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Esta IA es mía: ¿'patent wars' en la industria 4.0?


Todas las empresas intentan sacar provecho de los datos, interconectar humanos y máquinas, máquinas entre sí y poder ofrecer más y mejores productos y servicios



Que la Inteligencia artificial va a jugar un papel definitivo en nuestra economía presente y futura es ya algo evidente, el término industria 4.0 ha quedado acuñado. Todas las empresas intentan sacar provecho de los datos, interconectar humanos y maquinas, maquinas entre sí y poder ofrecer más y mejores productos y servicios.

Pero, como decía el rey de Esparta “mi frontera llega donde las puntas de mis lanzas” y la propiedad intelectual se ha puesto en marcha, para establecer estas fronteras, posiblemente después de que se nos plantee una guerra industrial 4.0.
Si adoptamos este lenguaje bélico vamos a ver dónde se pueden producir las distintas batallas.

La primera proviene de la acumulación de patentes y los conflictos que generan y van a generar.

Un rápido vistazo a la base de datos de la Oficina Europea de Patentes (EPO) nos muestra, a 1 de marzo de 2020 datos muy reveladores.

Si introducimos el término “inteligencia artificial”, aparecen 152.292 patentes entre las solicitadas y las concedidas. Y si buscamos términos más específicos como “Machine Learning” son 312.265, con “Deep learning” 108.811 y acerca de la última moda de la IA, los GAN (Generative adversarial networks) encontramos 3.017.

Ningún sector se queda fuera de este juego. Hay 1.529 patentes que usan el término “Fintech” y en un campo relacionado, aunque un poco más amplio como es el “Blockchain” hay 22.675. Aquí hemos pasado de solo unas decenas de solicitudes en 2012 a 2.300 en 2017, la mitad relativas a protocolos de pago.

Pero ¿quién pide tantas patentes? Si acudimos a las estadísticas de la OMPI encontraremos compañías americanas y europeas, japonesas y coreanas pero el numero 1 es…Huawei, seguido de cerca por ZTE.

Y es que, mientras persistíamos en los tópicos (piratería, productos baratos, meros fabricantes) el gobierno chino diseño un plan para convertir el país en un gigante tecnológico, lo cual lleva a ser un líder en patentes.

Aunque Panasonic es el campeón mundial con 34.081 patentes solicitadas entre 1978 y 2018, Huawei tiene 33.899 y empezó en 2000. ZTE tiene 25.746.

Huawei es el mayor solicitante de 2018, con 5.405 patentes publicadas. ZTE tiene 2.080 patentes publicadas en ese mismo año. El 60% de ambos paquetes de patentes se refieren a comunicaciones digitales.

Por eso, cuando se plantean desde Estados Unidos problemas con las empresas chinas, no solo existen cuestiones de seguridad nacional sino también el liderazgo tecnológico en la IA, basado en gran medida en las patentes, además de en los secretos empresariales. Pero, en cualquier caso, la conflictividad entre empresas innovadoras está servida.

En el mundo de las telecomunicaciones existen patentes esenciales (Standard Essential Patents, SEP), declaradas así por la ETSI, organismo internacional que asimismo promueve un sistema para la obtención de licencias en condiciones razonables (FRAND, Fair, reasonable and non discriminatory). Pero no vivimos en un escenario pacífico y tranquilo sino de beligerancia creciente, con sentencias de tribunales europeos que a veces no usan los mismos criterios y con los de Estados Unidos, Japón y China también en el juego.

La extensión de este escenario litigioso a todo el campo de la IA es obvia y estamos pendientes de un marco armonizado, a pesar de los esfuerzos de la UE y de la OMPI. Si no encontramos un sistema de resolución de conflictos armónico, rápido y global nos veremos enfangados en una guerra de trincheras.

Pero hay un segundo campo de batalla, pues la IA está creando y va a crear distorsiones al sistema de patentes, en relación con la titularidad y condiciones de patentabilidad.

Ya hemos tenido debate sobre las llamadas patentes de software o computer implemented inventions. Después de años de frenética producción de patentes de software en Estados Unidos, las sentencias del Tribunal Supremo “Bilski v. Kappos” y sobre todo “Alice Corp. V. CLS Bank” supusieron un terremoto en su industria innovadora, al decir que no todo era patentable y que el software podía ser una simple creación abstracta sin materia patentable.

Mientras tanto en Europa se actuó con más prudencia. La Oficina Europea de Patentes (EPO) desarrolló una política racional y prudente en la admisión de las llamadas “computer implemented inventions”, que ha ido evolucionando en los criterios para adaptarse a las nuevas situaciones.

La IA es una parte de la ciencia computacional y por tanto lo aprendido de lo anterior es que debemos buscar un efecto técnico para que la invención basada en software sea patentable. Pero la IA desarrolla un “supersoftware” y crea nuevos problemas a las patentes.
El desarrollo de invenciones en el campo de la IA comporta en uso de técnicas como el machine learning, Deep learning y GAN, antes citadas. El problema está en que cuanto más avanzadas son estas técnicas, más “autonomía” tiene el ente de inteligencia artificial, ya sea en la generación de nuevos algoritmos a partir de los que le son suministrados o en la selección y uso de datos. Esto crea una suerte de “caja negra” y resulta difícil evaluar los criterios clásicos de concesión de patentes, suficiencia de la descripción y mérito inventivo.

Esta última cuestión se relaciona con otra que ha sido objeto de muchos comentarios, el caso DABUS o si un ente de IA puede ser designado como inventor. En España (y en otros muchos países) solo una persona natural puede ser inventor y la EPO parece haber zanjado esta cuestión en el mismo sentido. Pero el debate continúa pues, si no puede ser inventor, ¿se pueden conceder derechos sobre la invención al dueño de la maquina?

Y de todo lo anterior se derivan múltiples problemas en proyectos de investigación y transacciones sobre activos inmateriales, amén de una litigiosidad rampante sobre validez e infracción de patentes, responsabilidades y un largo etcétera.

Y queda el tema de los secretos empresariales alrededor de la IA, su papel en este campo es relevante y lo va a ser más. Pero esa, como dicen en el cine, es otra historia.

Javier Fernandez-Lasquetty

Abogado, especialista en Propiedad Intelectual y Tecnologías de la Información. Socio de Elzaburu SLP. Profesor y Director of IP programs del IE Law School. Profesor de la Academia de la OMPI y panelista de su Centro de Arbitraje y Mediación. Miembro de la junta directiva de DENAE y LES España & Portugal. Miembro del Consejo Académico de FIDE, director del Congreso anual sobre Propiedad industrial e intelectual y Codirector del International Congress on Artificial Intelligence and Intellectual Property.

Artículo publicado originalmente en el Blog de Fide en El Confidencial




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