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BLOG DE LA FUNDACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL DERECHO Y LA EMPRESA




Asunción Peiré García
Asunción Peiré García
Los niños tienen los mismos derechos que los adultos a recibir los mejores tratamientos médicos, y sin embargo no siempre es así. ¿Por qué se ven abocados a esta injusticia terapéutica? Como se sabe, los niños no son “adultos en miniatura” y la respuesta que pueden expresar frente a diversas terapias farmacológicas puede diferir enormemente respecto a la observada en los adultos. Es por ello, y en aras a su seguridad, que durante mucho tiempo fueron o bien excluidos de los ensayos clínicos o bien, directamente se les contraindicaba un determinado medicamento por falta de estudios de seguridad y eficacia en esta población tan vulnerable.

En la terapia farmacológica, históricamente, ha existido un movimiento pendular que ha oscilado desde el permitir administrar cualquier medicamento a los niños (incluidos elixires con un alto contenido de alcohol) hasta su tajante prohibición a mediados del siglo XX (debido  a los trágicos accidentes terapéuticos por desconocimiento de peligrosos efectos en los niños). Desde mediados del siglo pasado, los niños han devenido pues auténticos “huérfanos terapéuticos”.

¿Cuál es el motivo de que un medicamento seguro y eficaz en un adulto puede ser tóxico o no producir los efectos esperados en los niños? No siempre es la dosis. Existen muchos factores que condicionan una respuesta totalmente diferente en Pediatría: un mecanismo de acción distinto (farmacodinamia), un proceso de distribución y metabolismo complejo (farmacodinamia), unos efectos adversos insospechados (farmacodinamia) así como la ausencia de formas farmacéuticas adaptadas a los niños (con riesgo de sobredosificación o alteración por troceado de los comprimidos) que condicionan los efectos farmacológicos.

En efecto, la población pediátrica no es homogénea: abarca desde el nacimiento (con las peculiaridades de los prematuros) hasta el inicio de la edad adulta (los 18 años). No puede compararse la farmacología de un medicamento en un infante de 2 años con la de un niño de 10 años ni con la de un adolescente de 17 años. Desde el punto de vista farmacocinético, la absorción de muchos medicamentos está determinada por la edad. Por ejemplo, en lactantes y párvulos la vía cutánea puede ser tan eficaz (y tóxica) como la vía oral debido a la delgadez del extracto córneo de la piel y la amplia superficie cutánea. De esta forma se han descrito casos de graves anemias hemolíticas por tintes de la ropa (metahemoglobinemia), síndromes de Cushing por cremas de corticoides, trastornos tiroideos por desinfectantes yodados entre otros. No obstante, las mayores diferencias las encontramos a nivel del metabolismo de fármacos. Por metabolismo se entiende aquel proceso de biotransformación que sufre un medicamento con el objeto de modificar su estructura química para que devenga más hidrosoluble y con ello fácilmente excretable. Este proceso se verifica merced a unas enzimas presentes principalmente en el hígado cuya función consiste en activar la molécula en un primer paso (enzimas de hidrólisis, oxidación o reducción) a través del citocromo p450 y, en un segundo paso, incorporar o agregar una molécula con el objeto de hacerla más polar (conjugación con glicina, ácido glucurónico, sulfato, etc). Tanto en la Fase I como en la Fase II existen grandes diferencias metabólicas que justifican la aparición de metabolitos muy tóxicos, inertes o activos a determinadas edades de la vida que no se forman en la edad adulta (en efecto, las enzimas encargadas son distintas y los sutratos de conjugación también lo son).

Mayores diferencias existen sin embargo desde el punto de vista farmacodinámico: la respuesta observada de un medicamento depende en gran medida del Receptor al que se acopla el fármaco para ejercer su acción terapéutica. Se sabe que debido al constante proceso de maduración, algunos receptores no están presentes a determinadas edades, o lo que resulta más sorprendente, la funcionalidad de un mismo receptor cambia con la edad. De esta forma, una sustancia inhibitoria del cerebro como es el GABA (donde actúan medicamento sedantes como las benzodiacepinas ansiolíticas) en las etapas tempranas del desarrollo se comporta como ¡un neurotrasmisor excitatorio!; produciendo convulsiones paradójicas en recién nacidos.

