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BLOG DE LA FUNDACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL DERECHO Y LA EMPRESA




La primera vez que una autoridad española habla de CBDC


El Banco de España y CBDC
El gobernador del Banco de España ha intervenido esta mañana  en un webminar del Banco de Francia y OMFIF .

En su intervención menciona algunas prioridades para disponer de una  hoja de ruta para la emisión de un Euro Digital, como, por ejemplo, la necesidad de profundizar en el trabajo que se está haciendo en el Eurosistema y su posible experimentación, la importancia de contar con  los agentes privados y la cooperación internacional para asegurar la interoperabilidad y evitar la innecesaria fragmentación de los sistemas de pagos.

Por cierto, el gobernador contestó una pregunta de Enrique Titos, co-director del Grupo FIDE de Monedas Digitales y que la semana pasada ha presentado con Miguel A. Cestero las conclusiones de este grupo.

La intervención del gobernador  fue en inglés pero seguramente el Banco de España ofrecerá una traducción al castellano que puedan leer todos los españoles ya que es la primera vez que una autoridad española habla sobre el dinero digital público.





Intervención en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo


Las consecuencias del dinero digital público (CBDC)
Para los interesados , copio el guión de mi intervención en el curso de verano de la UIMP sobre el sistema financiero.



Las consecuencias del dinero digital público (CBDC). Una visión distinta del dinero y la banca.[1] 
 
  (GRACIAS)
 
Muchas gracias a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo por invitarme a este curso.
Estos años me he dedicado a estudiar, escribir artículos, dar clases y conferencias, mantener un blog y escribir un libro sobre los problemas más graves del sistema financiero y como se remedian con la introducción del dinero público digital (CBDC). Para mí es un privilegio compartir con ustedes lo que he aprendido.
             
 
    (INTRODUCCIÓN)    
 
¿Qué efectos está teniendo el Covid-19 en el sistema financiero?
Déjenme resumir: esta crisis está teniendo un efecto importante en las ideas, en la visión que tenemos de cómo funciona el sistema financiero, pero, además, en el futuro, va a tener también un efecto transformador de la realidad, de las políticas de las autoridades y de las conductas de los agentes privados, lo que será el inicio de un cambio estructural del sistema financiero.
 
 
   (LA VISIÓN CONVENCIONAL y LA DISTINTA)
 
Comencemos por el cambio en las ideas, por la visión de nuestro sistema financiero.
 Y empezaré diciendo que “De todos los sistemas bancarios que uno pueda imaginar, el que tenemos ahora es el peor de todos. Esta frase no es mía, es de Mervyn King, colega y amigo que sufrió los años de la Gran Crisis como gobernador del Banco de Inglaterra
Los problemas del sistema actual se producen por usar como dinero unos activos con riesgo creados por los bancos privados. Son los llamados “depósitos”, que en realidad no son depósitos. Y tampoco son dinero, sino “promesas” de devolver dinero. Este problema lo tuvieron en su día los billetes creados por los bancos privados pero, a finales del XIX, los billetes pasaron a ser emitidos exclusivamente por los bancos centrales. Ahora todo el efectivo es público y seguro, pero no lo son los depósitos, que son privados y frágiles.
 
Los efectos negativos de este sistema han ido siendo cada vez más graves. En menos de un siglo este sistema ha producido centenares de crisis bancarias nacionales y dos grandes crisis mundiales, y hemos sufrido los incrementos gigantescos de deuda, la explosión de las burbujas de crédito, la ineficiencia de la política monetaria y la falta de innovación y competencia en los servicios de pagos. Estos problemas del sistema financiero han deteriorado el crecimiento económico y el bienestar de la mayoría de los ciudadanos del mundo.

 No obstante, en lo que se refiere a los problemas del sistema actual hay un cierto consenso. Todos los economistas están de acuerdo en que el sistema actual es muy frágil. Dónde no hay consenso es al diagnosticar las causas de esos problemas y sus posibles remedios.
La mayoría de la profesión ha mantenido continuamente la creencia de que, aumentando las regulaciones prudenciales y la protección del Estado a los bancos, se podrían mitigar estos problemas. Esta ha sido durante mucho tiempo la visión convencional y ello explica que, después de cada crisis bancaria,  las reacciones de las autoridades hayan sido siempre, las de aprobar más regulaciones y más protección de los bancos.

