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Regulación y (des) información: ¿qué es lo que tiene que ver el coronavirus con esto?


Los datos son materia bruta que, transformada y tratada, genera conocimiento. Hay que ver si este proceso transformador presenta distorsiones que necesitan de intervención regulatoria. Casos como Cambridge Analytics nos dicen que así es.



Regulación y (des) información: ¿qué es lo que tiene que ver el coronavirus con esto?
En un mundo post Cambridge Analytics, en el que el Brexit ya es una realidad y el populismo político se afirma como el status quo,  es hoy una cuestión no discutida que los datos son más que un conjunto de información sin relevancia. Los datos han adquirido un enorme valor y la 4ª revolución industrial se centra fundamentalmente en la digitalización de la economía y en fenómenos como el big data y el data analytics.

Una de las reflexiones de esta Economía de los Datos es el hecho de las plataformas over the top, como Netflix, Spotify o Disney, que disponen de recursos que les permiten prever y anticipar los contenidos que nosotros, usuarios, queremos consumir. Los datos que proporcionamos les permiten trazar nuestro perfil de consumo, ya sea para uso propio, ya sea para comercializar a terceros, promoviendo una práctica de monetarización de los datos. Muchos modelos de negocio han sido construidos en torno al tratamiento de estos datos, llevando a la opinión pública a asumir que el individuo y la monetarización de sus datos personales (cualquier “información relativa a una persona viva, identificada o identificable”, en la acepción de la ley) se convertirían en el principal producto transaccional para los gigantes tecnológicos.

No nos equivoquemos, pues existen otros muchos con valor económico real. El Internet trajo consigo la posibilidad de que los datos sean generados y lanzados a la cadena de valor a una velocidad vertiginosa.

Los datos son materia bruta que, transformada y tratada, genera conocimiento. Hay que ver si este proceso transformador presenta distorsiones que necesitan de intervención regulatoria. Casos como Cambridge Analytics nos dicen que así es.

Una parte del problema tiene solución, porque el tratamiento de los datos personales es hoy objeto de fuerte protección e intervención. Integrándolos en el núcleo de la esfera de reserva de la vida privada de un individuo, son imprescindibles la dignidad de la persona humana y merecen una elevada protección jurídica. Pero no podemos hablar de una armonización de esta protección porque, si comparamos con la normativa vigente en los Estados miembros de la UE, muchos ordenamientos no confieren una tutela con la misma intensidad (pensemos en los EE.UU y en la Patriot Act) o en la misma densidad normativa, como en muchos países africanos en los que, o no existe legislación acerca de esta materia, o todavía está en fase de elaboración o de aprobación.

Pero, cuando pensamos en las fake news que ya leemos desde el inicio del brote del coronavirus, llegamos a la conclusión de que los legisladores y los reguladores tienen un grave problema por tratar: la desinformación generada por el tratamiento de los datos que las entidades movidas por intereses desconocidos lanzan al dominio público y que puede tener efectos desastrosos, como pánico, xenofobia e incluso actuaciones susceptibles de poner en peligro nuestro bienestar físico a escala global.

¿Seremos rehenes de los productores de contenidos online anónimos?  En principio, no, porque hoy ya existen mecanismos regulatorios en varios sectores en los cuales los Reguladores se pueden inspirar.

Primero, hay que establecer mecanismos de control de la calidad de los datos; segundo, analizar el mercado de las plataformas agregadoras de contenidos digitales y sus circunstancias de funcionamiento, para detectar eventuales distorsiones; tercero, es necesario saber si existen asimetrías de información entre quien genera los datos y quien los recoge para su tratamiento y, entre estos y quien consume la información producida, y cómo mitigarlas; cuarto, es preciso saber si hay necesidades de implementar mecanismos de control del flujo de datos, en particular transfronterizo, cuando las reglas jurídicas son dispares en relación al tratamiento de este tema.

Los principales desafíos serán la territorialidad (la información intercambiada en el ámbito de la conectividad internacional, “tierra de nadie” a nivel regulatorio) y encontrar el equilibrio para que el mercado continúe funcionando sin que se ponga en una situación de emergencia, y la efervescencia de la Economía de los Datos, tan esencial para el desarrollo de mercados como los africanos, en los cuales las startups comienzan a tener notoriedad y donde los datos pueden asumir el papel de potenciadores económicos en la próxima década.
 
Nádia da Costa Ribeiro, Of Counsel de Broseta Abogados

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Martes, 25 de Agosto 2020 - 16:25 Despedida




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