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Quo Vadis Humanidad

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 30/3/ 2020.-


¿Por qué pagamos tan poco a quienes nos protegen y contribuyen a nuestro progreso? ¿Acaso no son el bien más preciado de nuestra sociedad? Ciencia, medicina y seguridad.



Miro a la calle con la ventana abierta un viernes 27 de marzo de 2020. Tengo la mirada perdida en un cielo extrañamente azul para una ciudad como Madrid. Me distrae el silencio atronador de la calle. No hay coches. No hay gente. No hay ruido. No hay vida. Ni siquiera se oye el trino de pajarillos. Se habrán ido de esta ciudad infectada por el dichoso coronavirus. Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí. Pero eso da igual ahora porque lo que importa es encontrar la salida a la crisis sanitaria que nos azota, y a la económica que ha traído consigo. Ya habrá tiempo de juzgar a los responsables del desastre, al margen del bicho, que en vez de prepararse para la guerra nos abandonaron a nuestra suerte. ¿Negligentes, cobardes, mentirosos, insensatos…? Supongo que ya les llegará su hora de rendir cuentas ante una sociedad entrenada en los últimos años a no pasar ni una. ¿O acaso hemos sido víctimas de la mala suerte? Eso lo podrán decir los chinos que les pilló el asunto desprevenidos.
 
Vuelve a mi cabeza algo que ya había estado en conversaciones de sobremesa, de copas con los amigos. ¿Por qué pagamos tan poco a quienes nos protegen y contribuyen a nuestro progreso? ¿Acaso no son el bien más preciado de nuestra sociedad? Ciencia, medicina y seguridad. Sin estas tres disciplinas nuestras vidas serían frágiles, estarían expuestas. Quizá es ahora el momento de rectificar el mal camino por el que la humanidad se desliza por el primer mundo. No nos importa pagar cantidades muy elevadas de dinero por ir a un concierto, por comer en un buen restaurante, por un cuadro colgado en la pared, por ver cómo unos deportistas, muy meritorios todos ellos, sudan la camiseta mientras nosotros los observamos poniéndonos finos de calorías, por viajar más o menos cómodamente para conocer otros lugares o tumbarnos a la bartola bajo el sol ardiente y la brisa del mar. Pero nadie gastaría un euro en ver cómo se desarrolla un proyecto de investigación, cómo se presenta ante el mundo, en acudir a un auditorio donde los “locos” de la ciencia plantean sus ideas y soluciones para mejorar nuestras vidas; y solo gastaremos nuestro dinero en salud y seguridad si no queda más remedio, pues lo percibimos como un mal necesario y no como un bien imprescindible. Aunque peor que todo eso es que a nuestros gobiernos no les importa derrochar cantidades astronómicas para pagar sueldos a una horda de cargos políticos innecesarios que no aportan nada, que ahora están en sus casas cagados de miedo, como todos. Perdón por lo de “cagados”, pero es la palabra que mejor expresa nuestro estado de ánimo. Los valientes están salvando vidas, exponiendo las suyas, intentando luchar con escasos medios contra la pandemia. Pero ganan cantidades ridículas en comparación con ellos, en comparación con el mundo lúdico. Habría que llenarles los bolsillos de dinero cuando pase esto, a ellos y a toda la infraestructura y medios que necesitan para cuidar a los que les damos la espalda en circunstancias normales, hasta que llega una plaga como la del coronavirus que nos abre los ojos y nos saca al balcón todos los días a la misma hora de la noche a rompernos las manos aplaudiendo su gallardía, que se ha convertido en heroicidad. Ahora nos damos cuenta de su valía.
 
Se me ocurren algunas ideas. Debería crearse un nuevo impuesto para sufragar los gastos e inversión en esas tres facetas, ciencia, medicina y seguridad. Sería un impuesto que solo pagarían los cargos políticos de todo el Estado que superasen una cantidad mínima de salario, entre ellos se encontrarían, lógicamente, el presidente del gobierno y los de todas las Comunidades Autónomas, los ministros, consejeros, delegados del gobierno, sus lujosos asesores, etc., etc., y también el jefe del Estado. Todos a arrimar el hombro. Especialmente ellos, pues cuando vienen mal dadas, a ellos no les afecta. Somos los demás los que pagamos los platos rotos. También debería aplicarse el mismo impuesto, o similar, sobre toda actividad lúdica que generase unos ingresos mínimos. ¿No pagamos un euro de tasa turística en muchas ciudades? Pues lo mismo para la ciencia, medicina y seguridad. Aunque un euro se antoja poca cosa. ¡Deberían ser unos cuantos! Seguro que con estas medidas recaudamos cientos o miles de millones de euros. Es imprescindible, es acuciante que, a esa vanguardia de nuestra sociedad, los que están en primera línea cuando las cosas se ponen feas, no les falte de nada. Pero no nos olvidemos de las líneas de abastecimiento y quienes las propician. Agricultores, transportistas y tenderos. Otros valientes imprescindibles en este tiempo de tribulaciones. Más dinero para ellos, pues también son jabatos y también son imprescindibles. Y, por favor, dejemos de subvencionar chorradas de proyectos que satisfacen las ensoñaciones de unos pocos en detrimento del conjunto de la sociedad y destinemos ese dinero a nuestros bienes más preciados, los valientes mencionados.
 
Y ya para terminar, los medios de comunicación deberían hacer examen de conciencia. Ahí lo dejo.


Madrid, 30/3/ 2020.-
 

Pedro Merino Baylos

Socio de Baylos

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