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Sobre el Estado de Bienestar y el empleo


La crisis excepcional sanitaria nos deja, entre otras conclusiones, la vulnerabilidad de los mayores en sociedades envejecidas, que hay que atender. ¿Y Europa?



BIEL ALIÑO / EFE
BIEL ALIÑO / EFE
Me decía hace pocos días un amigo a través un correo electrónico que de esta crisis sanitaria de excepción provocada por el Covid-19 saldremos transformados. Sin duda, ya nos hemos transformado y lo seguiremos haciendo. La referencia a las personas vulnerables o a las más vulnerables ha ocupado un sitio en el lenguaje informativo que antes no tenía. El surgimiento natural de movimientos de solidaridad de voluntarios con los más vulnerables ha sido una de las enseñanzas importantes de esta crisis sanitaria. Vivimos una situación desconocida, preocupados por la propagación del coronavirus, siguiendo con responsabilidad las medidas de aislamiento personal para evitarlo y con la conciencia de que ese aislamiento pone en cuestión una característica esencial de los seres humanos, la sociabilidad, decisivamente afectada por las severas restricciones impuestas en nuestra libertad constitucional de movimientos por el real decreto que ha declarado el estado de emergencia de acuerdo con las previsiones constitucionales.  El mundo se ha parado, pero sobre todo es nuestra cotidianeidad la que se ha parado.

Y es difícil transformar nuestros comportamientos, que hasta este mes de marzo de 2020 había seguido por otros derroteros, los de la libertad desde el advenimiento de la democracia, pues los derechos están al servicio de la libertad e igualdad de las personas.

Oigo que el coronavirus se sigue expandiendo y que los profesionales de la sanidad piden más medios para pelear protegidos y con una capacidad de respuesta adecuada. Es una tragedia de dimensiones mayúsculas, con consecuencias económicas y sociales de magnitud aún desconocida, inmediatas y que se prolongarán durante largo tiempo.

Como dijo Horacio, acuérdate de conservar la mente serena en tiempos difíciles. Si seguimos su consejo podemos reflexionar con serenidad sobre algunos aspectos relevantes para nuestro vivir en sociedad, sobre los que hemos debatido con frecuencia, pero que la pandemia ha puesto en primer plano de actualidad.

El primer objeto de la reflexión ha de ser el sistema o Estado de bienestar, esto es, el Estado social de Derecho, que ha de proteger la salud de las personas. El valor de la sanidad pública es innegable, como lo es la excelencia de nuestros profesionales. La cuestión es si la sanidad pública española está preparada con los medios personales y materiales necesarios para enfrentarse a una pandemia de estas características o si la pandemia la desbordará. Y en caso de que lleguemos a una conclusión negativa sobre la salud del sistema de salud, habremos de determinar qué papel ocupará su mejora en el futuro, qué recursos han de destinarse a la financiación de la sanidad, y si ello significará un cambio de las prioridades sociales.

El trabajo, factor de producción de riqueza y de socialización, tiene un papel fundamental en esta crisis. Si el trabajo sanitario es esencial, como también lo es el trabajo en los servicios esenciales, el trabajo en general ha sido contenido, en distintos sectores de actividad con carácter imperativo, ya que las personas somos transmisores de la enfermedad. Para luchar contra la crisis sanitaria el Derecho de la crisis del coronavirus ha declarado preferente la modalidad de trabajo no presencial, a distancia, el teletrabajo, allí donde sea posible. ¿Están nuestras empresas, nuestro país, tecnológicamente preparado para hacer factible el mantenimiento de trabajo no presencial? O, ¿atendiendo a los recursos destinados a este fin, precisamos de un gran salto tecnológico?

En cualquier caso, las suspicacias frente a la digitalización, por sus probables efectos de supresión o sustitución del empleo, se han mitigado notabilísimamente en esta crisis.

La idea de responsabilidad personal, de cada uno de nosotros, en la lucha contra la crisis sanitaria renueva nuestra sociedad. Es una idea que esta crisis ha hecho necesaria y que tiene una gran potencialidad de futuro.

¿Estamos ante una crisis sin precedentes, diferente a la financiera de 2008 y tratada con una metodología diferente a la que allí se utilizó? Es evidente que en este momento sí, pues las políticas gubernamentales, y en concreto la española, ha decidido inyectar y movilizar recursos económicos para proteger la salud y para salvaguardar el empleo (suspensiones contractuales y reducciones de jornada frente a despidos y mantenimiento del empleo tras la reanudación de la actividad). Pero ¿significa ello que esté asegurado que la actuación sobre el sistema económico y el empleo para el día después de superada la crisis sanitaria siga pautas diferentes a la de la crisis financiera de 2008, expansivas en el gasto y no de austeridad y de recortes? ¿Cómo se amortigua el extraordinario impacto en la economía y en el empleo de su paralización por el Covid-19?

La crisis excepcional sanitaria nos deja, entre otras conclusiones, la vulnerabilidad de los mayores en sociedades envejecidas, que hay que atender. ¿Y Europa?
 

Madrid, 20/3/2020.-

María Emilia Casas Baamonde,

Catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Presidenta Emérita del Tribunal Constitucional. Consejera electiva de Estado. Miembro del Consejo Académico de Fide.




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