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El Ágora

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 24/4/2020.-


El ser humano se ve golpeado por inesperadas y dañinas anormalidades y reacciona ante ellos, pero una vez pasada emerge el mismo ser humano con sus mismos deseos y afanes, aunque con una importante diferencia cualitativa que nos favorece a los contemporáneos.



Corridas ya tres cuartas partes del siglo V A. C., una terrorífica peste entrada por el Pireo se abatió infernal sobre el interior de la ciudad de Atenas en un tiempo en que, transcurrido un año desde el inicio de las guerras del Peloponeso, Esparta arrasaba las campiñas de la Ática que rodeaban a Atenas.
 
El historiador Tucídides, que había superado la peste que él mismo había padecido, hace un relato de ella tan preciso y austero en el lenguaje como espantoso en su contenido. Nos da noticia de que era fama que había comenzado en Etiopía y de que “una epidemia tan grande y un aniquilamiento de hombres como éste no se recordaba que hubiera tenido lugar en ningún sitio.”
 
Describe Tucídides que la epidemia fue para la ciudad el comienzo de un mayor desprecio de los atenienses por las leyes, “ya que veían que era repentina la mudanza de fortuna entre los ricos que morían de repente y los pobres que nada poseían antes y al punto eran dueños de los bienes de aquéllos. De esta forma querían lograr el disfrute de las cosas con rapidez y con el máximo placer, pues consideraban efímeras tanto las riquezas como la vida”.
 
Clara la diferencia de reacción entre las gentes de una ciudad, Atenas, que se ve sometida a una generalizada mortandad y sufrimiento por una causa cuyos letales y sangrientos efectos no estaba a su alcance dominar y la de un mundo, el de hoy en día, que en medio de un fundado temor al contagio y la realidad feroz de miles de víctimas mortales, tiene por cierto que a la postre el hombre sabía parar la puñalada trapera que sufre de la Naturaleza.
 
Es por eso que ahora, en lugar del desprecio de las leyes, nos sometemos a una especial y rigurosa regulación, que, en contra de lo acontecido en Atenas, determina que en vez de entregarnos al “disfrute de las casas con rapidez y el máximo placer”, se nos impide esta posibilidad, sometidos como estamos a una reclusión monacal de clausura, que aceptamos precisamente porque el conocimiento de lo que desconocían los griegos nos permite otear un horizonte en el que - aunque siempre presente el dolor de los que han sido arrancados de la vida por la pandemia- una obligada, fría y racional visión científica apunta a que para una inmensa mayoría habrá una vuelta al goce del Ágora.
 
El conocimiento científico del que hoy somos poseedores corta así limpiamente la conducta moral y cívica de los ciudadanos de ahora y los de entonces ante un similar fenómeno, a pesar de que aquellos hombres eran portadores de quizás la raíz más fecunda de nuestra propia civilización.
 
Nos cuenta también Tucídides que, estando Pericles en lo alto de su prestigio y mando, su máxima preocupación era la de impedir que los griegos abandonarse la guerra, que pactaran la paz con Esparta, “al tener sobre si la enfermedad y la guerra a la vez”.
 
Parece que Pericles no esperaba, como algunos ahora esperan, que pasada la peste emergiera un hombre nuevo, mejor, más solidario. No era esta su idea, su idea era la de atender a un probable efecto propio de una fiera anormalidad, la peste, y que ante su horror los griegos se sintieran tan abrumados, que por encima de todo añoraran la paz, el sosiego de la vida normal, como nosotros nos la imaginamos en Atenas, en un deambular y conversar en el Ágora.
 
Mi punto de vista es próximo al que intuyo era el de Pericles, el ser humano se ve golpeado por inesperadas y dañinas anormalidades y reacciona ante ellos, pero una vez pasada emerge el mismo ser humano con sus mismos deseos y afanes, aunque con una importante diferencia cualitativa que nos favorece a los contemporáneos. A nosotros nos acompaña la ciencia, el conocimiento de las reglas de la Naturaleza que nos ataca y por eso cuando se pueda volver a disfrutar del Ágora lo único que realmente se habrá mejorado será nuestro conocimiento, nuestra protección ante las fuerzas hostiles de la naturaleza como me equivoqué en Naturaleza.
 
Pero, cuidado, qué hombre nuevo quieren algunos  ¿Acaso el de hoy no está dando en la pandemia ejemplos excelsos de solidaridad y entrega?...
 
 
 
 

Madrid, 24/4/2020.-

Ramón Trillo Torres

Ex Presidente de Sala del Tribunal Supremo.




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