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Blog de la Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa




“Mueren jóvenes los que los dioses aman”
Menandro de Atenas


In memoriam: Luis dos Santos Martins (Oporto (Portugal) 3 de agosto de 1976 - Madrid (España), 11 de julio de 2018)
Luis dos Santos Martins


Querido Luis:

Hoy se cumple un mes desde que nos dejaste. Faltaban sólo unos días para que cumplieras 42 años y, sobre todo, faltaba toda una vida llena de proyectos apasionantes por vivirse. No quiero perturbar el luto que tu familia, tus amigos, tu familia profesional de IBM -donde desarrollaste prácticamente toda tu impresionante trayectoria profesional - y todos lo que te queríamos estamos viviendo, pero este mes te había ofrecido escribir el artículo del blog y este espacio debe ser para ti.

Como te dije cuando te ofrecí escribir el post estaba convencido de que tu visión sobre el desarrollo de las nuevas soluciones de inteligencia artificial en el ámbito jurídico resultaría de enorme interés para los lectores. Insistías en la gran importancia de los datos y la información que debe nutrir las soluciones y plataformas -ya que sin esa información éstas eran como un vehículo sin energía que los propulsase- y te importaba especialmente que los algoritmos tuvieran también en cuenta variables emocionales en sus modelos ya que, como bien decías, la inteligencia artificial no sería inteligente sin incluir de alguna forma las emociones que tanto condicionan nuestra inteligencia emocional que es parte fundamental del proceso de toma de decisiones de la inteligencia humana. Aunque las circunstancias no han permitido que puedas escribir el post que amablemente habías aceptado escribir, sí dejaste las claves de los mensajes que querías dar a los lectores ya escritas por lo que espero que me permitas transmitirlas a todos in memoriam.

Así te presentabas cinco días antes de dejarnos a una de las escuelas de formación ejecutiva más prestigiosas de España donde ibas a dar clases:

Después de 5 años en Cuatrecasas, llevo 14 años en el área de tecnologías de la información como abogado in-house de IBM. Durante todo este tiempo asesoré todo tipo de transacciones en distintas geografías, desde transacciones para la adquisición de capacidad de computación, contratos de outsoursing de servicios, acuerdos corporativos y multi-geográficos de software, hasta el cambio de paradigma tecnológico que conlleva la transformación digital que se está desarrollando actualmente. Transición de los data centers a cloud computing, el software como servicio, y cambio de un modelo basado en programación a las soluciones cognitivas, mediante la utilización de algoritmos con capacidad de análisis, prescriptivo, predictivo e incluso, emocional.

En particular estoy específicamente involucrado en la investigación e implementación de soluciones de inteligencia artificial (machine learning, Deep learning, natural language processing, …) en el sector jurídico (por ej. las implicaciones de la utilización de soluciones de AI en la Administración de la Justicia, investigación y decisiones judiciales). Además de todo lo relacionado con la información (big data) sobre la cual los algoritmos extraen los datos para producir insights que la mente humana no alcanzaría.

Bueno…. perdona porque empiezo hablar de estos temas y no termino.

Y es que, efectivamente, nuestra limitada mente humana no alcanza a entender muchas cosas como el que ya no estés entre nosotros querido Luis.

Te preocupabas por todos los que te rodeaban y tu mirada azul, como tu amado Océano Atlántico, nos reconfortaba a todos siempre. Tratar contigo era siempre como una delicada caricia: siempre atento, agradecido y exquisitamente elegante. Como buen portugués, cruzaste el Océano y tuviste grandes responsabilidades en Nueva York y Sao Paulo. Acababas de regresar a nuestra Península, este espacio único que compartimos españoles y portugueses, ibéricos todos, pero el Océano estaba siempre presente en ti e inspiró el nombre del start-up que fundó tu hermano Miguel (Oceanxbox) a la que ayudabas con las innovadores visiones y análisis que apuntabas en el mensaje que he transcrito más arriba.

Tu recuerdo estará siempre entre nosotros y espero que nuestra limitada mente no se pregunte más el “porqué” te has ido sino “para qué” ya que tu vida ha estado llena de sentido aunque no seamos capaces de entender y procesar porqué ha terminado de forma tan prematura. No sé si algún día, con ayuda de la inteligencia artificial -que siempre decías que había que nutrir de nuestras emociones humanas- conseguiremos entender el sentido de nuestra existencia pero, mientras llega ese día, espero que tu ejemplo sea siempre un estímulo para quienes hemos tenido la suerte de haberte conocido.

Descansa en Paz.


