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El valor de la hormesis

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 23/3/ 2020.-


La crisis a la que nos enfrentamos, que abordaremos únicamente desde el punto de vista corporativo, nos desvela que la simple observación de la naturaleza nos da muchas claves sobre la construcción del futuro de nuestras compañías.



A principios del s. XIX, el naturalista inglés Charles Darwin publicaba su fundamental trabajo “El origen de las especies”. Hoy, doscientos años después, la crisis a la que nos enfrentamos, que abordaremos únicamente desde el punto de vista corporativo, nos desvela que la simple observación de la naturaleza nos da muchas claves sobre la construcción del futuro de nuestras compañías.

La primera conclusión de esta crisis inesperada es la enorme ventaja (hasta ahora encubierta) de las empresas que mantienen a sus sistemas y empleados listos para funcionar en cualquier situación extraordinaria que pueda aparecer sin previo aviso. Se trata del valor inigualable que tiene la adaptación al cambio, algo que ya anticipaba Sir Charles.
 
Así, casos de éxito que se han convertido en paradigmáticos, como el de EY, demuestran que esperar a que se acerque una crisis o amenaza tangible para construir un negocio flexible y, por tanto, adaptable a cualquier contexto espacio-temporal, es un enorme riesgo que estamos aprendiendo a no volver a asumir. En este sentido, nos resuena más que nunca el concepto de “antifrágil”, tratado en uno de los libros del ensayista Nassim Nicholas Taleb. Se trata, básicamente, de los beneficios derivados del sometimiento constante a pequeños factores estresantes, a situaciones volátiles y a cierto desorden. Las empresas que dan a sus equipos la oportunidad de enfrentarse a estas pequeñas incomodidades, a desarrollar su trabajo en una suerte de hormesis corporativa, estarán preparadas para amoldarse a cualquier contexto imprevisto.
 
Esto nos lleva a una segunda conclusión: la de la responsabilidad corporativa. Esta crisis ha puesto a las empresas y sus comportamientos en el ojo del huracán en las redes sociales. Hemos sido testigos de cómo algunas compañías están sufriendo graves daños reputacionales por no liderar, o incluso oponerse, a movimientos de responsabilidad ciudadana como, por ejemplo, no animar o facilitar a sus empleados el cumplimiento de las más rigurosas medidas de protección y contención. Acogerse a la oficialidad de las medidas impuestas por las instituciones políticas indica no solo falta de liderazgo sino falta de comprensión lectora de lo que está sucediendo en tu entorno más inmediato.
 
El movimiento #yomequedoencasa, al que muchas compañías han tardado demasiado en adherirse, es uno de los ejemplos que ha puesto en evidencia a las empresas que no hacen lo que dicen. Por el contrario, las empresas socialmente comprometidas han salido especialmente reforzadas. La cultura clientecéntrica es muy necesaria para el éxito empresarial, pero es imposible atender bien a los clientes si los empleados están yendo a trabajar con miedo o, directamente, caen enfermos como resultado de una cultura presentista anticuada e innecesaria que, en la mayoría de ocasiones, únicamente satisface a un liderazgo basado en el paternalismo y el exceso de control. Y, desde luego, resulta éticamente muy reprobable exponer a una persona, sea cual sea su edad y condición, a un riesgo de enfermedad como esta si su labor no es absolutamente imprescindible. 
 
Por último, la crisis que estamos enfrentando ha puesto en relieve la falta de cultura digital de algunas empresas. En un mundo donde los avances técnicos brindan posibilidades que sobrepasan nuestra imaginación, las personas y los sistemas revelan que no están preparados a nivel cultural y educativo para aprovechar todos estos progresos. A pesar de que vivimos una era digital sin precedentes, la crisis del coronavirus ha destapado a numerosas compañías que se han visto obligadas a educar sobre la marcha a sus empleados en temas técnicamente tan simples como el teletrabajo, aun cuando sus labores profesionales no requieren más que un portátil, unos auriculares decentes y una conexión estable a Internet. 
 
Con todo esto, vivimos tiempos terriblemente interesantes para el futuro de las corporaciones que, sin embargo, no distan ni un milímetro de lo que Darwin ya recogió sobre la historia de toda nuestra evolución: las empresas, igual que las especies, sobrevivirán en la medida en que demuestren su capacidad de adaptación a una nueva era. Y, lamentablemente, una crisis como la del COVID19 va a suponer una drástica forma de selección natural corporativa.
 

Madrid, 23/3/ 2020.-

Alba García López

Directora de Issues Legales en LLYC.

Paula García Herrera


Consultora de Issues Legales en LLYC.




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