De todo ello se comprende que los efectos adversos de los medicamentos en los niños adquieren un tinte propio que es preciso saber reconocer. Resultan tristemente conocidas las tragedias teraéuticas acontecidas en los niños. De ello se ocupa la Farmacovigilancia, aquella parte de la Farmacología que identifica y valora los efectos de los tratamientos farmacológicos en la población expuesta a los medicamentos. Los niños son más vulnerables por muchos motivos: están sometidos a un constante proceso de crecimiento y desarrollo (somático, psíquico y cognitivo), presentan una peculiar farmacocinética y farmacodinamia, constituyen un grupo de población muy heterógeneo con un rango de edades muy amplio y además, un porcentaje muy elevado de medicamentos se emplean de forma contraria a lo especificado en su Ficha Técnica (uso “off-label”) con las consecuencias que de tal uso se derivan (responsabilidad legal en caso de aparición de un efecto adverso grave). No obstante, ante una enfermedad grave y en ausencia de alternativas terapéuticas, los médicos no nos quedamos de brazos cruzados y tratamos a los pacientes con la mejor evidencia científica (aunque ésta todavía no se recoja en su respectiva Ficha Técnica).

En conclusión, la población pediátrica es singular desde el punto de vista  pediátrico y farmacológico: la respuesta a los medicamentos va a venir condicionada por muchos factores que se hace preciso conocer o al menos anticipar. Ello puede prevenirse con una ética y científica investigación a través de los Ensayos clínicos pediátricos que podrán sentar las bases de una terapia racional y segura.




Viernes, 24 de Noviembre 2017 | Comentarios

Luis Miguel González de la Garza
Luis Miguel González de la Garza
Ha pasado el tiempo por España y la vieja expresión de Miguel de Unamuno “Que inventen ellos” en su polémica originaria con José Ortega y Gasset sigue siendo hoy tan cierta y actual como lo fue en sus orígenes y demuestra una realidad lamentable que, quiérase o no, tiene profundas raíces anteriores a la acuñación de la frase como recordara Ramón y Cajal que, como tópico, ilustra claramente un estado de cosas, un penoso y escandaloso estado de cosas, y no es otro que la Ciencia y la tecnología no han sido en España una preocupación social ni política de primera magnitud sino que han sido vistas de forma completa y absolutamente marginal tanto por la sociedad como por los políticos, que a la postre no son sino una emanación de la propia sociedad.

Los políticos no nos han sido impuestos por una potencia invasora que en venganza por nuestra forma de ser nos castigase con una clase gobernante tan a menudo incompetente e indolente como la que venimos padeciendo. Con anterioridad a Buckle, fueron muchos los extranjeros que atribuyeron nuestra decadencia a la exaltación del principio religioso y al deprecio de las artes útiles, nosotros creemos, como señalamos en otro lugar, y con Douglas North, que el fenómeno religioso es sólo y, tal vez, una parte modesta de la explicación.

Recordemos, entre otras, las observaciones de Montesquieu: “Mirad una de sus bibliotecas (las de España): las novelas por un lado, y la escolástica por otro ¿no es verdad que todo ello parece obra de algún secreto enemigo de la razón humana?" También señalaba Voltaire: “La inquisición y superstición perpetuaron en España los errores escolásticos, las matemáticas fueron tan poco cultivadas de los españoles, que en sus guerras emplearon siempre ingenieros italianos”.

Como señala Juan Ignacio Pérez, existe una relación consistente entre Ciencia y Democracia, así, señala el autor, la fuerte vinculación existente entre la ciencia y la democracia y el origen común de la ciencia moderna y la ideología liberal, ideología que a la postre sería la que inspirase la configuración de los sistemas democráticos modernos y, de forma especial, las nociones acerca de la soberanía popular, la división de poderes y la libertad de credo. La filosofía política que inspiró el posterior desarrollo de los estados democráticos fue producida por un conjunto de pensadores que, o bien eran científicos (filósofos naturales) o reconocían de forma explícita la gran influencia que aquéllos habían ejercido en su propio pensamiento, pensadores como John Locke político y científico miembro de la Royal Society, Baruch Spinoza, entre otros muchos, Washington, por ejemplo, tenía un gran respeto por la ciencia, en España por las razones anteriormente apuntadas apenas hubo ideología liberal y apenas hubo Ciencia, existe una relación entre la Ciencia y la búsqueda de los argumentos verdaderos y la democracia y sus valores emancipatorios, unas condiciones que sólo en sociedades libres y abiertas se puede lograr, como señala Mark Brown, las democracias dependen de la Ciencia para abordar eficazmente los problemas públicos, y muchos argumentan que la Ciencia proporciona un modelo de deliberación democrática racional.

