónico hay que considerar los “efectos de red” que presumiblemente acelerarán su expansión y al tiempo su concentración en actores que dominen los puntos nodales de datos.
 
Hasta ahora, las monedas fiduciarias emitidas por los estados son las que vertebran la actividad económica en el mundo. Libra representa el primer intento de creación de una nueva moneda digital de alcance global.  
 
Para analizar Libra y sus implicaciones hay que entender si puede llegar o no a cumplir las funciones principales del dinero: unidad de cuenta, intercambio de valor, y depósito de valor.
 
Los comentarios y sugerencias de análisis de los diferentes intervinientes en dicho debate se podrían agrupar  en torno a los siguientes capítulos:

 


Las monedas digitales

El dinero es una representación de valor socialmente aceptada que permite que la sociedad (personas, empresas, instituciones) intercambien bienes y servicios. Es depósito de valor y de planificación del futuro. El dinero favorece el crecimiento económico y la mejora en general del nivel de vida de la sociedad y sus integrantes. El dinero forma parte del “lenguaje común” de las sociedades.
 
Fuera del dinero físico (monedas y billetes) todo el dinero es digital. En los mercados mayoristas todos los intercambios son digitales/electrónicos con apuntes en los balances respectivos de los intercambiantes. Entre particulares casi todo el dinero es electrónico/digital en la experiencia de cliente, aunque la estructura operacional que lo soporta, aún siendo altamente digital, es compleja, friccionalmente costosa, fragmentada y con intereses particulares en cada modelo de negocio. La banca comercial es el principal creador de dinero a través de su actividad crediticia, que a su vez proviene de la toma de depósitos y de la financiación mayorista.
 
Si la mayoría del dinero es digital ahora, las nuevas monedas digitales aportan una novedad trascendental: sus emisores pueden ser empresas o corporaciones, de forma individual o asociada, sobre infraestructuras tecnológicamente distintas en buena parte sustentadas sobre blockchains.
 
Desde la publicación del protocolo de Bitcoin en 2008 se han sucedido cientos de monedas digitales con la promesa de creación de ecosistemas donde los participantes intercambian bienes y servicios a través de “tokens” o activos digitales usando técnicas encriptación de transacciones a través de la tecnología de bloques. En el extremo está el propio Bitcoin, la primera criptomoneda, que se sustenta en una blockchain pública con un numero máximo de 21 millones de unidades, donde la generación de bitcoins se realiza a través de técnicas de minado (validación de transacciones con POW) a través de todos los participantes en la red, lo que asegura máxima transparencia e inmutabilidad de las transacciones. Bitcoin y el resto de criptomonedas no tienen valor explícito más allá de modelos de negocio limitados amparados en la tecnología de bloques subyacente y no se han consolidado de momento ni como medio de pago ni depósito de valor.
 
Una siguiente fase parecen ser las monedas estatales (fiduciarias o fiat) en formato digital (CBDCs o Central Bank Digital Currencies) y nuevas monedas digitales y móviles emitidas por actores privados tradicionales, en solitario o en coalición, usando tecnologías criptográficas. Esas monedas pueden o no estar respaldadas por activos colaterales, siendo el máximo exponente de  confianza las monedas emitidas digitales por los estados (CBDCs), aunque ello depende del estado en cuestión.
 
Un punto intermedio lo representan las “stablecoins” que se apoyan en colaterales usando como respaldo activos de alta solvencia, lo que asocia su volatilidad a la equivalente a la cesta de los activos de respaldo. Si la confianza en la estabilidad del valor se alcanza y se proporciona una alta experiencia de cliente en el contexto de las necesidades de los usuarios, estas monedas pueden adoptarse masivamente primero para pagos, después como fuente de valor y eventualmente pueden generar otros servicios financieros a su alrededor.
 
La propuesta de Libra es una stablecoin respaldada por activos de máxima calidad crediticia como bonos de estado a corto plazo en las principales monedas y depósitos en bancos custodios de primer nivel mundial. Lanzada por las redes sociales de Facebook (y supuestamente una red de promotores comprometidos con la difusión en sus redes como sería el caso de la Asociación Libra) seguramente tendría un éxito rápido, especialmente en países emergentes que están de facto dolarizados y no tienen una moneda nacional sólida.
 
