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La predicción de la insolvencia y el fracaso empresarial, por Raimon Casanellas.




 
En los últimos años el endeudamiento empresarial se ha reducido notablemente en España, de manera que nuestras empresas tienen un nivel de endeudamiento inferior a la media europea. Sin embargo, para acometer proyectos rentables es preciso a menudo acudir al crédito. Además, los acreedores, que hasta ahora se apoyaban a menudo en la garantía hipotecaria, cada vez más deberán hacerlo en función dela rentabilidad de los proyectos empresariales que financien.
 
En la medida que un aumento de sus costes financieros pueda provocar un aumento superior de su rentabilidad, a través del denominado apalancamiento financiero, las empresas deben hacer uso del crédito. Pero, dado el riesgo de insolvencia que puede producir un excesivo endeudamiento, debe mantenerse un equilibrio entre endeudamiento y solvencia. Es por ello que es fundamental que tengan establecidos mecanismos de medida y control del riesgo de insolvencia.
 
Para evitar dicho riesgo debería implantarse un control de señales de alarma de carácter cualitativo tales como la pérdida de posición competitiva en el mercado, la pérdida de capital humano (en especial la de personal directivo), capital organizativo (procedimiento de coordinación y cultura organizativa) y capital relacional (relaciones y alianzas con clientes, proveedores y colaboradores en general); el aumento de los costes financieros; la disminución de la cifra de negocio; los aplazamientos excesivos; las pérdidas repetitivas; el mantenimiento de existencias obsoletas; el establecimiento de avales personales; la falta de seguro de crédito; el impago de impuestos o seguros sociales. Algunas de estas señales pueden ser analizadas externamente y ello provocará una pérdida de la capacidad de endeudamiento de la empresa, pero estas u otras que se implanten, deben poder ser controladas por la propia empresa. El principal interés de los acreedores se basa en la solvencia de la empresa para no poner en riesgo su crédito. Pero, el de los socios incluye la maximización del beneficio y para conseguirlo pueden arriesgarse excesivamente. El máximo exponente se da cuando, en empresas insolventes e inviables, a veces los socios mantienen la actividad innecesariamente porque saben que si se liquida no obtendrán cuota de liquidación alguna o, en todo caso, será ínfima.
 
Recientemente el profesor Orio Amat ha desarrollado una fórmula de predicción de la insolvencia para las empresas españolas compuesta de diversos sumandos: activo circulante/pasivo circulante, patrimonio neto/activo, beneficio neto/activo, beneficio neto/patrimonio neto, con sus correspondientes coeficientes además de la constante de -3,9. Cuanto más positivo es el resultado de dicha fórmula, más solvente es la empresa. Por el contrario, cuánto más negativo es el resultado, más probabilidad de insolvencia tiene la empresa.
 
Hemos aplicado dicho predictor a las cuentas anuales anteriores a la declaración de concurso de las compañías que han concursado en las provincias de Madrid y Barcelona y lo hemos comparado con todas las compañías que depositan sus cuentas anuales. Se han distinguido dos grupos: el de aquellas compañías cuyas últimas cuentas anuales mostraban un activo superior a los diez millones de euros y aquellas cuyo activo estaba comprendido entre uno y diez millones de euros. Al aplicar la fórmula al conjunto de las compañías de Madrid y Barcelona con activo superior a diez millones de euros, se ha verificado que las medianas del primer grupo eran en Madrid de 2,44 y en Barcelona, de 2,47. En el segundo grupo, eran respectivamente de 2,06 y 2,19. En ambos casos el resultado muestra un alto nivel de solvencia. En cambio, analizando solo las cuentas anuales de las compañías que luego concursaron, se obtienen datos totalmente distintos. En el primer grupo de compañías con activo preconcursal superior a los diez millones de euros, se obtienen medianas respectivas en Madrid y Barcelona de -1,25 y -1,83. En el segundo grupo de empresas con activo comprendido entre uno y diez millones de euros, las medianas son de -1,10 y -1,47. En ambos casos ello nos indica una clara previsión de insolvencia.
 
Concluimos, pues, que esta fórmula parece tener un alto poder predictivo. Otra conclusión significativa es que, en el universo general de las compañías, las de mayor tamaño tienen un predictor de solvencia más alto (2,47 en Barcelona y 2,44 en Madrid) que las de menor tamaño. Sin embargo, si analizamos solo las compañías que acaban concursando, los resultados del predictor para las grandes compañías son peores que los de las pequeñas. Es decir, si bien las compañías grandes ofrecen en general una mayor solvencia que las pymes, las grandes compañías que concursan tenían una situación financiera peor que las pequeñas.
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Raimon Casanellas, Socio de Insolnet. Ex-presidente del REFOR del CGCEE. Posee amplia experiencia en procedimientos concursales, reconducción y viabilidad  empresarial y actúa habitualmente como administrador concursal, administrador judicial y perito en los juzgados de Barcelona. Miembro de la Junta Directiva del Colegio de Economistas de Catalunya y ex-presidente del REFOR.  Árbitro del Tribunal Arbitral Técnico de Catalunya (TATC).
 




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