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Carta de una start-up tecnológica española a los Reyes Magos, por María José Huertas Jiménez


Fide 19/01/2018

Porque, ¿qué startup española no querría estar valorada actualmente en la redondísima cifra de 1.000 millones de dólares y haber sido capaz, por ejemplo, de escalar con éxito sobre dicha valoración hasta una serie C completada en territorio nacional?



Queridos RR.MM.: aprovechando que tenemos un nuevo año por delante y que en 2017 hemos procurado cumplir con los mandamientos del buen emprendimiento, en 2018 quisiéramos convertir en unicornio nuestra startup tecnológica fundada en España y dedicada a [insertar lo que proceda en cada caso]. ​
 
 



España es un vasto territorio con una intensa historia plagada de leyendas y mitos y con un extenso imaginario popular, por cuya tradición oral y escrita circulan un sinfín de personajes más o menos fantásticos, más o menos inventados o reales. Y a los efectos que aquí interesan, España puede calificarse sin temor a que nos critiquen como un país emprendedor, de negociantes y aventureros, optimista y sociable, capaz de convencer y mundialmente visible. Sin embargo, hasta la fecha y a punto de terminar la segunda década de este tecnológicamente trepidante siglo XXI, todavía no se ha visto ningún unicornio por aquí, pese a que no faltan voces que coinciden en afirmar que esperársele, se le espera.

Los unicornios están de moda, ya sea estampados en sudaderas o enumerados por medios de divulgación económica en listas superpobladas por empresas principalmente americanas, chinas y británicas. Y en España queremos a nuestro unicornio (al que entraría en el selecto club del one billion dollar, se entiende, porque de unicornios en las tiendas de ropa, complementos y objetos varios vamos sobrados). 

Queridos RR.MM.: esta startup no es nuestra primera idea de negocio; confiamos en que nuestro producto/servicio sea escalable, incluso internacionalmente, y pueda atraer a masas de usuarios/consumidores; los fundadores nos conocemos casi desde el instituto; hemos estudiado en prestigiosas escuelas de negocios; hace más de 7 años que venimos desarrollando el proyecto y estamos inmersos en una ronda de financiación a resultas de la cual la composición del accionariado podría diversificarse con la entrada de algún fondo de inversión especializado.

Que no faltan las ganas es evidente. Que los emprendedores españoles están aprendiendo a desenvolverse en el mundo del venture capital a marchas forzadas, en una clara aspiración por parecerse cada vez más a sus homólogos norteamericanos, es incuestionable. Existiendo ambición, entusiasmo, ideas y talento en nuestro entorno emprendedor, todo apunta a que los principales obstáculos se encuentran en el exterior, en el bosque del venture capital español, por donde las startups aspirantes a unicornios ansían pasear sus coloridas crines algún día.

Estas conclusiones se extraen fácilmente de un informe reciente de alcance europeo, “The State of European Tech 2017”[1] , auspiciado por el fondo de inversión británico Atomico, de cuyas gráficas se desprende que España avanza con paso firme hacia una posición de honor, muy cercana al podio, en muchos de los parámetros analizados en este informe, encontrándose sin embargo casi siempre en esta carrera a rebufo de los mismos 4 o 5 países vecinos: Reino Unido, Francia, Alemania, Suecia y Holanda, principalmente.

Hay algunos datos y métricas de este informe que merecen ser destacados. Como por ejemplo, el hecho algo paradójico de que encontrándose España en el top 10 de países por número de programadores y desarrolladores profesionales de software[2] y en el top 5 de los países que más talento tecnológico atraen (escalando posiciones hasta el tercer puesto cuando el análisis se restringe a profesionales europeos), sin embargo no se ubica entre los diez primeros puestos en términos de velocidad de creación de empleo en el sector tecnológico, cabecera en la que sí aparece el vecino luso. Y ello pese a que la mayor parte de las incubadoras y aceleradoras españolas exigen a los responsables de las iniciativas empresariales que entran en los programas de aquéllas que se aumenten los equipos de trabajo y, en consecuencia, se cree empleo apoyándose en las ayudas económicas que los emprendedores reciben.

