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Crónica de una visita de Fide al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía el 20 de septiembre de 2016, por Rafael Mateu de Ros.




El pasado día 20 de septiembre, un grupo de amigos vinculados a Fide giramos una interesante visita a la exposición "Campo Cerrado. Arte y poder en la posguerra española 1939-1953" que, con gran éxito, ha exhibido el Museo Reina Sofía en los últimos meses.

Tuvimos el lujo de ser guiados por la propia Comisaria de la Exposición, María Dolores Jiménez-Blanco, coautora del catálogo de la exposición, un catálogo ordenado por temas cuya lectura recomiendo: no es un catálogo al uso, de fotos y comentarios, sino el resultado, amenísimo eso sí, de una investigación rigurosa sobre un período de la historia del arte español reciente que permanecía prácticamente inexplorado.

En abril de 1939, con la entrada en Madrid del ejército de Franco, comienza en España una larga dictadura. En septiembre de 1939 se inicia en Europa la Segunda Guerra Mundial, que concluye en 1945 con la derrota de los países del Eje, políticamente afines a Franco. Sobre un país asolado y aislado internacionalmente desde 1945, el régimen franquista impone una campaña de (re)construcción nacional, literal y metafórica, que afecta decisivamente a la cultura. En esos años de supervivencia en el interior y  exilio en el exterior, durísimas las dos situaciones, la cultura y el arte resisten, se transforman y aparecen bajo mil formas. Las relaciones entre el poder, el arte y los artistas ofrecen matices insospechados.

La original exposición, invocando el espíritu crítico de Campo cerrado (Ciudad de México, 1943), la novela de Max Aub, representa un trabajo inmenso de investigación y de revisión  del arte de la posguerra española hasta finales de los años 40 ,en sus diversas manifestaciones: pintura, dibujo, escultura, arquitectura, fotografía, teatro, cine, cerámica, artesanía, incluyendo obras inéditas, otras rescatadas del olvido y documentos tan impactantes como la ficha policial de Pablo Picasso archivada en la Dirección General de Seguridad -¿habría que conservarla o destruirla?-, las obras de nuestros surrealistas interiores incluido Dalí y los recuerdos de  personajes tan singulares y poco estudiados como el catalán Juan Eduardo Cirlot o el alemán Mathias Goeritz. Están también, por supuesto, los libros y revistas editados por la trágica "España peregrina", la que con austeridad y sacrificio mantuvo la dignidad republicana viva durante años, tantos que para muchos fueron los últimos y definitivos. La exposición nos muestra, por ejemplo, los documentos fehacientes del esfuerzo desplegado por Álvarez del Vayo, Araquistaín y el propio Aub, para asegurar la propiedad del "Guernica" y el futuro retorno de la obra a la España democrática.
 
La complejidad y las contradicciones de la época se revelan en todas las salas de la exposición, salas que siguen, como el catálogo, una original ordenación por temas sin someterse a un criterio de linealidad cronológica. El arte supera todos los tópicos, el arte resiste en todas las circunstancias, el arte cuando aflora es siempre relevante, el arte se transforma y se reinventa, el arte mantiene vivos el recuerdo y la esperanza, pero el arte es también un  instrumento de propaganda apetecible para la inmensa capacidad manipuladora del  poder político de cualquier signo.
 
La sustitución del arte fascista primigenio -moderno y transgresor a pesar de todo-  por un retorno al academicismo más rancio, el ruralismo y el folklorismo, la invención increíble de una supuesta línea de continuidad subyacente del arte español que desde Altamira llega a las vanguardias después de pasar por la artesanía del esparto y el botijo y las alianzas culturales entre Estado e Iglesia, son aspectos y etapas de una política cultural habilísima que, a través del arte, contribuyó, al menos, a romper el cerco internacional de España y dinamizó el -en todo caso, lentísimo- proceso de apertura del Régimen. Para mí, y en medio de tantas sorpresas, la mayor ha sido constatar hasta qué punto el informalismo y la abstracción en todas sus tendencias fueron alentados y asumidos por aquel sistema político como apariencia -¿o realidad?- de modernidad. Un informalismo que resultó ser el semillero de muchos de los grandes artistas plásticos españoles que geminarían en las décadas siguientes y cuyos nombres están en la mente de todos. Son al final, malgré tout, hijos o nietos del arte que "se hacía" en la era de Franco.
 
Fide agradece a María Dolores Jiménez-Blanco su dedicación para esta visita y a los asistentes su interés y participación en la misma.
 
Esta visita se enmarca dentro de las actividades que Fide desarrolla entorno al mundo del arte. En este sentido, el próximo 18 de octubre se inaugura en Fide la Exposición los Bragales y contaremos con la intervención de Jaime Sordo, Presidente de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915 y propietario de la colección Los Bragales, quien aportará su experiencia de 40 años coleccionando Arte Moderno y Contemporáneo. Más información en este link
 
Rafael Mateu de Ros, Abogado del Estado en excedencia. Socio de Ramón y Cajal Abogados.




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