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Inmunidad de grupo ante la infección de las mentes


En épocas de infección de mentes es cuando más que nunca necesitamos mecanismos reparadores que permitan el diálogo, el contraste, la exploración de nuevas oportunidades, la imaginación de nuevos futuros, incluso el desahogo ante las dificultades.



Además de la pandemia del Covid-19, estamos viviendo una pandemia no menos letal pero quizá sí más silente y desapercibida. Es la infección de nuestras mentes individuales por el cúmulo de malas noticias, sean económicas, sociales o políticas, que las hay y los medios de comunicación y redes sociales se encargan de mantenernos informados casi al segundo. Esta infección nos produce una epidemia colectiva de cuando menos preocupación respecto del futuro, y no sólo a nivel de nuestro país sino sobre el escenario global.
 
Como hemos visto durante la pandemia del Covid-19, nuestras infecciones o miedo al contagio nos llevan al confinamiento, a limitar nuestras relaciones y actividades, en suma, a poner en modo lento todo aquello que hacíamos de forma más frecuente o rápida antes de la pandemia médica.
 
La infección de nuestras mentes es la peor pandemia a la que nos podemos enfrentar, porque si se desboca produce desesperanza, desconfianza respecto al futuro y retraimiento hacia lo próximo, lo local, donde percibimos que hay menos riesgo. ¿Pero donde termina el retraimiento? ¿Es en el grupo de nuestros amigos, de nuestros conocidos de profesión, en nuestra familia, en los integrantes de nuestra casa?
 
En épocas de infección de mentes es cuando más que nunca necesitamos mecanismos reparadores que permitan el diálogo, el contraste, la exploración de nuevas oportunidades, la imaginación de nuevos futuros, incluso el desahogo ante las dificultades. Son épocas donde necesitamos una sociedad civil vertebrada y potente, con mecanismos que integren a las personas, donde las personas se sientan parte de algo donde se les escucha, donde son importantes, y que se mueve en una dirección que permite mejorar las opciones de las personas en la sociedad.
 
Si conseguimos detener esa infección individual de nuestras mentes a través de iniciativas de la sociedad civil conseguiremos la deseada inmunidad de grupo, la generación de anticuerpos que nos inmunicen contra el desgarro, la desconfianza y el aislamiento. Así podremos vencer la pandemia de la infección de nuestras mentes.
 
Uno de estos mecanismos es la fundación FIDE. Su ya trepidante actividad antes del Covid-19 se ha multiplicado desde el confinamiento, pasando sin dudar desde los encuentros físicos a reuniones virtuales a través de plataformas VC, incrementando los tópicos de estudio, análisis y propuestas más allá del derecho, la economía o la tecnología, manteniendo vivos los grupos de trabajo, y lo más importante, imaginando cada semana formas nuevas de vertebrar relaciones entre las personas explorando nuevos campos como el arte, la sociología, los hobbies y las experiencias de las personas durante la pandemia y la reclusión.
 
Gracias a iniciativas como la fundación FIDE podemos aspirar a alcanzar esa inmunidad de grupo que nos permite poner en perspectiva los muchos y graves hechos que están aconteciendo, pero siempre al tiempo que se trabaja en la solución de los problemas creados por la pandemia médica en el tejido económico y social.

Enrique Titos

Consejero independiente, inversor y asesor de transformación digital.

Nota

















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