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Cuestión de confianza

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 06/05/2020.-


Hay que proponer y aceptar el reto de la confianza, e insistir en ello día tras día. Cada ciudadano tiene que hacer un esfuerzo por generar confianza en los demás. Y por esa vía se logrará también que los demás generen confianza en nosotros.



Cuando en los últimos años la política española se ha visto necesitada de acudir a los diferentes mecanismos constitucionales (moción de censura, estado de alarma, etc.) para afrontar a circunstancias especiales podría surgir en algunos la tentación de seguir en ese camino de recurrencia a la farmacopea jurídico-política para dar respuesta también a la situación que se nos adviene después de la pandemia del coronavirus.
 
Pero esta reflexión no va a ir por la senda de lo político. Aunque las palabras puedan parecer iguales o idénticas a las que utiliza la Constitución lo que se pretende en este artículo es sintetizar alguna de las impresiones que nacen de la contemplación de ese contraste entre política y sociedad, entre decisiones públicas y comportamientos privados.  Vaya por delante que mi síntesis apunta hacia una cuestión de confianza, no política, sino personal: confianza del ciudadano en sí mismo, confianza en el otro, confianza en la especie humana.
 
No todo puede o debe dejarse en manos del Estado o de los políticos. Antes de la política está la ciudadanía, la relación inter-partes, la autoestima personal. La política reflejará luego lo que hayamos estado viviendo en la vida personal.
 
Y la vida personal, privada o social, está asentada de un modo esencial sobre la confianza en uno mismo y en el otro.  Algún autor ha puesto de relieve el despliegue del concepto de confianza en cuatro vertientes: confianza en uno mismo, confianza en el otro, confianza en el hombre, e incluso, confianza en Dios (esta última que puede resultar sorpresiva, no tiene otro significado que el de que cuanto más avanza el hombre en el desarrollo de su dignidad personal más se acerca a Dios).
 
Base de toda esa pretensión es la confianza en uno mismo. Antes de mirar hacia el Estado o hacia los otros como vehículos para la solución de nuestros problemas, cada uno de nosotros debe mirar hacia sí mismo y constatar hasta qué punto está poniendo en juego su libertad personal, su deseo de autonomía, su aceptación de responsabilidades, su nivel de compromiso con su comunidad y con su sociedad. Un trabajo de consolidación interna de los valores que nos hemos dado en la vida y con los que venimos a indicar el sentido de la misma.
 
La confianza en el otro tiene un recorrido de doble dirección: de nosotros hacia el otro, y del otro hacia nosotros. Se dice que para que uno confíe en el otro, el otro también tiene que confiar en uno. Cosa no fácil de conseguir, pero en la que hay que estar empeñados constantemente. A este tipo de confianza contribuye sin duda alguna esa especie de “confianza inconsciente o subconsciente” en que nos movemos prácticamente desde que nacemos: confianza implícita en nuestros padres, en nuestra familia, en nuestros maestros, en nuestros amigos de juegos; y más adelante en el sistema o modelo de sociedad (que hace que confiemos inconscientemente, por ejemplo, en que los aviones no se caen, que los barcos no se hunden, que los ascensores no se precipitan al suelo, que los autobuses llegarán, que los alimentos llegarán a los mercados, o que los medicamentos estarán disponibles en la farmacias, etc. Etc.). Y ello porque cada uno pone sus talentos o habilidades al servicio de los demás, aunque en una primera apariencia pueda parecer que solo busca su interés individual. Al final, los intereses individuales terminan por converger en el diseño del bien común.
 
Y el tercer hito lo marca la confianza en el ser humano, porque la Humanidad (hombres y mujeres) es capaz de superarse cada día. La historia de la evolución de nuestra especie y la historia de nuestra cultura (en su polimorfismo) nos pone de manifiesto que el ser humano se ha ido adaptando a la vida a pesar de situaciones y circunstancias muy difíciles. Nuestra biología y nuestra mente contienen una serie de posibilidades que no alcanzamos a ver del todo. Pero es innegable que, al echar la vista atrás, podemos comprobar en la historia cómo el ser humano ha superado catástrofes naturales, pestes, pandemias, guerras, cambios de clima. Hambrunas, sequías…Y sobre todo ha sabido superar su condición animal elaborando herramientas e inventando máquinas y sistemas tecnológicos para elevarse sobre la dependencia de las necesidades puramente naturales. No se trata ya de asumir si el hombre es capaz o no de dominar el Universo, a través de sus exploraciones espaciales, sino de tener por cierto que con la unión de sus esfuerzos puede afrontar y superar cualquier dificultad que se le presente en su entorno planetario.
 
Hablemos de esto, dialoguemos sobre esto, reflexionemos sobre esto. Volvamos la vista al ser humano que somos, a este ente híbrido (cuerpo y mente) que, aún sumido en múltiples contradicciones, ha demostrado ser capaz de contemplar, de pensar, de inventar, de trabajar, de amar, de comprender, de dialogar, de colaborar.
 
Tenemos que confiar. Confiar en nosotros mismos, confiar en quienes están a nuestro lado, confiar en la especie humana. Pero eso sí, tenemos que esforzarnos por generar esa confianza. Esto no es gratis. Es preciso eliminar prejuicios: aquellos que minan nuestra autoestima, aquellos que nos alejan de los otros, aquellos que suponen una tentación al desaliento porque parece que este mundo no hay quien lo arregle. Tenemos que eliminar o impedir que en el pórtico de nuestra sociedad se instale el cartel de “abandonad toda esperanza, quienes aquí entráis” que Dante -en “La Divina Comedia”- situaba en la entrada del Infierno. Estamos aquí para construirnos nuestro propio paraíso y sabemos que tenemos en nuestras manos los instrumentos para ello.
 
Ahora que, con el avance del confinamiento, echamos de menos cada vez más los abrazos, los besos, la cercanía corporal, tenemos la oportunidad de ahondar en la confianza mutua. Los que hemos logrado sobrevivir a la pandemia nos sentimos afortunados, confiados en la respuesta de nuestro cuerpo a la invasión infecciosa del virus, y elevamos nuestra conciencia de que debemos protegernos y proteger a los demás en el futuro inmediato.
 
Hay que proponer y aceptar el reto de la confianza, e insistir en ello día tras día. Cada ciudadano tiene que hacer un esfuerzo por generar confianza en los demás. Y por esa vía se logrará también que los demás generen confianza en nosotros. No se podrá salir con éxito de esta crisis si se siguen manteniendo las actitudes de desconfianza de los políticos hacia los ciudadanos, y de los ciudadanos hacia los políticos. En este reto los partidos políticos tienen que reflexionar sobre su responsabilidad en esa sublime tarea de representar la voluntad de los ciudadanos en orden a procurar el bien común: un bien común que se despliega en la cobertura de las necesidades básicas, en el favorecimiento de la educación, de la higiene y la sanidad, del fomento de la empresa y del trabajo, de la construcción de un tejido comercial e industrial, del apoyo a la investigación y la ciencia, de la acogida del pluralismo, del disfrute en común del arte, la cultura y la libertad. Cada ciudadano es titular de sus propias capacidades y responsabilidades. Respetémonos recíprocamente y apoyémonos unos a otros. Que nadie quede atrás, que nadie quede excluido. Que España se convierta en una sociedad asentada en la confianza mutua.
 

Madrid, 06/05/2020.-

Antonio García Paredes

Magistrado.
Ex Presidente de la Audiencia de Madrid.




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