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Rigor, sensibilidad y valentía en el mercado financiero


La situación de emergencia sanitaria generada por el virus COVID-19 está provocando un tremendo impacto en la actividad económica de prácticamente todas las empresas y sectores del país.



Caída del Ibex 35, vista en las pantallas del Palacio de la Bolsa de Madrid. EFE
Caída del Ibex 35, vista en las pantallas del Palacio de la Bolsa de Madrid. EFE
La situación de emergencia sanitaria generada por el virus COVID-19 está provocando un tremendo impacto (cuyo alcance concreto, probablemente, no conoceremos hasta que se recupere la normalidad) en la actividad económica de prácticamente todas las empresas y sectores del país.
 
En este sentido, el Gobierno ya ha empezado a adoptar (y probablemente seguirá adoptando a lo largo de semanas y meses) medidas excepcionales para intentar paliar, en la medida de lo posible, las consecuencias que esta crisis va a tener para los ciudadanos y empresas que operan en España: medidas como la suspensión de plazos para cumplir obligaciones previstas en la normativa mercantil (formulación o aprobación de Cuentas Anuales, por ejemplo), la suspensión del plazo para la solicitud de concurso de acreedores, moratoria hipotecaria y prohibición de corte de suministros básicos a personas en situación de vulnerabilidad, etc.
 
Sin embargo, más allá de estas medidas, la resolución de esta crisis dependerá en gran medida de la actuación, durante los próximos meses, de los dos principales actores del mercado financiero: las entidades financieras, por un lado, y sus clientes (fundamentalmente, empresas y consumidores, por otro).
 
Empezando por los últimos, es muy probable que en los próximos meses veamos una caída generalizada de la demanda excepto, quizá, en bienes de primera necesidad; en parte provocada por la incertidumbre que llevará a los consumidores y clientes a demorar lo más posible sus decisiones de gasto y a intentar adquirir sólo lo realmente imprescindible, y en parte por la falta de oferta (al haberse cerrado, por imperativo del estado de alarma, todos los establecimientos que no ofrecen servicios o productos esenciales). A esto habrá que unir un panorama generalizado de inestabilidad laboral (sólo en los últimos tres días se han anunciado ERTEs que afectan a decenas de miles de trabajadores).
 
No hay que ser muy perspicaz para concluir que, en el corto plazo, muchos deudores se van a ver incapacitados para atender sus obligaciones frente a las entidades financieras.
 
Por ello, es imprescindible que los deudores que no se vean en esa situación sigan cumpliendo puntualmente sus obligaciones frente a los bancos, no sólo porque están legalmente obligados a ello sino, y sobre todo, porque es una muestra de solidaridad con quienes no podrán hacerlo. Todos los ciudadanos y empresas deben hacer un esfuerzo, y en contraprestación las entidades financieras deberían ser particularmente sensibles a la hora de valorar y conceder solicitudes de moratorias o reestructuraciones de pagos que permitan evitar la ruina de deudores de buena fe, que se han visto sorprendidos por las circunstancias.
 
Por su parte, los poderes públicos deberían fomentar esa sensibilidad, mediante: (i) un tratamiento acorde en materia de provisiones contables de las entidades financieras; (ii) un régimen fiscal que evite la tributación cuando se reestructuren préstamos hipotecarios, superando la actual doctrina restrictiva de la Dirección General de Tributos que limita la aplicación de las exenciones legalmente previstas a supuestos muy específicos; (iii) un programa de apoyo concreto a los deudores, mediante avales públicos o líneas extraordinarias de financiación de circulante (p.e. descontando facturas impagadas por otros deudores afectados por la crisis); y (iv) garantizando que las entidades financieras cuentan con suficientes recursos propios, aportándolos en caso necesario a través, preferentemente, de híbridos de capital suscritos por el FROB o el FGD.
 
En resumen, rigor, sensibilidad y valentía. Sólo una adecuada combinación de estas cualidades nos permitirá minimizar el impacto de esta crisis y salir de ella en condiciones de recuperar en breve la situación anterior a la misma.
 

Madrid, 18/3/2020.-

Miguel Navarro Máñez

Rigor, sensibilidad y valentía en el mercado financiero
Abogado. Socio, Broseta Abogados. (Derecho Mercantil, Bancario y Financiero). Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia. Doctorando en Derecho Internacional Privado. Ex Colaborador del Departamento de Derecho Internacional Privado en la Universidad de Asunción (Paraguay).

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