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Monedas y pagos digitales: reinventarse para que todo siga igual


Las nuevas tecnologías digitales pueden ayudar a que surjan nuevas formas de dinero que articulen los pagos de forma más eficiente e integrada en nuestra vida diaria, cada vez más digital



Imagen de fondo: Un cliente escanea un código QR de Alipay para realizar un pago a través de un teléfono móvil. (EFE)
Imagen de fondo: Un cliente escanea un código QR de Alipay para realizar un pago a través de un teléfono móvil. (EFE)
Uno de los efectos indudables de la crisis del Covid-19 ha sido la aceleración de los pagos móviles y las compras a través de plataformas digitales. Esta era una tendencia en curso ya antes de la pandemia, pero la inmovilidad de los confinamientos y el cierre de establecimientos físicos han resultado ser un catalizador.
 
También antes de la pandemia empezaron a emerger opciones de dinero como el bitcoin y otras criptomonedas alternativas (hay más de 2000 emitidas en este momento), pero nunca han amenazado el sistema monetario establecido por los estados nacionales, distribuido y multiplicado por el sistema bancario. Los propios mercados de capitales de acciones, bonos, derivados siguen negociándose en las monedas de cada país, especialmente en dólar y euros entre otras monedas fuertes.
 
El primer catalizador sistémico del sistema monetario y de pagos como lo conocemos amenaza con ser el dinero emitido por empresas privadas con alcance global. Por eso el anuncio en junio de 2019 por parte de Facebook de la creación de un consorcio para lanzar su moneda digital Libra supuso un toque de atención definitivo para bancos centrales, autoridades financieras e incluso políticas, dado el carácter geopolítico que tienen las monedas estatales y el buen funcionamiento de los sistemas de pago en la política económica de un país o grupo de países, como es la zona Euro.
 
Es por esta razón que en la Fundación FIDE decidimos crear en octubre 2019 un grupo de trabajo para analizar las nuevas opciones en torno a monedas digitales y cuyas conclusiones publicaremos en septiembre 2020. Una de las primeras preguntas que nos hacíamos es precisamente si estamos ante cambios en la propia esencia del dinero, dando entrada a nuevas monedas que compiten con el dólar, euro, o el yen; o si simplemente estamos ante cambios en los soportes y formas de pago del dinero actual.
 
En este contexto, hay que recalcar que el dinero es sobre todo expresión de confianza entre comunidades de personas, y que las nuevas tecnologías digitales pueden ayudar a que surjan nuevas formas de dinero que articulen los pagos de forma más eficiente e integrada en nuestra vida diaria, cada vez más online. Un dinero nativo digital de una plataforma como Facebook puede ser muy eficiente (convirtiendo nuestros euros en Libras), si bien hay muchas preguntas que han de responderse  los reguladores antes de permitir que Libra se emita. Habrá que elegir entre grados de eficiencia y seguridad, dentro de una exigencia cada vez mayor de inmediatez en los pagos.
 
Por tanto, nuestro argumento es que el cambio en la esencia del dinero es indisoluble de las nuevas dinámicas de pago online, que además pueden acelerarse dadas las ventajas de las tecnologías blockchain, la base que soporta las nuevas criptomonedas digitales. La tecnología blockchain  o DLT permite además la programabilidad del dinero, que no es más que añadir rutinas automáticas que desencadenan operaciones relacionadas a través de smart contracts. Por hacerlo sencillo, se podría pagar una compra de vivienda contratando simultáneamente los procesos de escritura notarial, registro de la propiedad y el préstamo hipotecario. Aunque estos servicios no son aún una realidad, la historia reciente nos enseña a no despreciar la velocidad y el alcance de los cambios que aportan las nuevas tecnologías digitales.
 
Es por ello que las autoridades financieras nacionales de los países más importantes de todo el mundo y organismos internacionales como el G7 y G20, el FSB, o IOSCO  y muchos otros se han lanzado desde 2019 al análisis de las amenazas de las stablecoins globales como Libra y sobre todo a imaginar y planificar la respuesta de los bancos centrales a los retos derivados de la desigualdad en el acceso a servicios financieros eficientes, a la desaparición gradual del dinero en efectivo, al funcionamiento de los sistemas bancarios nacionales, a la fricción de los sistemas de pago internacionales y a crecientes exigencias de inmediatez e integración del dinero y los pagos en los servicios online.
 
Estas respuestas de los bancos centrales están llevando a analizar la emisión de monedas digitales de bancos centrales (en inglés, CBDC o central bank digital currencies), un dinero seguro, emitido por los bancos centrales nacionales, distribuido al público a través de redes bancarias o de otro tipo y con participación de plataformas tecnológicas (no bancarias).
 