Como contraposición a Libra, varios bancos centrales en todo el mundo están trabajando y experimentando con Central Bank Digital Currencies (CBDC). En su versión de dinero digital accesible directamente a particulares son la máxima expresión de dinero respaldado por los estados, obviando el rol de custodio de depósitos que hoy desarrolla el sector bancario y que está implícitamente garantizado por los estados con un alto coste contingente.
 
De forma complementaria, el gobernador del Bank of England Mark Carney ha propuesto un “Synthetic Hegemonic Currency” como iniciativa conjunta de varios bancos centrales para crear una moneda digital sintética – representativa de las monedas de varios países. También se escuchan propuestas de monedas digitales estatales federadas e incluso de monedas digitales cuyos activos de respaldo sean los fondos de inversión que invierten en activos de alta calidad crediticia a corto plazo.


Regulación

Las leyes y la regulación son el conjunto de normas aprobadas y escritas por sistemas democráticos o en el ejercicio de un poder público establecido, que vertebran la interacción económica y social de los distintos agentes, dentro de los países y entre los distintos países.
 
Los sistemas de derecho civil, mercantil o penal se han construido para regular y explicitar los derechos y obligaciones de las personas, empresas e instituciones y entre ellos mismos. Las leyes, escritas o interpretadas son la base de la convivencia y progreso en sociedad.
 
Propuestas como la de Libra obligan cuando menos a aclarar de qué forma protegen o afectan:
 
  • A los derechos de las personas a la privacidad
  • Al deber de proteger a las personas en tanto consumidores de servicios en red frente a servicios analógicos.
  • A la seguridad de los sistemas tecnológicos para vehicular nuevas formas de intercambiar valor económico
  • A la identificación de las personas con el propósito de verificar su idoneidad para cierto tipo de actividades, evitación de actividades de lavado de dinero o de financiación de actividades ilegales en general
  • A los riesgos para el sistema, estructuras de último recurso o “backstop” y reacción en caso de situaciones de crisis
  • A la competencia entre distintos actores del sector privado, que evite situaciones de concentración de poder perniciosas para la sostenibilidad del modelo social a corto, medio o largo plazo.
 
De forma particular, la regulación actual se está probando perniciosa y restrictiva para la reacción de ciertos operadores tradicionales (por ejemplo, sector de operadores de comunicaciones o sector bancario) ante la irrupción de nuevos competidores totalmente digitales en sus actividades, que a su vez generan nuevos servicios y mercados.
 
El momento actual está generando una disrupción en los sujetos y en las actividades. Aparecen nuevos actores que desarrollan actividades nuevas y otras no tan nuevas de una forma distinta. Además, el proceso está en constante mutación, aunque en los últimos años un poder creciente se acumula en las denominadas FANG norteamericanas, las BAT chinas y en algunos estados líderes.
 
La regulación en la era de las tecnologías digitales disruptivas es seguramente uno de los mayores retos de las sociedades democráticas que tanto éxito social han tenido sobre todo en los últimos 70 años y que comenzaron hace 200 años. Dada la enorme rapidez de diseminación y creación de actividad que implican las nuevas tecnologías, es importante desarrollar una visión holística e interconectada de los nuevos modelos y sus implicaciones y un rol creciente de la regulación insertada en la tecnología (“regulation by design”, como por ejemplo incluir regulaciones AML en el “onboarding” y en las transacciones de los clientes). En particular los contratos inteligentes sobre blockchain aportan grandes esperanzas ya que el dinero digital sobre blockchain es programable.
 
Si la tecnología y la interacción es global y no conoce fronteras no queda otro remedio que buscar soluciones multilaterales que representen acuerdos entre países. De no encontrarse, el recurso será el aislamiento con consecuencias enormes a nivel social, político y económico.
 
Libra plantea no sólo una moneda digital y móvil, sino una infraestructura nueva para el tránsito del dinero como elemento de valor a través de las redes sociales y de comercio electrónico a nivel mundial. Si Libra tiene éxito es probable que vaya mucho más allá del fomento de la inclusión social de los 1,7 billones de personas no bancarizadas en el mundo que no acceden a servicios financieros competitivos y de bajo coste. Libra puede alcanzar el poder de sustituir a las monedas de países avanzados.

