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Cuando Zeus y Hermés encontraron el verdadero sentido de la Justicia, por Josefa Fernández Nieto.

A propósito de la Sentencia del Tribunal Constitucional de 17 de marzo de 2016. De la mitología a la actualidad.




Era un tiempo en el que existían los dioses, pero no las especies mortales. Cuando a éstas les llegó, marcado por el destino, el tiempo de la génesis, los dioses las modelaron en las entrañas de la tierra, mezclando tierra, fuego y cuantas materias se combinan con fuego y tierra.

Cuando se disponían a sacarlas a la luz, mandaron a Prometeo y Epimeteo que las revistiesen de facultades, distribuyéndolas convenientemente entre ellas. Epimeteo, pidió a Prometeo que le permitiese a él hacer la distribución "Una vez que yo haya hecho la distribución, dijo, tú la supervisas”. Pero como Epimeteo no era del todo sabio, gastó, sin darse cuenta, todas las facultades en los brutos. Pero quedaba aún sin equipar la especie humana, y no sabía qué hacer. Hallándose en ese trance, llega Prometeo para supervisar la distribución. Ve a todos los animales armoniosamente equipados y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigo e inerme. Entonces Zeus, envió a Hermes para que llevase a los hombres el pudor y la justicia, a fin de que rigiesen en las ciudades la armonía y los lazos comunes de amistad. Preguntó, entonces, Hermes a Zeus la forma de repartir la justicia y el pudor entre los hombres: "¿Las distribuyo como fueron distribuidas las demás artes?". De este modo equitativo, iba distribuyendo las restantes facultades. Y las ideaba tomando la precaución de que ninguna especie fuese aniquilada. Pues éstas fueron distribuidas así: Con un solo hombre que posea el arte de la medicina, basta para tratar a muchos, legos en la materia; y lo mismo ocurre con los demás profesionales. ¿Reparto así la justicia y el poder entre los hombres, o bien las distribuyo entre todos? "Entre todos, respondió Zeus; y que todos participen de ellas; porque si participan de ellas sólo unos pocos, como ocurre con las demás artes, jamás habrá ciudades. Además, establecerás en mi nombre esta ley: Que todo aquel que sea incapaz de participar del pudor y de la justicia sea eliminado, como una peste, de la ciudad''. >> Platón: Protágoras 320c-322d

Leyendo  y releyendo este episodio de la mitología, contemplo con asombro la situación que atraviesa la administración de justicia de este país, situación que veo con gran preocupación todos los días como profesional de la justicia, ante la incapacidad de dar respuestas,  no por la voluntad  titánica de quienes día a día, tratamos de “curar” las heridas del “sistema”, sino por la inoperancia crónica de quienes asumen mediocremente la responsabilidad de dotar de medios a la administración de Justicia, quedándose mudos ante los problemas que se nos presentan.

Constatamos, en efecto, que la justicia se concibe como una línea vertical y autoritaria, que se identifica con Zeus-Júpiter. Nuestra historia de la Justicia, nunca ha roto con el (anti)modelo bonapartista de organización judicial y de juez. Y sólo (o, esencialmente, si se quiere) por la presión de los acontecimientos y lo indefendible del statu quo judicial heredado del franquismo, evolucionó entonces en alguna medida hacia formas más constitucionales de entender una y otro. En efecto, tradicionalmente, hablar de la justicia nos hacía pensar en un Juez burócrata.

Por lo general, la judicatura española no padeció un rechazo social similar a la francesa tras la Revolución burguesa, básicamente porque sus competencias y su poder eran mucho más reducidas. La idea Justicia –Poder- quedó grabada a “fuego” en la sociedad española.

Quizás podríamos concebir esa nueva Justicia de forma diferente, cumpliendo con los postulados internacionales y constitucionales, entendiéndola como un gran proceso de intercomunicación social: una justicia que piense en todos los agentes jurídicos, que pueden completar primero una evaluación y equilibrar después los efectos de aplicación de la norma. La Justicia es poder, pero también y sobre todo, servicio público.

Imaginemos Jueces, Letrados de la Administración de Justicia y profesionales diversos, que se codean, y trabajan en conjunto, sin compartimentos estancos, con los propios interesados para la resolución de los procesos.  Imaginemos, una justicia no anquilosada, en las piedras de la edad medieval. Sólo imaginemos, pero sin caer en utopías irrealizables. Regidas desde el respeto y acatamiento al sistema legal constitucional del que nos hemos dotado de distribución competencial procesal entre jueces y  Letrados de la Administración de Justicia, consideración que tiene este Cuerpo Superior jurídico de letrado especialista, y no de meros asistentes del juez o magistrado.

