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La hoguera familiar y un leño joven con un nudo


La vida en familia se parece mucho a una hoguera en la que cada uno de sus miembros somos un leño.



La vida en familia se parece mucho a una hoguera en la que cada uno de sus miembros somos un leño. Nos prenden al nacer y, desde que comienza el fuego, nos vamos consumiendo lenta e imperceptiblemente hasta que, tras convertirnos en brasa, acabamos extinguiéndonos.

Cuando nacemos se habla de "alumbramiento" y no creo que sea por casualidad. Y es que nacer significa que prenden fuego al leño que somos cada uno. Pero quien alumbra no es el que nace, sino el tronco del que se nace. Porque en el leño recién prendido es difícil que se asiente la llama. Se comienza con una débil combustión, en la que apenas se desprende luz y en la que el calor es casi inexistente. Por eso, el leño recién encendido es colocado junto a los otros troncos que llevan ardiendo desde hace años. Éstos le aportan sus propias llamas, su luz y su calor, hasta que prenda el fuego en el leño que acaba de nacer.

Cuando pasado algún tiempo el leño tiene ya su propia llama, adquiere una luz propia y desprende ya un calor intenso. Pero hay veces en que algún nudo de la madera dificulta la combustión del joven leño. La llama pierde intensidad, se hace cada vez más pequeña y su color azulado va desplazando al vivo color dorado de aquella. ¡Al joven leño le queda aún mucha madera por arder, y sin embargo se está apagando!

Si el joven leño se queda solo, si se separa de los demás troncos que están en la hoguera, lo más probable es que acabe siendo brasa, que deje de arder para sí mismo y para los demás, desperdiciando la gran cantidad de madera que aún poseía. Pero si el leño que languidece ocasionalmente, se acerca, se apoya y se junta con los demás troncos, entonces recibe el fuego, las llamas, el calor, la luz y la energía de todos ellos. Y es cuando en la hoguera se aviva el fuego, se intensifica la llamarada, el joven leño entra de nuevo en combustión y su fuego vigoroso es incluso capaz de hacer que las brasas de los viejos troncos vuelvan a coger llama. Mientras haya troncos ardiendo en la hoguera, ningún nudo puede apagar al joven leño, si éste se apoya en ellos.

Nuestra hoguera familiar está aún ardiendo. Hay dos troncos que, aunque llevan años en combustión, aún desprenden fuego y hay otros leños que están ardiendo con intensas y poderosas llamas. ¡Júntate a todos ellos! No tengas reparo en que te pasen parte de sus llamas, porque cuando vuelvas a ser lumbre, cuando ardas de nuevo con la intensidad que te hizo perder el nudo, tu fuego se fundirá con el de ellos y servirá para que reavive sus brasas.

Es importante saber que muchos leños tienen nudos que dificultan su combustión. Hay nudos que pudren la madera y que, por su disposición, orientan el fuego hacia dentro del leño y éste, al perder el oxígeno, acaba por consumirse antes de tiempo.

Pero hay otros que son simples círculos hechos por el propio leño, que conducen al fuego a dar vueltas y vueltas y le impiden proseguir su camino hacia las otras partes de la madera. Estos nudos, los llamados "circulares" surgen cuando el leño piensa más en que es madera que en que es un flujo de energía inmaterial destinada a alumbrarse a sí mismo y a los demás.

Para conseguir que las llamas no sigan ardiendo en círculo, el leño que tiene un nudo "circular" debe mirar hacia atrás y contemplar la parte de sí mismo que ya ha ardido. Si hasta llegar al nudo la madera se quemó bien, el leño ha de preguntarse cómo estaban dispuestas hasta entonces las fibras de madera, por qué eran rectas y tiernas; el joven leño ha de descubrir el equilibrio que mantenían el espíritu y la materia: ha de averiguar por qué había más motivos para la felicidad que para la tristeza. Pero cuando vea que la madera que hay después del nudo "circular" es de la misma calidad que la que ardía con esplendor e intensidad en el pasado, el leño no temerá salir del nudo "circular". No tendrá miedo a enfrentarse con el resto de la madera. Comprenderá que es mejor volver a "quemarse" para los demás, arrojar luz, brillo e intensidad para todos los leños que están a su alrededor, que seguir ardiendo en círculo, hacia su interior, proyectando sombras y consumiéndose inútilmente.


José Manuel Otero Lastres

La hoguera familiar y un leño joven con un nudo
 
Senior Advisor en Broseta Abogados. Socio fundador del Bufete Otero Lastres. Licenciado y Doctor en Derecho (ambas con Premio Extraordinario) por la Universidad de Santiago de Compostela, y Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de León (en abril de 1981 por concurso acceso) y de la Universidad de Alcalá de Henares (desde 1986). Ha sido Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de León entre 1981 y 1985.




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