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La explosión de los populismos en Europa y América. Gaspar Ariño Ortiz




El populismo es consecuencia del malestar social que se vive en la actualidad en el mundo occidental (Europa y América), que no es meramente coyuntural sino el resultado de un largo proceso que podemos llamar de quiebra moral del capitalismo. Éste ha traído consigo una extrema desigualdad social y está rompiendo el lazo de unión y cohesión que la socialdemocracia europea había tratado de construir desde 1945 a nuestros días. La crisis de 2008 y otros factores como la globalización y la revolución tecnológica han hecho saltar por los aires la sociedad del bienestar de la que muchos ciudadanos han quedado fuera. Se hace necesario un nuevo modelo que plasme la correlación entre progreso económico y progreso social. Para ello es imprescindible la vuelta a las raíces morales del capitalismo.(1)

No hay en estas tesis una condena incondicionada del mercado o del capitalismo, sino del modo en que éstas se han venido practicando desde finales de los años ochenta. La regeneración institucional que España necesita va más allá de la política y consiste en un profundo cambio de mentalidades y actitudes. Significa volver a recuperar valores humanísticos y éticos como antídoto contra la corrupción, significa la ejemplaridad de los cargos públicos, la recuperación de referencias morales a las que admirar, principios éticos que reconocer y valores cívicos que preservar.

La crisis moral del capitalismo y la desigualdad creciente que el mundo ha padecido en estos años ha sembrado serias dudas sobre el funcionamiento de los mercados y ha generado desconfianza de la gente en las instituciones. Puede afirmarse con bastante certeza que la democracia es el mejor sistema de gobierno para defender la libertad, la justicia y la igualdad; y que la economía de mercado, aún con sus disfunciones, es el sistema económico que promueve con mayor eficiencia y seguridad la prosperidad y el bienestar de una nación. Pero ambos sistemas no funcionan sólo con leyes. El sistema económico que conocemos como capitalismo, así como el sistema político que llamamos democracia representativa, sólo funcionan correctamente si descansan sobre un sistema ético y cultural basado en lo que son valores acordes con el mismo: en la libertad, en la verdad, en la justicia, en la igualdad radical de los seres humanos, la corrección de desigualdades escandalosas, el respeto a la dignidad de la persona y la protección de la familia, el respeto a la propiedad y a los contratos, en la solidaridad y redistribución de bienes en la medida necesaria.

Frente a estos valores, el individualismo liberal solo mira el propio interés, la acumulación riquezas sin medida, la búsqueda en las empresas del “máximun profit”, aprovechándose del dinero, la ignorancia o las necesidades de la gente. Hay comportamientos que pueden ser legales, pero son inmorales. ¿Y qué ocurre cuando los individuos, las empresas o los Gobierno actúan sin valores morales? Pues ocurre que los mercados generan crisis económicas como la que hemos padecido; ocurre que las democracias desembocan en sociedades escépticas y descreídas, que desembocan en los populismos y antes o después se convierten en sociedades violentas, en las que no se respetan los derechos más elementales; ocurre que los partidos políticos y los directivos empresariales se convierten en máquinas de dominación dictatoriales y explotadoras que manipulan a la sociedad, hasta que ésta se levanta en las calles, en protestas de “indignados” como las ocurridas en mayo de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid, los graves disturbios de Clapham en Londres unos meses después o la ocupación de Wall Street y Times Square en Nueva York. Y es que para que el sistema político o el sistema económico funcionen correctamente y den frutos de bienestar y prosperidad generales (no sólo de unos pocos), es necesario que estén permeados, impregnados, por un sistema ético de valores, que inspire el comportamiento de las personas, especialmente de los líderes sociales, políticos y empresariales.

Gaspar Ariño Ortiz, Catedrático De Derecho Administrativo. Presidente de Ariño y Villar, Abogados
 
(1) Estas tesis pueden verse formuladas también en Antón Costas, “La nueva piel del capitalismo”, Galaxia Gutemberg, 328 páginas, 2016.




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