Menu

El tiempo de la democracia, la hora de las instituciones, el momento de la abogacía

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 02/04/2020.-,


Los cambios a los que nos enfrentemos, por muy profundos y vertiginosos que sean, no pueden significar nunca un retroceso en los derechos y libertades que tanto le ha costado conquistar al ser humano.



Desde que arrancó el milenio creo que no ha habido año que no se haya empeñado en superar al anterior en efervescencia, intensidad, incertidumbre y marejadas en todos los órdenes de la vida, desde la geopolítica a la ciencia, los derechos humanos, el arte, la sociedad, el mundo o la democracia. Es evidente que con lo que estamos viviendo hemos alcanzado ‘el más difícil todavía’, bien es verdad que después de un trayecto plagado de sobresaltos y quiebros en el devenir de la historia. Pienso en 2009, por ejemplo, otro año paradigma de este tiempo arrebatado que nos está proponiendo el siglo XXI. Por entonces llegaba a la Casa Blanca el primer presidente afroamericano, Venezuela pasaba de república a “república bolivariana”, ETA seguía sembrando terror y segando vidas inocentes en España, Corea del Norte reactivaba sus instalaciones y ensayos nucleares, la XV Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP 15) fracasaba en Copenhague sin acuerdos vinculantes y Elinor Ostrom se convertía en la primera mujer -de las dos únicas que lo han logrado en 50 años-  en recibir un premio Nobel de Economía.
 
Fue el año, sí, en el que la OMS, como consecuencia del alcance de la llamada gripe A (H1N1), declaraba en junio la primera pandemia global de nuestro siglo. Y pocos meses después, aunque no por eso, veía la luz la Nota de Orientación del Secretario General de la ONU sobre la Democracia, donde se hacía un repaso a las tareas que el mundo tenía pendientes para reforzar el Estado de Derecho. En ella se reconocía que “la existencia de instituciones democráticas fuertes y eficaces a nivel local es la base fundamental de una democracia sana”, tan esencial como contar con “una sociedad civil libre, bien organizada, dinámica y responsable”. Parece una receta sencilla de seguir, pero no debe serlo tanto cuando hace tan solo unas semanas era la propia ONU quien, en boca de António Guterres, nos volvía a recordar el riesgo de “erosión” que vive el Estado de Derecho.
 
Es en los momentos complejos cuando las democracias, sus instituciones y sus sociedades se miden a sí mismas. Y este es uno de esos momentos. Tiempo de pandemia, de responsabilidad, de seísmo global y de acción local. Tiempo de madurez, de compromiso colectivo, de renuncias y de entrega. Tiempo de rabia, emociones, valentía y prudencia. La coyuntura, el contexto, las circunstancias -llamadlo como queráis, todas empiezan con c de COVID-19- nos ha situado ante una experiencia inédita, ante el gran test de estrés de las verdaderas democracias en el que han de demostrar si están a la altura de lo que se espera de ellas, si sus instituciones son robustas y si cuentan con una sociedad civil potente y vertebrada en torno a esas cualidades que destacaba Naciones Unidas.

Ahora es el tiempo oportuno. Ahora es el momento”, escribía Joyce. Es el tiempo de la democracia, es la hora de las instituciones. Y en este tiempo y a esta hora los Colegios profesionales y sus Consejos hemos acudidos puntuales a la cita, también la Abogacía Española, estimulados por el ejemplo de entereza y superación cotidiana de toda la sociedad, de todo el país. En democracia, ni la Constitución se para, ni los derechos se confinan. La Abogacía ha seguido estando ahí, en alerta ante la alarma, ofreciéndose, acompañando a la sociedad a la que sirve, asegurando derechos y libertades y garantizando siempre, gracias a un Turno de Oficio admirable y comprometido, la tutela judicial efectiva, clave de bóveda de las verdaderas arquitecturas democráticas.
 
Exigimos y reclamamos lo que en justicia demanda nuestra profesión, desde las máximas garantías en el ejercicio de la labor que desempeñamos a la mayor sensibilidad hacia un sector demasiado expuesto y castigado por una crisis que está siendo implacable. Nos entregamos como solo la Abogacía sabe hacerlo: con generosidad, transparencia, pasión y lealtad. Nos implicamos desde el respeto a lo que somos y representamos, con conciencia, corazón y memoria, orgullosa de un legado que queremos ampliar y cualificar, manteniéndonos firmes en el camino que venimos recorriendo durante siglos y que nos ha permitido estar siempre en el lado correcto de la historia.
 
Hay un momento de la película La mirada de Ulises (1995, Theo Angelopoulos) en el que se dice: “Nos dormimos dulcemente en un mundo y nos hemos despertado brutalmente en otro”. Desconozco cuál va a ser el mundo en el que vamos a despertar después de todo esto, pero los cambios a los que nos enfrentemos, por muy profundos y vertiginosos que sean, no pueden significar nunca un retroceso en los derechos y libertades que tanto le ha costado conquistar al ser humano. La Abogacía Española siempre estará ahí para recordarlo, para defender la calidad de una democracia que está resistiendo con firmeza, con la fuerza de su sociedad civil, una de las pruebas más exigentes a las que hemos tenido que enfrentarnos. Y la superaremos, no tengo la menor duda.
 


Madrid, 2/4/2020.-

Victoria Ortega

Presidenta del Consejo General de la Abogacía Española.




L M M J V S D
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    












Semblanzas Fide

Síguenos en redes sociales
Facebook
Twitter
LinkedIn
YouTube Channel
Rss