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El coronavirus, la libertad y el Estado


Es agradable hacer “lo que me da la gana”, pero las consecuencias pueden ser fatales no sólo para quien lo hace, sino para los demás.



El coronavirus, la libertad y el Estado
La mayor libertad subjetiva consiste en carecer lo más posible de condicionamientos, sobre todo de los que la razón -teórica y práctica- te pueden poner, pues si sabes que lo que te gustaba hacer no te conviene tienes un dilema; en ese sentido, sería mejor no saber, pero el problema entonces es que si no sabes estás a merced de una exterioridad que te sorprende y te vence. Por eso, la mayor libertad objetiva la tiene quien sabe, y cuanto más sabe y más “se sabe a sí mismo” -es decir, más dominio propio tiene- más libre es. Es la tesis estoica y también la hegeliana. El defecto de esta tesis, por lo demás profunda, es que el saber no es una forma plena de posesión, pero este tema llevaría ahora demasiado lejos. Lo cierto es que el ideal escondido de todo ser humano está en tener a la vez el dominio y la seguridad que da el saber, unido al "gustazo libre" del “hago lo que me da la gana”: unificar la libertad subjetiva con la objetiva Pero el avance, a la vez del saber y de la complejidad social, inclina de modo progresivo a la instauración en todos los planos de la libertad objetiva. Es agradable hacer “lo que me da la gana”, pero las consecuencias pueden ser fatales no sólo para quien lo hace, sino para los demás. Como consecuencia, la “razón universal práctica” se convierte cada vez más en la garantía de dicha libertad objetiva, y quien la detenta en último extremo es el Estado. En efecto, la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, puede informar de lo que sabe, pero no tiene poder de decisión sin el Estado. El problema actual surge de que la mayoría de las personas no tiene formación, ni teórica para entender suficientemente las medidas estatales, ni ética para aplicarlas. Y aún más, muchos desconfían tanto del saber como del comportamiento ético de las autoridades políticas. Todo esto no se va a solucionar a corto plazo, pues la concepción educativa expresada en las actuales directrices de la educación internacional es incapaz de educar en el sentido propio de la palabra. Resultado actual con incierto futuro: desconcierto y sensación de pérdida de libertad.

Madrid, 17/3/2020

​Rafael Alvira Domínguez


Catedrático de Filosofía. Emérito, Universidad de Navarra.
 

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