Una sociedad, un Estado que no comprende la importancia que la Ciencia y la técnica juegan en la evolución de los pueblos es una sociedad profundamente inculta y un Estado completamente inconsciente y obtuso, pero esa ha sido y es en realidad la línea que ha seguido nuestra “superficial” sociedad de la que han “emanado” unos dirigentes no mejores que la sociedad misma de la que provienen, lo que es lógico, como recordara Benjamín Constant quien precisara que siendo iguales las demás cosas, siempre es verosímil que los gobernantes tengan opiniones menos atinadas, menos sanas, menos imparciales que los gobernados, lo cual es fuerza reconocer que en España parece completamente cierto.

No cabe duda que el camino de la Ciencia y de la técnica es un camino difícil y esforzado, arduo, que exige de los pueblos seriedad, formalidad, constancia y disciplina, trabajo intenso en suma, siembra temprana y resultados tardíos, que exige una organización de la sociedad distintita de la española, pero que a la postre es la única forma de actividad que consolida naciones y Estados que se pueden considerar orgullosos de sus aportaciones al mundo, por una parte, y generan una industria que no depende de las bondades del clima, sino que crean las condiciones materiales reales para modificar el entorno en el que viven y se desarrollan los seres humanos fomentando el “progreso” real de la humanidad mediante la resolución de problemas reales acuciantes. Mientras que esa idea no entre como un credo, como un dogma, en las cabezas de todos los ciudadanos de un pueblo, ese pueblo estará condenado a servir a los demás pueblos. No debemos olvidar que el turismo es una forma de servidumbre (servicio) explotando un recurso natural que el servicial en nada ha ayudado a crear, tan sólo administra.

La cultura, tal y como se la percibe en nuestro país, no es sólo ni únicamente la literatura, el teatro, el cine y las artes plásticas y escénicas, todas estas manifestaciones y actividades de menor complejidad comparadas con las ciencias duras y todas ellas anudadas, de una forma u otra, a diversas manifestaciones de ocio que debe evolucionar mediante una sensibilización de la sociedad. La Ciencia, es cultura fuera de nuestras fronteras y en tanto en cuanto éste hecho no se advierta y comprenda claramente no habrá forma de remontar en nuestra secular postración intelectual, ya que no existe una visión en España de la Ciencia como una parte esencial de la cultura que interiorizada por nuestra comunidad disfrute del gusto y la pasión por la Ciencia y la obra científica. Si no se puede ser libre sin conocer la realidad que nos circunda, sólo la Ciencia nos dará, también, esa libertad individual y colectiva. 




Domingo, 19 de Noviembre 2017 | Comentarios

Luis Miguel González De La Garza
Luis Miguel González De La Garza
Hemos vivido en el mundo un punto de inflexión en lo que respecta a la protección del derecho a la privacidad y al secreto de las comunicaciones electrónicas, y ese momento tiene un claro origen en los atentados terroristas del 11 S en los Estados Unidos producidos en el año 2001, desde ese momento, se han invertido invariablemente la protección de estos derechos. El terrorismo ha conseguido transformar nuestras sociedades, de sociedades abiertas y en general libres, en sociedades con miedo, en las que se sacrifican amplias parcelas de libertad a una incierta seguridad en la que, como acuñara el teólogo alemán Hermann Busenbaum, cum finis est licitus, etiam media sunt licita, una vuelta o una reedición contemporánea de lo que se puede definir como Estado Neopolicía de Derecho en el que la sospecha generada por la incerteza del temor y un enemigo difuso hace posible búsquedas proactivas de sospechosos virtuales, drenando de contenido y sustancia, menguando en suma, Derechos medulares de una concepción liberal de Estado de Derecho vigoroso donde la presunción de inocencia cede frente a la mera sospecha. Esa pérdida es aceptada o al menos consentida por la sociedad acríticamente como ya advirtiera de alguna forma Étienne de la Boétie, más por ignorancia, advirtamos, que por otras circunstancias, pero lo cierto es que son circunstancias las de la vigilancia sistemática y el control de todas las actividades de los ciudadanos en las redes virtuales de una gravedad, pensamos, que extrema porque socaban los fundamentos de la libertad y con esta de la democracia, al ser precondiciones de otros derechos fundamentales y libertades públicas como la libertad de expresión ¿es posible una opinión pública libre en un medio que se basa en la vigilancia permanente de todo y de todos? Como advirtiera Benjamin Franklin “Quien renuncia a su libertad por seguridad, no merece ni libertad ni seguridad”.

