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Desde la ventana


No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para asistir a un aluvión de inquietudes y hacernos fabricar las nuestras propias.



El escritor Philip Roth confesaba no saber dé que estaba hablando hasta que lo enviaba a la máquina de la ficción. Algo parecido me sucede a la hora de reflexionar sobre la crisis que estamos viviendo en estos momentos.
 
Como novelista, me interesa colocarme en una multiplicidad de puntos de vista, en una gran variedad de situaciones concretas, de escenas sin fin. ¿Cómo vivirá este contexto un enfermo, un sanitario, una abogada, un agricultor, una artista, un panadero, una científica, un adolescente, una anciana, una persona estoica o una epicúrea…?
 
Esta mirada de red me lleva a tener más preguntas que respuestas y a contemplar los inevitables cambios como una suma de pros y contras. Afectada por la empatía hacia el dolor ajeno y los propios temores, intento tener esperanza en soluciones cercanas, mientras procuro no perder la concentración en los proyectos.
 
Hemos reducido los viajes físicos, pero hemos sacado billetes hacia la solidaridad, la gratitud y la responsabilidad colectiva. También se han comprado asientos hacia lugares menos deseables, pero ahora prefiero fijarme en esos tickets ejemplares; creo en su poder de contagio, no solo los virus se transmiten…
 
Nada es nuevo y todo es distinto. Uno de mis bisabuelos vio morir a catorce o quince hijos en una de esas epidemias históricas fulminantes. Alguno de ellos había estado bailando la jota el día anterior… Por suerte para mí, Mariano Gilsanz tenía como mínimo diecisiete vástagos, y uno de los tres supervivientes fue mi abuelo.
 
Estos días, numerosos mensajes motivacionales recordaban la contribución de las cuarentenas de ciertas plagas a la literatura y la ciencia: Newton, Boccaccio, Shakespeare… El encierro al que nos enfrentamos dará malestares y también frutos. Como toda situación crítica sacará intensidades que cada uno manejaremos a nuestro modo o a uno nuevo. Todos podemos ser de muchas maneras, nos toca elegir dentro de nuestras posibilidades.
 
No hay más que darse una vuelta por las redes sociales para asistir a un aluvión de inquietudes y hacernos fabricar las nuestras propias. ¿Qué pasará con las costumbres sociales tras haber sido testigos del poder letal de un abrazo? ¿Cuáles serán los efectos geopolíticos de las distintas reacciones ante la crisis? Mercados globales, política internacional, concepto de Europa, cooperación científica, mercantilización de la salud, cambio climático, teletrabajo, inteligencia artificial, España vaciada… ¿Qué pasará en cada uno de esos campos?
 
Tengo numerosas opiniones y contra opiniones sobre la deriva de los próximos cambios en la sociedad. Pero prefiero dejar las especulaciones para que acierten y se equivoquen los expertos en cada una de las materias. Mi vocación me lleva a tener sus comentarios en cuenta para crear mundos posibles que no necesiten acertar en sus vaticinios. Intentar mostrar que la existencia puede ponernos ante infinitas realidades y que la vida siempre es más compleja de lo que podemos sospechar en una rápida reflexión hecha desde un solo punto de vista.
 
Hace años escribí una novela de ciencia ficción en la que un virus, llegado del espacio, daba un giro inesperado a los acontecimientos… Los seres invisibles también pueden ser personajes a considerar, caracteres que durante un tiempo se coronan reyes del relato. Escapar de la dominación del que nos perturba en esta crisis es nuestro apremiante objetivo. Estamos en uno de esos giros de la historia, un cruce de caminos.  Espero que juntos hagamos que esa ruta nos lleve a la mejor de las opciones.
 

Segovia, 18/3/2020.-

Maribel Gilsanz


Escritora y artista plástica.




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