Menu

Contrastes

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 07/05/2020.-


Un paseo lleno de contrastes.



Un paseo a las ocho de la mañana dulcifica el confinamiento y puede ser fuente de aventuras inesperadas, fuera del refugio del hogar. Un hogar que se ha transformado para muchos de un mero lugar-dormitorio a una fortaleza inexpugnable.
 
En mi paseo matutino, cerca de un monte de encinas rebosante de colores por la primavera, me topé hoy con una discusión entre un matrimonio cuarentón y tres jóvenes treintañeros. Dos varones estaban enfrentados y con los puños apretados. Me acerqué a ellos haciendo ruido con mis botas y dije al mayor:
 
- No merece la pena. Ven. Acércate hacia mí. No merece la pena.
 
El hombre se acercó a una distancia prudencial y seguí hablando con él mientras el joven –ignorado- se iba caminando con sus amigos, al tiempo que refunfuñaba frases ininteligibles.
 
La discusión se había iniciado porque los jóvenes habían caminado muy cerca del matrimonio y tosiendo para asustar. Afortunadamente no llegaron a los puñetazos. A la pareja, luego, le bastó que yo escuchara su relato para desahogarse de la tensión y a la vez sentirse comprendidos.
 
Y les comprendía de verdad, porque muchas personas estos días no mantienen la distancia social. En España esta distancia fue siempre menor que en los países del norte, pero ahora se ha ampliado por decreto y por precaución responsable.
 
Los nuevos hábitos (llevar mascarilla, evitar contactos, etc.) no se van a lograr implantar de forma automática por una norma, ni siquiera porque el incumplimiento conlleve una sanción. Será, pues, un buen ejercicio difundir a la sociedad que, de la misma manera que “quédate en casa” se convirtió en un lema y se asumió por todos -salvo indignas excepciones- ahora se debe asumir otro lema: “respeta la distancia social”. A lo que yo añadiría: “con amabilidad”.
 
Esta distancia no está reñida con mostrar un saludo o con decir “por favor” o “gracias”. Es cierto que las mascarillas nos otorgan a todos un aspecto de bandoleros y que la tensión padecida por el confinamiento produce desconfianza y hasta desprecio por los demás. También hay que tener en cuenta que continúa el miedo al contagio y que se están produciendo impactos económicos negativos y desempleo.
 
Todo ello, sin embargo, no puede acabar con la buena educación, ni hacer surgir lo peor de nosotros mismos. Nos corresponde a todos y cada uno de nosotros introducir más respeto y amabilidad en las nuevas situaciones. Esa es nuestra inicial tarea social después de la pandemia; es la primera muestra de la solidaridad que se requiere en la reconstrucción.
 
No va a ser posible lograr que todo el mundo entienda la necesidad de mantener una distancia, pero se debe alcanzar el objetivo de que todos nos tratemos con respeto. No sabemos si quien camina delante de nosotros ha perdido recientemente un familiar o se ha quedado sin trabajo. Merece un especial respeto siempre, más aún en las actuales circunstancias. El aprendizaje de que es importante respetar a todas las personas se logra con el ejemplo. Las conductas positivas tienden a ser imitadas.
 
A mi regreso del paseo coincidí en un cruce de caminos con un hombre que observaba con unos prismáticos un ave en un árbol. Se trataba de un cuco que identifiqué por su inconfundible sonido. Yo nunca había visto ninguno. Le pregunté, a varios metros de distancia, si podía confirmar mi descubrimiento. Su indumentaria de ornitólogo y su aspecto amable me hacían intuir que me contaría algo interesante.
 
Y así fue. Me explicó que no era fácil ver un cuco. También me preguntó si yo sabía que se trataba de un ave que no cuidaba de sus crías. Le dije que no y me siguió contando:
- La hembra del cuco pone un huevo en un nido de otra especie donde ya hay otros huevos, a menudo más pequeños. La cría de cuco eclosiona antes y es alimentada en seguida, aunque las aves del nido no sean sus progenitores. Al poco de nacer y siguiendo su instinto, la cría tira los otros huevos fuera del nido para quedarse sola y ser bien alimentada por sus padres adoptivos que, en poco tiempo, tienen un tamaño inferior al suyo. Este modo de proceder se llama parasitismo.
 
De regreso a mi casa pensé que lo narrado por el ornitólogo me recordaba a lo que sucede en la política española.
 
Luego caminé deprisa para llegar a tiempo de cumplir el horario del confinamiento. Había sido un paseo lleno de contrastes.
 
 


Madrid, 07/05/2020.-

​Miguel Ángel Recio Crespo

Gestor cultural y escritor.
Administrador Civil del Estado.

Nota



En la misma Sección
< >

Martes, 25 de Agosto 2020 - 16:25 Despedida
















Semblanzas Fide

Síguenos en redes sociales
Facebook
Twitter
LinkedIn
YouTube Channel
Rss