Parafraseando a Rousseau en el Capítulo VI, del Libro I del Contrato Social, sería preciso: “Encontrar una forma de uso de los datos personales por la que se defienda y proteja con la fuerza común del Derecho nacional e internacional la persona y su dignidad en su dimensión virtual, y por la cual cada uno, uniéndose a todos, no pierda su individualidad, intimidad y secreto de sus comunicaciones permaneciendo y respetándose de forma integral la esfera  de todos sus datos sin fragmentación alguna –su yo cuantificado- de la misma forma en la que se protege en su dimensión no virtual".

 Es claro que se hace urgente en un mundo global, un sistema de justicia global compuesto por un sistema judicial internacional cada vez más eficiente.

Las rupturas quizás más graves que afectan a los derechos humanos se basan en las discontinuidades jurídicas que los Estados presentan frente al concepto de no nacional o extranjero al cual se le inaplican las garantías para los nacionales en un entorno global.

Es esta desprotección de los datos personales la que ha hecho posible un uso de estos que permite construir nuevos paradigmas hasta ahora inexistentes, como la propaganda electoral cognitiva y el microtargeting basados en los perfiles psicométricos elaborados con esa materia prima –los datos personales- que son capaces de definir con precisión casi quirúrgica los perfiles humanos de las “dianas electorales” y reelaborar por completo los conceptos clásicos de propaganda electoral, con la aparición de nuevos instrumentos que son susceptibles de adaptarse a lo que desea escuchar cada tipo de personalidad que opera en las redes con una granularidad jamás alcanzada antes. Ni que decir tiene que las normas jurídicas electorales habrán de adaptarse necesariamente a las nuevas estrategias posibles y que ya han sido empleadas en escenarios reales como en los Estados Unidos y, singularmente, y con modelos técnicamente acabados en las elecciones presidenciales de 2016 en las que resultó vencedor Donald Trump quien hizo un uso extenso e intenso de las nuevas tecnologías de procesamiento de la información, revolucionando silenciosamente la forma de la propaganda electoral virtual electrónica de un futuro que ya es presente. La igualdad de oportunidades en las competiciones electorales, la dignidad con la que deben ser tratados los seres humanos -que la tecnología ha transformado en una vulgar mercancía electoral- y la protección de los datos personales y la privacidad de las personas exigen una reelaboración profunda y consistente de las garantías jurídicas en las que consisten en el fondo los derechos fundamentales considerados y sin las cuales los derechos son sólo nombres huecos sin referentes precisos accionables ante la justicia en una nueva y compleja ecología de medios tecnológicos de procesamiento y comunicación de la información.  




Lunes, 11 de Septiembre 2017 | Comentarios

Fide y la Fundación Garrigues, analizaron el pasado 20 de junio, en sus Diálogos Ciencia y Derecho, la moralidad, desde el punto de vista de biólogos y filósofos.


Imagen tomada durante la sesión
Imagen tomada durante la sesión
Francisco Ayala inició su intervención, comentando que para los filósofos la moralidad es resultado de la cultura humana y de la fe religiosa, lo que explicaría que los diferentes grupos humanos tengan distintos conceptos de moralidad. Los biólogos consideran que la moralidad es fruto de la evolución biológica, de forma que todos los humanos tendrían valores morales. El Profesor Ayala señaló, que estas dos posturas aluden a problemáticas diferentes: por un lado estarían los juicios morales, que suponen la capacidad de juzgar las acciones como buenas o malas, lo que es una cuestión biológica y por otro lado estarían los códigos morales, que son normas que permiten juzgar las acciones, y que derivan de las experiencias culturales y religiosas.

Respecto a cuestiones como si está la capacidad ética de los seres humanos determinada por su naturaleza biológica?; ¿están los códigos de normas éticas determinados por la naturaleza biológica humana?, Ayala propone que los humanos son seres éticos por su naturaleza biológica: los humanos evalúan su comportamiento como correcto o incorrecto, moral o inmoral, como consecuencia de sus eminentes capacidades intelectuales, que incluyen la autoconciencia y el pensamiento abstracto. Pero las normas morales según las cuales evaluamos acciones particulares como moralmente buenas o malas son productos de la evolución cultural, no de la evolución biológica. Para poder realizar juicios morales, indicó que son necesarias las siguientes condiciones: capacidad de anticipar las consecuencias de las acciones propias, la capacidad de hacer juicios de valor y el libre albedrío.

