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Borrón y cuenta nueva


Cuando pase la pandemia sería necesario aplicar la máxima de borrón y cuenta nueva. ¿O acaso queremos seguir acumulando ropa que no nos ponemos o que otros se pongan disfraces para distraernos?



Estos días de confinamiento muchos estamos dándole un vuelco a nuestra vida cotidiana, haciendo tareas que no solíamos hacer porque alguien se ocupaba de ellas por nosotros. En mi caso ese alguien no está y por ello debo emplearme a fondo. Unas son más gratas, como cocinar, no solo porque disfrutas elaborando el plato y luego saboreándolo, sino porque incluso puedes ser obsequiado con una ovación en tu casa si la cosa sale bien; otras no lo son tanto, como planchar, limpiar los baños y pasar la aspiradora, que ni te apetece hacer, ni nadie elogiará como es debido. Pero todas esas tareas, gusten o no, son necesarias, imprescindibles para tener la casa ordenada y limpia. También lo es poner en orden los armarios. Ahora es el momento. Cuando entras y sales de tu casa a ritmo de corneta no te ocupas de eso. Lo haces cuando tienes todo el tiempo del mundo, como ahora que estamos encerrados en nuestras casas. Así que a eso me he dedicado estos días. Como yo, supongo que muchos miles de españoles habrán tenido la misma idea. Y de repente te das cuenta de la cantidad de ropa que tenías acumulada que no necesitabas. Estaba ahí ocupando espacio sin ninguna utilidad. Algunas prendas incluso aún llevaban la etiqueta prendida. Mala cosa. Tengo un montón de ropa innecesaria que me ha costado dinero. Primera enseñanza: no necesito gastar tanto; puedo apañarme con mucho menos. Segunda enseñanza: debo desprenderme de lo que no me sirve.
 
El caso es que este asunto de la limpieza del hogar en tiempos de coronacrisis es un compartimento estanco en mi cabeza que ha saltado espontáneamente a otro que contiene la información sobre la crisis sanitaria y económica que estamos padeciendo. ¿Pero cómo es posible que se hayan superpuesto en mi cabeza estas dos cuestiones tan heterogéneas? Pensando, pensando, he llegado a la conclusión de que tienen un punto de conexión, que es el orden y la limpieza. Me explico. Imaginemos que nuestra casa es tan grande como el estado español y que está distribuida en un sinfín de habitaciones, tantas como presidentes, de gobierno y de comunidades autónomas, ministros, secretarios de estado, sus equivalentes de las comunidades autónomas, alcaldes, asesores gubernamentales, etc., etc. Me pongo a ver el panorama y observo con pasmo que en los armarios de esas habitaciones hay infinitamente más ropa inservible que en el armario de mi casa. Y mucho más me asombro al observar que algunas de las prendas de esas estancias son en realidad disfraces que visten vagos y ociosos que disimulan su holgazanería con palabrería que distrae nuestra atención, simulando la estrategia de los mosquitos que primero inyectan un anestésico y luego te chupan la sangre sin enterarte. En mi caso, lo que he hecho es sacar en bolsas toda esa ropa que no me vale y llevarla a un contenedor de ropa usada, para donarla y que se la pueda poner alguien que la necesite más que yo. Disfraces de ese tipo no encontré, pero si los tuviese los tiraría a la basura, porque si los donase podrían ser usados por otros malintencionados para el mismo perverso fin. Y me pregunto, quizás ingenuamente, ¿por qué no hacen lo mismo en esa casa tan grande que es el estado español? Se ha hecho visible a los ojos de millones de españoles estos días que esa casa necesita orden y limpieza, de arriba abajo, de izquierda a derecha. No sé si me entienden. No es una cuestión de partidos políticos. Es una cuestión del sistema imperante.
 
No necesitamos que nos digan día tras día que nos hace falta una ropa que no nos vale de nada. O que pretendan engañarnos con ocurrentes disfraces. Un buen amigo mío llamaría a nuestros gobernantes y a sus voceros carpet sellers. Ya sabemos qué prendas son imprescindibles en los armarios de nuestro país. Las que salvan vidas en los hospitales, las que van acompañadas de ruido de sirenas, las que te dedican un saludo marcial en la calle, las del campo regado de sol y lluvia, las que te procuran tu alimento, las que te pones en tu casa para sobrellevar el confinamiento. Cuando pase la pandemia sería necesario aplicar la máxima de borrón y cuenta nueva. ¿O acaso queremos seguir acumulando ropa que no nos ponemos o que otros se pongan disfraces para distraernos? Esperemos que la fuerza esté de nuestro lado y no del lado de los farsantes.
 
 
 

Madrid, 8/4/2020.-

Pedro Merino Baylos

Socio de Baylos.

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