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Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa





Políticos y periodistas hacen frente a una crisis de intermediación social


El pasado 14 de febrero, abordamos en Fide el tema: Justicia, prensa y empresa, contamos para ello con Victoria Prego, Adjunta al Director de El Independiente, quien participó junto a Ignacio Astarola, Letrado de las Cortes Generales y Consultor de CMS Albiñana Suárez de Lezo, bajo la moderación de Carolina Pina, Socia responsable del Departamento de Propiedad Industrial e Intelectual, Co-responsable de las industrias de Sports & Entertainment y Media & Telecom en Garrigues.



Imagen tomada durante la sesión
Imagen tomada durante la sesión
Interacción profunda entre la pérdida de credibilidad de los medios de comunicación tradicionales y la desafección política. La irrupción de la comunicación digital y las redes sociales presiona los procesos de información y toma de decisiones desplazando a sus protagonistas clásicos, representantes políticos y periodistas. La crisis de intermediación social exige de estos autocrítica, adaptación y reafirmación en los valores.  No se vislumbra un modelo de periodismo de calidad que no sea para las élites.    

La visión de Victoria Prego sobre la evolución que experimenta en el mundo libre la relación de los tres ámbitos en juego, justicia, prensa y empresa, es pesimista.  Hemos llegado a una situación en la que peligra la credibilidad de los medios de comunicación y ello pone en riesgo la salud democrática de nuestras sociedades, que han empezado a enfermar y pueden terminar considerando a los ciudadanos como meros sujetos manipulables. Los síntomas se han acentuado recientemente como el fenómeno electoral de Donald Trump en Estados Unidos, el triunfo de las mentiras que se maquillan como postverdades, y los fenómenos políticos arrastrados por el populismo.

Los medios tradicionales están siendo desbordados por las redes sociales que imponen su filosofía: el usuario ya no necesita intermediarios para informar e informarse, y se siente dueño y señor dentro de un grupo social  que se autoalimenta con contenidos que refuerzan  sus creencias. Cualquier manipulación se puede multiplicar por miles o millones en las redes sociales de manera que los ciudadanos se ven invadido por una información sin identidad conocida y de veracidad incierta a partir de la cual deciden su voto.

¿A qué se debe la merma de credibilidad de los medios de comunicación clásicos? Victoria Prego señala a un cúmulo de factores entre los que pesan especialmente la propiedad de los medios muy influida por grandes corporaciones e intereses económicos, el que las empresas periodísticas no las dirijan periodistas, y que la propia profesión haya derivado hacia el periodismo espectáculo para mantener sus audiencias a corto plazo.

La traducción de todo ello a la política es una tendencia a pasar por encima de los procedimientos de la democracia representativa, convocando consultas directas nada democráticas, planteadas en términos plebiscitarios. Los partidos se inclinan por dar la palabra a los votantes sobre temas sobre los que los ciudadanos no tienen conocimiento y que se manejan con un fuerte componente sentimental.

En España, Victoria Prego ha visto pasar la edad de oro del periodismo en la que a los periodistas se les creía, se les respetaba y hasta se les pagaba. Los periódicos clásicos siguen perdiendo tirada aunque sus webs se mantienen bastante saludables. Pero el trabajo periodístico de calidad solo lo reciben las élites, y la gran mayoría se limita a formas de comunicación no profesionalizadas, algo así como descreer de los médicos y ponerse en manos de los curanderos. El único recurso contra ello es que los periodistas serios ejerzan su resistencia y a medio plazo el público que se sienta manipulado vuelva a darles su favor, confía la ponente.

Desde su punto de vista de jurista, Ignacio Astarloa sostiene que la crisis de la democracia representativa y la de los medios de comunicación constituyen un único paquete: o se asume que es necesario preservar las cosas  más importantes de ambas instituciones o todo se pondrá en cuestión.

Las causas de ambas crisis son comunes, razona Astarloa. Si hoy hubiera que defender los derechos humanos, la libertad y la democracia, como en la Francia de 1789, habría que concluir que donde más se violan estos principios es en la Red. La deriva en el modo de informar por parte de los medios de comunicación influye hasta en la forma en la que se imparte la justicia. En política, con la democracia participativa e incluso la democracia electrónica algunos plantean una alternativa, sustituyendo las decisiones responsables por las de alguien, no sabemos quién, que logra reducir cuestiones complejas a un mecanismo frívolo de manipulación. Ejemplos de esta situación son los recientes referendos en Gran Bretaña, en Hungría, en Italia o en Colombia,  en los que todos los convocantes han resultado derrotados.

Ignacio Astarloa  concluye que la Red constituye un nuevo poder que interfiere tanto en la política como en la economía y al que es necesario poner límites. Y para reforzar su hipótesis recuerda el trilema del profesor Dani Rodrik: soberanía, democracia y globalización son imposibles de forma simultánea.

Los asistentes al coloquio se interesan por las perspectivas de que el mundo político y el periodístico reaccionen a esta situación.  Ignacio Astarloa no se muestra pesimista: es necesario un cambio cultural profundo que refuerce lo más valioso de nuestras instituciones, pero estamos mucho mejor que en el siglo XX, cuando los populismos se lo llevaron todo por delante y provocaron dos guerras mundiales. Los sistemas y los valores están aguantando y el riesgo dependerá de que se hagan las reformas indispensables y de que los políticos no hagan populismo alternativo, que los Parlamentos legislen como es debido, evitando leyes de usar y tirar, y de que se avance en un control al Gobierno de calidad. Se apunta la gran importancia de la educación y la formación que permita asimilar los grandes cambios tecnológicos a las nuevas generaciones.

Victoria Prego no vislumbra todavía un modelo económico que garantice el futuro del periodismo de calidad. Después de haberlo dado todo gratis es muy difícil que los lectores estén dispuestos a pagar y las empresas no se atreven a pedirlo. Los medios digitales también son gratis y las ofertas de más calidad, apoyadas en suscripciones, seguirán destinadas a las élites mientras la gran audiencia optará por recursos gratuitos y por la televisión.

Se plantea la necesidad de que los medios hagan autocrítica por ceder su independencia, arrogarse en exclusiva la voz de los ciudadanos y despreciar la comunicación ciudadana. La competencia económica ha estropeado la competencia profesional y ha convertido una batalla de caballeros en una de truhanes, apunta Victoria Prego. Las nuevas tecnologías facilitan la supervivencia y la independencia de los medios digitales pero es necesaria una organización mínima para garantizar la calidad. Prospera en el debate la idea de que los medios participen de la necesaria ejemplaridad pública, hagan públicas sus fuentes de información y de ingresos y asuman una forma distinta de relacionarse con el público.

Resumen para FIDE elaborado por Julio Fernández López, Editor de la web legislativa www.parlamenta.es.

 
 




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