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El papel del Abogado General ante el Tribunal de Justicia de la UE


La Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa, Fide, dedicó el pasado 10 de mayo una sesión a analizar la figura del Abogado General en el Tribunal de Justicia de la UE, con la presencia del ex abogado general Pedro Cruz Villalón, que explicó las sutilezas y los detalles de un puesto relativamente poco conocido. Carlos Espósito, Catedrático de Derecho Internacional Público en la UAM, presentó al ponente, Pedro Cruz Villalón, ex abogado general en el TJUE y actual Catedrático de Derecho Constitucional en la UAM. Espósito destacó el privilegio de contar con un profesional de la talla de Cruz Villalón “que nos cuente las cosas desde dentro” y señaló que este puesto y su influencia “se han estudiado poco en comparación con otros temas, quizás porque se ha tenido la idea de que el TJUE era algo homogéneo, unificado, y sólo desde hace unos años se está estudiando de forma desagregada.”



Cruz Villalón, quien además fue presidente del Tribunal Constitucional, comenzó señalando que el abogado general “es una rara avis, no hay demasiados”. En su opinión, “cada AG crea su propia función, pues el puesto va unido a la independencia, a cierta libertad, que se traduce en el enfoque que le da a su función”.

La función básica del AG es “presentar públicamente conclusiones en los asuntos que lo merecen”. Las conclusiones “identifican de la forma más concisa posible la cuestión de derecho, para situarla en la jurisprudencia. Se dice que las conclusiones son una opinión individual motivada y expresada públicamente por un miembro de la institución misma”.

Las conclusiones, comentó Cruz Villalón, podrían insertarse en un proceso de “prueba-error”. Los abogados generales “hacemos una propuesta lo más meditada posible, lo más independiente posible, pero somos parte de un proceso más amplio”. No hay, señaló, “tanta diferencia material entre el ejercicio de motivar por un abogado general y la tarea de motivar por una gran sala. Motivar es intentar convencer, lo que pasa es que el AG a lo único a lo que puede aspirar es a convencer. Para un tribunal, la capacidad de convicción contribuye a su legitimidad, pero tiene la atribución de juzgar, y el AG no.”

Las conclusiones del abogado general no se presentan en todos los supuestos, sino solo “cuando el asunto lo merece. Cada vez que hay un elemento de novedad, de falta de claridad, se piden conclusiones”. Concluir, dijo, “es una forma de dialogar, del diálogo judicial.”

Para las conclusiones hay dos momentos fundamentales: su presentación pública, entre dos semanas y tres meses después de la vista pública; y el momento de hacerse pública la sentencia. En el primero, “predomina el diálogo exterior, con la opinión pública. Es el primer producto que sale del Tribunal en relación con el asunto, y lo hace a medio camino, aunque no a medio camino de la deliberación”.

Recordó Cruz Villalón que los jueces y los abogados generales del TJUE “están hechos de la misma manera, y que hacen los mismos exámenes para sus puestos”. Por eso, dijo, es normal que el AG “anticipe la sentencia”, y no porque “imaginen” por dónde quiere ir la sala.

Después de presentarse las conclusiones comienza la “dialéctica interna” dentro del Tribunal, en la que el juez ponente decidirá si va a seguir o no al AG. “Tanto en un caso como en el otro, sobre todo en el segundo, las conclusiones estarán presentes en la deliberación. Las conclusiones, no el Abogado General, dialogan con las personas, los jueces. Es un texto escrito, definitivo, inmutable”.
 

Con la sentencia hay una “dialéctica”, un “juicio definitivo” a las conclusiones, con las que puede coincidir o no, “aunque lo hacen en un alto porcentaje, se estima en un 80%, aunque habría que tomar esa cifra con reserva porque habría que ver lo que significa coincidir”. Esta coincidencia “demuestra que se está en lo mismo, pero que no sea total justifica que haya conclusiones”.

Cuando las conclusiones no son “seguidas”, la sentencia no las cita, “como muestra de cortesía”. Cuando sí lo son, sí se citan, “pero de forma esporádica. La sentencia y las conclusiones tienen cada una su propia autonomía, su propia razón de ser”.

Para Cruz Villalón, las conclusiones son “muy distintas” de los votos particulares, que no existen en el TJUE. “Las conclusiones no son opiniones separadas. Se podría decir que se motiva dos veces, pero no de forma simultánea, como en el voto particular respecto a la sentencia. Hay una diacronía”.

“¿Influyen las conclusiones? ¿Y es bueno o malo? Esta influencia no es distinta de la que hay dentro de la propia unidad de deliberación. ¿Influyen unos jueces en otros? Sin duda alguna. Influir está en la naturaleza de la cosa, pero lo que hay más bien es una comunidad de espíritu entre jueces y Abogado General. De algún modo, deliberan en común, aunque sea por separado y en momentos distintos.”

Las conclusiones, añadió, hacen de la forma de juzgar en Luxemburgo “algo muy particular. Propondría la idea de una justicia introspectiva, que se examina a sí misma, con una actitud que podría definirse como autocrítica”, de la que se derivan “legitimidad, transparencia, pluralismo, en términos potenciales al menos.”

Cruz Villalón también detalló el funcionamiento del gabinete del Abogado General: “Cinco personas a pleno rendimiento, que son cuatro letrados más el Abogado General. Tienen 25-30 conclusiones al año, con unas 37 semanas operativas”. Cuenta mucho el dominio del ámbito que se está tratando, añadió, por lo que en el reparto de los asuntos, que se produce 3 o 4 veces al año, cada abogado general -hay 11- suele elegir aquellos que más domina. “Aun así, hacen cosas muy diferentes”. Además, el Abogado General no recibe casos de su país de origen.
 




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