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Jornada en Fide el 24 de mayo sobre políticas culturales. Algunas ideas sobre la mejora de las políticas culturales españolas, por Rafael Mateu de Ros.




Jornada en Fide el 24 de mayo sobre políticas culturales. Algunas ideas sobre la mejora de las políticas culturales españolas, por Rafael Mateu de Ros.
Fide ha organizado una jornada monográfica para el próximo 24 de mayo sobre las políticas culturales –artes visuales- en España, dirigida a un público especializado y que cuenta con la participación de los mejores expertos de las Administraciones Publicas, el sector público, los gestores y agentes culturales, los propios artistas y los portavoces de cultura de los cuatro grandes partidos políticos españoles. Y con la participación de quienes deseen aprovechar la ocasión de conocer de primera mano a los protagonistas de la representación  y plantearles directamente las cuestiones e inquietudes que deseen.
 
A todos ellos se ha ofrecido una plataforma independiente de debate que, con seguridad, arrojara resultados y conclusiones de valor para nuestra sociedad y todos ellos han respondido a la convocatoria con interés y generosidad. No es fácil reunir un elenco como este y de hecho creo que es la primera vez que sucede.
 
Va a disponer también nuestra reunión de la primicia de la presentación en sociedad del futuro estatuto del artista, que esperemos que logre un amplio respaldo parlamentario y contribuya de manera eficaz a mejorar las condiciones de trabajo de los artistas y de otros trabajadores del sector cultural.
 
Sorprende que el sector cultural se encuentre en España, que junto a Italia ha sido y sigue siendo uno de los principales países de tradición y de creación artística de Europa y del mundo, en estado de postración. El mercado es raquítico, disperso y, sobre todo, lamentablemente opaco. La opacidad es al mercado del arte lo mismo que la corrupción a la política. Un mal endémico que es necesario erradicar cuanto antes. Me comentaba Nanne Dekking, el dinámico director general de TEFAF MAASTRICHT, la principal feria de arte del mundo,  que la cadena de confianza en la que antes las transacciones solían descansar ya no funciona. No es suficiente. El mercado debe girar en torno a la transparencia: que se conozca exactamente el origen de las piezas, su registro, la identidad de vendedores y compradores, la formación de los precios, el cumplimiento de las normas, la protección de los creadores. El origen dudoso de algunas inversiones, el precio artificial de determinadas obras y artistas o  la inflación de intermediarios, son lacras que quizá tengan una importancia relativa a nivel global pero que resultan letales para un mercado de oferta como el español en el que lo mejor se ignora o se va fuera y en el que apenas existen incentivos para el mecenazgo y el coleccionismo. Una decadencia que, en algunos aspectos, recuerda a la del sector del ladrillo que en unos años pasó de ser motor del desarrollo a constituirse en causa principal del derrumbe de la economía española.
 
Con todo, la situación peor es la que padecen los artistas. España sigue siendo lugar de aparición de magníficos profesionales del arte. Personas formadas, con vocación, con ilusión, con dosis ingentes de creatividad y de imaginación que,  excepción hecha de los cuatro más grandes, se han encontrado con frecuencia relegados a la indiferencia, el subempleo o el pluriempleo, cuando no a la renuncia de sus carreras. Hoy cualquiera de nuestros artistas clásicos hubiera tenido que emigrar a otro país para ser reconocido. Sencillamente, ni Velázquez, ni Murillo, ni Goya hubieran podido prosperar en España. ¿Cómo ha sido posible esta tremenda involución? ¿Cómo puede haberse producido la regresión cultural en un país moderno y democrático como España? En este momento, ya no es solo la coherencia cultural de Francia o el pragmatismo de los países anglosajones los que nos causa envidia, sino el hecho de que países sin artistas comparables a los españoles y con PIBs muy inferiores al nuestro, como Portugal o México, hayan sido capaces de implantar en muy poco tiempo medidas de desarrollo cultural que ya quisiéramos disfrutar nosotros.
 
Sería injusto imputar la responsabilidad de forma exclusiva a la Administración. Los funcionarios, con muy escasos medios, hacen lo que pueden, ponen su empeño, su buena fe y sus ideas. ¡Ya está bien de echar siempre la culpa a los políticos y a los funcionarios! Son las causas estructurales las que debemos identificar y combatir. Y aquí sí es cierto que la falta de consistencia de las políticas culturales, la politización de algunas decisiones, los exclusivismos o la falta de coordinación entre Administración del Estado, Comunidades Autónomas y entidades locales, deben ser, entre otros problemas, sometidas a examen crítico. Otra cuestión pendiente de revisión es el anquilosamiento de marcos normativos, como el del patrimonio histórico, que posiblemente ya no sirven para los nobles objetivos para los que fueron concebidos.
 
Somos conscientes de que una parte elevada de la sociedad española da preferencia a gustos y a modos muy alejados de los valores que la cultura representa y que, sin duda, la primera y fundamental tarea empieza, en esto como en todo,  en la escuela y en la universidad.
 
El papel de la sociedad civil es fundamental pero el sector carece de la capacidad o de la voluntad de regenerarse a sí mismo. La preferencia absoluta de los intereses comerciales, el individualismo, el elitismo, el retraimiento y  la escasa voluntad participativa de los agentes culturales  privados o la predilección simplista por artistas foráneos en la formación de algunas colecciones, son fenómenos altamente preocupantes.
 
Veamos, sin embargo, qué es posible hacer a corto y medio plazo. Qué mecanismos se pueden arbitrar para mejorar la situación del sector cultural arte en nuestro país. De todo ello dialogaremos juntos, desde la diversidad de los puntos de vista y con la voluntad firme del consenso, el próximo 24 de mayo en la cita a la que nos convoca Fide con ese acierto proverbial que le caracteriza en la selección de los grandes debates de interés social.



Rafael Mateu de Ros , Socio Fundador de Ramón y Cajal Abogados, Director del departamento de Derecho del Arte. Abogado del Estado excedente y Miembro del Consejo Académico de Fide. Director Académico de la Jornada.



 

Fide agradece a Rafael Mateu de Ros y a Laura Sánchez Gaona su labor de dirección y coordinación para que esta jornada pueda llevarse a cabo. Para más información sobre la jornada accede aquí




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