Tecnología

Las tecnologías digitales en torno a internet han transformado y lo siguen haciendo sectores tradicionales de la actividad económica y social, sin distinción de fronteras geográficas. Como contexto de partida, internet ha dado lugar a redes sociales con cientos o miles de millones de usuarios crecientemente conectados, y ha permitido la llegada masiva del comercio electrónico que se extenderá en todos los órdenes. Estamos en un punto paradigmático con la llegada de tecnologías como la conectividad 5G, que multiplicará las conexiones hombre-máquina y máquina-máquina (hoy hay 7.500 millones de personas en todo el mundo y se habla de 70.000 millones de dispositivos conectados en 2030) aumentando la necesidad de reducir la fricción en los pagos, que son la base de la actividad económica digital. Monedas como Libra pueden reducir sustancialmente esa fricción simplificando el numero de actores implicados, reducir las diferencias de cambio e incrementar la actividad económica.
 
Blockchain se presenta como una alternativa factible para disminuir esa fricción. La programación del dinero digital creando contratos inteligentes, tokens o derechos monetizables asociados a las distintas fases de un proceso contractual que implica intercambio de valor permite una transparencia y trazabilidad hasta ahora imposibles. Mecanismos de validación de las transacciones usando un numero ilimitado de nodos con POW proveen la máxima descentralización y transparencia, pero son caros y lentos, y no han demostrado aún ser capaces de sustituir a los sistemas actuales. Se sigue no obstante trabajando con sistemas de consenso mejorados, cada más robustos y eficientes.
 
Libra propone una blockchain “permisionada” con un grupo limitado de nodos validadores (aparentemente 100 cuando se lance en 2020), con un protocolo BFT (“Byzantine Fault Tolerance”) de validación bastante potente y al tiempo con un lenguaje de programación nuevo (MOVE). La Asociación Libra ha declarado la intención de ir a una blockchain totalmente descentralizada en 5 años desde el lanzamiento, pero no ha aportado detalles del proceso de migración. Aunque no hay duda de que dicha migración sea técnicamente posible, se plantea la duda de por qué las estructuras jerárquicas del poder actual podrían tener interés en una descentralización de la red Libra.
 
Libra propone un sistema de identificación digital que permitirá un “onboarding” flexible y seguramente orientado a correr sobre los estándares de la infraestructura de Libra. Este sistema competirá con los sistemas actualmente existentes, con otros proyectos de nuevo cuño (como Alastria) que a su vez conviven con los sistemas de identificación nacional. India está progresando con su sistema de identificación digital Adahaar y cada vez más estos sistemas pueden conectarse para acceder a través del mundo digital a transacciones de carácter privado.
 
La tecnología planteada por Libra puede permitir a ésta convertirse rápidamente en mecanismo de pago, con unidad de cuenta flexible y diseñada para maximizar cualquier interacción económica con fricción mínima, y su carácter de stablecoin puede darle una estabilidad que otorgue confianza a la comunidad de usuarios. Por supuesto, todo esto ausente de reacciones contrarias por parte de las instituciones y reguladores.
 
Adicionalmente, Libra y las blockchains no sólo pueden tokenizar los pagos sino todas las operaciones de entrega contra pago y a través de los contratos inteligentes reducir los riesgos de liquidación a casi cero.
 
En suma, la tecnología para disrumpir el sistema actual ya existe, y no hará sino mejorar y ser más eficiente en el futuro y es cuestión de tiempo el que lo pueda hacer (cada vez más corto, ya que los ciclos de adopción masiva de nuevas tecnologías por capas amplias de la población se están acortando cada vez más), posiblemente menos del que pensamos.

Social

El impacto de internet y las nuevas tecnologías digitales ya se está dejando sentir en la construcción social y en los comportamientos y actitudes de todos sus integrantes. Compramos, consumimos de forma distinta, nos relacionamos entre nosotros y con nuestro entorno de forma distinta. Buena parte de este cambio tiene que ver con las redes sociales, las herramientas colaborativas y de productividad, y las apps que sustituyen cada vez más actividades que antes se realizaban presencialmente o fuera de la red, aspectos como la compra, la búsqueda de información, la comparación.
 
El dinero como medida del valor socialmente aceptada es una “red social” que se ha articulado en base a una infraestructura financiera y bancaria cada vez más cerca de una revisión trascendental. Distintas formas de dinero o valor digital pueden configurar comunidades distintas donde sus miembros buscan conseguir sus objetivos. Para ello, los efectos de red son fundamentales y aquellas propuestas más efectivas conseguirán una mayor capilaridad e interacción.
 
