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Reflexiones a propósito de la crisis sanitaria


Ciertamente, el mundo superará la emergencia sanitaria y, gradualmente, el desequilibrio económico que la misma está produciendo a nivel global.



Personal sanitario a las puertas del Hospital Clínic de Barcelona agradeciendo los aplausos que les dedican a diario los ciudadanos (NACHO DOCE / Reuters)
Personal sanitario a las puertas del Hospital Clínic de Barcelona agradeciendo los aplausos que les dedican a diario los ciudadanos (NACHO DOCE / Reuters)
La aparente velocidad con la que la crisis sanitaria ha golpeado a España y al resto de países nos ha sumido en el desconcierto y la angustia. La cotidianeidad sobre la que hemos construido nuestras vidas nos exige certeza y, de forma repentina, nos vemos inmersos en la confusión y en la ausencia de un horizonte nítido.
 
Ciertamente, el mundo superará la emergencia sanitaria y, gradualmente, el desequilibrio económico que la misma está produciendo a nivel global. Sin embargo, no podemos caer en la ingenuidad de creer que la realidad post COVID-19 será la misma. Como sociedad global habremos cambiado y este, en mi opinión, es un buen momento para conjurar las amenazas de cambio a peor y para aprovechar las oportunidades de mejora.
 
La alternativa a la democracia liberal y a la globalización, con divergente representación en el mundo, pero con amplia presencia en todo caso, verán en esta crisis la ocasión para su expansión. El autoritarismo y el repliegue nacional son una amenaza más real que nunca y tratarán de imponer su agenda en estos meses, vitales para el conjunto de Europa y del mundo occidental.
 
Bajo estas premisas, ¿cómo afrontar el reto?
 
Empecemos por incidir en que, tal y como acertadamente han trasladado las autoridades, el virus no discrimina entre territorios. Puede parecer una obviedad, pero resulta esencial hacer pedagogía sobre esta cuestión. Aunque el virus se transmite de persona a persona, la vida en comunidad ha propiciado que algunos países o regiones resulten más golpeados que otros. Existe un peligro cierto de que se produzca un repunte de xenofobia o racismo con consecuencias imprevisibles a corto y medio plazo y con nuestros propios gestos individuales contribuimos a fomentarlo o a erradicarlo.
 
En segundo lugar, el mantenimiento del orden público no es posible si la ciudadanía no confía en las instituciones y en el mensaje de seguridad que estas le trasladan. Desde este punto de vista, resulta esencial el apoyo a los distintos gobiernos competentes, la unidad de fuerzas políticas y la coordinación entre administraciones. La deslealtad institucional o la falta de cooperación administrativa por motivos partidistas o electorales únicamente socava la credibilidad del conjunto del sistema y es caldo de cultivo para el desorden.
 
El tercer elemento a tener en cuenta debe ser la multilateralidad. Habiendo construido un preciado sistema de libertad de movimientos para personas y mercancías en Europa, la naturaleza de esta crisis nos obliga a aplicar excepciones a estos principios para evitar la propagación del virus. Ahora bien, ello no implica desecharlos. Actuemos, en la medida de lo posible, de forma multilateral y no unilateral, global y no nacional. Reconozcamos el enorme tesoro europeo que erigimos las pasadas décadas y, cuando las restricciones desaparezcan, fortalezcamos las soluciones cosmopolitas y abandonemos cualquier tentación aislacionista.
 
La cuarta reflexión debe girar sobre la oportunidad. El cambio dramático en nuestra forma de vida al que nos obliga la emergencia sanitaria es, al mismo tiempo, una valiosa oportunidad para impulsar transformaciones positivas y desechar viejas rutinas que, con el aprendizaje de esta etapa, se revelen inútiles. Promovamos como plan ambicioso y organizado el teletrabajo, consolidemos las iniciativas de cooperación social altruista, proporcionemos herramientas para estimular la responsabilidad social corporativa. En definitiva, hagamos un esfuerzo colectivo por evitar que el profundo dolor que sufrimos estos días sea en vano.  
 
En síntesis, grandes cambios sociales producidos a lo largo de la Historia no han venido dados por el reformismo gradualista sino como reacción a crisis de gran impacto y procesos imprevistos de gran rapidez. Nos encontramos a las puertas de un nuevo ciclo político y social y de nosotros como individuos y como sociedad depende la preservación de nuestra democracia, libertad, derechos y bienestar.

 
Madrid, 18/3/2020

Javier Alemán Uris

Jurista y Politólogo.




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