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Hay alguien importante a nuestro lado

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 31/3/2020.-,


Los padres deberíamos decir a nuestros hijos regularmente que estamos orgullosos de ellos. Así el mundo funcionaría mejor.



“El mundo se ha vuelto loco” dicen algunos cuando observan la pandemia del Covid-19 causar estragos en los cinco continentes y cuando las relaciones humanas se mantienen mediante sistemas digitales desde un confinamiento impuesto oficialmente y asumido con resignación.
 
Otros hablan de los efectos mundiales en la economía como consecuencia de la paralización de la producción. Se divulgan noticias sobre los sistemas sanitarios colapsados en todos los países. Y en las redes se lanzan consignas y se buscan remedios contra la desesperanza de cualquier persona en cualquier lugar de la tierra.
 
El gobierno adopta medidas económicas, sigue de cerca la evolución de la pandemia y habla del impacto en la sociedad sin liderar la lucha de cada día contra el virus porque esa batalla se libra con un ejército independiente que forman todos los ciudadanos, allí donde se encuentra cada uno: en la primera línea de batalla el personal sanitario, otros facilitando los suministros y la mayoría en la retaguardia. Se trata de un ejército luchando en una guerra de guerrillas que los españoles se han visto obligados a practicar en esta ocasión como en otras a lo largo de su historia.
 
Muchos hablamos de lo que nos encontraremos cuando esto termine pero antes tenemos otra prioridad más cercana: ¿cómo se sienten y en qué piensan aquellos que tenemos a nuestro lado?
 
Si hemos tenido suerte, el confinamiento lo realizamos en familia, con alguien que es importante para nosotros. Muchos españoles vivimos así: en familia, y algunos dicen que, entre otras razones, el virus se ha propagado en nuestro país más rápidamente por ello, porque existen lazos y contactos personales más habituales –como en Italia, que viven también en familia-. Quizás en otros países del norte no viven en familia y por ello se salvarán del contagio pero caerán en otras enfermedades futuras como la soledad.
Este momento no es el más adecuado para abordar una cuestión tan compleja. Se trata de realizar una referencia a lo global -con todo respeto- y observar nuestras circunstancias, para concentrar ahora la mirada en lo local, en lo más cercano.
 
Hoy nos encontramos confinados con los nuestros. Pero…quizás no les hemos mirado a fondo esta mañana porque estamos ocupados en mantener las relaciones sociales y laborales virtualmente, en desempeñar trabajos online y en la atención a cualquier giro inesperado de la enfermedad o de las decisiones de las autoridades. Realmente… ¿sabemos cómo se encuentran quienes tenemos a nuestro lado? ¿Les hemos preguntado cómo se sienten?
 
Quizás hoy, realizada ya la reflexión sobre el temor a la muerte, asumida la obligación de quedarse en casa y puestas en práctica todas las recomendaciones recibidas para hacer llevadera la situación de encierro, hay dos cosas en las que ocuparse.
 
La primera es darse cuenta de cómo se encuentran los que están a nuestro lado, aquellos con quienes compartimos el confinamiento y que son importantes en nuestra vida. Ellos, como todos, tienen sus dudas, sus desesperanzas, sus frustraciones y sus deseos de que esto termine. Y…. ¿cómo lo llevan? ¿Cómo se están comportando en la adversidad?
Si la respuesta es que lo llevan mal, puede ser el momento de sentarse a hablar con ellos y calmarles o darles cariño y comprensión.
 
Si la respuesta es que lo llevan bien o bastante bien o muy bien…  ha llegado el momento de decirles algo. Especialmente aquellos que somos padres o madres -pero también los hijos y todos- tenemos hoy la oportunidad de decirles a quienes tenemos a nuestro lado que estamos orgullosos de ellos.
 
Te aseguro que no lo saben si no se lo dices. No saben que lo piensas si no te lo escuchan. Y, sobre todo, les va a resultar gratificante oírlo. Va a ser la mejor inyección de ánimo que puedan recibir y te estarán agradecidos.
 
Los padres deberíamos decir a nuestros hijos regularmente que estamos orgullosos de ellos. Así el mundo funcionaría mejor.
 
Y de paso les podemos dar un abrazo o decirles dame la mano. Con ellos –con los que están hoy a nuestro lado- sí podemos abrazarnos. Con los demás no, porque debemos mantener la distancia social siguiendo las consignas médicas para evitar el contagio. Pero con aquellos que podemos abrazarnos, debemos hacerlo “por ellos y por todos nuestros compañeros” (como se decía en nuestros juegos infantiles).
 
Recuerdo una canción que formulaba la siguiente pregunta: “¿A dónde van los besos que no damos?”. Hoy podemos preguntarnos: ¿a dónde han ido los abrazos que hemos dejado de dar durante estas semanas? ¿A dónde van los abrazos que no damos a los que tenemos cerca?
Esta misma tarde voy a ensayar dos frases para pronunciarlas con los míos lo antes posible:
 
- Estoy muy orgulloso de ti.
 
- Dame un abrazo.
 
Mañana podré contar qué efectos produjeron, pero en estos instantes y en las actuales circunstancias que nos vuelven más sensibles, puedo decirte que me emociono sólo con imaginar la escena.

Madrid, 31/3/ 2020.-

Miguel Ángel Recio Crespo

Gestor Cultural. Administrador Civil del Estado
Orgulloso de sus tres hijos: Miguel, María y Manuel.




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