Respecto a la evolución cultural, el Prof. Ayala señaló que la adaptación "es mucho más eficiente que la adaptación biológica. Es más rápida, tiene mutaciones diseñadas y las nuevas adaptaciones no requieren reemplazar a las previas". En todo caso, la evolución cultural es mucho más rápida que la biológica y puede abarcar menos de una generación. Las mutaciones culturales son diseñadas (frente a las biológicas, que son espontáneas) y acumulativas. Francisco Ayala destacó que en los últimos milenios la humanidad se ha adaptado cambiando el ambiente de acuerdo con las necesidades de sus genes, más que cambiando sus genes de acuerdo con las necesidades del ambiente. En cuanto a los códigos morales, Ayala insistió en que son producto de la evolución cultural, y -al igual que la evolución biológica- requieren: variación entre individuos, variación entre grupos y variación histórica.

 
 

Accede al Resumen completo de la sesión en este link.    
 

Accede a la presentación utilizada durante la sesión en este link.





Viernes, 7 de Julio 2017 | Comentarios

Fide y la Fundación Garrigues analizaron el pasado 22 de marzo, en sus "Diálogos Ciencia y Derecho", los cambios en el concepto de enfermedad. Hablamos, entre otros grandes temas, de los aspectos legales y éticos que se derivan de la aplicación de la medicina personalizada.


Imagen tomada durante la sesión
Imagen tomada durante la sesión
 
La sesión tuvo lugar en la sede de Fide. Antonio Garrigues Walker, Presidente de la Fundación Garrigues, presentó la sesión y contamos con la moderación de Pedro García Barreno, Doctor en Medicina. Catedrático emérito de la Universidad Complutense.
 
Ángel Carracedo comenzó su exposición refiriéndose al concepto de medicina personalizada, que se remonta a los años 50, cuando se observó que administrando los mismos fármacos a diferentes personas se producían reacciones diferentes (a modo de ejemplo señaló que algunos pacientes no metabolizaban la anestesia). De la farmacogenética se pasó a la farmacogenómica, que desde los años 90 estudia las bases moleculares y genéticas de las enfermedades para crear fármacos a la medida de cada paciente y adaptados a sus condiciones genómicas. Desde el año 2000 se ha desarrollado el concepto de medicina personalizada, que trata de buscar el fármaco adecuado al individuo y a la enfermedad mediante la integración de biomarcadores, y a partir de 2015 el de medicina de precisión.
 
El auge actual de la medicina personalizada está relacionado con la complicación que conlleva para la industria farmacéutica introducir nuevos fármacos en el mercado, puesto que únicamente se aprueba un nuevo fármaco cuando es menos tóxico y más eficaz que los que ya existen en el mercado. A este respecto, el ponente recordó que la eficacia curativa media de un fármaco es del 55%, y las reacciones adversas a un medicamento siguen siendo entre la cuarta y la sexta causa de muerte en los países desarrollados. A esta problemática se la conoce como la paradoja del fármaco moderno (paradox of modern drug development).
 
La principal razón para la diversidad de respuesta a los fármacos y los efectos adversos  de los fármacos se encuentra en nuestra diversidad como seres producto de la evolución. Aunque la especie humana al ser relativamente reciente tiene aún poca variación,  algunas manifestaciones de la variedad humana se encuentran en el cromosoma 6, cuya composición determina la respuesta inmunitaria del receptor en trasplantes; o en las enzimas CYP, principales implicadas en el metabolismo del fármaco, que pueden dar lugar a metabolizadores ultrarápidos para quienes los medicamentos no son eficaces a dosis habituales o lentos, más propensos a tener reacciones adversas. Pero la mayor razón de la falta de eficacia es la heterogeneidad de la enfermedad. El error es asimilar el síntoma con la enfermedad y considerar ésta como un todo único. Por ejemplo, si abordamos la fiebre como síntoma de una infección y administramos antibiótico, pero solo estamos tratando el 20% de sus causas. La solución a este problema es la estratificación de la enfermedad, separar las causas y no mezclarlas y para ello necesitamos biomarcadores. Esta idea está siendo impulsada actualmente desde la industria farmacéutica y es la base de la medicina personalizada.
 