Y esto es lo que sucedió después de la gran crisis del 2008. Recordemos cómo, al acabar ese año, prácticamente todos los economistas y los responsables de los gobiernos, bancos centrales y organismos internacionales estábamos de acuerdo en el diagnóstico de la crisis. “El mercado ha fallado”, dijimos todos. Incluso liberales-conservadores como Alan Greenspan confesaron el error de haber creído en exceso en el mercado.

Pero el diagnóstico de que el mercado era el culpable de la Gran crisis era equivocado. Al revés, los problemas son la consecuencia de un sistema monetario/bancario en el que el Estado, durante muchos años, décadas, incluso siglos y, para evitar las quiebras y las fugas de depósitos, ha ido protegiendo cada vez más a los bancos con todo género de privilegios y regulaciones.
Ese diagnóstico equivocado llevó a recetar remedios nocivos en el largo plazo. Más intervencionismo y proteccionismo del Estado. Volvieron a aumentar las regulaciones intrusivas con Basilea III, se crearon nuevos modelos de resolución y nuevos órganos supervisores, se incrementaron las garantías de los depósitos y los bancos centrales aumentaron el volumen y la diversidad de sus instrumentos, alcanzando unos niveles de intervencionismo en los mercados que hubieran sido inconcebibles años atrás.

Pero en esos mismos años empezó a surgir una visión distinta de los problemas del dinero y la banca y de cuáles debían ser las soluciones a estos problemas, que no debían ser las de aumentar el intervencionismo del Estado sino liberalizar las actividades bancarias y abrirlas a la competencia y no seguir utilizando el dinero frágil de los depósitos bancarios sino pasar a utilizar un dinero público y seguro, el dinero emitido por los bancos centrales.
 
   (¿EN QUE CONSISTE ESA VISION DISTINTA?)
 
Lo primero es darse cuenta de que los problemas más graves del sistema financiero están, exclusivamente, en el dinero y en los bancos y no en el resto del sistema. Desde el punto de vista de la regulación, el sistema financiero se puede dividir en 3 subsectores: el dinero, los bancos (en su función de crear depósitos) y el resto del sistema financiero, esto es, la bolsa, los fondos de inversión, los seguros, los hedge funds, el private equity, los mercados de derivados etc.   Todas estas actividades están sometidas a las reglas de mercado y aunque también tienen problemas que requieren regulación, no tienen consecuencias sistémicas graves. Los problemas de fragilidad, de política monetaria ineficiente y de falta de innovación en los servicios de pagos, son una consecuencia exclusiva de nuestro sistema de dinero y banca.
 
Y si los problemas están concentrados en el dinero y la banca es porque la característica fundamental del actual sistema es que el dinero y la banca están indisolublemente unidos. Esto explica que no se pueda avanzar en fortalecer la seguridad del dinero sin afectar a la banca y no se puede liberalizar la banca si no se cuenta con un dinero que pueda sustituir a los frágiles depósitos en bancos privados.
 
 
   (LA SOLUCIÓN A LOS PROBLEMAS)
 
De acuerdo con esta visión la solución a nuestros problemas debería venir por dos actuaciones: Por un lado, la sustitución del dinero frágil que son los depósitos bancarios por un dinero público y seguro, el emitido por los bancos centrales, lo que hoy llamamos CBDC, (las siglas en inglés de “dinero digital emitido por los bancos centrales”, Central Bank Digital Currency). Y por otro, por la liberalización de las actividades bancarias, o sea, por la eliminación de todas las protecciones y privilegios que tienen los bancos.
 
Hay más problemas del sistema actual, como las ingentes ayudas públicas que son necesarias para salvar los bancos, los subsidios que, incluso cuando no hay crisis, son imprescindibles para evitarlas, la pérdida del señoreaje, etc., problemas que no comentaré hoy porque disponemos de poco tiempo. Los interesados en saber más pueden leer el libro Adios a los Bancos que acabo de publicar y con un lenguaje sencillo, se exponen en detalle estos problemas, así como los beneficios que se obtendrían con la introducción de dinero público y la liberalización de las actividades bancarias.
 
 
   (EVOLUCIÓN DESDE 2014)
 
A partir del año 2014 esta visión distinta, que hasta entonces había sido defendida por un grupo muy reducido de estudiosos, empezó a aparecer en artículos, documentos y actividades de mayor difusión. El Banco de Inglaterra publicó dos documentos que cambiaron radicalmente la idea que teníamos sobre cómo se crea el dinero en nuestras economías. Algunos Parlamentos empezaron a discutir propuestas de abrir a todos los ciudadanos el acceso al dinero público y The Economist y Martin Wolf del FT respaldaron un referéndum en Suiza que proponía permitir a todos los ciudadanos tener cuentas en el Banco Central.
 
