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La educación financiera: necesidad y reto para el bienestar de la sociedad.

Resumen de Sesión


La deficiente formación se palpa no solo entre el alumnado, sino también entre el profesorado, que se queja de tener que abordar estas materias sin tiempo ni formación suficiente.



Foto tomada durante la sesión
Foto tomada durante la sesión
El pasado 27 de marzo Fide celebró una sesión sobre la educación financiera que fue presentada y moderada por Susana Criado, Periodista especializada en Economía y Directora de Capital Intereconomía. Intervinieron como ponentes, María Jesús Soto, Presidenta de la Fundación María Jesús Soto, Autora del libro “Educación Financiera Básica”, Ricardo Palomo, Vicepresidente de Fundación para la Innovación Financiera y la Economía Digital (FIFED), Catedrático de Economía Financiera en la Universidad CEU San Pablo y Miembro del Consejo Académico de Fide y Juan Ramón Caridad, Profesor y Director Académico del Master de Finanzas e Inversiones Alternativas de BME, Country Head, GAM y Patrono de Fide.
 
María Jesús Soto comentó que a partir de 2008, gracias al mandato directo de la OCDE para erradicar el analfabetismo financiero, este organismo pide a sus miembros que lleven a cabo acciones encaminadas a poner en práctica ese mandato. A partir de ese momento, se considera “políticamente correcto” llevar a cabo iniciativas como las perseguidas por nuestra fundación, dirigida preferentemente a facilitar la labor de los docentes para que trabajen estas materias con los alumnos de forma transversal (desde cualquier asignatura), y a distintos niveles educativos.
 
La deficiente formación se palpa no solo entre el alumnado, sino también entre el profesorado, que se queja de tener que abordar estas materias sin tiempo ni formación suficiente.
 
Como comentario, decir que las materias relacionadas con la economía, finanzas y emprendimiento son materias optativas a partir de 3º y 4º de la etapa de Secundaria (alumnos con edades comprendidas entre 14 y 16 años), o las materias, también optativas de 1º y 2º de Bachillerato (alumnos de entre 16 y 18 años). Al ser optativas, en centros pequeños donde hay insuficientes alumnos podrían no ofertarse, o ser impartidas por el docente especialista en otras materias, y no específicamente formado en las que nos ocupan.
 
Los docentes que se apuntan a nuestros cursos se quejan de que no suele haber mucho apoyo por parte de otros docentes para trabajar estas materias y, sobre todo, de que su contenido curricular es exagerado teniendo en cuenta que son alumnos que NO han visto prácticamente nada de economía y finanzas antes. No se entiende ese desfase entre exceso de contenidos para un alumnado que llega sin unos mínimos. La mayor parte dice que se olvida del temario por inabordable.
 
Desde la fundación se considera que sí hay debate social en la calle, al menos por parte de los padres, acerca de la importancia que se le debería dar a estas materias, importantes para sus hijos. Sin embargo, el sistema educativo está bastante politizado, y rechaza muchas veces su enseñanza. Influir y sensibilizar a los padres para que estos a su vez presionen a los centros educativos, sería positivo.
 
En otros países como Alemania e Irlanda existe la asignatura Economía Domestica desde primaria, algo que sería fundamental para que, quienes no elijan las optativas relacionadas con economía y finanzas, se lleven al menos una base al acabar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), permitiendo también un mejor ajuste de nivel cuando se impartiesen las optativas específicas que, en cualquier caso, deberían no ser tan teóricas y ambiciosas y, sí mucho más prácticas.
 
Por su parte, Ricardo Palomo comenzó su intervención haciendo hincapié en que en el actual contexto de transformación digital de la economía y de la sociedad, un medio para mejorar la cultura financiera de la ciudadanía consiste en poner el foco en las herramientas digitales y su capacidad para que la formación e información económico-financiera llegue a más ciudadanos y, en particular, a los segmentos de población más joven. En este sentido, la Fundación para la Innovación Financiera y la Economía Digital (FIFED) se ha integrado como colaborador del Plan de Educación Financiera de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y del Banco de España, apostando por las nuevas tecnologías como herramienta para este objetivo.
 
Las entidades financieras están en vanguardia de la aplicación de innovaciones tecnológicas para dar servicio a los usuarios. Las nuevas empresas del sector Fintech e Insurtech están desplegando un amplio abanico de opciones de inversión y financiación y de acceso a los mercados financieros que saben valorar la experiencia de cliente. Surgen, por ejemplo, agregadores financieros con herramientas sencillas y gratuitas que permiten a los usuarios tener mejor control y conocimiento de sus cuentas y de sus decisiones de ahorro e inversión, reforzados por sistemas de scoring individual, capacidades de pronóstico y recomendaciones. El resultado de todo ello es una creciente democratización de las finanzas que permite el acceso a servicios de inversión que, hasta hace muy pocos años, no eran accesibles al gran público. Las nuevas herramientas que utilizan inteligencia artificial, chatbots, roboadvisors o big data, están permitiendo reducir los costes de análisis financiero, diagnóstico y de gestión por parte de muchas entidades financieras. Sin embargo, aún falta mejorar la formación de los usuarios para que realmente puedan y sepan aprovechar este nuevo entorno de mayor accesibilidad al medio financiero, en sus diferentes facetas.
 