© Javier Fernández-Samaniego, 2018
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Miércoles, 15 de Agosto 2018
¿Otro e-mail RGPD más? O de las torpezas humanas en los tiempos de la inteligencia artificial.
“Video killed the radio star”, los Christmas electrónicos acabaron con las felicitaciones navideñas y, por el bien de Europa y su economía digital, esperemos que el “spam” global del que estamos siendo todos “víctimas” estos días no mate o eclipse al Reglamento (UE) 2016/679, de 27 de abril de 2016 (Reglamento General de Protección de Datos o “RGPD”) que - es imposible que nadie a estas alturas no lo sepa- es aplicable a partir de hoy 25 de mayo de 2018.

Han transcurrido más de 6 años desde que la Comisión Europea publicó su Propuesta de RGPD y dos años desde que el RGPD - que hoy es ya plenamente aplicable- entró en vigor tras su publicación en el DOCE el 4 de mayo de 2016. No se pueden añadir más palabras a la “verborrea RGPD” porque el RGPD es lo que es y, como diría Sancho Panza, "Cada uno es como Dios lo hizo, y aún peor muchas veces (1)".

Tras tantos años de trabajos y encomiables esfuerzos realizados para reforzar los derechos fundamentales de los ciudadanos europeos, armonizar las legislaciones de los Estados Miembros acabando con la fragmentación e inseguridad jurídica existente e impulsar la economía digital europea muchos (entre los que mi incluyo pues no en vano llevamos más de dos décadas dedicándonos a esta materia) veíamos el 25 de mayo de 2018 como un día casi tan importante como el que entró en circulación el euro.  Otros, más escépticos, pensaban que hoy sería un día similar al 1 de enero de 2000 donde, a pesar de toda la preocupación global por el error del milenio o efecto 2000 (Y2K) finalmente no pasaría nada relevante.

Pero para todos los que hasta hace poco eran ajenos al RGPD lo cierto es que, de momento, sus siglas se asocian a un suerte de “spam” global a la búsqueda del consentimiento  que deja al banner de “cookies” en una insignificante molestia al lado de los incesantes correos que nos demandan ya en tono circunspecto (Su privacidad es muy importante para nosotros), educado (Nos gustaría seguir en contacto con Ud. ) apremiante (Actúa rápido si quieres seguir en contacto) o jocoso (Y otro más…) a renovar nuestro consentimiento.

Una de las voces críticas al RGPD y, más allá de esta norma, a las políticas europeas recientes en materia de educación y economía digital, se esconde en un excelente “libro para el momento” (2) - del cirujano y neurobiólogo francés Laurent Alexandre La Guerre des Intelligences. Intelligence Artificielle versus Intelligence Humaine. Comment l’ Intelligence Artificielle va révolutioner l’éducation  en el que el doctor Alexandre, sin ambages, defiende que China y California, esto es, los BATX (Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi) y  los GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) son los que han ganado la guerra de la economía “digital” sin disparar un tiro. En esa dialéctica bélica el doctor Alexandre crítica la labor de la legislación europea existente hasta la fecha y el rol jugado por las autoridades de protección de datos nacionales europeas (empezando por la de su país de origen, la CNIL francesa) que contribuyeron a la fragmentación e inseguridad jurídica en Europa favoreciendo el crecimiento exponencial que tuvieron las redes sociales de origen norteamericano sin competencia alguna de ningún “gigante europeo” que, por ese entorno regulatorio, no pudo nacer.

Más allá de esa visión, ciertamente no muy esperanzadora para la industria digital europea, el libro del Dr. Alexandre analiza de forma profunda los cambios que nuestro sistema educativo necesita ante el advenimiento de la IA (Inteligencia Artificial) y realiza una serie de proposiciones – descarnadas y provocadoras- como la introducción de un QCIA (Coeficiente de Complementariedad con la Inteligencia Artificial) como un nuevo indicador de empleabilidad de las personas. Se trata de una lectura muy recomendable.

Y es que, efectivamente, la propia Comisión Europea, lleva años transmitiendo esta preocupación y en su reciente Comunicación de 24 de enero de 2018 para que las legislaciones nacionales que se están aprobando en estos momentos en relación con el RGPD no nos lleven de nuevo a la fragmentación y falta de coherencia que tan nefastas consecuencias tuvo para nuestra industria.
 