Si en ese nuevo escenario, los jueces dirigen ese proceso de intermediación y configuran también la resolución final, pero no lo hacen desde arriba, desde la columna, sino desde el círculo, que nos iguala y complementa, al sistema se le dotaría de mayor eficacia para tutelar el derecho del justiciable... Sin embargo, hay dificultades que no se han superado y los últimos acontecimientos lo demuestran.

Se ha tomado conciencia de ello, pero no lo suficiente, creemos que  en su lugar se debe apostar, hoy más que nunca,  por el de una línea horizontal, de intermediación o comunicación que, en contraposición él identifica con Hermes o Marte. Hay que generar cambios futuros. Hermes, ya reinventó la justicia, por lo que no es nuevo, no estamos inventando nada.
 
La Comisión Europea acaba de presentar el Cuadro de Indicadores de Justicia de 2016 (i). El cuadro ofrece una visión comparativa de la eficiencia, calidad e independencia de los sistemas judiciales de los Estados miembros de la UE. Un solo dato: gasto público en Justicia, España dedicó en 2014 un total de 82 euros por cada habitante, por encima de Chipre (25 euros), Rumanía (29 euros) y Estonia (29 euros) y por debajo de Luxemburgo (179 euros), el Reino Unido (155) y Alemania (146 euros). A pesar de ello,  la tasa de resolución de casos civiles, comerciales, administrativos y otros en primera instancia en España se situó en el 1%, como en la mayoría de los demás estados miembros.
 
La justicia exige su tiempo, si pero razonable, como así el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha pronunciado recientemente. La tardanza siempre ha caracterizado la Justicia. Tiende a considerarse un intrínseco “atributo” de tan excelsa actividad.

Por eso la tramitación  en tiempo razonable nunca puede recortar derechos de los intervinientes ni deshumanizar su práctica. No es tanto el tiempo sino el talante, el modo en que se aborden los procesos, lo que cuenta. Y ello, no olvidando lo que puede resultar más relevante, que es la organización, como en cualquier otra actividad. ¿Cuánto debe tardar un proceso judicial? La respuesta directa, resulta evidente: depende, depende de muchos factores y circunstancias.  Sin embargo, la respuesta obvia, por más que formal, sería: lo que establezcan las leyes.      

Hoy, más que nunca, este principio de plazos razonables con la última reforma de la LECrim, cobra sentido. También las dilaciones indebidas cobran gran relevancia.

Mencionando esa ausencia, tan grave y que hace tan difícil el manejo de los expedientes judiciales, adelanto ya lo esencial: la enorme tardanza de la Justicia se debe a su ausencia absoluta de organización y diría que de coordinación, de tres entes en conflicto permanente, Ministerio de Justicia, Consejo General de Poder Judicial y Comunidades Autonómicas. Frente a ello, la única posición sensata, acorde con la realidad, es que el plazo del proceso, debe ser el razonable, pero contando con los medios técnicos que la Administración de la administración de justicia debe proporcionar, con varios actores implicados.   
 
Por otro lado, es dañino contar con un ejecutivo, que sólo busca la noticia (ejemplos como la implantación de LEXNET y la promesa  política vitalicia del expediente electrónico judicial ( ya no será el 7 de julio).  Con desesperación decimos,  cuando el político entra en escena la justicia se desvanece…
 
La Ley 13/2009, de 3 de noviembre, de reforma de la legislación procesal para la implantación de la nueva Oficina judicial, vino a descargar a los Jueces y Magistrados de diversas tareas jurisdiccionales para traspasárselas a los hoy Letrados de la Administración de Justicia. Nuevas funciones que determinaron un específico régimen impugnatorio. En unos casos, a través de un recurso de reposición ante el propio Letrado y, en otros, mediante un recurso de revisión ante el Juez.

La trascendental STC del Pleno del Tribunal, de 17 de marzo de 2016, declara por unanimidad la inconstitucionalidad y nulidad del primer párrafo del art. 102 bis.2 de la LJCA, por entender que la ausencia de revisión por un juez o tribunal lesiona el derecho a la tutela judicial efectiva (art. 24.1 CE) y el principio de exclusividad de la potestad jurisdiccional (art. 117.3 CE). Además señala que hasta que el legislador no se pronuncie al respecto, el recurso judicial procedente frente al decreto del Letrado de la Administración de Justicia resolutorio de la reposición ha de ser el directo de revisión a que se refiere el propio art. 102 bis.2 LJCA.