Pero los debates sobre estas reformas se producían todavía en círculos minoritarios. Y así ha sido hasta el momento en que la idea de introducción de dinero público se concretó en una propuesta aparentemente menos ambiciosa, la de introducir el CBDC, no como solución global a los problemas del sistema actual, sino con un objetivo muy concreto, el de poner a disposición de todos los ciudadanos lo que podríamos denominar un “efectivo digital”. A diferencia de lo que sería una reforma estructural completa, este dinero digital público no sustituiría, sino que, en principio, seguiría conviviendo con los frágiles depósitos en los bancos privados.
 
Es curioso que la idea de introducir dinero público no haya saltado de la reflexión teórica a la realidad porque las autoridades hubieran querido resolver los graves problemas de estabilidad o superar las dificultades de gestionar la política monetaria, sino que ha surgido por la ineficiencia y la falta de innovación en los servicios de pago.
 
 
De hecho, en un primer momento los bancos centrales fueron muy reticentes, por no decir que contrarios absolutamente, a la idea de la introducción de las CBDC. Salvo el Banco de Suecia y el Banco de Inglaterra la mayoría de los Bancos Centrales, mostraban actitudes muy negativas y ninguna autoridad se había planteado hacer reformas estructurales del sistema financiero que mejorarían la estabilidad y la eficiencia de la política monetaria.
Pero, como he señalado, en estos los últimos años han aparecido unas propuestas de introducción de dinero digital público que van a suponer una disrupción en un negocio que ha monopolizado históricamente la banca: los servicios de pagos.
Ha sido la lentitud, el coste de los servicios de pago, las comisiones exorbitadas cobradas especialmente en los transfronterizos, la exclusión de millones de personas que no tienen cuentas en bancos privados y la falta de innovación en estos servicios la que ha llevado a que esta idea haya saltado de la teoría a la práctica.
 
Y no han sido las autoridades, ha sido el mercado, la iniciativa privada, la que está obligando a las autoridades a plantearse la necesidad de dicha reforma. Y están metiendo prisa. En este momento, los principales bancos centrales del mundo están ya estudiando, diseñando, e incluso experimentando, la posibilidad de introducir el dinero público y seguro (CBDC).
 
   (LOS EFECTOS DEL COVID-19)
 
¿Ha sido el virus, con sus efectos sobre la economía, el que ha acelerado este interés por la introducción del dinero digital público y seguro en nuestros sistemas financieros?
Detectar la causalidad es difícil, pero es un hecho, un dato comprobable, que durante estos meses se ha producido una explosión de trabajos y estudios sobre el dinero digital seguro, que no se había visto antes. Ha sido en estos meses cuando el Banco de Inglaterra ha publicado uno de los mejores informes sobre el tema (CBDC: Opportunities, Challenges and Design) Y el Fondo Monetario Internacional ha seguido produciendo documentos de gran interés para el diseño de los CBDC.
El Banco Internacional de Pagos de Basilea, el BIS, que tan solo hace 15 meses había mostrado su reticencia sobre esta idea y alertado sobre sus riesgos, ha publicado durante el confinamiento la segunda parte de su informe de pagos transfronterizos, una consulta sobre la regulación de las “stablecoins”, un valioso artículo de Ralph Auer en su boletín trimestral y está jugando un papel muy importante en la indispensable tarea de coordinar los trabajos de los bancos centrales nacionales.
No hay ninguna institución que se precie (Brookings, Group of Thirty, Davos, ) ni ninguna de las grandes consultoras que no haya publicado en estos meses un extenso  documento sobre los CBDC .

Pero sin duda el hecho más relevante ha sido la publicación en abril pasado del segundo “White paper de Libra por parte de un consorcio liderado por Facebook. Como seguramente saben, el año pasado Facebook lanzó la idea de una moneda privada, denominada Libra, que permitiría hacer transacciones a 1.700 millones de personas en el mundo que hoy no disponen de cuenta bancaria. Y la forma en que ha evolucionado este proyecto privado explica el cambio de actitud de los bancos centrales más importantes respecto a las propuestas de introducir el dinero digital público en nuestros sistemas.
En el primer White Paper, Libra proponía respaldar su moneda con depósitos bancarios y otros valores con riesgo. Si se hubiera aceptado sin más esta propuesta, habrían aumentado y agravado los problemas que ya tenemos con los bancos, de fragilidad y riesgo de crisis financieras y también de descontrol de la política monetaria.