El banco central chino (PBoC) tiene el proyecto más avanzado en parte porque el estado chino, autentico promotor de la actividad económica, lleva años realizando research iniciales al calor de sus enormes ecosistemas digitales.  Ahora está desarrollando pilotos en al menos cuatro ciudades, y el yuan digital chino será distribuido por un consorcio formado por los cuatro grandes bancos estatales, la central de tarjetas chinas Union Pay y al menos las dos grandes plataformas tecnológicas como las ramas de pago Alipay y WeChat Pay (Alibaba y Tencent). Consolidando su enorme mercado interior de 1400 millones de habitantes, el yuan digital chino intentará expandirse rápidamente al menos por el sudeste asiático incluyendo los países de la nueva ruta de la seda (Belt and Road Initiative, BRI)
 
Estados Unidos está considerando sus opciones digitales como actual moneda líder de reserva mundial y de pago y hay iniciativas como el US Digital Dollar, que propugna una colaboración público-privada para lanzar una CBDC emitida por la Reserva Federal de EEUU. La propia Facebook ha ofrecido rediseñar su oferta de lanzamiento de Libra para que esté respaldada por sólo una moneda por área monetaria. Podría lanzar una Libra-Dólar EEUU, o una Libra-Euro, lo que supondría aportar su tecnología blockchain propietaria y su enorme capacidad de diseminación a través de sus redes de Facebook, Whatsapp, Instagram. La propia Whatsapp está tratando de desarrollar funcionalidades de pago dentro de su propia aplicación, emulando la práctica de las gigantescas apps chinas.
 
En Europa, el banco central más antiguo del mundo, el Riksbank sueco ha lanzado un piloto de emisión de CBDC para sustituir a los billetes físicos, en claro declive en su sociedad frente al incremento de los pagos digitales. El banco de Francia está realizando una prueba de concepto para digitalizar con blockchain la gestión de las cuentas de los bancos comerciales en el banco central. El BCE está de momento por detrás de las iniciativas de los bancos centrales nacionales, analizando las opciones de CBDC que puede lanzar para evitar impactos indeseables en el sistema bancario, vital para la financiación de la economía europea como se ha puesto de manifiesto recientemente con la canalización de las ayudas financieras para mitigar los efectos del covid19.
 
Parece que pueden sucederse varios escenarios a futuro en el mundo del dinero y de los pagos:
 
Uno, que denominaremos escenario más fluido, donde surgen nuevas monedas, unas estatales como los CBDC, otras privadas como las stablecoins, y otras como la propia bitcoin que no son privadas sino que dependen de un algoritmo que determina su emisión y circulación, incluyendo nuevos intermediarios (decentralized finance o DeFi) que complementan a los actuales bancos e intermediarios regulados.
 
Este escenario es altamente improbable, ya que los bancos centrales, autoridades financieras internacionales y los propios estados no pueden permitir (al menos los países más importantes) los riesgos económicos y sociales que implica un mundo desregulado donde los ciudadanos no están protegidos. El creciente intervencionismo estatal producto de la pandemia limita este escenario.
 
Un segundo escenario es precisamente el que se está gestando, donde los bancos centrales mantienen el privilegio de la emisión del dinero principal (el dinero estatal), y donde el sector privado colabora en la distribución del mismo en el sistema productivo y social tanto a nivel nacional como internacional. Los intermediarios del dinero en esta nueva dimensión, bancos y otras empresas tecnológicas por hacerlo corto, aportan la tecnología y los mecanismos de control para que las operaciones sean lícitas además de la propia integración de los mecanismos de pago dentro de los distintos sistemas económicos. En este escenario veremos qué nivel de acceso a las cuentas directas en banco central existe, si es directo o intermediado, y nuevas formas digitales de dinero fiat como los CBDC.
 
También caben sin duda formas de dinero privado que estén reguladas, como la propia Libra o formas de transferencia de valor a través de internet como los criptoactivos, usando las nuevas tecnologías blockchain.
 
El desarrollo de nuevas formas de dinero y pagos va a acelerarse en los próximos meses y años, ya que a lo largo de la Historia la tecnología se ha mostrado como el motor principal de los cambios en los comportamientos de las personas. En la Europa del siglo XVII fue el papel moneda que comenzó en Suecia quien anuló la primacía de las monedas de metal en el comercio, y dio origen a la banca basada en papel moneda estatal y certificados de papel.
 
Si en el siglo XXI los servicios bancarios y financieros son totalmente digitales, el disponer de moneda propia será un activo geoestratégico para empresas y naciones. Un dinero digital, que puede ser producido de forma más descentralizada, y con capacidad de diseminación rápida y a gran escala reduce cada vez más las barreras de competencia, amenazando el sistema actual como lo conocemos. En esa pugna entre eficiencia y conveniencia de una parte, y seguridad y privacidad de la otra habrá que situar el péndulo de las autoridades reguladoras.
 
Es por ello que queda mucho trabajo por delante en este grupo de monedas digitales de la Fundación FIDE.

Enrique Titos

Consejero independiente y consultor de transformación digital. Miembro del Consejo Académico de FIDE

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