La propuesta de Libra de usar una red social de contactos y relaciones para vehiculizar el tránsito de valor que representa el dinero tiene implicaciones profundas sobre el modelo de sociedad actual. Aspectos como la educación financiera, cómo se usa el dinero, cómo el nuevo dinero convive con el actualmente existente, cómo vivimos en un mundo con monedas digitales de distinta naturaleza.
 
Vivimos en sociedad porque entendemos, respetamos y confiamos las instituciones que vertebran la confianza de los ciudadanos en el sistema financiero. La prevalencia del estado-nación y la cooperación internacional es básica porque proveen de una intervención de última instancia (backstop) ante situaciones de crisis del sistema. Cual es el nuevo sistema, si es que tal se configura y cual ha de ser la respuesta de las instituciones actuales ante situaciones de crisis y escenarios no esperados es clave para el mantenimiento de la cohesión social.
 
El sistema financiero se construye sobre la confianza. Aceptamos las monedas como expresiones de valor porque confiamos en la arquitectura de instituciones públicas y privadas que proveen servicios de pago, custodia y toda la gama de servicios financieros y bancarios que permiten a instituciones, empresas y personas desarrollar y alcanzar sus metas. Escenarios como Libra proponen nuevos modelos de confianza y nuevos actores que solicitan esa confianza frente a las opciones actuales. De forma aún más transformacional, tecnologías como una blockchain pública plantean una total descentralización de la confianza al proponer sistemas de transacciones inmutables y públicamente auditables. Pasamos de la confianza en las instituciones a la confianza en la tecnología. 
 
Cómo afecta a las opciones de las personas, empresas e instituciones y cual debe ser la respuesta son puntos para analizar antes de proponer.

Persona

Desde la persona empoderada a la persona dirigida. Especialmente en sociedades avanzadas democráticamente valores como la libertad, la dignidad, la igualdad de oportunidades han sido metas que han permitido que las personas se desarrollen en entornos razonablemente meritocráticos que han conseguido renovar el modelo económico y social en los últimos 100 años.
 
¿Hacia dónde va la persona en un modelo económico controlado por grandes redes que además amplían su esfera de influencia hasta el dinero fusionándolo con su dominio actual de las redes de comercio, de información e influencia?

Económico y nuevos modelos

La construcción económica, social y política en la actualidad gira sobre una serie de “modelos económicos” que se han mantenido durante largo tiempo separados unos de otros y donde el ritmo de cambio era en perspectiva relativamente lento. Fundamentalmente se esperaba de ellos una optimización y las distintas tecnologías a lo largo de la historia de los últimos 100 años así lo hacían posible. Pero hemos entrado en una fase de cambio disruptivo con creciente aceleración, que afecta a sectores cada vez más complejos, sensibles, incluso aunque estén fuertemente regulados como es el caso del dinero.
 
Los nuevos modelos los encabezan compañías que partiendo de la gratuidad de internet han diseñado negocios nuevos (las redes sociales) o redefinido modelos que ya existían (los viajes y el turismo o los medios de comunicación). Para ello hay que entender las claves del cambio: los datos, el cloud, los dispositivos móviles, la conectividad a bajo coste, y la infraestructura de plataformas que las grandes tecnológicas han construido para vender sus servicios. Pero todo esto son inputs para producir un resultado: economías de escala y efectos de red que hacen que las grandes plataformas se conviertan en los nodos que capturan la mayor parte del tráfico de datos.  Gracias al big data y a la inteligencia artificial las expectativas de descentralización que trajo internet han dado lugar a los monopolios empresariales más grandes de la Historia, y posiblemente los más difíciles de desmontar. La conectividad 5G puede acelerar aún más este proceso de concentración porque el conocimiento y el poder de mercado en el campo digital es acumulativo.
 
La propuesta de Libra plantea posiblemente cerrar ese círculo que consolida aún más del modelo de negocio de una red social de contactos e información al incluir el dinero e intercambio de valor entre sus funcionalidades.
 
La propuesta de Libra plantea un reto a la estructura actual empresarial e institucional que permite que se cree y distribuya riqueza. Una riqueza cada vez más desigual, coincidiendo con la etapa de crecimiento de tecnologías digitales. No son sólo las grandes tecnológicas, sino muchas otras más pequeñas empresas que están creciendo por el “apalancamiento” en lo digital, y además el mundo se esta dividiendo cada vez más entre “makers” y “takers”, entre empresas que se adaptan y lideran la revolución digital y las que siguen fundamentalmente ancladas en modelos de negocio que van a cambiar irremisiblemente o que quedan muy a la zaga.
 