La situación ha cambiado, sin lugar a dudas. El TC desconoce quizás, que el Letrado de la Administración, ostenta el carácter de  de autoridad conforme a los arts. 181 y 454 de la LOPJ.  El Cuerpo de Letrados de la Administración de Justicia, que tan pacientemente ha esperado a lo largo de todos estos años a ser reconocido profesionalmente, que se ha formado, y siempre con voluntad a actualizarse para el desempeño de todas las funciones que la ley les atribuye, funciones que se sitúan extramuros de las llamadas “gestorizantes”.

Y ello, porque no son ni han sido nunca las de este Cuerpo Jurídico, Cuerpo de la administración de justicia nivel A1, al que se accede con una dura oposición de 300 temas especializado en el Derecho procesal, en el proceso que es una herramienta sine qua non, para que la sentencia llegue a buen término…   

En definitiva, las funciones del LAJ (algunas por desarrollar, como la mediación), deben ser y son decisivas para que el sistema funcione.   Si desde 2003 el legislador quiso un cambio de las cosas, y solucionar finalmente los múltiples y graves males que aquejan a nuestra Administración de Justicia, teniendo siempre como norte, el derecho del ciudadano, por qué retroceder hacia la ceguera o la debacle?.....  
   
Es por lo que no comprendo, me cuesta, me resisto a aceptar, que a estas alturas, ante problemas de calado de los que nos asedian, con lo que ha diluviado y lo que diluvia sobre la jurisdicción, haya quien piense, entre ellos los magistrados de nuestro Tribunal Constitucional, que con pronunciamientos como los de la resolución, se pueda ir a alguna parte. Quiero pensar que ha sido un mal sueño.  
 
Nuestros jueces deberían asumir con ilusión y clara conciencia el papel que les corresponde conforme a la CE, juzgar y ejecutar lo juzgado. Deberían dejar a un lado, una asepsia y atemporalidad que, carece de justificación alguna por ser anacrónica, y desechar el temor a ocupar un espacio más equilibrado en su potestad judicial.  No hay verticalidad, de hecho nunca la ha habido, entre Secretarios judiciales y Jueces, como nos enseñaba Hermes.

Al mismo tiempo, me parece que pronunciamientos como los de la citada STC, hacen imposible el debate, el cabal conocimiento de las razones del oponente y la saludable asimilación de la ética del discurso y a la argumentación racional.  Decía O. W. Holmes (ii): Para la justicia se exige «algo de Ariel, Prometeo y Júpiter, con algunos aspectos de Mefistófeles también...». Pues bien, si alguien tan carismático como el juez Holmes recurrió a la mitología griega, por qué no hacerlo nosotros. Es un tiempo, en el que no existen los dioses, y sí muchas especies mortales. Nuestra Constitución da una primera pista al respecto cuando establece de manera solemne que “la Justicia emana del pueblo”.  Es un tiempo, en el que mal se administra justicia si no se conoce la sociedad en cuyo contexto deben aplicarse las Leyes. Por ello, debemos exigir una justicia que responda a las necesidades de nuestra sociedad y de los ciudadanos sin déficits de contextualización personal y social en la aplicación de la ley.

Creo más que nunca desde el corazón, pero también desde el pensamiento racional, que es necesario, una toma de conciencia reinventando la justicia a través de la filosofía de Hermes. Quizás estemos a tiempo si queremos salvar el sistema y que, definitivamente, que “lo ganado con tanto sacrificio”, no se derrumbe.
 
Josefa Fernández Nieto, Letrado de la Administración de Justicia. Doctora en Derecho.
 
(ii) Schwartzen, B., “The judicial Ten American´s greatest judges”, Illinois University Law Journal, nº 3, 1979 (versión en castellano de E. Alonso, Los diez mejores jueces de la historia norteamericana, Civitas, Madrid, 1980). Citado a su vez por Peces-Barba, G., en “La creación judicial del Derecho desde la teoría del ordenamiento jurídico”, Poder judicial, nº 6, Consejo General del Poder Judicial, Madrid, 1983, pág. 25.




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