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Blog de la Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa




CUANDO LA IGNORANCIA SE TIÑE DE IDEOLOGÍA


Lunes, 22 de Octubre 2018




Hace algunos días ha tenido lugar en la sede de FIDE una interesantísima sesión sobre el efecto de los sesgos cognitivos en las resoluciones judiciales. No se trataba tanto de analizar su existencia-cuestión sobre la que hay un consenso unánime-, cuanto de vislumbrar su influencia en los procesos de decisión y buscar los remedios adecuados para evitar sus perniciosas y distorsionantes consecuencias. Aunque, ciertamente, no con la celeridad deseable, es lo cierto que se ha avanzado notablemente en la detección y, en ocasiones erradicación, de estos singulares atajos heurísticos que, con alguna frecuencia, cercenan la objetividad y adecuada ponderación de nuestros tribunales de justicia.

Pero los sesgos y prejuicios no afectan tan sólo a las decisiones judiciales. Forman parte del equipamiento biológico con el que la evolución ha pertrechado los complejos procesos de evaluación, análisis y decisión que han conformado el conglomerado cultural de lo que llamamos civilización. La clarificación de esos procesos y la consciencia de su, en ocasiones, descomunal influencia se ha producido de manera discontinua y desigual en las distintas esferas de nuestra conducta. En algunos ámbitos, como el judicial o el económico cada vez somos más conscientes y tenemos mejor conocimiento de los condicionantes inconscientes de nuestras decisiones.

Lamentablemente, si hay un ámbito donde las anteojeras ideológicas y los sesgos y anclajes de grupo dominan por completo el núcleo del discurso e imponen sin restricciones el universal mandato de la conformidad por más totalitaria que resulte es, justamente, en el terreno de la política, en muchas ocasiones arrastrado al fango de la ignorancia y la estulticia. Las ideologías consolidan y cristalizan los sesgados estereotipos acuñados en las diferentes y cerradas visiones del mundo, tan excluyentes como integristas.

Un ejemplo de ello, no por estridente menos significativo, lo ha protagonizado la diputada de Podemos por Castilla y León, Lorena González. La historia comienza cuando la Consejería de Educación de la junta de Castilla y León en un afán-que entiendo loable-de mejorar el nivel de conocimiento financiero de los alumnos decidió incorporar como material escolar el libro "Educación Financiera Básica" de la profesora y economista María Jesús Soto. El libro que fue publicado en 2012 y recientemente reeditado está dirigido a niños en su primera etapa de formación y contiene nociones económicas elementales sobre la inversión, el ahorro o la inflación. La obra no tiene otra pretensión que familiarizar a los alumnos con algunos conceptos económicos y financieros básicos, que deberían formar parte del acervo cultural de cualquier ciudadano adulto en una sociedad avanzada como pretende ser la nuestra.

Y lo hace, utilizando un lenguaje accesible al público infantil, a través de dos personajes-Nico y Carol-que a lo largo de las aventuras en que se ven envueltos van explicando el significado y las consecuencias de decisiones sobre el ahorro, la inversión, el asesoramiento financiero etcétera. Considerando que en nuestro país más de la mitad de la población adulta desconoce el significado de conceptos como inversión, productividad, diversificación del riesgo y sólo el 58% sabe lo que es la inflación, nadie con un mínimo de sensatez puede sino considerar acertada la decisión de la Consejería de Educación y loables sus objetivos. Nadie… excepto Lorena González, la hoy todavía diputada de Podemos.

En un video de algo más de cinco minutos de duración, que con toda sinceridad produce sonrojo ajeno por la desbordante ignorancia que rezuma su protagonista, la diputada se explaya en todo tipo de descalificaciones hacia la iniciativa adoptada por la Consejería tachando el libro de herramienta de manipulación y adoctrinamiento, no porque haya detectado cualquier error o imprecisión en su argumentario, sino justamente por todo lo contrario.

Es decir, según la diputada lo que resulta "sencillamente escandaloso y escalofriante" no es el lamentable déficit de conocimientos económicos y financieros de la población española, sino el "pernicioso" intento de la junta de Castilla y León de paliar siquiera parcialmente, tan deplorable situación.

Más allá del grotesco esperpento y el triste bochorno de su protagonista se imponen algunas reflexiones.

En primer lugar, el hecho de que Lorena González a día de hoy, no sólo continúe en su puesto como diputada-una representación que se sufraga con dinero público-sino que hasta la fecha no haya sido objeto de reprobación o crítica alguna por parte del grupo político al que pertenece, es un índice muy elocuente del desolador erial intelectual en el que parece haberse instalado una parte significativa de la nueva izquierda española, precisamente el sector que enarbola la bandera del cambio y la renovación generacional, en sustitución de la obsoleta casta oligárquica de los partidos tradicionales.

Son actitudes de esta naturaleza enraizadas en los periclitados estereotipos de aquellas nostálgicas y tribalizadas visiones de los "grandes relatos" que integraban toda disonancia en una artificial armonía totalizadora, las que ahondan el abismo que separa a esta "nueva izquierda" de las grandes mayorías, de los anhelos y esperanzas de una gran parte de la juventud y de la sociedad que quieren representar.

Cual es lejos está la "nueva izquierda" de ser capaz de desempeñar un papel protagonista en el futuro político inmediato, lo evidencia no sólo el clamoroso autismo intelectual en que se halla sumida, incapaz de producir algo más que estridencias tan esperpénticas como la protagonizada por la diputada, sino, principalmente,  el riesgo de desvertebración de un movimiento heterogéneo sólo nucleado coyunturalmente en torno a la protesta y al descontento y cuya subsistencia exige desembarazarse de los segmentos más comprometidos ideológicamente con un pasado ya superado.

Carentes de todo marco teórico de referencia que no sea la rancia apelación al saber "gnóstico" de los padres fundadores-una versión laica del credo quia absurdum- o la inopinada adhesión a cualquier brote de indignación, más allá de su significado o fundamento-"la jarana permanente" que inaugurara allá por los años ochenta el inefable "cojo manteca" aquel lisiado inmortalizado para siempre por las cámaras de televisión, destrozando farolas con sus raídas y desvencijadas muletas-. Un mensaje que carece de atractivo incluso para sus incondicionales que sólo se nutren de una retórica tan obsoleta como la que pretenden sustituir.

Es cierto que los prejuicios forman parte de nuestro equipamiento evolutivo, no son más que la herencia de aquellos ancestrales "atajos heurísticos" que contribuyeron a salvarnos la vida en la Sabana y que de alguna manera nos han traído hasta aquí. Pero también lo es que el legado de la inteligencia y la cultura es la herramienta que nos permite desembarazarnos de esos grilletes cuando han dejado de ser necesarios. Ésa es la habilidad que nos civiliza. La tan ansiada renovación de la izquierda debe comenzar necesariamente por despojarse del gastado ropaje con el que nuestros abuelos interpretaban y forjaban la HISTORIA. Hoy ya sólo son los trajes hechos jirones de una comedia pasada de moda que nadie quiere representar.


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