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¿Y para qué quiero yo una caja de arena? Todo lo que deberías saber sobre el "sandbox" español, por Francisco Ramírez


La iniciativa sería positiva para el ecosistema 'fintech' español y favorecería la innovación y la retención y atracción de talento en el mercado español
Entradilla.



En los últimos tiempos, nos estamos encontrando con diversas iniciativas legislativas vinculadas al emprendimiento y al ecosistema digital. Algunas de ellas pretenden contribuir a crear un ecosistema favorable que desarrolle la innovación de base tecnológica, como por ejemplo la reciente Consulta previa del Anteproyecto de Ley de fomento del ecosistema de Start-ups.
 
En este mismo marco, y más centrado en el sector fintech, el pasado mes de julio de 2018 se sometió a audiencia pública por parte del Ministerio de Economía y Empresa el Anteproyecto de Ley de Medidas para la Transformación Digital del Sistema Financiero. Haciéndolo sencillo, este Anteproyecto persigue fundamentalmente permitir a las entidades financieras y las empresas fintechs la posibilidad de innovar y lanzar proyectos vinculados a los servicios financieros sin necesidad de obtener previamente las licencias y autorizaciones regulatorias que serían precisas para la prestación del servicio. De allí el nombre de “sandbox” o banco de pruebas.
 
Esta iniciativa no es original, sino que sigue la senda ya iniciada por otros reguladores financieros, especialmente en el mundo anglosajón, donde ya existen sandboxes con un gran nivel de éxito. En paralelo, dichos supervisores están ya trabajando en la creación de un sandbox global (el Global Financial Innovation Network, GFIN), con la participación de doce países –entre los cuales, lamentablemente, no se encuentra España-, bajo el liderazgo de la Financial Conduct Authority británica.
 
La nueva norma no va a suponer la modificación del actual marco de distribución de competencias entre autoridades, de forma que cada supervisor (Banco de España, Comisión Nacional del Mercado de Valores y Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones) seguirán actuando en el ámbito de sus competencias, si bien, al mismo tiempo, colaborarán activamente dentro del nuevo contexto digital. Es de especial interés el planteamiento del sandbox también desde una perspectiva pública como un terreno de aprendizaje para los supervisores. La mejora de la innovación no es el único objetivo perseguido, sino que también se reconoce expresamente la utilidad que puede tener esta herramienta para que los supervisores entiendan el funcionamiento de tecnologías innovadoras sobre las que actualmente están poco versados, como pueden ser la inteligencia artificial o blockchain. Así, el sandbox va a permitir a los supervisores tener una mayor cercanía a nuevos modelos de negocio, aplicaciones, procesos o productos con incidencia sobre los mercados financieros y disponer de toda la información relevante para conocer y gestionar mejor los riesgos que puedan surgir en este contexto.
 
Como ya hemos anticipado brevemente, dos son los aspectos que funcionan como clave de bóveda del sandbox español. En primer lugar, se trata de un espacio controlado, es decir, un espacio seguro para los participantes y sin riesgo para el conjunto del sistema financiero. En segundo lugar, va a facilitar el mejor desempeño de la actividad supervisora, al permitir un mejor conocimiento de las innovaciones financieras de base tecnológica que sitúe a las autoridades en mejor posición para la comprensión de las implicaciones de la transformación digital y que contribuirá desde el mismo momento de su implantación a un mejor control del cumplimiento de la legislación vigente.
 
La norma regula en cada uno de sus capítulos el funcionamiento del sandbox. Así, comienza regulando el régimen de acceso y establece un sistema de presentación de proyectos a través de una ventanilla financiera única. Si se plantea un proyecto suficientemente avanzado, recibirá una evaluación previa favorable y se celebrará un protocolo sobre desarrollo de las pruebas entre supervisores y promotor que incluirá los detalles de la celebración de las pruebas y, en particular, su duración y alcance limitados.
 
Posteriormente, se regula el régimen de garantías y protección a la clientela durante la realización de las pruebas, estableciendo varias cautelas en favor del cliente, como el consentimiento informado, el derecho de desistimiento por parte del cliente en cualquier momento y la responsabilidad del promotor en caso de daños y perjuicios patrimoniales que sean consecuencia directa de la realización de las pruebas.
 
Finalmente, se regula el régimen de salida, indicando que, en función de los resultados de las pruebas, existirá una pasarela rápida de acceso a la actividad, que implica una reducción sustancial de trámites para la obtención de la correspondiente licencia para la actividad.
 
Como complemento a este sandbox, y también con la finalidad de acercar a los promotores tecnológicos y a los supervisores, la norma recoge un canal de comunicación directa con las autoridades supervisoras, así como un sistema de resolución de consultas escritas sobre aspectos de la regulación y otros asuntos que por su complejidad puedan estar funcionando como barreras de entrada para los distintos actores financieros.
 
La audiencia pública del texto estuvo abierta hasta el 7 de septiembre de 2018 y el Gobierno está ahora trabajando en el nuevo texto. La idea inicial era que la ley fuese aprobada antes del fin de 2018, si bien es previsible que la situación parlamentaria dificulte su adopción e incluso haga al Gobierno plantearse la conveniencia de adoptar la norma por medio de un Real Decreto Ley. Sin duda, la iniciativa sería positiva para el ecosistema fintech español y favorecería la innovación y la retención y atracción de talento en el mercado español, ahora que otros mercados, como por ejemplo Lituania, están gozando de gran atractivo para este tipo de actividades emprendedoras.

Francisco J. Ramírez Arbués

Socio del departamento de Regulatory & Compliance en Deloitte Legal, desde 2016. Anteriormente Director de la Asesoría Jurídica en ING Bank en España y Portugal.




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