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Una oportunidad para Europa. Los principios del Fondo de recuperación

Reflexiones Sociedad Civil. Alicante, 24/4/2020.-




Vuelco en unos bits esta reflexión al apagarse los monitores que han acogido la cuarta videoconferencia en apenas mes y medio de los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea. A estas alturas de la película, todos éramos conscientes de que no se trataba de una reunión cualquiera: lo que estaba en juego era el ser o no ser de setenta años de construcción europea.
 
¿El resultado? El esperado. No confíen en los que echan campanas al vuelo y tampoco en los que auguran una debacle apocalíptica. Ha pasado lo que tenía que pasar y la percepción, a mi modo de ver, debe ser razonablemente positiva. Por un lado, el Consejo Europeo ha bendecido el plan de urgencias aprobado hace menos de dos semanas por el Eurogrupo, plan que debe lanzarse antes del 1 de junio. Por otro, ha dado luz verde a la creación de un Fondo de recuperación anclado en el Presupuesto de la UE: hoy no había más cera que la que arde.
 
Salvados -de momento- los muebles, hay que reconocer que la negociación en esta institución de la Unión Europea tiene sus dinámicas establecidas: es preciso llegar a un consenso y la representación se desarrolla necesariamente a través de varios actos. Hemos asistido al primero. El segundo vendrá probablemente a mitad de mayo. Pero entre uno y otro hay mucho trecho por recorrer: por una parte, la Comisión Europea debe presentar una propuesta para el Fondo de recuperación antes del 6 de mayo, incluyendo un análisis de los sectores y países más golpeados por la crisis; por otra, todos los participantes -Estados, Comisión, Parlamento …- están obligados a entrar en una espiral frenética de negociaciones a todos los niveles … sin contacto físico, naturalmente … tienen apenas dos semanas. España ha adoptado en esta última semana un papel mucho más activo, con propuestas muy razonadas. Es una buena noticia.
 
Este Consejo Europeo, que implica el pistoletazo de salida para la inversión más agresiva -cuantitativa y cualitativamente- de la historia de la UE, invita a proponer un decálogo de principios o “debes” que ayude a comprender lo que está en juego y a orientar la discusión.
 
Primero: no hay tiempo. La rapidez debe ser máxima y todos son bien conscientes de ello: es lógico que el acuerdo no se alcance en una sesión, pero el margen tolerable no debería ir más allá de mediados de junio. Esto choca frontalmente con la dinámica de negociación clásica del Consejo Europeo -meses, años …- y es evidente que la credibilidad de la Unión para adoptar decisiones está en juego y el margen que la ciudadanía va a conceder es mínimo. Para España es vital aprovechar cada minuto y dedicar todos los esfuerzos y recursos a la negociación: no hace falta tener muchos datos para concluir que jamás lograremos acceder a líneas de crédito viables por nosotros mismos.
 
Segundo: los detalles del acuerdo deben permitir salvar la cara a todos los contendientes porque listar vencedores y vencidos es un seguro pasaporte al fracaso. Es por ello necesario encontrar un balance entre préstamos -a devolver- y transferencias -sin reembolso - que todos puedan digerir. Cualquier otro escenario alimentaría las brasas del enfrentamiento norte-sur, generaría un sobreendeudamiento en algunos Estados -España entre ellos- que conllevaría una salida asimétrica de la crisis y conduciría al caos. Habrá que mostrar habilidad máxima para salvar los muebles en el consenso.
 
Tercero: el monto debe ser suficiente para asegurar un plan de recuperación económica que sea utilizado al tiempo para generar una reconstrucción inteligente del tejido social y empresarial basado en la resiliencia y apalancado en la innovación, la transformación digital y la transición ecológica. Parece haber acuerdo en los márgenes: entre 1 billón y 1.5 billones de euros. Ahora hay que pelearlo con ahínco
 
Cuarto: los plazos de amortización de la deuda asumida por cada Estado deben ser razonables y a muy largo plazo. No debe olvidarse que no estamos hablando de ninguna manera de una “barra libre” y de que, por tanto, siempre habrá alguien que pague la fiesta. La capacidad de endeudarse de muchos de los Estados miembros es cada vez más limitada, por mucho que los intereses sean -gracias a la “mancomunización” o a la “mutualización” de la deuda- mínimos y deberían estar financiados por nuevos recursos propios. Es hora de desarrollar imaginación y de proponer escenarios reinventivos y no meramente adaptativos.
 
Quinto: el acuerdo debe conceder un margen de flexibilidad a los estados pero al tiempo ser capaz de impedir que éstos hagan de su capa un sayo enterrando los fondos en subvenciones coyunturales destinadas pura y simplemente a mantener artificialmente sectores o industrias obsoletos. Podría, por ejemplo, proponerse la creación de un organismo comunitario que controle las transferencias y que pueda auditar con rapidez su ejecución.
 
Sexto: la reconstrucción de determinados sectores estratégicos, como el turismo, debe obtener prioridad. Evidentemente, para España este punto es fundamental: la Comisión ha sugerido que las ayudas al turismo podrían rondar los 300.000 millones de euros.
 
Séptimo: la base jurídica que justifique el “paquete” debe ser sólida -ahí están los artículos 122, 143 y 310 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea- y no generar dudas que pudieran desanimar a posibles inversores por el riesgo de que el asunto acabe languideciendo en los cajones del Tribunal de Justicia de Luxemburgo. En este sentido, la propuesta española de “deuda perpetua” tiene difícil acomodo en el Tratado.
 
Octavo: la solución debe integrar mecanismos e instrumentos existentes y ya utilizados en el pasado. Hay que se realistas: no hay tiempo para jugar más que con gaseosa.
 
Noveno: la bisoña Comisión Europea llegó tarde al envite pero ha sabido estar a la altura en las últimas semanas y ha sido capaz de proponer en apenas unos días un esbozo de Plan de recuperación sólido y ambicioso. Es su oportunidad de liderar y debe aprovecharla.
 
Y décimo: todas las administraciones y a todos los niveles deben comprometerse a hacer un esfuerzo ímprobo -¡por favor! para explicar con sencillez a los ciudadanos europeos que se trata de un Plan holístico donde cada pieza encaja armoniosamente con el resto y no responde a un capricho para satisfacer a uno u a otro de los comensales. La esperanza en la construcción europea ha vuelto: ¡sea bienvenida!
 



Alicante, 24/4/2020.-
Publicado originalmente en el Diario Información de Alicante.
24/04/2020.-

Manuel Desantes Real

Catedrático de Derecho internacional privado. Universidad de Alicante.
Miembro del Consejo Académico de Fide.

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