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Refugiados e inmigrantes en la Europa del siglo XXI, por Francisco Pleite Guadamillas


Una de las preocupaciones que más inquietan a los europeos es la llegada de inmigrantes y refugiados. Europa debe mirar más allá de sus fronteras y no permanecer inmóvil ante las consecuencias de la globalización y los conflictos bélicos, pues se verá arrastrada por ellas.



En este siglo cada vez más personas viven alejadas de sus países, los refugiados e inmigrantes forman una parte importante de la población de las ciudades de Europa, Estados Unidos y Asia. Mientras que el inmigrante, simplemente, busca mejorar sus condiciones de vida en otro país, el refugiado abandona el suyo obligado y no puede regresar por temor a sufrir persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad o pertenencia a un grupo social. Los refugiados huyen para salvar sus vidas o preservar su libertad y, a diferencia de los emigrantes, tienen derecho a pedir asilo siempre y cuando puedan demostrar que provienen de un país en conflicto donde las circunstancias le obligan a buscar refugio. Así se afirma en el Estatuto del Refugiado de la Naciones Unidas (ONU) de 1951.
 
Una de las preocupaciones que más inquietan a los europeos es la llegada de inmigrantes y refugiados. Las encuestas que se recogen en el Eurobarómetro así lo reflejan. El espacio político está cada vez más ocupado por los temas relacionados con la inmigración. La Comisión europea y el Consejo de Europa celebran en ocasiones cumbres con un solo tema en la agenda: la denominada “crisis” de los refugiados. El Parlamento europeo legisla sobre los extranjeros y aprueba la existencia de centros para su internamiento y retorno. Los medios de comunicación se hacen eco de las noticias de naufragios en el Mar Mediterráneo y su rescate.   Miles de personas se manifiestan en contra de su acogida y otros claman por recibirlos. Los países discuten por su distribución, mostrándose algunos reacios a acogerlos. Hay partidos políticos que proponen cerrar fronteras y deportar. El Brexit giró sobre la apelación al nacionalismo británico y el no a los extranjeros. Al otro lado del Atlántico, en EEUU, las propuestas de expulsión de inmigrantes fueron claves para la victoria electoral republicana. 
 
Desde la Segunda Guerra Mundial nunca han existido tantos refugiados como en estas décadas de inicio de siglo, más de 60 millones según Acnur. Millones de desplazados se hacinan en campos mientras esperan que se solucione su futuro, muchos deciden ponerse en marcha hacia Europa.
 
La globalización favorece un mundo interconectado, las comunicaciones contribuyen al desplazamiento de personas.  Millones de personas en países con alta natalidad viven en pésimas condiciones.  El norte de África será uno de las zonas de la Tierra con más pobreza y donde más crecerá la población. Muchos serán los tentados a cruzar el desierto, llegar a las costas del Mar Mediterráneo y adentrase en la aventura de alcanzar la anhelada Europa. 
 
En este siglo el fuerte crecimiento demográfico en algunos países, precisamente los más pobres, empujará a muchos ciudadanos a emigrar a otras tierras. El planeta Tierra, que cuenta con unos 7 300 millones de habitantes, alcanzará los 8 500 millones en 2030 y los 9 700 millones en 2050, según el informe de Revisión de las Perspectivas de Población Mundial.  Para el año 2100, la población mundial será de 11 200 millones de personas, debido principalmente al crecimiento demográfico en los países en vías de desarrollo, un fenómeno que presenta importantes problemas, según la ONU, haciendo más difícil erradicar la pobreza y la desigualdad, combatir el hambre y la malnutrición y ampliar el acceso a la educación y los sistemas de salud. En solo siete años, la India superará a China como el país más poblado del mundo, con unos 1 400 millones de habitantes, un puesto que consolidará en las siguientes décadas. Mientras, Nigeria, el mayor país de África, con 182 millones de personas, pasará de ser el séptimo estado del mundo en población a convertirse en el tercero. Para 2050, Nigeria tendrá casi 400 millones de habitantes, superando a Estados Unidos, donde la población pasará de los cerca de 322 millones actuales a unos 389 millones. Con la mayor tasa de crecimiento demográfico, África aportará más de la mitad del aumento de la población mundial entre 2015 y 2050. En conjunto, África pasará de tener 1 186 millones de habitantes hoy a 2 478 millones en 2050 y unos 4 387 millones en el año 2100. Por su parte, en Europa se dará un envejecimiento de la población muy acusado, ya que el 34% de la población tendrá más de 60 años en 2050, lo que reducirá el total de habitantes de 738 millones en la actualidad a 707 para entonces.

El número de migrantes en el mundo aumentó un 41 % en los últimos quince años y alcanzaba en 2016 los 244 millones de personas, según cifras de las ONU. Europa es el mayor destino de migrantes del planeta, con unos 76 millones, seguido por Asia, que acoge a 75 millones. Por su parte, Norteamérica recibe 54 millones, África 21, Latinoamérica y el Caribe 9 y Oceanía 8. Además de tener las mayores poblaciones inmigrantes, Europa y Asia son los continentes donde el número ha crecido más en los últimos quince años. Según los datos de la ONU, el ritmo de aumento del número de migrantes en el mundo en ese periodo ha sido mayor que el del crecimiento de la población, por lo que actualmente el 3,3 % de los habitantes del mundo viven en el extranjero, frente al 2,8 % que lo hacían en el año 2000.

