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COVID-19: Meditaciones posconfinamiento (Parte 2). Por Pedro García Barreno

Parte 2 de 4.


Las declaraciones de los expertos no son expertas. El país es asimétrico. Feudal más que federal. Tenemos un aceptable «sistema» de salud. Sistema que no es «servicio».



«Medio apagadu el candil,                            El sueñu cerroi los güeyos;
y antes que’l gallu cantara,                            quedó so pena calmada,
Tuxa, llagrimosa y sola,                                  que’l cariñu d’una madre
cabo el so neñín velaba.                                ya melecina probada,
So cuita aumenta el silenciu…                       y lo que non fai ñatura,
Calló Tuxa, y el neñín…                                  nunca de’l arte s’alcanza.»
 
(José Caveda y Nava, Villaviciosa 1796-Gijón 1882)
 
La mar, calma. Nítido el horizonte. Sol candente matizado por una apacible brisa. Ello en unos días singulares por la densidad de acontecimientos. Unos conmemorativos como el levantamiento de un tinetense proconstitucional; o, más cercanos, Gadget resucitaba el espectro de Hamlet del que pronto serían voceros Little Boy y Fat Boy, y treinta y tres solidarios mineros, confinados dos meses largos en las entrañas de San José, en Copiapó, por importunar a Hades protegían sus ojos del sol abrasador de Atacama, cerca del ALMA. Otro, sometido a discusión sobre si coloreaba o no determinadas viñetas. En cualquier caso, la movilidad expande el virus, advierte la prensa sobreviviente que, añade: «una economía a punto de colapsar en un país al borde del confinamiento». Pero esto último parece que ocurre en el Mare Nostrum oriental. También, que la sostenibilidad se cocina con pan de ayer; «queremos crear empleo y revalorizar lo rural», dicen las empresarias.
 
Las islas afortunadas reciben el plácet turístico merced al retiro semanal planteado en un recinto, en origen, propiedad de alguien próximo a los monumentos que esquilmaron neocalifales, que regaló a quién manejaba los Faber-Castell que, a su vez, donó al Patrimonio común. Consultado El Príncipe, falta este capítulo; tal vez al comienzo: «no he encontrado, de entre cuanto poseo, cosa alguna de más valor y aprecio que el conocimiento de las acciones de los grandes hombres», o ya enfilando los dos últimos capítulos: «Concluyamos, pues, que los buenos consejos, vengan de quién vengan, conviene que nazcan de la prudencia del príncipe, y no la prudencia del príncipe de los buenos consejos».
 
El donante tuvo que ausentarse. La hemeroteca, lugar menos formal que un diario de sesiones, recoge una anécdota relatada en momentos de crispación; allá por febrero de 2015. Algo sobre cortar una rama depositaria de nidos; todo al suelo. Se supone que el nido albergaría algún huevo de ave distinguida. En un libro de viajes hay un pasaje que tiene su aquel: «el capítulo 14 del Blundecral reza: “Todo verdadero creyente cascará sus huevos por el lugar oportuno”; es doctrina del gran profeta Lustrog. Y el lugar oportuno debe ser dejado a la conciencia de cada persona, o al menos al juicio del supremo magistrado». Solo el «iluminado», en senderos no transitados, meditando en silencio y sin olvidar el pasado, podrá resolver este arcano.
 
Sin embargo, el libro que me ocupa ostenta en portada una fotografía en blanco y negro elegida, intuyo, para preparar al posible lector. Una pareja; al fondo el castillete. Uno, tal vez quinceañero, aprendiz, al que acompaña ¿el padre? Salen del averno. Buína, chaqueta de mahón, madreñes, candil de mina. El de más edad porta un pequeño barrilete, garantía del agua para sobrevivir al tajo en la galería planta 1ª izq.; el más pequeño se apoya en un cayau. Mirada difidente del barbilampiño desconocedor si mañana habrá jornal; cara afable el mayor pensando, en su caso, si saldrán del túnel que, hoy, le permitió sonreir. Es agua pasada que, heraclitiana - «para los despiertos hay un mundo único y común, mientras que cada uno de los que duermen se vuelve hacia su propio mundo particular» -, no moverá futuro. Las centrales térmicas han cerrado certificando la descarbonización. Hades brinda por el acuerdo; todo queda en otras manos. Algunas confiarán en Europa, aunque la raptó Zeus. Nadie pensó que las fechas tienen fecha; el rastro se desvanece por falta de rastredores. Una avispada declara: «no se preocupen, próximamente habrá sobre la mesa un plan de reactivación». No se preocupen -fatídica frase en boca de la autoridad-, habrá… porque lo tendremos que pensar. Pero ya no tendrán que preocuparse por adoptar sus pupilas a la luz.
 
En levante-norte una empresa oriental da un pequeño respiro; prolongará la incertidumbre un año. En poniente, la torre de Hércules está mortecina, apenas la penumbra de un candil. La presión laboral no parece que obtenga concesiones; aunque sea para pan de ayer. También el ocio es preocupación nada rentable. El campo reclama temporeros sin papeles de tipo alguno, pero se admiten con covid. Malviven. Alguno escapa del confinamiento y atemoriza a una sociedad hipócrita que hace del escándalo negocio.
 
Escándalo fueron los ERE. Ahora los ERTE intentan apaciguar la angustiosa situación social. ONG no dan abasto. Okupas y tensión vecinal. El fantasma de la desnutrición infantil amaga por amarga. Desnutrición física y psíquica. Los más viejos esquivaremos la reclamación por no estar; no parece una postura digna. Tuxa callará cuando el neñín cierre los ojos. ¿Es justo que calle? En su destartalada mariñana Tuxa no tenía a mano el Libro; todo hubiera quedado aclarado tras el inicio de la lectura, sin tener que adentrase en el Prólogor: «Sin juramento me podrás creer que quisiera que [lo que pasa], como hijo del entendimiento, fuera [lo] más hermoso, [lo] más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no [se ha podido] contravenir al orden de la naturaleza».
 
Las declaraciones de los expertos no son expertas. El país es asimétrico. Feudal más que federal. Tenemos un aceptable «sistema» de salud. Sistema que no es «servicio». Diecisiete servicios en un entramado mal comunicado y peor avenido que optó por el hospitalocentrismo y olvidó atención primaria y salud pública. No hay baronías, son felonías. De nuevo, no se preocupen; dicen que la solidaridad se ha impuesto. Aplausos. En el hemiciclo personajes y trajes de hechura, o vaqueros con rotos de diseño. A veces, señorías hacendosas portan a sus pequeños. Pero no hay carantoñas. Los peques ven desnudos a los presentes.
 

«En mi casa, de niño, me dijeron:                 En dónde estabas, ángel de la Guarda?
“Escucha. Hay un ángel                                  Eras tú la vivienda con espinas
que va contigo y te defiende:                        en que debí dormir? Eras la mesa
un ángel de la Guarda”.                                 de la pobreza que me preparaban?
[…]                                                                  Eras el odio [el rencor], alambre interminable
que tuve que cortar, o tal vez eras
la miseria de seres desdichados,
lo que yo fui encontrando en los caminos,
en las ciudades, en los socavones
de los abandonados? Ay, fuiste invisible,
puesto que sólo a golpes de desdicha,
sólo rompiendo puertas inhumanas,
vi crecer en mi voz todas las voces,
y salí entre las vidas al combate».
 
(Neftalí Ricardo Reyes, Chile 1924-1973. En Las Uvas y el Viento)
 
 
 
Pedro R. García Barreno
Médico, 1965
Careñes, Villaviciosa, Principado de Asturias. Agosto 2020.
 

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