Cabe albergar la esperanza de que de la nueva Estrategia Española de Activación para el Empleo 2017-2020, aprobada hace un mes escaso por el Real Decreto 1032/2017, de 15 de diciembre, se deriven medidas realmente eficaces y que contribuyan a facilitar la generación de empleo y el fomento de la actividad empresarial en el contexto de “las nuevas oportunidades laborales que ofrecen la economía digital y las distintas fórmulas de la economía social y de la economía colaborativa”, citando el tenor del propio Real Decreto. También resulta especialmente prometedora, en relación a los mismos objetivos estructurales que se contienen en esta nueva Estrategia, la aspiración del Estado por fomentar la “formación y asesoramiento a emprendedores en el objeto del negocio y en técnicas de gestión de la microempresa”.

Esta aspiración del Gobierno español por formar a los emprendedores se antoja muy deseable y necesaria, habida cuenta por ejemplo de las dificultades que todos sabemos encuentran aquellas personas menos familiarizadas con la ley, en general, a la hora de traducir obligaciones legales en acciones concretas a ejecutar por parte de las sociedades y/o por los autónomos responsables de proyectos emprendedores, los cuales están lógicamente más preocupados por definir sus mercados y perfilar un modelo de negocio creíble y sostenible, atractivo para los inversores futuros (garantes del sueño de toda startup por aumentar su valoración), siendo muchos de esos emprendedores desconocedores al mismo tiempo de que la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento, nuestro Código Civil dixit. La cosa se complica aún más en un contexto normativo tan complejo como puede llegar a serlo el español y ello pese a que el desarrollo legislativo evolucione a un ritmo más lento de lo que evoluciona la tecnología[3].
 
 

Queridos RR.MM.: somos optimistas, los inversores vendrán, tenemos el camino preparado y contamos con un euro fuerte para empezar el año. 

En “The EUnicorn Economy: opportunities for Spain” [4], informe de Liz Fleming  en el que se abordan las posibilidades de y los obstáculos al crecimiento del venture capital español, se apunta a la falta de madurez y quizá al exceso de desconfianza del sector en España, la menor experiencia y poca especialización de los fondos de inversión españoles o la excesiva dependencia de la financiación pública como motivos que están ralentizado la llegada de la criatura mágica al panorama emprendedor español, pero sin olvidar que los niveles de inversión han aumentado casi en un 300% entre 2013 y 2015.

En términos europeos agregados también el informe de Atomico confirma el crecimiento constante del capital invertido en el sector tecnológico en los últimos cinco años. No obstante, en España la inversión total en 2017 no llega a los 1.000 millones de dólares (800 millones concretamente), pese a situarnos este informe en el puesto número 5 por capital invertido entre 2012 y 2017, sólo por detrás de Reino Unido, Alemania, Francia y Suecia. Efectivamente, los números permiten vislumbrar cierto optimismo para las startups españolas, el mismo optimismo que muestran los colectivos encuestados para la recopilación de los datos, quienes en su mayoría coinciden en afirmar que a día de hoy es más fácil que hace 12 meses conseguir financiación para operaciones de venture capital (con la única excepción de británicos e irlandeses, probablemente algo más angustiados por los efectos que el Brexit haya de traer consigo).

Quizás sus reales majestades no tengan al fin y al cabo tan difícil cumplir lo que se les pide. Y mucho menos si los números empiezan a hablar y a dar crédito y solidez a lo mucho que sobre emprendimiento se habla, se ha hablado y se seguirá hablando en un país cuyas dos principales ciudades destacan en la escena europea por el creciente número de eventos relacionados con tecnología que en Madrid y Barcelona se celebran anualmente y por la proliferación de hubs de contenido tecnológico a lo largo y ancho del país con un universo también creciente de miembros pertenecientes a dichos hubs
 

  Queridos RR.MM.: después de pensarlo bien, quizás lo más importante no sea que esta startup se convierta en unicornio en el corto plazo. 

