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La foto final

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 6/4/2020.-


Nos esperan retos complicados y decisivos en momentos en que la sociedad se sentirá frágil y temerosa por la experiencia vivida, como ya se está sintiendo ahora.



Acostumbrados como estamos a resumir los acontecimientos en imágenes, porque en esta etapa de la historia en que vivimos suele ser cierto que una imagen vale más que mil palabras, le doy muchas vueltas estos días a cuál será la foto que ilustre suficientemente lo que está pasando. Cuál será la imagen que, en los libros de historia, en los reportajes, en las hemerotecas, cuando hayan pasado 10 o 20 años, acompañe a la información sobre una pandemia que allá por 2020 causó tantos estragos.
 
Miro los pasillos de los hospitales, con esa mezcla impactante de enfermos y personal sanitario, donde se mezcla la apenada angustia de los unos y la ansiedad trepidante de los otros; miro los rostros de ancianos en las residencias, entre temerosos y resignados; de niños tras las ventanas, mirando el parque y los columpios; miro los balcones llenos de gente aplaudiendo, intercambiando gestos solidarios los unos con los otros; miro las filas de coches policiales, saludándose unos a otros con respeto y con sentimiento; miro, en fin, las morgues improvisadas, repletas de ataúdes sin duelo cercano. Miro y miro, y termino pensando que no habrá una foto en especial, porque no puede haberla, porque está siendo tal la dimensión de esta tragedia que hará falta uno de esos collages, o multireportajes que se dice ahora, para proporcionar una imagen mínimamente representativa del drama que estamos viviendo.
 
Intento a continuación concentrarme en la otra cara de la moneda; pienso en cuál sería la imagen que me gustaría ver y no encuentro. Una imagen que se pudiera añadir a las anteriores como testimonio de coincidencia leal, de compasión compartida, de cercanía generosa, de sincera humildad, llámenlo como quieran, ante la desgracia común. Estaría bien poder acompañarla a las otras en el futuro; pero no la encuentro, de momento no la encuentro. Estos días, en medio de tanta proliferación de destellos originales como estamos recibiendo, me apareció en el teléfono la foto aquélla de los Pactos de la Moncloa, me quedé un rato contemplándola y enseguida lo pensé: ¡esta es la foto que falta, la que me gustaría encontrar y, de momento, no encuentro!
 
Muchos lo recordarán; era el año 1977, había habido ya unas primeras elecciones democráticas, pero aún no había una Constitución. Permanecía cierta incertidumbre política y la economía estaba desbocada, con tasas de inflación cercanas al 30%, desempleo creciente, violencia terrorista de distinto signo, etc. En esa foto está el Presidente del Gobierno, los líderes de todos los partidos de la oposición, los representantes de los dos partidos nacionalistas de entonces (vasco y catalán), los líderes de la patronal y de los sindicatos. Se acababan de firmar dos acuerdos, uno de medidas económicas, otro de objetivos políticos. La foto venía a simbolizar la existencia de un objetivo común; no era una coalición política, ni estratégica, ni ideológica; era una coalición patriótica en aquel momento. Y no hay duda, de entonces acá, cualquier referencia a la transición y lo que significó para el país está representada, y simbolizada, en esa famosa foto; casi todo lo que pasó después se explica en esa foto.
 
Así que me quedé pensando; esta situación de ahora no es igual que aquélla, claro está; tiene otro origen, otra naturaleza, otros efectos. Pero hay algo parecido, eso que podríamos considerar una emergencia de país, más grave incluso que aquélla por lo que está afectando a la sociedad en su conjunto y a los bienes más preciados, que son la salud y la vida. La pregunta es obvia: ¿no es éste un momento idóneo para una foto histórica? Ayudaría en el presente, desde luego, porque los tiempos piden todo eso que decía: responsabilidad generosa, humildad sincera, complicidad cercana; también firmeza, serenidad, eficacia, templanza, y altura moral y compasión, obviamente. Y no piden lo otro: ni unilateralidad, ni fundamentalismo, ni altivez agresiva, ni preocupación por el rédito político, ni alardes de superioridad moral, ni tantas otras cosas que hemos visto en ocasiones. Claro que ayudaría; para muchas cosas: para aumentar la confianza colectiva, por supuesto, y también para fortalecer los liderazgos políticos con vistas a lo que nos espera cuando esto pase y haya que afrontar retos de país, otra vez.
 
Porque esta es la otra cuestión. La mayor parte de las previsiones de unos y otros, por no decir todas, se van a ver trastocadas. Ocurrirá con las expectativas económicas, a las que se fiaba la recuperación pendiente de la crisis anterior y la posibilidad real de aplicar políticas expansivas de redistribución y de gasto social; ocurrirá con la satisfacción de necesidades vitales básicas, con el sostenimiento de los servicios públicos esenciales, con el propio funcionamiento de las instituciones. Probablemente será una de esas situaciones en que hay que empezar por reconstruir la parte destrozada, a la vez que se intenta mantener la parte que haya podido quedar más o menos indemne. No será un buen momento para ideologizar las soluciones, sino para convenir las prioridades, después de discutirlas, para respetarlas, explicarlas y aplicarlas. Baste un ejemplo: a nadie, o casi nadie, le extrañará que, cuando se pueda hacer un presupuesto, haya estímulos para la fabricación nacional de material sanitario, o mejores dotaciones para la investigación científico-médica, o ayudas, y mayor rigor legal, para la dotación de las residencias de ancianos, o para tantas cosas que hemos podido percibir en este trance. Y debemos saber que, para priorizar algo, normalmente hay que relegar o aplazar algo; para lo que suele hacer falta claridad, pedagogía y el mayor consenso posible.
 
También se hará urgente darle una vuelta al funcionamiento del modelo territorial en algunos aspectos, porque también hemos comprobado que la desgracia rara vez distingue de fronteras o de competencias. Hay un margen constitucional de armonización en la actuación administrativa, que el Estado puede utilizar, que rara vez lo ha hecho, y que tendrá que hacerlo en ciertas materias (¡la sanidad, desde luego¡) para que la coordinación con las Comunidades Autónomas, y entre ellas, ayude cuando es necesario hacerlo, evitando que el modelo se convierta en un obstáculo.
 
Así que nos esperan retos complicados y decisivos en momentos en que la sociedad se sentirá frágil y temerosa por la experiencia vivida, como ya se está sintiendo ahora. Por eso, para ahora y para lo que vendrá después, una foto como la que les decía no vendría nada mal. Y no es tan costosa; basta estar juntos, decidir algo juntos, presentarlo juntos y que alguien dispare con la cámara.
 

Madrid, 6/4/2020.-

Jesús Quijano

Vocal Permanente de la Sección de Derecho Mercantil,
Comisión General de Codificación.
Catedrático de Derecho Mercantil,
Universidad de Valladolid.

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