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La Pandemia. Reflexiones a la luz de la antropología y de la historia (III)

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 15/05/2020


Democracia no es votar; es dejar de ser sumisos a los partidos para atender al interés general; es respetar al adversario y me temo que vivimos tiempos de escaso respeto de unos a otros.



El Estado nacional se fundamenta en la representación delegada por el voto ciudadano que es la soberanía nacional. Soberanía no es poder, es legitimidad. Por tanto el pueblo es el soberano, no tiene poder pero lo fundamenta y legitima. Nace así el poder para su ejercicio que en teoría, se organiza en el Legislativo, donde nacen las leyes, el Ejecutivo, las ejecuta y en el Judicial que garantiza que esa ejecución se ajuste a derecho Esa división de poderes muestra grietas. Ahora bien una de las disfunciones más graves reside en el sistema de representación de los partidos. Estos son la vía institucional para canalizar las demandas sociales en la sede de la soberanía. El desarrollo de este sistema de partidos ha derivado en una partidocracia (aristocracia corporativa), que ha acabado predominando el interés corporativo de los partidos frente al de sus representados (la disciplina del voto se antepone al de los compromisos electorales). El surgimiento de nuevos partidos, han sido fagocitados por dicho sistema. Estando esto dentro de la legalidad, supone de hecho, el secuestro de la democracia por los partidos por cuanto anteponen el interés corporativo al interés general. En unas circunstancias como las actuales esto deja a los ciudadanos desarmados, vulnerables y sometidos a manipulaciones constantes porque, no fluye la verdad en interés del partido, con una mayor radicalización e incremento de la fractura social. 
 
Muy poco veo que se pueda hacer, porque el Estado concentra en régimen de monopolio todo el poder, pero algo sí. Primero, recuperar el conocimiento de la realidad, esto es un modesto acercamiento. Segundo, huir del exceso de información, cuya abundancia constituye la mejor forma de tapar la verdad como única forma de conocimiento. Tercero, desplegar nuestro espíritu crítico y huir de las manipulaciones, tanto mediáticas como partidarias. Cuarto, activar la presión social ejercitada de buena fe y sin partidismos, promoviendo un gran movimiento social a fin de exigir la unidad de partidos en la sede de la soberanía nacional para construir una mayoría lo más representativa posible para enfrentar la crisis epidémica y la catástrofe económica y social que vendrá. Solo así se podrá superar la manipulación partidista y recuperar el control de la soberanía. Quinto, unidad en torno a la Constitución.
 
Ya sé que hay responsables políticos, nada de esto entra en su consideración. Se trata de que, ante la falta de un liderazgo nacional, sea la nación, en un proceso de integración de distintos sectores sociales, la que se ponga por delante y exija a sus representantes que cumplan con lo que les piden sus representados. De esta forma, se distinguirían aquellos que sirven al pueblo de los que solo buscan proyectos hegemónicos a fin de excluir y segregar a una parte de los españoles. Tornemos esta desgracia, que solo hemos empezado a vivir, en probabilidad de una fraternidad nacional, con el respeto del Otro, base para el funcionamiento sano de una democracia. Democracia no es votar; es dejar de ser sumisos a los partidos para atender al interés general; es respetar al adversario y me temo que vivimos tiempos de escaso respeto de unos a otros. Abramos los ojos, dejemos las voces que nos incitan al enfrentamiento y pensemos por nosotros mismos.  Esta sería la democracia de abajo hacia arriba.
 
Aficionado al flamenco no puedo dejar de acordarme de unos compases en que con grito de lamento la cantaora Lole Montoya recitaba: “El cardo siempre gritando y la flor siempre callá, que grite la flor y que calle el cardo y todo aquel que sea mi enemigo que sea mi hermano”. Pónganle música y vean en el cardo al que ustedes quieran, pero en la flor a la nación.
 
FIN [1]
 
 


Madrid, 15/05/2020
 

[1] NOTA.- Esto es una versión resumida en tres partes de un Ensayo más largo en 10 páginas. Si alguien tiene interés en la versión extensa, lo puede solicitar al email:  jignacio.ruiz@uah.es

José Ignacio Ruiz Rodríguez

Catedrático de Historia Moderna
de la Universidad de Alcalá de Henares.

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