No cabe duda de que la aspiración principal de toda startup será aumentar su valor, acudir a sucesivas rondas de financiación y ver crecer su capital a la vez que crece su negocio y se consolida su expansión y escalado. Pero en su gesta por alcanzar la valoración del one billion dollar, cualquier startup se enfrentará a toda suerte de acrobacias y aventuras. Por ejemplo financieras, pues entre el primer dólar y el que cierra los mil millones hay un buen trecho que recorrer. También legales, fiscales y/o laborales, en línea con lo ya expuesto sobre la complejidad del marco normativo comunitario, nacional, autonómico e incluso local en cuyas aguas navega (que no naufraga) el emprendimiento en España. O piruetas en los mercados donde desarrollan su actividad comercial y en los que han de convivir (y, sobre todo, interactuar irremediable y urgentemente), con el más consolidado sector industrial tradicional en aras de las sinergias y la ventajas que de esa colaboración pueden derivarse, traducidas en inyección de capital en las startups o intercambio de talento o conocimiento, entre otras. O los serios esfuerzos que han de hacer las startups ávidas de capital para convencer a sus potenciales inversores no sólo del retorno que obtendrán, sino también de la contribución que la tecnología en cuestión supondrá para atender necesidades sociales como la contención del cambio climático; o para la generación de productos o servicios que contribuyan a mejorar la salud de las personas o el suministro alimentario; o para garantizar la eficiencia energética. Porque, aunque no todo el emprendimiento puede ser adjetivado “social”, la sociedad  generalmente espera que el emprendimiento tecnológico de este siglo persiga contribuir al bienestar de las personas. Y, por último, pero en absoluto menos importante, la evidencia aplastante de que sigue existiendo una importante brecha de género en el ecosistema emprendedor, aunque también aquí las perspectivas vayan mejorando lentamente[5].
 

 

Queridos RR.MM.: parece que las cosas no van mal. Aspiramos a convertirnos en unicornio, pero mientras ese momento llega lo cierto es que cabalgar, cabalgamos.
Atentamente, una startup tecnológica española.
 

“Si oigo ruido de cascos pienso en caballos, no en unicornios”[6].
 Guillermo de Ockham (m. 1349).

 
 
[2] Puesto número 7 con un censo de 268.149 de estos profesionales tecnológicos. Es igualmente destacable en términos de talento y consolidación de la universidad española como referente en el terreno del desarrollo tecnológico, la presencia de la Universidad de Granada (puesto 48) y de la Universidad Politécnica de Cataluña (puesto 83) en el ranking de las 100 universidades más citadas en cuestiones relacionadas con investigación en inteligencia artificial.
[3] En “The State of European Tech 2017” se recoge la mayor incidencia en percepción por parte de los fundadores de startups de España y Italia respecto a las limitaciones que para la creación y escalado de sus negocios tecnológicos supone el marco regulador europeo. 
[4] “The EUnicorn Economy: opportunities for Spain” Liz Fleming – Kauffman Fellows 2016.
https://s3-eu-west-1.amazonaws.com/ssassetspro/docs/press/KAUFFMAN%20FELLOWS-Future%20of%20VC.pdf?timestamp=1510766891
[5] El Informe Especial Global Entrepreneurship Monitor (GEM) sobre Emprendimiento Femenino publicado en 2017 recoge datos relevantes y muy ilustradores respecto a la brecha de género en diferentes economías nacionales, siendo su afirmación más general, a la par que esperanzadora, que en los últimos dos años la actividad emprendedora de las mujeres de todo el mundo ha aumentado un 10%, mientras que la diferencia de género se ha estrechado un 5%: http://www.gem-spain.com/wp-content/uploads/2015/03/gem-womens-2016-2017.pdf
[6] Del principio de parsimonia o “Navaja de Ockham”.

Artículo publicado originalmente en el Blog de Fide del Confidencial.

María José Huertas Jiménez

Jefe de Asesoría Jurídica General, Tecnología y Negocios Emergentes, en la Dirección Corporativa de Servicios Jurídicos en Repsol. Miembro del claustro del programa Executive Education de IE Law School “Startup Lawyers”. Licenciada en Derecho por la Universidad de Granada, Diploma de Estudios Avanzados en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset - Universidad Complutense.




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