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La Pandemia. Reflexiones a la luz de la antropología y de la historia (I)


Hemos llegado al Yo absoluto como arquetipo del hombre individual. La idea de progreso, orientada a la conquista mítica y utópica del futuro, se ha hecho distópica.



En materia de política y de análisis de la realidad social no me gusta apelar a las emociones. Me esfuerzo por situarme en el lado de la razón, con el rigor de un método científico y desde un determinado planteamiento epistemológico.  Esto supone apartar del análisis cualquier atisbo de ideología porque todas son representaciones falsas de la realidad. En nuestra sociedad la ideología es lo que predomina y en la presente crisis epidémica no sólo no se abandona, sino que se refuerza, tanto por los responsables políticos, como por los grandes medios de comunicación y las redes. Las ideologías operan como un cincel grabando en las mentes sus mensajes para someter a los cuerpos a su control. Esto es así, porque el hombre se puede apartar de todo menos de lo telúrico que hay en él, de sus ansias de lo absoluto, de sus credos, de su lado emocional, de lo animal. De aquí nace su fuerza creadora, pero también la destructora. Es entonces cuando se aleja de la razón, que con sus códigos de lenguaje, de abstracción para comprender lo que no vemos, nos ha llevado a lo humano, a transformar la animalidad primitiva en humanidad y a su supervivencia. Petrarca decía que la razón habla y el sentimiento muerde. Si cultivamos la parte sentimental animal, convertimos al hombre en bestia. Baste recordar la época de los totalitarismos, con sus ideologías del odio (fascismos, comunismos…), para ver hasta qué punto el hombre, por muy culto que sea, se convierte en animal.
 
Nos encontramos ante una de esas situaciones que provoca el ser humano que en busca de su felicidad, seguridad, bienestar, se hace ambicioso, egoísta y otras cosas que ayudan a entender que el hombre nunca se conforma y quiere asegurar el mañana de manera ilimitada. Eso lo ha llevado en la historia a enormes catástrofes. En el siglo XIV el hombre europeo a través del comercio con Oriente, importó la pasteurella y provocó la famosa Peste Negra, que mató a la mitad de la población europea. Lo peor fue que desestructuró todo el sistema y se llevó por delante vidas de inocentes, haciendas, y aportó mucho odio, guerras y caos. Y tras siglo y medio, sólo se salió de aquello cuando hubo un proyecto coherente que produjo un cambio de cosmovisión.
 
Hoy además de lo epidémico estamos ante un cambio de cosmovisión que no entienden, ni los políticos, ni los operadores del marketing político que, con sus viejas y caducadas ideologías, son los creadores de opinión y de quimeras para las masas. Hemos llegado al Yo absoluto como arquetipo del hombre individual. La idea de progreso, orientada a la conquista mítica y utópica del futuro, se ha hecho distópica, con la consiguiente pérdida de la Esperanza. La razón se ha transformado en deseo, que es el consumo y los ciudadanos en consumidores, también de la política. El poder de la palabra, como comunicación y encuentro, ha sucumbido frente al poder seductor de la imagen, del espectáculo y del verbo arrojadizo; la palabra dialógica se ha esfumado frente a cualquier imagen-espectáculo que provoque emoción y nos aleje de la razón. Nos apabullan los seductores, convertidos en imágenes impostadas que sólo apelan a la emoción y a las pasiones para someter los cuerpos a un control ideológico. Hoy el control de las personas no se hace por la fuerza, sino actuando sobre sus conciencias (Chomsky). La política es manipulación que inscribe en las mentes mensajes de adiestramiento y sumisión en una sociedad individualista y cuya acción se sustancia en la conquista del poder para utilidad de grupos oligárquicos (partidocracia) y alejados de la comunidad política. El ciudadano es un consumidor de ideologías políticas que se utilizan para indoctrinar y someter. “La manipulación de los medios es más letal que la bomba atómica porque destruye los cerebros” (Chomsky).
 
La Verdad, como fuerza que ha impulsado el saber, ya no existe, se ha ahogado en esa cultura líquida de Bauman. Hoy todos tienen SU verdad, que confunden con su credo. Este es el caldo de cultivo de las fake; ahora lo llaman, sin rubor, posverdad. Se acepta al mentiroso con naturalidad.  Los mensajes son instrumentalizados con un lenguaje condicionado y pervertido por las ideologías para penetrar en las mentes y apropiarse de ellas. Así se crean o inventan unas nuevas identidades a base de crear a un Otro que hace al Yo diferente y que obliga a identificarnos por oposición a ese Otro. Nada más alejado de la fraternidad universal. En España, no nos hermana la identidad del ser español, nos la da ser de izquierdas o de derechas, ser feminista, separatista y lo que nos imponen. Esto es pura invención, son cosas inventadas porque opera para la manipulación. Hoy la sociedad es mucho más sofisticada.



Madrid, 15 de mayo de 2020.
 
(Continua) [1]
 

Madrid, 15/05/2020.-
 

[1] NOTA.- Esto es una versión resumida en tres partes de un Ensayo más largo en 10 páginas. Si alguien tiene interés en la versión extensa, lo puede solicitar al email:   jignacio.ruiz@uah.es

José Ignacio Ruiz Rodríguez

Catedrático de Historia Moderna
de la Universidad de Alcalá de Henares.




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