Monedas digitales que nacen globales como Libra plantean retos al modelo económico constituido por los países. Pagamos y recibimos en nuestras monedas nacionales en general y especialmente en las relaciones económicas con las instituciones en cada país que representan al estado. De una parte, las nuevas formas de creación de riqueza como son las grandes tecnológicas están desintermediando el comercio tradicional local que paga impuestos locales. De otra parte, si se generalizara Libra en los pagos entre particulares y empresas habría que orquestar un sistema de recaudación fiscal encima de los nuevos modelos de pago y formas de almacenar la nueva moneda. En estos momentos se plantea un incremento de los impuestos a las grandes empresas tecnológicas.

La función de los bancos centrales

Los bancos centrales son parte crítica de la arquitectura institucional pública que define el modelo social imperante en todos los países del mundo. Su principal función es la definición y ejecución de la política del dinero (política monetaria). Una moneda propia no es sólo símbolo de soberanía sino de capacidad de creación de crecimiento económico a través de la oferta monetaria, de la fijación de los tipos de interés, la gestión del tipo de cambio y más recientemente, a través de operaciones de inyección cuantitativa.
 
Los bancos centrales en los países desarrollados tienen como contrapartidas a los bancos comerciales, a los propios tesoros de cada país y a algunas instituciones públicas y cámaras de compensación y exchanges.  Esta infraestructura bancaria y financiera es la que hoy permite el tránsito del dinero a nivel global. Por ello, en el mandato de los bancos centrales (u otras instituciones dedicadas) se incluye la estabilidad del sistema financiero y ello es así porque es el prestamista de último recurso.
 
La propuesta de Libra ha acelerado la consideración de opciones de dinero digital emitido por bancos centrales, sea de forma individual o federada.
 
No sólo eso, sino que las nuevas tecnologías pueden hacer posible la tenencia de cuentas directas del público en los bancos centrales, en un momento donde la actividad de captación de depósitos es cada vez más un lastre en la rentabilidad bancaria, al tiempo que defiende a los bancos de la competencia de las BigTechs. La actividad de toma de depósitos impone una losa de regulación prudencial ya que la banca puede generar riesgos de contagio sistémico, pese a la existencia de los sistemas de protección limitada de depósitos. Los depósitos de particulares en bancos centrales eliminarían el riesgo del sistema y permitiría que la banca pudiera dedicarse a competir de forma más flexible con las BigTechs. Pero plantearía el problema de quien sustituye sin depósitos la función de creación del dinero que realizan los bancos. Como línea teórica de acción se habla del “helicopter money” (monetización de la deuda) que quizá los bancos centrales han de entregar directamente al publico si la próxima crisis económica llega con fuerza. Este “helicopter money” sigue una línea de objetivos similar al TLTRO (Target Long Term Refinancing Operations) que hoy realiza el ECB para estimular que la banca incremente el crédito neto al sistema a partir de unos niveles de referencia.
 
¿Cuestiona Libra la soberanía de los países, la predominancia de sus monedas y la función de crecimiento y estabilidad que realizan sus bancos centrales? Cómo deben estos responder ante la aceleración de cambios que implica Libra es fundamental.

Política y geopolítica: ¿Quién pilota?

Las nuevas tecnologías digitales están generando nuevos escenarios para los estados soberanos y empresas, de momento manifestado en la aparición de nuevas empresas de nueva creación que se convierten en pocos años en jugadores de tamaño regional o global. Esas empresas están dominando el campo de la información, de los contactos entre personas, el comercio electrónico, y están transformando sectores enteros de actividad. Tienen la capacidad de influir en las decisiones de estratos de la población alterando procesos democráticos. Algunas de estas compañías tienen tamaños superiores al PIB de varios países, y se configuran en sí mismas como comunidades de ciudadanos conectados sin fronteras. En la situación actual de guerra comercial, la propiedad intelectual y las ayudas de estado se están convirtiendo en armas de agresión entre estados con un rol decreciente de los acuerdos internacionales y un peso menor de los organismos multilaterales.
 
La emergencia del internet del valor o blockchain y su aplicación en las monedas digitales puede tener la virtud de vertebrar nuevas comunidades de usuarios en torno a la función de intercambio de valor. Ese intercambio de valor a través de monedas digitales (tokens) en el seno de redes sociales y redes de comercio electrónico es la última manifestación de propuestas de dinero digital nuevo como es el caso de Libra.
 