Los reguladores reaccionaron correctamente en contra de esa propuesta, pero la aceptación por parte de Facebook en abril de no respaldar su moneda con activos privados sino con dinero público ha tranquilizado a las autoridades lo que podría facilitar su aprobación. Y es evidente que la competencia será más intensa si participan las grandes Bigtech que si los bancos tuvieran que competir solamente con unas pequeñas Fintech.
 
    (¿QUE CUESTIONES SE ESTÁN DEBATIENDO?)
 Y ¿qué cuestiones se están discutiendo en este extenso e intenso debate entre expertos sobre la introducción del dinero público digital (CBDC)? Muchas. Solo mencionaré unas pocas.
En términos de volumen de trabajos y documentos, el asunto que está llenando más páginas es el relativo a las diferentes tecnologías que podrían utilizarse. No voy a describirlas porque, siendo las tecnologías muy importantes, ya que sin ellas no podríamos tener CBDC, desde un punto de vista económico/financiero no hace falta conocer en detalle su funcionamiento como saber para qué sirven.

Otra de las cuestiones más debatidas es el carácter anónimo – o no- que tendrá el dinero digital público. Esto interesa mucho porque aunque la mayoría del dinero que utilizamos ahora-los depósitos bancarios privados- no son anónimos, es cierto que los billetes, el único dinero público que ahora pueden usar los ciudadanos, son anónimos.
Otro elemento importante del diseño es el papel que deben tener los bancos comerciales y los bancos centrales. La opción mayoritaria es la de que el Banco Central tenga un papel reducido, centrado exclusivamente en garantizar el registro y la seguridad del dinero y que sean las entidades privadas las que proporcionen los servicios de pagos.

Pero quizá el aspecto que más preocupa en este debate es el de los posibles efectos disruptivos en los bancos privados que produciría la introducción del dinero público (CBDC).  Y no es de extrañar, porque, si se dejara a los ciudadanos acceder al dinero público sin ningún límite, esto significaría el final de los bancos privados.
Mucha gente no se da cuenta de que, a diferencia de otras empresas, los bancos privados sobreviven exclusivamente gracias a las protecciones, subsidios y privilegios del Estado. Y uno de esos privilegios es que ahora solamente los bancos pueden acceder al dinero digital público.

Si se dejara a los ciudadanos acceder sin límite a ese dinero público podría reducirse rápidamente el negocio de los bancos privados. Por ello es muy razonable que las autoridades estén pensando en proteger a los bancos comerciales de una disrupción súbita. Ultimamente se está pensando en limitar el volumen de dinero digital seguro que puedan usar los ciudadanos y empresas en la primera fase de introducción del dinero público.

Hay más cuestiones que se están analizando y que explican los numerosos estudios que se están produciendo en este gran debate en el que, hasta ahora, participan solo los expertos. Algunas son muy técnicas, como la verificación de identidades, la escalabilidad, el coste, la rapidez, la ciberseguridad o el consumo energético, pero también hay otras cuestiones de carácter general como, por ejemplo, la inclusión financiera, o las garantías de que todo el dinero utilizado para prestar servicios de pago esté respaldado por dinero público, la utilización de los datos, o las formas de garantizar la competencia que podríamos comentar en el coloquio.
 
    (EL FUTURO)
Voy a terminar comentando cómo veo el futuro del sistema financiero.

A pesar de las limitaciones y barreras que se impongan para proteger a los bancos, en el momento en que empiecen a liberalizarse los servicios de pagos con dinero público (CBDC), los bancos empezarán a sentir sus efectos disruptivos. Porque las empresas y los ciudadanos dejarán de estar cautivos, ya no estarán obligados a pasar por los bancos para realizar sus pagos.
Estas disrupciones tendrán el efecto positivo de alertar a los bancos de que en un futuro no muy lejano no podrán mantener los privilegios y protecciones del Estado que hoy disfrutan y tendrán que aprender a funcionar en un mundo sometido plenamente la competencia.

