Menu

Aún queda mucho Brexit por jugar


Tres son los escenarios que se barajan: un Brexit duro o sin acuerdo, un Brexit de mínimos o bien un acuerdo de libre comercio



La victoria electoral de Boris Johnson el pasado 12 de diciembre y la nueva mayoría torie (a costa de la debacle de Corbyn y el peor resultado del Partido Laborista desde 1935) inician el primer capítulo del Brexit del año 2020. Los 364 conservadores no tardaron en estrenar su nueva mayoría absoluta en Westminster y en pocos días aprobaron el proyecto de ley por el que Reino Unido abandonará formalmente la UE el próximo 31 de enero. Este proyecto incluye una nueva cláusula que impide a cualquier miembro del gobierno extender el periodo de transición que se inicia el 31 de enero y está previsto concluya el 31 de diciembre de 2020, fecha límite en la que la UE y Reino Unido deberán tener ya un acuerdo que recoja su nueva relación. Hasta entonces, entraremos en un periodo de transición o limbo legal donde la situación actual, en lo que a bienes, personas, servicios y capitales se refiere, se mantendrá casi sin variaciones como hasta ahora. La negociación entre ambos bloques se prevé contrarreloj, compleja, a 28 bandas (una por cada Estado Miembro y Reino Unido) y cuyo resultado es todavía incierto. Tres son los escenarios que se barajan; un Brexit duro o sin acuerdo, un Brexit de mínimos o bien un acuerdo de libre comercio.

El gobierno británico puede solicitar una prórroga antes del 1 de julio, lo que le daría hasta finales de 2021 o incluso hasta finales de 2022 para negociar y cerrar un acuerdo. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, se ha pronunciado a favor de que Reino Unido solicite dicha prórroga por entender que 11 meses es un plazo corto para negociar un acuerdo amplio que no se centre solo en las cuestiones más urgentes. En efecto, Boris Johnson se da poco tiempo, sobre todo si comparamos los 335 días en los que pretende cerrar el acuerdo con otras negociaciones similares. Recordemos que las negociaciones de acuerdo de libre comercio entre Canadá y la UE llevaron nada menos que siete años.

Hasta ahora, la rotunda negativa del Partido Conservador a prorrogar el periodo de transición inicial podría derivar en un Brexit duro, quedando sujetos los intercambios comerciales a lo dispuesto en las normas de la OMC. Tal y como ha indicado el Banco de Inglaterra, un Brexit no negociado podría concluir en una recesión severa con un descenso del PIB británico de un 8%, siendo los sectores más afectados la automoción, el transporte y las industrias química y alimentaria. Además, se produciría una fuerte caída de la libra esterlina que podría depreciarse hasta un valor similar al del euro. Sin embargo, las consecuencias negativas no se circunscriben al Reino Unido pues la UE también saldría perjudicada. El Brexit duro no solo debilitaría en el plano institucional a la UE, sino que también tendría un severo impacto económico motivado por la incertidumbre y por la creación de nuevas barreras arancelarias que –a su vez– se traducirían en una disminución de las inversiones y flujos comerciales.

Otro escenario al que podría llevar la falta de tiempo en la negociación es al de un acuerdo de mínimos que incluya solo las mercancías y dejara fuera los servicios, lo que sería un importante varapalo para los intereses británicos. Frente al factor tiempo, que a priori jugaría en contra de los intereses del Reino Unido, podría equilibrar la balanza el hecho de que –en paralelo– Johnson negociara un acuerdo de libre comercio con EEUU. Este hecho llevaría a la UE a buscar el tercer escenario, es decir, un acuerdo de libre comercio amplio y exhaustivo. EEUU ya ha anunciado su intención de negociar un acuerdo de libre comercio con Reino Unido que, de producirse, posicionaría a las islas en la órbita de influencia de los EEUU. Este escenario supondría una herida de gran calado en los intereses geopolíticos y comerciales de la UE.

Como baza a favor de la UE en la negociación es importante recalcar que el principal mercado de capitales de la UE se encuentra en Londres, lo que implica que a partir del 31 de enero éste quedaría fuera del territorio comunitario. Algunas voces de la UE ya han señalado este hecho, así como la necesidad de que la UE tenga en su territorio su propio centro financiero y de capitales. Los representantes europeos tienen por delante el reto de sacarle jugo a esta iniciativa en la mesa de negociación.

Esto no es el fin. No es ni siquiera el principio del fin. Pero tal vez sea el fin del principio. De este modo, Winston Churchill celebraba la victoria de la segunda batalla de El Alamein en 1942, y es de esta manera cómo podemos entender esta nueva fase en la que entra el Brexit y que no culminará hasta que se defina la nueva relación con la UE. El Brexit duro es todavía una opción que sigue sobre el tablero y la presión de cerrar un acuerdo de libre comercio en un tiempo record de 11 meses –con los Estados Miembros divididos y mirando cada uno por su propio interés– nos da a entender que al Brexit le queda todavía mucho partido por delante. Prueba de ello son los avisos casi constantes del negociador jefe Michel Barnier de que las negociaciones sobre las relaciones futuras serán mucho más complejas que las de divorcio (con las que llevamos ya tres años).  
 

José María Viñals Camallonga

Socio – Comercio Internacional y Sanciones
Squire Patton Boggs

Artículo original publicado en el Blog de Fide en El Confidencial




L M M J V S D
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    












Semblanzas Fide

Síguenos en redes sociales
Facebook
Twitter
LinkedIn
YouTube Channel
Rss