En otros países de nuestro entorno y, en particular, en el ámbito anglosajón, la enseñanza en los colegios de la economía es más práctica y con un enfoque más microeconómico, práctico o doméstico, mientras que en España suele tener un enfoque más macroeconómico, teórico y, lamentablemente, muy memorístico, que atrae menos a los jóvenes estudiantes; si bien, hay cada vez centros que han sabido darle un enfoque atractivo y útil. En cualquier caso, conviene revisar el método memorístico tradicional del S. XX y abordar la inclusión de la materia de economía de forma decidida, al igual que tradicionalmente se ha hecho y se sigue haciendo con muchas asignaturas cuyo grado de profundización cabe cuestionar para esos niveles educativos. Que un joven estudiante pueda recitar de memoria las partes de una flor y las declinaciones de los verbos en latín, pero que no sepa cómo funciona un préstamo, ya no parece procedente en el S. XXI, pues le está restando conocimientos que serán útiles para su vida personal y familiar y para un futuro en el que, cada vez será más importante la capacidad de planificación financiera, dado el advenimiento de la crisis del estado del bienestar y la mayor longevidad.
 
Según el estudio de los hábitos financieros de los early adopters tecnológicos, desarrollado por la compañía de fintech FINANBEST, con la colaboración de la Fundación para la Innovación Financiera y la Economía Digital FIFED, el término financiero o producto de inversión con el que más familiarizados están los españoles son los Planes de pensiones (85,75%), seguido de las Acciones (82,35%), los depósitos (78,50%), los Fondos de inversión (69,60%), los Bonos (56,40%) y el Crowdfunding (50,30%). En este estudio se confirma que tan solo un 2,30% de los encuestados sabría explicar sin dificultad que son las ETFs. En general, son los hombres, las personas de mayor edad, de clase social alta, con mayores ingresos en sus hogares, que trabajan, y con estudios superiores, quienes en mayor porcentaje que el resto sabrían explicar sin dificultad que son y en qué consisten los distintos términos financieros o productos de inversión. En cuanto a la perspectiva tecnológica de las finanzas, 3 de cada 10 españoles (30,90%) utiliza a diario la app o web de su banco para realizar operaciones por Internet, el 58,35% al menos una vez a la semana, y un 83,10% al menos una vez al mes, el 12,85% de vez en cuando y el 4,05% nunca. De las operaciones que han hecho o harían alguna vez por Internet los españoles, la primera son transferencias (91,15%) seguida a gran distancia de abrir un depósito (42,45%), comprar acciones o activos financieros (29,90%), contratar un plan de pensiones (24,15%), comprar fondos de inversión (22,40%) y contratar una hipoteca (6,60%). Cabe añadir que, la manera principal que los españoles utilizarían para buscar asesoramiento financiero sería en su banco (43,80%), por Internet (21,35%) y preguntando a familiares o amigos (20,90%), aunque un 13,95% de los españoles asegura que no buscaría asesoramiento a la hora de invertir.
 
Desde otro punto de vista, es notorio que en aquellos países en los que se tutela o protege financieramente menos al ciudadano (menos prestaciones de pensiones públicas, menos gratuidad o semigratuidad en educación, sanidad, etc.) éste se ve obligado a tomar decisiones financieras para planificar su ahorro y consumo, estando más interesado en la formación e información financiera y en el asesoramiento.
 
También procede comparar la contradicción entre la gran bancarización de la sociedad española y la insuficiente cultura financiera media de la población. En los últimos años se aprecia cómo la tecnología está proyectando de forma exponencial los medios y la formación financiera en países que no están tan desarrollados, pero que están abrazando las nuevas tecnologías como medio operativo para su desarrollo económico y financiero, como es el caso de La India. Un caso interesante es el continente africano, con una digitalización financiera muy desarrollada mediante los servicios de telefonía móvil.
 
Sin duda, la educación financiera se convierte en un pilar fundamental para orientar a la población hacia una mejor planificación de su ciclo vital.
 
Por último, para Juan Ramón Caridad, la excelencia técnica en el conocimiento de todos los instrumentos, activos y mercados financieros está al alcance de todo profesional de las finanzas, pero también de consultores, juristas y periodistas. Qué son las cosas, para que valen y cómo funcionan, explicado de manera sencilla pero con el máximo rigor, es lo que la Certificación MFIA de Instituto BME ha hecho realidad. Una certificación no debe basarse en el incremento del ego ni vender glamour. No se trata de mirarse el obligo de uno y decir que es el más bonito, sino de ser un instrumento útil para que todo el que quiera formarse sobre productos financieros, pueda hacerlo llegando a dominar la naturaleza de los mismos.

Einstein tenía razón cuando decía que “ni todo lo cuantificable cuenta, ni todo lo que cuenta es cuantificable”. Cuanto más te dedicas a la innovación financiera, más necesitas profundizar en la singularidad de los instrumentos financieros y en la interconectividad de unos con otros. Vivimos en un mundo financiero en el que sencillez no es lo mismo que simplicidad,  antigüedad no es sinónimo de experiencia  ni existe ninguna inversión segura. La  desaparición de los activos sin riesgo implica que liquidez de los activos financieros ya no sea un derecho constitucional y que los movimientos de capitales se compliquen. Formarse en finanzas no es un lujo sino una necesidad para poder tener libertad de decisión a la hora de proteger tus ahorros y poder votar con mayor conocimiento de causa.

Queremos devolver a la comunidad financiera el crédito que merece ante la sociedad civil y que en los últimos años se ha visto mermado. Tenemos 500 millones de personas que merecen formarse en su lengua materna. El español es punto de unión entre España, Latinoamérica y cada vez más profesionales en Estados Unidos y la formación de máxima calidad puede ser el pegamento que termine de integrar a los mercados financieros a ambos lados del Atlántico.

Durante el debate se puso de manifiesto la pobreza de contenidos en la carrera de economía, alejada de los problemas reales de hoy así como la excesiva tutela del Estado que, en términos generales, hace que la población se sienta protegida y no vea necesidad de preocuparse por generar recursos ni producir. Tampoco la inversión del ahorro preocupa en exceso en un país en el que la pensión se considera un derecho seguro y exigible siempre. Hemos sido educados para pedir.




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