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Simbiosis entre la economía y la salud

Reflexiones Sociedad Civil.Madrid, 30/3/2020.-


Estamos ante el mayor reto acontecido desde la guerra civil: demostrar que somos una sociedad capaz de aprender de los dramas, al tiempo que avanza con inteligencia, trabajo infatigable, y solidaridad.



Cuando todavía estamos inmersos en la crisis sanitaria y económica, podemos afirmar categóricamente que el mundo va a cambiar en muchos aspectos a partir de esta experiencia tan traumática.
 
En la cruzada que, desde la Fundación María Jesús Soto, venimos llevando a cabo hace años, siempre nos gusta utilizar el símil entre la economía y la salud para explicar conceptos económicos, para que así nos entiendan hasta los más jóvenes de la casa.
 
El objetivo fundamental de nuestra labor se basa en evitar las quiebras de las familias, las empresas, y los Estados, que sería comparable a evitar la muerte física de las personas. Para ello, creemos necesaria la educación básica en economía, finanzas y emprendimiento.
 
Nos gusta recordar que hace falta poner en práctica hábitos saludables desde niños, para que la toma de decisiones con impacto económico en nuestras vidas sea adecuada para nosotros, y, por supuesto, también para la sociedad en la que vivimos. Con ese aprendizaje gradual, conseguiremos jóvenes y adultos en los que prime el sentido de la responsabilidad en todo lo que hacen, ayudando con ello a su bienestar personal y social.
 
Si todo esto lo trasladamos a la pandemia que estamos sufriendo con el coronavirus en el mundo, lo podríamos asemejar a nuestro sentido de la responsabilidad al poner en práctica las recomendaciones de higiene y salud personal que nos hacen las autoridades sanitarias para evitar el contagio. ¿Cómo se podría esperar que la población cumpliera las instrucciones sanitarias si, por ejemplo, no supiera cómo lavarse correctamente las manos, mantener la cuarentena y la distancia mínima entre las personas, o ponerse y quitarse correctamente la mascarilla y los guantes para evitar la infección? Sin duda, estas medidas que hoy parecen casi absurdas por conocidas y superadas por el conjunto de la población, hubiesen sido conocimientos muy valiosos en la Edad Media, cuando las medidas higiénicas eran casi nulas.
 
El impacto económico de la situación de confinamiento de millones de personas en el mundo no tiene parangón en la historia. Nunca se ha enfrentado el mundo a una situación como esta. Para evitar las quiebras de familias y empresas, es decir, su muerte financiera, las instituciones financieras y los gobiernos mundiales están redoblando sus esfuerzos para ayudar, al tiempo que dan instrucciones a los agentes económicos, avisando de que nos encontramos ante una economía de guerra.
 
Pero… ¿cuántos ciudadanos son capaces de entender el concepto “economía de guerra”? ¿Cuántos van a ser capaces de tomar las decisiones correctas para que no quiebren sus familias y sus empresas, o incluso los países que gestionan? ¿Cuántos van a entender los sacrificios que será necesario realizar para reconstruir los daños económicos que se van a provocar? La cuantificación de la respuesta será directamente proporcional a los conocimientos básicos de economía que tengan los ciudadanos en el mundo y, en este punto, en conocimientos de economía, podríamos decir que estamos como estaban en la Edad Media con las medidas de higiene y salud personal: nos faltan esos valiosos conocimientos.
 
Los daños que ahora se van a provocar en las economías y, sobre todo, la deuda que van a tener que pagar las generaciones futuras, sin duda serán parecidos a los de una destructiva guerra. Las ayudas económicas que se van a recibir engrosarán la ya enorme cantidad de deuda que había emitida en el mundo, y, como ha ocurrido en otras posguerras, podemos constatar que, quienes ahora prestan dinero a los países que lo necesitan, van a pedir que les sea devuelto con intereses. Puede que se alargue el plazo de devolución a varias décadas y cómodos plazos, pero la devolución habrá que hacerla, y este hecho va a tener impacto en la economía en general, en la española en particular, y, por ende, en nuestras economías domésticas.
 
Si a ello unimos que los expertos vaticinan que estas situaciones pueden repetirse en el futuro, deberíamos aprender mucho de la pandemia actual, para evitar que otra pueda ser aún de peores consecuencias, tanto en pérdida de vidas humanas, como en impacto económico.
 
Ante esta realidad, ¿qué medidas concretas van a proponer y adoptar los Gobiernos para proteger a sus ciudadanos? Y los ciudadanos, ¿qué van a exigir como principales damnificados? Los responsables de educación ¿se darán cuenta de que sin educación económica básica, las futuras generaciones apenas tendrán herramientas de gestión y administración de recursos que les permitan protegerse y superar los daños económicos?
 
Cuando todo esto pase y llegue el momento de la reconstrucción, ¿quiénes habrán sido y serán los héroes y villanos de esta “guerra”? Será el momento de analizar lo ocurrido, y conocer el grado de responsabilidad de cada uno y su respuesta ante la sociedad.
 
Será el momento de agradecer una vez más, y aplaudir, como ahora hacemos a diario, la labor realizada por los sanitarios y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado por haber estado en primera línea de lucha contra las consecuencias mortales del virus, y al sector privado, por su ayuda y solidaridad facilitando la llegada de recursos, luchando por conservar sus empresas y sus puestos de trabajo.
 
Será también la hora de saber quiénes serán los valientes que enfrenten esa reconstrucción, arriesgando y aportando lo mejor de sí mismos, poniendo en evidencia a quienes la utilicen en beneficio propio, con mentiras y engaños. En ese decisivo momento, el sector público debería facilitar la recuperación del sector privado, ayudar en su fortalecimiento, y hacerlo sin dar falsas esperanzas a la sociedad, siendo humildes y reconociendo ante los ciudadanos que no tiene la capacidad todopoderosa de proteger sus vidas y sus patrimonios. La sociedad ha de aprender de lo ocurrido.
 
Los sacrificios deberán venir de todas las personas y de todos los sectores, con una solidaridad como nunca antes se haya visto. Si cada uno mira solo lo suyo y no se sacrifica por el bien común, la recuperación será imposible y los daños sociales cuantiosos.
 
¿Quiénes serán los héroes y quiénes los villanos? Toda realidad social los tiene y el pueblo sabrá distinguir a unos de otros.
 
Será decisivo, para poder ayudar a los más desfavorecidos, saber exactamente quiénes son y conocer sus necesidades. Habrá que enseñar a pescar a muchos, en lugar de dar peces sin exigir nada a cambio, como si eso fuese bueno para quien lo recibe y, además, sostenible en el tiempo. Ese ha sido, sin duda, uno de los mayores engaños sociales de las últimas décadas, y en las próximas se evidenciará.
 
Estamos, por tanto, ante el mayor reto acontecido desde la guerra civil: demostrar que somos una sociedad capaz de aprender de los dramas, al tiempo que avanza con inteligencia, trabajo infatigable, y solidaridad.
 
 

Madrid, 30/3/ 2020.-

María Jesús Soto


Presidenta de la Fundación María Jesús Soto.




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