Según datos de Eurostat el número de nacionales de un tercer país que a 1 de enero de 2017 residían en un Estado miembro de la UE era de 21,6 millones, lo que representa el 4,2 % de la población de la EU-28. Por otra parte, 16,9 millones de personas que a 1 de enero de 2017 vivían en uno de los Estados miembros de la UE eran nacionales de otro Estado miembro de la UE. En relación con el país de nacimiento, a 1 de enero de 2017, residían en un Estado miembro de la UE 36,9 millones de personas nacidas fuera de la EU-28 , mientras que 20,4 millones habían nacido en un Estado miembro de la UE diferente de aquel en el que residían. Solo en Hungría, Irlanda, Luxemburgo, Eslovaquia y Chipre el número de personas nacidas en otros Estados miembros de la UE fue superior al número de personas nacidas fuera de la EU-28. En términos absolutos, el mayor número de no nacionales que a 1 de enero de 2017 vivían en la UE se registró en Alemania (9,2 millones de personas), Reino Unido (6,1 millones), Italia (5,0 millones), Francia (4,6 millones) y España (4,4 millones). Los extranjeros en estos cinco Estados miembros representaron colectivamente el 76 % del número total de extranjeros que vivían en todos los Estados miembros de la UE, mientras que esos cinco Estados miembros tenían un 63 % de la población de la EU-28. Un análisis de la estructura de edad de la población muestra que, en el conjunto de la EU-28, la población extranjera era más joven que la población nacional. Los inmigrantes en los Estados miembros de la UE en 2016 eran, de media, mucho más jóvenes que la población total ya residente en su país de destino. A 1 de enero de 2017, la mediana de edad de la población total de la EU-28 era de 42,9 años, mientras que la de los inmigrantes a la EU-28 fue de 27,9 años en 2016.

La inmigración puede crear efectos beneficiosos en la sociedad europea y ser una oportunidad para el país de acogida más que un problema. Debido al declive de la natalidad, Europa está necesitada de gente joven. La inmigración reactiva la economía de un país y produce efectos económicos favorables tanto en el país de salida como en el de acogida. La emigración hace más dinámica una sociedad y la enriquece si se canaliza adecuadamente.  Europa envejece y languidece lentamente a la vez que pierde población en edad de trabajar a pasos agigantados. La esperanza de vida aumenta. Los estados tienen que afrontar cada vez un mayor coste de las pensiones. Las defunciones superarán a los nacimientos. Según un informe de la Comisión Europea de 2015, estimaba que el envejecimiento de la población aumentará y el empleo caerá ininterrumpidamente entre 2010 y 2060. La población en edad de trabajar (20-64) está cayendo ya desde 2010 y caerá de 310 millones en 2010 a 260 millones en 2060, es decir 50 millones menos, con lo cual se podrá producir la quiebra de los sistemas de pensiones. Europa necesita inmigración en vez de políticas restrictivas que supondrán el declive de la economía frente a sociedades más dinámicas y con ello el final del bienestar alcanzado. Europa se puede convertir en un bello museo habitado por ancianos que se miran diariamente al espejo recordando los felices que fueron.

Respecto a los refugiados España fue el tercer país de la Unión Europea con más peticiones de asilo por resolver en 2018, con un total de 78.700 solicitudes pendientes, que representaban un 9% del total, por detrás de Alemania (384.800 solicitudes, un 44%) e Italia (103.000 solicitudes, un 12%), según los datos publicados por la oficina europea de estadística Eurostat. En total, al final del pasado año había 878.600 solicitudes de asilo pendientes de resolver en todo el bloque comunitario. Alemania también fue el país con más peticiones de asilo nuevas en toda la UE, con 161.900 solicitudes en 2018, que representaban el 28% de todas las nuevas solicitudes. Tras Alemania se situaron Francia (110.500 peticiones, un 19%) y Grecia (65.000 peticiones, un 11%). España ocupó el cuarto lugar de los países con más peticiones de asilo en 2018, con un total de 52.730 solicitudes (un 9% del total). Es necesario reformar el Sistema Europeo Común de Asilo. La mayor controversia se centra en la reforma que se quiere hacer a la Convención de Dublín, en la que cada Estado se responsabiliza de los inmigrantes que pisan por primera vez Europa en su país. Naciones como Italia o Grecia, en las fronteras exteriores de la Unión Europea, tuvieron que hacer frente a la llegada masiva de cientos de miles de personas y piden más solidaridad.