Hoy los bancos cuentan con un capital humano de gran calidad porque han podido ofrecer altas retribuciones a los mejores profesionales. Y es de esperar que sus directivos acierten en transformar sus entidades para, sin ayudas del Estado, ofrecer aquello que los usuarios quieran.
Ahora los bancos ven el peligro de que se deje a los ciudadanos usar un dinero público y seguro. Pero, en algún momento, algunos bancos se darán cuenta de que, al renunciar a su actividad de depósito, podrían dedicarse a desarrollar otras actividades financieras que son más rentables que su negocio tradicional sin tener que cumplir con unas regulaciones pesadas y gravosas que no tendrían que sufrir si renuncian a los depósitos.

    Los bancos que no se adapten, como sucedió con empresas como Kodak, desaparecerán. Pero lo normal es que, como sucedió con otras empresas fotográficas, algunas entidades se transformen y subsistan. Esto ha sucedido en todos los sectores – por ejemplo, en el transporte aéreo o las telecomunicaciones - donde la tecnología y las liberalizaciones alteraron el censo empresarial.
La mejora en los servicios de pago será el efecto más visible y, como ha sucedido con las telecomunicaciones, el resultado no será solo el de que los nuevos proveedores de servicios de pagos seguirán haciendo lo mismo que hacían los bancos, pero más barato y de más calidad sino, sobre todo, el de la aparición de nuevos servicios que hoy no podemos ni imaginar. La innovación es el efecto más importante de la competencia.

Además, en cuanto empiecen a funcionar, estas reformas serán la chispa que arrojará luz sobre los problemas del sistema actual. Hoy los ciudadanos no son conscientes de estos problemas porque la protección del Estado tiene un efecto de “anestesia”, que impide percibirlos porque el objetivo de los subsidios y protecciones es, precisamente ese, el de tranquilizar a los depositantes, el de que no “sientan” los problemas del dinero privado.

 La introducción, aunque muy limitada, del dinero digital público será la caja de Pandora que generará un movimiento creciente e imparable para que todo el dinero deje de ser frágil y se supriman las protecciones y regulaciones innecesarias de las actividades bancarias. No necesitaremos organismos de resolución, ni seguros de depósitos, ni organismos de supervisión prudencial. Y la política monetaria no requerirá intervenciones masivas en los mercados financieros porque los bancos centrales dejarán de manipular directamente los tipos de interés.
Por supuesto que seguirán existiendo problemas en el sistema financiero, pero ya no tendremos problemas que hayamos creado nosotros, debidos a las numerosas regulaciones y protecciones del Estado.

 Los países comunistas cometieron el error de creer que el Estado sabía decidir mejor que la interacción libre entre individuos y empresas y sometieron la producción de bienes y servicios a un fuerte intervencionismo. Y durante décadas este sistema tuvo muchos problemas que tuvieron que sufrir sus habitantes.
Pues bien, ahora, en prácticamente todos los países del mundo, tanto la producción de bienes y servicios como las actividades de la mayor parte del sistema financiero están ya sometidas a las reglas del mercado, pero todavía la disciplina del mercado no se aplica a esa parte del sistema financiero que son los bancos.

Cuando la introducción del dinero digital público sea plena, ya no habrá ninguna razón que justifique el intervencionismo del Estado en los bancos y veremos, como comprobaron los países comunistas, las enormes mejoras que producen la innovación y la competencia en el bienestar de todos los ciudadanos.

El camino hacia ese futuro, como todo en la historia -y en la vida-, no será lineal. Lo más probable es que transcurra como ha empezado, como una mezcla, impredecible, de disrupciones y reformas.
Muchas gracias.
 
[1] Intervención en el curso El sistema financiero en la crisis de la COVID-19, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 31/08/2020
 





Un paso más hacia el dinero digital público (CBDC)


La semana pasada el Parlamento Europeo aprobó una resolución cuyo punto 13 dice que:

“Considera apropiado analizar más  a fondo las iniciativas para implementar CBDC tanto dentro de la Unión y a nivel mundial; invita al Banco Central Europeo a considerar la posibilidad de emprender una evaluación de impacto integral con miras a presentar opciones de perspectiva sobre CBDC, incluido un análisis de las oportunidades y los riesgos del establecimiento de un euro digital; cree que esta evaluación también debería considerar el papel de las tecnologías; pide además a las autoridades de supervisión de la Unión que promuevan más investigación en este campo, y pide a la Comisión y al Banco Central Europeo que entablen un diálogo a nivel internacional, evaluando los posibles beneficios e implicaciones de un uso más amplio de CBDC a nivel mundial"

El Parlamento destaca el papel que puede jugar la CBDC en garantizar la confianza en el sistema financiero, proporcionando una mayor inclusión financiera y el acceso a un medio de pago público,.