Para buscar esos biomarcadores de estratificación de la enfermedad (esto es de dividirla por sus causas) podemos analizar la variación germinal (esto es la que tenemos de nacimiento) o en el cáncer la variación somática (esto es las mutaciones que se van acumulando durante el proceso canceroso a nivel del tejido afecto).
 
Para la primera los más eficaz han sido los estudios de asociación de todo el genoma (GWAS, Genome Wide Association Studies) mediante “SNPs” (Single Nucleotide Polymorphism, o Plomorfismo de Nucleótido Simple) como  marcadores genéticos ideales. En esta línea de investigación han aparecido hallazgos inesperados, como que la esquizofrenia es, en parte, una enfermedad autoinmune; y se han encontrado muchos biomarcadores de respuesta a tratamientos y no solo farmacológicos, como en la radioterapia de próstata, en la se ha observado que algunos enfermos se curaban de cáncer, pero morían después por la toxicidad radiológica, y se han encontrado por estudios GWAS biomarcadores que predicen esos efectos secundarios (la radiotoxicidad, en este caso) que son vitales a la hora de afrontar un tratamiento en un paciente concreto.
 
En segundo lugar las técnicas de secuenciación de genomas completos que están permitiendo encontrar las causas de muchas enfermedades con un componente genético importante como al autismo,  en el que ya se demostrado una relación con más de 200 genes. Es decir de una enfermedad común única se ha dividido en 200 entidades diferentes.
 
Como consecuencia de lo anterior, la tendencia apunta a que toda enfermedad común va a ir dividiéndose en entidades menores que poco a poco irán teniendo tratamientos específicos y más caros. Se espera que en los próximos 10 años haya más de 1.000 fármacos y tratamientos nuevos disponibles para enfermedades raras.
 
Por otra parte, el mencionado cambio de paradigma va a permitir predecir el riesgo de algunas enfermedades a nivel poblacional. La parte negativa de este aspecto es que probablemente aflorarán multitud de productos relacionados con la predicción de enfermedades, poco útiles y no regulados, lo que puede suponer un problema grave. Por ello, se debe abordar la regulación por las agencias de medicamentos competentes.
Actualmente es obligatorio o conveniente por parte de las principales agencias reguladoras (EMA y FDA) el empleo de biomarcadores en más de 80 medicamentos y como tal viene reflejado en las correspondientes fichas técnicas de los mismos. Se hace vital una educación del personal facultativo en estos aspectos y una adecuada traslación de los avances a los pacientes, para que se beneficien de ellos.
 
Finalmente, Ángel Carracedo señaló algunas reflexiones adicionales, como que la valoración del coste-beneficio de los estudios asociados con la medicina personalizada es vital pero no es un problema científico ni de regulación, sino que atañe a las clínicas privadas y al sistema de salud; que los marcadores de genómica deberán integrarse con otros biomarcadores (proteómica, microbioma) para ofrecer una mejor solución al paciente; y que actualmente se están trasladando algunos mensajes erróneos a los pacientes por lo que es necesario reflexionar sobre cómo cambiar esta situación, mejorando la información al paciente e incorporando estas cuestiones en la formación de los profesionales médicos.
 
Accede a la presentación utilizada durante la sesión aquí 
 




Jueves, 22 de Junio 2017 | Comentarios

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Blog de la Fundación Fide y la Fundación Garrigues
Fide
Eduardo Martínez de la Fe
Antonio Garrigues Walker, Francisco J. Ayala, Cristina Jiménez Savurido, Pedro García Barreno y Fernando Vives.

La Comisión Ciencia y Derecho está presidida por Francisco J. Ayala, Ayala School of Biological Sciences, University of California, y dirigida por Antonio Garrigues Walker, Presidente de la Fundación Garrigues, Cristina Jiménez Savurido, Presidente de Fide, y Pedro García Barreno, Doctor en Medicina y catedrático emérito de la Universidad Complutense.


Introducción del Blog

En este blog se recogen artículos y reflexiones generados dentro de los diálogos Ciencia-Derecho de Fide. Estos diálogos están presididos por la Comisión Ciencia y Derecho. Se trata de un blog colectivo en el que los profesionales que participan de manera regular en estos diálogos compartirán sus reflexiones.