Los datos estadísticos muestran que la población extranjera va adquiriendo relevancia en Europa y que su presencia en los países se distribuye de forma desigual. Una Europa anciana se va nutriendo de jóvenes inmigrantes. Estos años se ha producido un fuerte aumento de refugiados por el conflicto sirio y se ha intensificado la llegada de inmigrantes económicos a las costas de Italia y España que soportan la presión migratoria del norte de África. Estos países han solicitado la solidaridad de los europeos, puesto que no es un problema que les atañe exclusivamente a ellos por ser frontera, sino a toda Europa, lo que exige que ante la escalada de inmigrantes que cruzan el Mar Mediterráneo se adopten medidas, máxime pensando en los años venideros pueden hacer que la situación humanitaria sea insostenible.

Es evidente que los africanos miran hacia Europa y que en el norte de África se esta preparando la tormenta perfecta que puede amenazar a Europa, pobreza y explosión demográfica, unido a la desestabilización política producida por estados fallidos como Libia y el terrorismo de Sahel puede ocasionar el desplazamiento de millones de personas. Además, los efectos del cambio climático pueden obligar a los habitantes de Sudan, Somalia o Etiopia a abandonar sus tierras. En un estudio realizado por el Overseas Development Institute (ODI), se afirma que en el África Subsahariana, una de las regiones más pobres del mundo, se prevé que en 2030 esta región de África contará con 144 millones de niños que vivirán bajo el umbral de la extrema pobreza, contando para su subsistencia con tan solo un euro al día, y conformarán el 43 % de la población más pobre a nivel global. Stephen Smith, autor de 'Huida hacia Europa' expone la tesis que mientras Europa envejece y se despuebla, África crece y rebosa de jóvenes: un 40% de sus habitantes tiene hoy menos de 15 años. Afirma que todo desembocará en una oleada masiva de inmigrantes africanos hacia Europa que hará que dentro 30 años en el Viejo Continente se cuenten entre 150 y 200 millones de africanos, frente a los nueve que hay hoy. Sólo a España se calcula podrían llegar nueve millones de subsaharianos en los próximos 20 años. Según datos del Ministerio de Interior el numero de inmigrantes llegados irregularmente a España en 2017 ascendió a 27 834 y en 2018 a 64 298 de los que 57 498 lo hicieron a través de embarcaciones. Este fuerte aumento experimentado el año pasado esta muy lejos de las cifras que proporciona Stephen Smith que supondría una llegada anual de 450 000 inmigrantes.

El Consejo Europeo del 28 de junio de 2018, presionado por Italia, no llego a resultados prácticos sino que se limito a realizar declaraciones tratando de arropar a Italia. No se aprobó una necesaria reforma del sistema europeo de asilo, pero como dato positivo se puso sobre la mesa la gravedad del desafío migratorio y de su impacto en la existencia de la UE. El Consejo Europeo propuso mantener y reforzar la actuación para evitar que se reanude la afluencia descontrolada de 2015, y a seguir conteniendo la migración ilegal en todas las rutas existentes y que puedan abrirse. Se potencia el control efectivo de las fronteras exteriores de la UE con apoyo financiero y material de la UE. Subraya también que es necesario aumentar considerablemente los retornos efectivos de migrantes irregulares. Se acoge favorablemente la intención de la Comisión de presentar propuestas legislativas para formular una política de retornos europea más efectiva y coherente. En relación con la ruta del Mediterráneo central, se trata de poner freno a los traficantes de personas que operan desde Libia u otros lugares. Asimismo, se intensificará el apoyo al Sahel, a la guardia costera de Libia y a las comunidades del litoral y del sur. Otro acuerdo es incrementar la cooperación con África, aumentar la financiación para el desarrollo y la inversión privada tanto de africanos como de europeos. El Consejo Europeo hace un llamamiento para que siga desarrollándose y promoviéndose.

Estas propuestas marcan una línea pero son insuficientes para abordar el verdadero reto que supone la llegada de refugiados y de inmigrantes. Europa debe mirar más allá de sus fronteras y no permanecer inmóvil ante las consecuencias de la globalización y los conflictos bélicos, pues se verá arrastrada por ellas. Aunque no puede solucionar la desigualdad y las guerras, si debe intentar promover soluciones a los conflictos y elaborar planes de ayuda a los refugiados. Destinar recursos a combatir la pobreza y la desigualdad en los países con políticas eficaces de desarrollo. Poner en marcha planes de emergencia de lucha contra el hambre en las zonas más pobres, donde el cambio climático hace estragos. Establecer planes para una llegada ordenada de inmigrantes. La inmigración debe ser concebida como una oportunidad tanto para el migrante como para quien le acoge. Estos son los verdaderos problemas que se deben afrontar. Europa bloqueo a tres millones de refugiados de Oriente Medio en Turquía, y al menos a 600.000 inmigrantes subsaharianos en Libia. Se han levantado verjas en muchos lugares y se han firmado muchas «convenciones de inmigración» -acuerdos para pagar por la retención de inmigrantes- con varios estados africanos. Estas políticas plantean problemas éticos y aplazan la toma de decisiones, la presión migratoria seguirá en aumento y las fronteras no podrán sostener a los millones de personas que se abalancen sobre ellas. Ante la llegada de inmigrantes y refugiados la solución no es levantar muros.

Francisco Pleite Guadamillas

Magistrado y doctor en Derecho, autor del libro “Europa, entre el miedo y la hospitalidad”




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