Pero en día para tan importante para la protección de datos en Europa como hoy y “spam” de bienvenida y demás torpezas al margen –muchas realizadas por “imperativo legal” y otras por mero “efecto simpático” no reflexionado- me voy a permitir cuestionar al bueno de Sancho Panza porque aunque “Cada uno es como Dios lo hizo, y aún peor muchas veces” el RGPD será aquello en lo que todos los implicados en el mismo le conviertan (ciudadanos, empresas para los que la información es hoy su activo fundamental, profesionales de la privacidad incluyendo esos futuros “delegados de protección de datos”, “activistas” de la privacidad, futuro Comité Europeo de Protección de Datos, autoridades supervisoras nacionales y un largo etcétera en el que no se puede olvidar a la Comisión Europea y al Tribunal de Justicia de la Unión Europea) y, será por optimismo patológico, no me resigno a pensar que Europa es capaz de crear  un espacio de libre circulación de datos y libertad económica en el que se den las condiciones para que nazca un BATX o un GAFA . Y que cobre sus servicios en euros.

*****
(1) Don Quijote de la Mancha, 2ª parte, 1615, Cap. IV
(2) Véase la referencia a la clasificación de los libros realizada por John Ruskin en https://www.fidefundacion.es/mjuridico/El-Futuro-de-las-Profesiones_a7.html
 
© Javier Fernández-Samaniego, 2018
javier.samaniego@samaniegolaw.com

¿Otro e-mail RGPD más? O de las torpezas humanas en los tiempos de la inteligencia artificial.



Viernes, 25 de Mayo 2018

Los autómatas, los mecanismos ingeniosos, nos fascinan desde la antigüedad y abrieron el camino a otras criaturas mecánicas, como los robots, y después a ingenios inmateriales o no corporales como los sistemas de inteligencia artificial (IA) que llevan ya cierto tiempo entre nosotros. Luego vendrían los cyborgs, anunciando lo transhumano y lo poshumano, fruto de las investigaciones sobre las relaciones entre cerebro y máquinas, sobre los interfaces cerebro-ordenador -los Brain-machine interfaces (BMIs) o Brain-computer interfaces (BCIs)- y, más en general, sobre la interacción persona-ordenador -la Human-computer interaction (HCI)-.


Derecho de los Robots
Ello quiere decir que los robots ya han llegado, y que más están en camino. Los robots han salido de las cadenas de montaje de las fábricas para circular por las carreteras, como sucede con los primeros prototipos de coches autónomos, para volar en espacios aéreos más bajos para entregar mercancías por medio de drones o realizar reconocimientos para detectar construcciones no declaradas, por ejemplo. También están reemplazando a los electrodomésticos para crear hogares conectados e inteligentes, y asimismo están viajando a lugares más allá de la capacidad humana para abrir nuevas fronteras del descubrimiento espacial.

Así las cosas, los robots, grandes y pequeños, se han integrado en la asistencia sanitaria, el transporte, la recopilación de información, la producción industrial o el entretenimiento. Todo ello en espacios públicos y privados. Lo mismo cabe señalar de los cada vez más complejos sistemas de inteligencia artificial, que nosotros englobamos dentro del concepto de «robot» (o «sistema robótico»), los cuales ordenan las modalidades de funcionamiento de amplias áreas de nuestras organizaciones sociales, incluso dando lugar a lo que se ha denominado como la dictadura del algoritmo.

Por ello, cabe afirmar que los robots y los sistemas de inteligencia artificial son uno de los grandes inventos verdaderamente disruptivos del entorno digital, y constituyen, sin duda, un vector de cambio vertiginoso de nuestras sociedades que apenas si se ha comenzado a vislumbrar.

Lo que une a todos estos artefactos es la característica de que tales sistemas presentan cierto grado de autonomía en su funcionamiento, de «impredecibilidad», y también cuentan con la capacidad de causar daño físico, lo que abre una nueva etapa en la interacción entre los seres humanos y la tecnología.

Y son estos rasgos lo que convierte a la robótica en su conjunto en un campo relevante para los reguladores y los operadores jurídicos. ¿Son nuestros ordenamientos jurídicos en vigor adecuados para hacer frente a los avances de la robótica? ¿Pueden regularse las nuevas tecnologías robóticas, en particular si se caracterizan por un comportamiento autónomo cada vez mayor, dentro de los marcos legales y éticos existentes o, en caso contrario, deben hacerse más genéricas las normas jurídicas existentes para que incluyan también a las tecnologías robóticas?, o más bien ¿debemos aspirar a una disciplina jurídica autónoma y propia para los robots?