Algunas Referencias


Pocas veces he proporcionado en este blog  algunas visiones contrarias al dinero público y seguro. Sin duda ello se explica, simplemente, porque no comparto los argumentos de los que están en contra de que se permita acceder a todos los ciudadanos al dinero digital público.

Por otra parte, cada vez escasean más las visiones críticas y , como mostraba el gráfico del último informe del BIS, en los discursos de los gobernadores de los bancos centrales ya son más numerosos los argumentos favorables a la introducción de CBDC.

Pero antes de que desaparezcan las visiones negativas sobre el dinero digital público, quiero proporcionar algunas referencias que sirvan de contrapunto a las, normalmente, más positivas que se comentan en este Blog.

La más antigua es la de Philippe Bacchetta, titulada Sovereign money reform in Switzerland would be a mistake que preparó para la asociación de bancos suizos en contra de la propuesta del referéndum que se celebró en Suiza en junio de 2018.

Las más recientes son un artículo de Jesús Fernández Villaverde en El País titulado ¿Un banco central abierto a todos? No, gracias, basado en un documento académico titulado    Central bank digital currency: Central banking for all? y un discurso de Yves Mersch titulado An ECB digital currency – a flight of fancy?. Ambos documentos han sido publicados este año 2020.

Y ayer mismo, el RBA, el banco central de Australia, publicó un documento titulado Retail Central Bank Digital Currency: Design Considerations, Rationales and implications   en el que defiende que la valoración de riesgos y beneficios no justifica, por ahora, la introducción de dinero digital Público (CBDC).





Lagarde y el Euro Digital


El BCE y el dinero público digital (CBDC)
Siempre la coyuntura atrae más que los cambios estructúrales. Y aún más cuando estamos atravesando una tragedia como la que ha desatado el maldito virus. Pero ayer Cristine Lagarde tuvo una intervención importante para la historia de la transformación estructural del sistema monetario y, en concreto, sobre la posible introduccion del dinero público digital (CBDC) en el Eurosistema.
 
Sus palabras en la conferencia sobre pagos del Bundesbank están ya accesibles en la web del BCE: Payments in a digital world
 
Los lectores de este blog son conscientes del retraso del BCE en ocuparse del dinero público digital (CBDC). Pero este año 2020 será reconocido como el año del gran cambio. Nada más empezar el año se publicó un importante documento de Ulrich Bindseil y ahora Lagarde ha anunciado dos pasos muy importantes.
 
Por un lado, en las próximas semanas se harán públicas las conclusiones de los trabajos realizados por un grupo interno del BCE  y, por otra, se plantearán a consulta pública las posibles reformas en este campo. Una forma excelente de ampliar el debate más allá del círculo de expertos en que se está desarrollando ahora.
 
En su discurso Lagarde habla abiertamente de la posible introducción del “Euro Digital” y este avance en el lenguaje es la mejor prueba de la seriedad del cambio pues, hasta ahora, esta denominación era usada solo por los partidarios de una gran reforma del Euro como, por ejemplo, Thomas Mayer en su “A digital euro to save the EMU”  que ya comentamos en su día en este blog.






Miguel A. Fernández Ordóñez
Miguel Ángel Fernández Ordóñez
Eduardo Martínez de la Fe
Miguel A. Fernández Ordóñez es Licenciado en Derecho y Economista del Estado. Ha sido Secretario de Estado de Economía, de Comercio y de Hacienda y Presupuestos, Presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia y de la Comisión Eléctrica (CSEN). Entre 2006 y 2012, período en el que se produjo la mayor crisis económica y financiera desde la Gran Depresión, fue Gobernador del Banco de España y miembro del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (ECB). Desde entonces imparte Seminarios sobre Política Monetaria y Regulación Financiera en la IEUniversity.


Objetivo del Blog

La Gran Crisis ha acarreado un aumento extraordinario de la regulación bancaria pero no ha modificado el sistema de creación de dinero. Algunos estudiosos, muy minoritarios, han propuesto pasar del sistema actual de creación de dinero frágil por parte de los bancos comerciales a un sistema de dinero seguro emitido por los bancos centrales, lo que, además, permitiría la liberalización de la actividad bancaria. El objetivo de este Blog es proporcionar información sobre estas reformas monetarias y financieras.

En el enlace superior se accede al apartado en la web de Fide donde recogemos los artículos y referencias que el Autor utiliza en este blog.


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