Menu

Solidaridad en la crisis sanitaria

Reflexiones Sociedad Civil. Madrid, 8/4/2020.-




En esta insólita e inesperada situación que estamos viviendo con un obligado confinamiento de todos nosotros en nuestras casas para evitar la propagación del virus afloran numerosos sentimientos en nuestro interior que nos hacen reflexionar sobre nuestra condición humana y, especialmente, sobre alguna de nuestras virtudes como pueblo sobre las que hace tiempo no habíamos tenido oportunidad de detenernos.
 
Una de esas virtudes es la solidaridad que, en otras ocasiones, no tan dramáticas, también ha tenido oportunidad de ponerse de manifiesto.
 
En efecto, aparte de los compatriotas que ya están cumpliendo ejemplarmente con sus funciones, con especial mención a los sanitarios  (muchos de ellos infectados), siguiendo con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, militares y demás trabajadores de servicios esenciales, muchos españoles han dado un paso al frente y conscientes de las grandes dificultades que existen para la adecuada protección y tratamiento de todas las personas infectadas, no han dudado, tanto a nivel de empresas como de simples particulares, olvidando cualquier otra consideración, en poner todas sus energías para ayudar a sus compatriotas enfermos, de múltiples maneras, desde la elaboración artesanal de mascarillas, batas y demás elementos de protección hasta la fabricación industrial de respiradores y demás material clínico para luchar contra la pandemia, el suministro de alimentos a los enfermos y personas mayores que no pueden salir de sus casas y las donaciones de metálico y material sanitario. Gracias a todos.
 
Todo ello hace que me sienta particularmente orgulloso de pertenecer a esta nación y augura que, en los momentos difíciles -que llegarán- , después de superar esta fase crítica que estamos viviendo, contaremos también con el esfuerzo solidario de todos los españoles para, entre todos, recuperar cuanto antes la normalidad.
 
Sin embargo, la recuperación de esa normalidad debe venir acompañada de una reflexión individual y colectiva acerca de la fragilidad de la vida humana.
 
Esa reflexión nos debe llevar a relativizar muchas de las ambiciones y preocupaciones que hasta ese momento teníamos, a realzar y poner en valor todo lo que hemos conseguido así como a estrechar, como estamos haciendo estos días, los lazos familiares intentando, en todo caso, una mayor confraternización entre todos nosotros para que ese espíritu de solidaridad se mantenga en el tiempo.
 
Nuestra vida desgraciadamente no va a ser igual que la que hemos vivido hasta ahora. Habrá de pasar un dilatado espacio de tiempo para que podamos recuperar la normalidad y en ese periodo de tiempo tendremos oportunidad de poner en valor nuestras virtudes, que son muchas, y que nos van a ayudar sobremanera a superar esta crisis.
 
Aunque es de justicia alabar la solidaridad entre españoles, conscientes de nuestras indudables carencias de material sanitario para hacer frente a una infección del calibre de la que estamos padeciendo, sería fundamental , una vez que superemos la fase crítica y volvamos, aunque sea paulatinamente, a la normalidad, que los Poderes Públicos, en primer término, crearan directamente o fomentaran al máximo la creación de empresas dedicadas a la fabricación y producción en serie de material sanitario, productos farmacéuticos, test, etc, que nos permitan tener un stock lo suficientemente grande para hacer frente en el futuro, - aunque ojalá no sea preciso-, a una situación como la producida sin necesidad de acudir al mercado exterior, claramente tensionado en situaciones de crisis como estamos comprobando.
 
Esa ejemplar solidaridad entre los españoles para hacer frente a una situación sinigual debe extenderse, de forma singular, a las personas que más están sufriendo esta crisis sanitaria y pagando, en muchos casos, con su vida la infección por el virus, que no son otras que las personas mayores, especialmente las que se encuentran en residencias sobre las que se ha cebado de forma inmisericorde la pandemia y a las que no podemos dejar abandonados a su suerte. Les debemos mucho.
 
Una gran mayoría de dichas personas vivió situaciones muy difíciles también en la postguerra y con su esfuerzo y sacrificio sacaron adelante a sus hijos dándoles las oportunidades de las que ellos no pudieron disfrutar. Gracias a ellas muchas de las personas de mi generación conseguimos labrarnos un porvenir. No podemos, por mucha tensión que puedan sufrir los centros sanitarios, dejarlos de lado y no ofrecerles las mismas posibilidades que se están ofreciendo a personas más jóvenes. De bien nacidos es ser agradecidos. La gratitud hacia ellos tiene que demostrarse en estos momentos procurándoles la asistencia debida porque también ellos, con dicha asistencia, como se ha visto, pueden salir adelante.
 
Por último, esa solidaridad nos tiene que venir también de la UE que no puede contemplar como los ciudadanos de la mayor parte de sus Estados miembros se ven afectados de una forma muy dura por la pandemia, con un gran número de contagiados y fallecidos sin adoptar las necesarias medidas tendentes a ayudar de forma centralizada a esos Estados que han visto desbordados sus sistemas sanitarios y que requieren de forma urgente la dotación de profesionales, material sanitario, test, respiradores, etc, que les ayude a hacer frente a la epidemia.
 
Esa solidaridad tiene que tener también el adecuado reflejo en el plano económico. Las imprescindibles medidas de confinamiento adoptadas por los Estados para evitar la propagación de la pandemia han producido un enorme daño en la economía de los Estados, cuyos ciudadanos están sufriendo personalmente las consecuencias económicas de esa paralización, especialmente los que trabajan en pequeñas y medianas empresas, los autónomos, etc, así como sectores esenciales en nuestra economía como el turístico. El daño por el confinamiento en estas semanas ya se ha producido y aunque el Gobierno ha aprobado – vía Decreto-Ley – numerosas medidas económicas para paliarlo, me temo que, dada la magnitud del problema, no sean suficientes por lo que vamos a necesitar la ayuda de la UE.
 
 La Comunidad Económico Europea ( luego UE), que nació en 1957 en unas circunstancias complicadas para Europa y que, según el Artículo 2 de su Tratado Constitutivo, “tendrá por misión promover, mediante el establecimiento de un mercado común y de una unión económica y monetaria y mediante la realización de las políticas o acciones comunes contempladas en los artículos 3 y 4, un desarrollo armonioso, equilibrado y sostenible de las actividades económicas en el conjunto de la Comunidad, un alto nivel de empleo y de protección social, la igualdad entre el hombre y la mujer, un crecimiento sostenible y no inflacionista, un alto grado de competitividad y de convergencia de los resultados económicos, un alto nivel de protección y de mejora de la calidad del medio ambiente, la elevación del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros”, tiene que dar un decidido paso al frente y, sin condicionamientos y egoísmos entre Estados, poner a disposición de todos ellos los instrumentos financieros previstos y por crear, si son necesarios, para evitar que algunos de sus miembros, en el plano económico, se vean abocados a una situación de crisis de tal calibre que les impida desarrollar sus potencialidades presentes y futuras.
 
 

Madrid, 8/4/2020.-

Ricardo Huesca Boadilla

Abogado del Estado ante el Tribunal Supremo.




L M M J V S D
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    












Semblanzas Fide

Síguenos en redes sociales
Facebook
Twitter
LinkedIn
YouTube Channel
Rss