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BLOG DE LA FUNDACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL DERECHO Y LA EMPRESA




Ramón López de Mántaras, Director, Artificial Intelligence Research Institute (IIIA-CSIC) Fotografía: Jordi Cabanas
Ramón López de Mántaras, Director, Artificial Intelligence Research Institute (IIIA-CSIC) Fotografía: Jordi Cabanas
El objetivo último de la Inteligencia Artificial, lograr que una máquina tenga una inteligencia de tipo general similar a la humana, es uno de los objetivos más ambiciosos que se ha planteado la ciencia. Por su dificultad, es comparable a otros grandes objetivos científicos como explicar el origen de la vida, el origen del universo o conocer la estructura de la materia. El principal problema al que se enfrenta la Inteligencia Artificial es la adquisición de conocimientos de sentido común. Poseer sentido común es el requerimiento fundamental para que las máquinas actuales dejen de tener inteligencias artificiales especializadas y empiecen a tener inteligencias artificiales de tipo general. Los conocimientos de sentido común los adquirimos gracias a nuestras vivencias. Una aproximación interesante al problema de dotar de sentido común a las máquinas es la denominada “cognición situada”. Es decir, situar a la máquina en entornos reales con el fin de que tengan experiencias que les doten de dicho sentido común mediante aprendizaje basado en el desarrollo mental. Esta cognición situada requiere que la IA forme parte de un cuerpo. Esto es así porque los cerebros forman parte integrante de cuerpos que a su vez están situados e interaccionan en un entorno real muy complejo. De hecho, el cuerpo es determinante para la inteligencia ya que el sistema perceptivo y el sistema motor determinan lo que un agente puede observar y las interacciones con su entorno. A su vez, estas situaciones conforman las habilidades cognitivas de los agentes. Las aproximaciones “no corpóreas” no permiten interacciones ricas con el entorno por lo que, inevitablemente, dan lugar a falsos problemas y por lo tanto a falsas soluciones. Actualmente todavía nos encontramos con importantes dificultades para que una máquina comprenda completamente frases relativamente sencillas o bien sea capaz de describir cualquier tipo de escena visual. 

Posiblemente la lección más importante que hemos aprendido a lo largo de los 60 años de existencia de la inteligencia artificial es que lo que parecía más difícil (por ejemplo, diagnosticar enfermedades o jugar al ajedrez y al Go a nivel de gran maestro) ha resultado ser relativamente fácil y lo que parecía más fácil ha resultado ser lo más difícil. Las capacidades más complicadas de alcanzar son aquellas que requieren interaccionar con entornos no restringidos: percepción visual, comprensión del lenguaje, razonar con sentido común y tomar decisiones con información incompleta. Diseñar sistemas que tengan estas capacidades requiere integrar desarrollos en muchas áreas de la Inteligencia Artificial. En particular, necesitamos lenguajes de representación de conocimientos que codifiquen información acerca de muchos tipos distintos de objetos, situaciones, acciones, etc., así como de sus propiedades y de las relaciones entre ellos. También necesitamos nuevos algoritmos que, en base a estas representaciones, puedan razonar y aprender de forma robusta y eficiente sobre prácticamente cualquier tema. A pesar de todas estas dificultades, las tecnologías basadas en la IA ya están empezado a cambiar nuestras vidas en aspectos como la salud, la seguridad, la productividad, o el ocio y a medio plazo van a tener un gran impacto en la energía, el transporte, la educación, y en nuestras actividades domésticas. En cualquier caso, por muy inteligentes que lleguen a ser las futuras inteligencias artificiales, de hecho, siempre serán distintas a las inteligencias humanas debido a lo que hemos mencionado sobre lo determinantes que son los cuerpos en los que están situadas. El hecho de ser inteligencias distintas a la humana y por lo tanto ajenas a los valores y necesidades humanas nos debería hacer reflexionar sobre aspectos éticos en el desarrollo de la Inteligencia Artificial y en particular sobre la conveniencia de dotar de autonomía completa a las máquinas. 

Estos aspectos éticos, entre otros, fueron debatidos en un B·Debate  el pasado 8 de marzo de 2017, organizado por Biocat, con el apoyo de la Obra Social la Caixa, Barcelona y ha dado lugar a la “Declaración de Barcelona para un desarrollo y uso adecuados de la Inteligencia Artificial en Europa”. Esta declaración se puede ver y firmar en http://www.iiia.csic.es/barcelonadeclaration/   




Martes, 11 de Abril 2017 | Comentarios

Blog de la Fundación Fide y la Fundación Garrigues
Fide
La Comisión Ciencia y Derecho está dirigida por Antonio Garrigues Walker, Presidente de la Fundación Garrigues, Cristina Jiménez Savurido, Presidente de Fide, y Pedro García Barreno, Doctor en Medicina y catedrático emérito de la Universidad Complutense.


Introducción del Blog

Este blog recoge la opinión de los profesionales que participan con regularidad en los diálogos Ciencia-Derecho. En ningún caso representa la opinión de la Fundación Fide, la Fundación Garrigues ó de la Comisión Ciencia y Derecho.