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La mediación más difícil

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 05/06/2020.-


Estamos ya, otra vez, en el camino del enfrentamiento de las dos Españas. Por ello se hace necesario, más que nunca, encontrar una fórmula para parar ese nefasto avance.



Si cerramos los ojos y nos imaginamos un futuro deseable para España, seguro que de él estarán ausentes la crispación política, la incertidumbre institucional y la crisis económica. Las tres nos invaden ahora y es nuestra responsabilidad tratar de evitar que alcancen cotas incontrolables y destructivas. La forma de hacerlo es variable: cada cual tiene su papel, desde su lugar, haciendo lo que sabe hacer. El momento es importante y no se puede dejar pasar sin hacer nada: exige una implicación activa.
 
Las limitaciones que han provocado el confinamiento y la pandemia desaparecerán poco a poco hasta ofrecernos total libertad para ser nosotros mismos. Cada cual tendrá su propia percepción y sus propias conclusiones respecto de una etapa que finaliza y que no ha dejado indiferente a nadie. Algunos dicen que saldremos fortalecidos. Dependerá de la historia de cada uno. Yo voy a salir muy preocupado por el futuro, pero cargado con nuevos medios para enfrentarme a él. Estos medios los he adquirido durante la realización de un curso de postgrado universitario que me habilita para ser mediador de conflictos civiles, mercantiles y familiares. Mis profesores me han mostrado cómo las personas pueden tener visiones muy distintas de las mismas cosas, lo que las lleva a desarrollar opiniones, incomprensiones y luchas cuando quieren convencer a otros, generando una dialéctica que puede situarles en CONTRA de muchos, en lugar de convivir pacíficamente CON todos.
 
Aunque los conflictos pueden ser una oportunidad para realizar cambios y mejorar, suelen tener un coste emocional elevado y es conveniente encontrar pronto soluciones cuando se han presentado. Esto es válido para todo tipo de convivencia: familiar, empresarial, política… Y en esta última -en la convivencia política- asistimos a una escalada de descalificativos personales, riñas en sedes parlamentarias y choques mediáticos, muy preocupantes porque generan incertidumbre para miles de personas, provocan conflictividad por imitación en su repercusión social y presagian malos tiempos para España porque sus líderes deberían estar unidos en la reconstrucción y no enfrentados.
 
En los conflictos puede existir, además del enfrentamiento directo evidente motivado por desacuerdos, una agenda oculta en uno o los dos contendientes. Siguiendo en la política, la utilización de las instituciones nacionales para reivindicar planteamientos de cambio por grupos políticos que han demostrado su radical desvinculación con esas mismas instituciones no es coherente, salvo que hayan decidido la ruptura desde dentro. Así, puede suceder que uno de los bandos en conflicto, con partidarios del independentismo regional, militantes de ideas anticapitalistas y grupos antisistema, tengan como agenda oculta una ruptura constitucional para instaurar un sistema diferente que les beneficie.
 
Que ellos abanderen cualquier estrategia capaz de dividir y romper a la sociedad española no es novedad, lo que sí es nuevo es que lo hacen desde una coalición en el gobierno y con el consentimiento de un viejo partido democrático y respetuoso con las diferencias de opinión, pero vendido, para sobrevivir, a pactos complejos y desesperados.
 
Ya hubo otro tiempo en que se despertaron los sentimientos que enfrentan a las dos Españas, como ya mencioné en un artículo anterior titulado “Una música y una letra”. Es sencillo provocar sentimientos de disputa porque no están reconocidas suficientemente por los contrarios las emociones del otro bando. Entonces se espolearon por motivos electoralistas. Se despertó el dragón dormido del rencor para obtener más votos. Lo que se consiguió fue el inicio de una radicalización de la política. Se provocó al enemigo para arraigar el voto del partidario sin haber realizado un cálculo bien medido. La realidad mostró que se perjudicó a los moderados y que aparecieron nuevos votantes radicalizados en ambos extremos, que atienden más a consignas emocionales que a la lógica de un pensamiento político y gestor bien estructurado.
 
El motivo actual para volver a provocar ese enfrentamiento es todavía difuso. Quizás se está buscando una ruptura definitiva del sistema que permita erigir otro, aparentemente revolucionario y popular, en el que los protagonistas que sobrevivan al choque se establezcan como legítimos representantes de la razón, de la sociedad, del pueblo o de las emociones… da igual, porque lo que pretenden es erigirse como poderosos. El poder excluyente es la única explicación posible. ¿Cómo entender si no esta falta de comunicación y coordinación institucional que presenciamos?
 
