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El “arte de la lógica”

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 31/3/2020.-,


Paradójicamente, a pesar de disponer de más medios y herramientas que nunca, parecemos no estar preparados para afrontar un suceso de tales características, a nivel cultural, político, económico y social.



La pandemia nos ha puesto a prueba, como individuos y como colectivo, desde el plano doméstico hasta en el ámbito profesional. Todos hemos presenciado acciones de solidaridad, empatía y colaboración, que en última instancia nos hagan más liviana la sensación de desarme frente a la pandemia.
 
Paradójicamente, a pesar de disponer de más medios y herramientas que nunca, parecemos no estar preparados para afrontar un suceso de tales características, a nivel cultural, político, económico y social. Gran parte de la sociedad civil que actualmente se enfrenta al virus no sabe cómo gestionar el miedo emergente de una crisis como la actual, no solo por ser un suceso sin precedentes, sino porque el estado del bienestar, que tanto nos ha costado alcanzar, ha dejado en el olvido muchas experiencias y sensaciones. Pareciera que el miedo no se produce solo cuando un suceso de esta magnitud ocurre, sino que permanece hasta que no estamos seguros de que no se materializará.
 
En un plano profesional, también ha tenido impacto en muchas empresas. Junto con los efectos de la 'infodemia' e intensificación de la desinformación, sociedades de diversos sectores se han visto abocadas a una transformación digital acelerada, sin tener claro en muchos casos la manera de proceder o las herramientas organizativas y legales necesarias para una consecución eficiente que les permita proteger sus activos intangibles o modelos de negocio de manera efectiva.
 
Sea como fuere, las últimas décadas hemos hecho algunas de las cosas que mejor sabemos hacer: innovar, crear, ser originales, desarrollar… Hemos protagonizado la irrupción de numerosos cambios tecnológicos, desde internet hasta la computación cuántica. Tecnología, del griego, proveniente de "τεχνολογία", el arte o habilidad de la lógica: "τέχνη" (arte, técnica o habilidad) y "λόγος" (ciencia, estudio, lógica o tratado). En definitiva, el arte de ser creativos y utilizar diferentes habilidades de una manera inteligente de acuerdo con nuestras necesidades.
 
Recientemente, parece que, como sociedad, estamos olvidando que el uso de la tecnología puede servir como herramienta que nos ayude a proteger los derechos humanos, valores y principios más arraigados en el sistema del bienestar. La tecnología, en algunos casos, no será neutral, pero del uso que realicemos dependerá su impacto en el mundo real. De esta manera, el público en general, reguladores, gobiernos, consumidores y diferentes grupos de interés han de familiarizarse, a marchas forzadas, con "el arte de la lógica", aprovechando en la medida de lo posible todos los avances conseguidos en los años precedentes.
 
No son pocos los que defienden que tecnologías como la Blockchain o la Inteligencia Artificial tienen que jugar un papel más importante en la lucha contra sucesos de estas características y, en cierta medida, no les falta razón.
 
Por un lado, la tecnología Blockchain podría utilizarse para mejorar la cooperación e información disponible a nivel global para que expertos y actores políticos dispongan herramientas más precisas para responder a situaciones críticas. Lo anterior, posibilitaría tener un registro permanente, inmutable y actualizado que podría generar información más confiable y la mejora de los procesos de gestión, lo que ulteriormente redundaría en la actuación avisada de diferentes autoridades. Dicho uso ayudaría, por ejemplo, en la toma de decisiones vinculada a la cantidad de productos médicos en cada farmacia, la adecuada gestión de recursos humanos y materiales entre hospitales o el seguimiento de productos farmacéuticos en la cadena de creación y distribución para validar su autenticidad y prever el abastecimiento.
 
Por otro lado, existen numerosas iniciativas vinculadas a la Inteligencia Artificial, para el uso conjunto capacidad de computación y datos, como el Covid-19 Open Research Dataset (CORD-19), que incluye alrededor de 24.000 estudios de investigación contrastados y otros recursos valiosos. Del mismo modo, diferentes autoridades como la White House Office of Science and Technology Policy, están liderando iniciativas para el desarrollo de nuevas técnicas de análisis y minería de datos y texto para ayudar a la comunidad sanitaria. De esta manera, muchas autoridades y centros de investigación pueden identificar información valiosa, tanto en la fase de detección de potenciales problemas sanitarios hasta la identificación de patrones similares con otras enfermedades que sean de utilidad para la identificación de curas o fármacos efectivos para el tratamiento de ciertas patologías. En esta misma línea, el Gobierno de España también está valorando la utilización de técnicas de inteligencia artificial para controlar las aglomeraciones de ciudadanos a partir de datos de geolocalización móvil; y la Generalitat Valenciana está coordinando estrategias de inteligencia de datos para luchar contra el Covid-19.
 
Muchos de los problemas, en el mundo en que vivimos, son globales, como así son los beneficios. De nosotros depende utilizar las herramientas que tenemos a nuestra disposición para afrontar dichas cuestiones desde un punto de vista holístico, alcanzando soluciones globales de alto nivel y minimizando cualquier daño que amenace nuestro modo de vida. En una realidad que se mueve a la velocidad de la luz, hay que afrontar este tipo de escenario con un enfoque colaborativo, proactivo, equilibrado y proporcionado que permita extraer el mayor potencial de las nuevas tecnologías, limitando o mitigando usos no adecuados.
 
Lo anterior, no tiene que ser incompatible con las tendencias políticas y sociales adoptadas hasta el momento y, en particular, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este sentido, muchos son los ejemplos de beneficios al medio ambiente por el simple hecho de quedarnos en casa o adoptar modelos de teletrabajo y más respetuosos con nuestro entorno. Tras la presente deconstrucción, la reconstrucción social después de este proceso ha de tener, como no puede ser de otra manera, un componente económico de peso. No obstante, tenemos la oportunidad de demostrar que la utilización de medios productivos que hagan crecer la economía no ha de ser incompatible con, entre otros: agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, producción y consumo responsables, ciudades y comunidades sostenibles, acción por el clima, o la protección de la vida submarina y los ecosistemas terrestres.
 
En cualquier caso, mientras tanto, con un enfoque preventivo, tenemos que abrazar las bondades que la tecnología nos ofrece, de manera reflexiva en aras de evitar un futuro acontecimiento de características similares al que nos viene asediando las pasadas semanas. El "arte de la lógica", la transformación digital y un uso responsable de los mecanismos tecnológicos a nuestra disposición son cruciales, no solo en tiempos de dificultad, sino con fines preventivos y para el mantenimiento de un ecosistema adecuado. Para finalizar, merece la pena recordar la frase del conocido dramaturgo italiano Luigi Pirandello, que ahora más que nunca se torna cierta, cuando nos decía que 'La vita non si spiega, si vive' ('La vida no se explica, se vive').
 
 
Madrid, 31/3/ 2020.-

Rubén Cano Pérez

IP/ICT abogado de Baker McKenzie.




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