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La amistad de la gente buena (in memoriam de Gonzalo Jiménez Blanco), por Javier Zapata


28 de agosto de 2019



Imagen tomada por Alfredo Urdaci para el Libro de Relatos de Fide.
Imagen tomada por Alfredo Urdaci para el Libro de Relatos de Fide.
El domingo 28 de julio de 2019, hace hoy un mes, nos reunimos para acompañar a la familia de Gonzalo Jiménez Blanco, que había fallecido la tarde anterior, un amplísimo grupo de sus amigos y compañeros, juristas, abogados, supervisores, reguladores, financieros, bancarios y otros tantos profesionales más o menos relacionados.

En fechas en las que poco más o menos todo el mundo estaba a punto de irse de vacaciones, si no se había ido ya, nadie quiso perderse la oportunidad de despedir a nuestro amigo. No había en esto rastro de impostura ni de compromiso. Se notaba en el ambiente. En un país habituado a hacernos unos a otros la vida imposible para terminar deshaciéndonos en elogios el día del funeral, hacia Gonzalo la admiración y el cariño nacían de un profundo convencimiento de años ante su categoría profesional, y aún más, personal, agigantada en estos últimos años de enfermedad.

Se te encogía el corazón de verdad. Muestra de ello ha sido que, desde la misma tarde de su muerte, hasta ahora, se han sucedido multitud de comentarios, recuerdos, artículos y notas, todos elogiosos, sobre Gonzalo.

No era la primera vez que Gonzalo reunía a una multitud de lo mejor de cada casa. La presentación del liber amicorum en la sede de Cuatrecasas hace algo más de un año también congregó una numerosísima representación de amigos. Como le escribí esa noche con un poco de osadía, daba un poco de envidia de la buena.

Conocí a Gonzalo en los primeros años noventa, cuando se incorporó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Además, coincidíamos, y coincidimos, en algunos muy buenos amigos. La primera vez que lo vi en acción fue ante el juez de instrucción de la plaza de Castilla, al que Gonzalo le explicó con detalle que la Comisión me había nombrado administrador solidario de una agencia de valores y bolsa, como asesor jurídico de la Bolsa de Madrid, junto con un compañero de la Bolsa de Barcelona y otro de la propia Comisión, en sustitución de sus administradores, y que, lo que de verdad me importaba, estábamos del lado de la ley.

Algún tiempo después, al llegar a casa, Inma, mi mujer, me dijo que había visto a mi amigo Gonzalo en la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones y que le había llamado la atención por la cara de listo que tenía. Sí que tenía cara de listo, este “rubio”, como le seguían llamando algunos amigos de la CNMV.

En todos estos años, nos encontramos en muchas otras ocasiones: profesionales, como en la gestión de algún asunto jurídico espinoso, y amistosas, como las comidas de amigos de la Comisión, bodas o la presentación de sus libros.

Después de una inolvidable tarde de verano en su casa con su familia, nuestra relación se volvió epistolar, debido a su estado de salud, aunque siguió siendo frecuente.

En fin, la calidad y la cantidad de los amigos dice mucho de las personas y en esto, como en su trayectoria de jurista, Gonzalo se lució. Esta es la amistad de la que hablaron Cicerón y Aristóteles. Esa que te hace ser mejor. La amistad de los buenos. Y es que, como decían los clásicos, solo los buenos pueden tener verdaderos amigos, que no son ni compinches, ni seguidores, ni clientes, ni colegas, ni partidarios, ni, desde luego, cómplices.

Nos veremos.




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