Estamos ya, otra vez, en el camino del enfrentamiento de las dos Españas. Por ello se hace necesario, más que nunca, encontrar una fórmula para parar ese nefasto avance. Es posible que la cordura vuelva por sí sola y que un efecto pendular, en una sociedad sensible durante el confinamiento, deshaga el camino al salir a la libertad y que tras las muestras de un radicalismo soez se apueste por la moderación.
 
Si esto no sucede, una manera de cambiar las cosas es llevar a cabo la mediación más difícil en España: la que puede sentar a dialogar, en un intento de convivencia pacífica, a la derecha y a la izquierda de nuestro país.
 
Los verdaderos representantes de esas dos Españas opuestas no son los políticos actuales sino quienes estuvieron enfrentados desde los años que precedieron a la guerra civil hasta la transición. Si ellos son capaces de mantener un diálogo, difícilmente pueden justificar sus descendientes que se insista en el enfrentamiento. Quienes ahora tienen algún tipo de responsabilidad deben propiciar esta mediación porque no surgirá por sí sola. Si se niegan a intentarlo y encaminan a España hacia una lucha intestina… ¿qué van a responder a sus hijos cuando les pregunten -en un futuro cercano- qué hicieron por evitar el desastre?
 
Un primer requisito para llevar a cabo una mediación es ser conscientes de la existencia de un conflicto y del sufrimiento que causa. La sociedad española se ha dado cuenta estos días de que el conflicto larvado y despertado de las dos Españas se debe apaciguar. Los políticos lo ven de otra manera e incluso encuentran en él la justificación de su existencia. Cuando algunos de ellos comiencen a hablar desde la tranquilidad y los verdaderos valores democráticos, entonces pueden surgir las voces que reclamen la mediación como búsqueda de soluciones.
 
Una segunda cuestión para tener en cuenta es que la mediación no siempre logra que las partes alcancen acuerdos, pero sí ofrece la oportunidad para entablar un diálogo, en este caso entre las dos Españas, para que se escuchen como nunca hasta ahora han hecho, para que se comprendan e incluso para que se perdonen. El simple encuentro educado puede ser un éxito en sí mismo.
 
Hay una tercera cuestión importante: encontrar a los interlocutores. Difícilmente encontraremos a muchos de quienes sufrieron desde el año 1931 porque a estas alturas tienen más de cien años. Sin embargo, hay hijos y familiares directos que sufrieron pérdidas, exilios o persecuciones y que por haber sentido en directo el sufrimiento se merecen el reconocimiento del otro y sabrán reconocer al otro.
 
Hay otra búsqueda necesaria: el lugar para la mediación. En este punto mi propuesta es que se realice en el Valle de los Caídos. De esta manera se dará al lugar una nueva connotación. El propio nombre del lugar ya habla de los dos bandos pues hay caídos de ambos lados enterrados en aquel lugar. Es cierto que la presencia religiosa de la basílica requiere encontrar un espacio en el propio recinto que haga mención de aquellos fallecidos de ambos bandos que no eran creyentes. También ha sucedido así en los cementerios de muchas ciudades de España donde se añadía un cementerio civil al camposanto.
 
Además de situar la memoria de todos ellos en espacios visibles e identificables se precisa el espacio para albergar las conversaciones. En el recinto existen varios edificios que pueden cumplir esa función y están separados del monumento actual y del futuro que se quiera levantar, pero cercanos y en un ambiente de silencio muy adecuado.
 
En la cercanía a esos dos lugares de reposo para hombres y mujeres fallecidos durante la guerra civil se puede situar un espacio para el diálogo entre representantes actuales de las dos Españas, bajo la dirección de un mediador. La inspiración de la Naturaleza del entorno, que es parte de la Sierra de Madrid, y la predisposición de todas las personas participantes, podría ayudar a cerrar heridas o cuando menos a mostrar las cicatrices y ello ayudaría a la convivencia que una España maravillosa, pero con problemas, requiere.
 
 

Madrid, 05/06/2020.-

Miguel Ángel Recio Crespo

 Gestor cultural y escritor.

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