Propuestas como Libra directamente amenazan la soberanía del estado nación porque ponen en circulación una fórmula alternativa de intercambio de valor a las monedas actuales. En países de moneda débil, economía pequeña o poco exitosa, y con población con poco nivel de servicios y educación financiera, Libra puede rápidamente sustituir a la moneda nacional propia. Esto ya está ocurriendo a través del uso del dólar como moneda de curso alternativa de forma más o menos evidente. Los países tratan de limitarlo a través de controles de capital. Una moneda digital del alcance de Libra supondría un nuevo reto, posiblemente de mayor calado, que el actual dólar como moneda de facto alternativa en estos países.
 
En países más desarrollados y de moneda más fuerte, Libra puede aportar una moneda más ágil y estable que las alternativas actuales y usando la permeabilidad de las redes sociales y de comercio convertirse en la moneda de facto a través de los monederos electrónicos y su conexión con el resto de redes digitales. Puede reducir la visibilidad de facto de las monedas de respaldo quedando éstas como colaterales con cada vez menor uso directo (como de facto acabó ocurriendo con las monedas europeas que integraron en su momento el euro, aunque en este caso fue por extinción de las mismas).
 
Libra de forma particular plantea la necesidad de respuestas políticas que han de ser coordinadas dado que es una moneda con ambición global. Estas respuestas pueden ser distintas a nivel de países, zonas de acuerdo político o económico y sobre todo, reclaman un nuevo papel de los acuerdos multilaterales. En este contexto, no se observa un liderazgo global dada la postura de EEUU, la emergencia de potencias nacionales con alcance global como China, y los diferentes intereses geopolíticos de distintos países y agrupaciones como por ejemplo la Unión Europea o los países del área Euro.
 
Desde una perspectiva geopolítica surgen muchas cuestiones, por ejemplo, ¿deben países como España o la zona de interés del Euro, o la UE intervenir y en qué nivel para que el sistema liberal democrático, forma de vida, valores, estructura social permanezca o se adapte de forma acompasada el nuevo mundo del internet del valor que representan las monedas digitales? ¿Que deben hacer gobiernos como el de EEUU ante la moneda Libra como amenaza al dólar? ¿Es la futura CBDC china una respuesta al dinero ya digital que cada vez más circula a través de WeChat Pay y Alipay o es un intento de globalizar el actual renmimbi?
 
Todas estas reflexiones responden a cuestiones que queremos seguir abordando desde Fide. La llegada del dinero digital, de nuevas infraestructuras y de nuevos actores es un necesario paso en la evolución en el mundo del dinero. Fide liderará la creación de grupos de trabajo y foros de discusión para dilucidar sobre estos temas trascendentales.

Enrique Titos y Miguel Angel Cestero, noviembre 2019

Miguel Ángel Cestero (izq), Ex director global de market-making de Banco Santander y Subdirector General adjunto del Grupo. Ha desarrollado su carrera profesional durante más de 30 años en banca de inversión y mercados de capitales. Primero como emprendedor, fundando una empresa de intermediación en mercados de capitales ( CM Capital Markets), e incorporándose posteriormente a Banco Santander, donde ha dirigido distintas tesorerías y negocios globales dentro de la banca mayorista del Grupo.  Es Socio y Consejero de varios vehículos de inversión en venture capital y private equity.


Enrique Titos (dcha), Consejero independiente. Procede del sector financiero, donde trabajó como responsable europeo en Barclays de tesorería, mercado de capitales, seguros y pensiones. Anteriormente ha estado vinculado a otros proyectos bancarios en distintos bancos nacionales e internacionales, siempre ligado a la actividad en mercados financieros. Actualmente desarrolla proyectos enfocados a la transformación del modelo de negocio empresarial como consecuencia de la tecnología, incluyendo actividades como consejero independiente, asesor, o inversor en proyectos con alto componente de tecnología. Graduado en Económicas por la UAM, PDG en IESE y Executive Education en Kellogg Business University (EEUU). Certificado por el MIT en Fintech: Future Commerce. Miembro de la Escuela de Consejeros (ADE, KPMG, IESE). Jurado de premios literarios en Knowsquare S.L. Profesor en The Valley Digital Business School. Miembro del Consejo Académico de Fide.




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