Para estudiar estas cuestiones e intentar aportar algunas respuestas he dirigido una obra que se acaba de publicar en marzo de 2018, titulada precisamente “Derecho de los Robots ”. En este libro, que es pionero en lengua castellana, hemos identificado una serie de cuestiones nucleares suscitadas por el despliegue generalizado de la robótica y de la inteligencia artificial en la sociedad, mediante un estudio interdisciplinar que incluye los aspectos científicos, jurídicos, médicos y éticos más relevantes. Es un área del Derecho que cada vez más irá creciendo en importancia, hasta integrar una nueva disciplina jurídica, el Derecho de los Robots, como en su momento sucedió con el Derecho del Trabajo o el Derecho Ambiental.

En definitiva, el Derecho ya ofrece herramientas para dar respuesta a este fenómeno disruptivo, si bien queda naturalmente mucho por hacer en un campo todavía incipiente en parte. Abordar estas cuestiones de manera organizada es una empresa colosal, la cual requiere un diálogo permanente y profundo que debe implicar a las disciplinas jurídicas, éticas y científicas si se quiere que sea fecundo y útil, para permitir a los diseñadores de robots evitar los problemas legales y éticos concernientes a los mismos. Y todo ello en una rama jurídica nueva, el Derecho de los Robots que a la vez adaptará el Derecho general —en cuanto que previamente vigente—, y, en la medida de lo necesario, creará un Derecho nuevo que respete los principios estructurales de dignidad, libertad e igualdad en el marco del mantenimiento de la democraticidad total de los sistemas robóticos y de inteligencia artificial.
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Derecho de los Robots
Moisés Barrio Andrés es Letrado del Consejo de Estado, Doctor en Derecho, Profesor de Derecho Digital, Abogado y Consultor. Ha realizado estudios de postgrado en la Universidad de Harvard y es Máster en Investigación en Ciencias Jurídicas por ICADE, ESADE y Deusto. En 1992 fundó IDESOFT, empresa fabricante de software y de la cual ha sido su CEO hasta hace dos años. La compañía fue pionera en comercializar programas informáticos en Internet, y desde entonces desarrolla soluciones tecnológicas y de ciberseguridad para el sector privado y público.

También es Profesor de Derecho Digital, así como de Derecho de la Regulación económica, es Académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, es Secretario de la Revista «Documentación Administrativa» y es el Secretario del Foro de Debate Jurídico.
Igualmente es Asesor de distintas Administraciones Públicas, tanto en España como a nivel internacional, en materias de Derecho Digital y Derecho Público. Asimismo, pertenece al grupo de expertos sobre Ciberpolítica del Real Instituto Elcano.

Es autor de siete libros titulados "Derecho Público y propiedad intelectual: su protección en la Red", "Ciberdelitos: amenazas criminales del ciberespacio", "Derecho Público e Internet: la actividad administrativa de regulación de la Red", "Fundamentos del Derecho de Internet", "Ciberderecho. Bases estructurales, modelos de regulación e instituciones de gobernanza de Internet", "Internet de las Cosas" y "Derecho de los Robots". Ha escrito más de 30 artículos en revistas y otras obras especializadas en el campo del Derecho Digital, propiedad intelectual, nuevas tecnologías y Derecho Público económico.

www.moisesbarrio.es
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Martes, 20 de Marzo 2018

He querido utilizar la versión digital de la famosa frase utilizada por Bill Clinton en su exitosa campaña en las presidenciales americanas de 1992 contra George H. W. Bush (“Es la economía, estúpido”), para establecer algunos pronósticos sobre lo que puede ser la evolución del Bitcoin en los próximos años.


Es digital, estúpido.
La mayoría de los analistas de medios económicos hablan de burbuja a punto de estallar. Esos son los casos de Jamie Dimon (JP Morgan), John Wasik (Forbes) o Eric Schiffer (Bloomberg) sólo por citar algunos de las decenas de artículos que se han podido ver últimamente en las noticias y que pronostican una hecatombe del fenómeno Bitcoin*. El calificativo de burbuja me resulta en cualquier caso un poco extraño, ya que es un término utilizando a posteriori, cuando se ha producido, no antes de que se produzca.
 
Y en cualquier caso, estoy de acuerdo en que un valor del mundo real que creciera con esa velocidad, se podría calificar como de burbuja. Pero el mundo digital es diferente y la historia ya nos lo ha enseñado. Tratar de predecir la futura evolución del Bitcoin a partir de lo que sabemos o hemos aprendido del mundo real es un profundo error en el que la mayoría de analistas están cayendo.
 
Pondré un ejemplo para ilustrarlo. Un avión en 1974 de París a Nueva York costaba 900 dólares y tardaba 7 horas en realizar su recorrido. Si el progreso de los aviones (mundo real) hubiera sido similar al de los ordenadores (mundo digital), el avión debería tardar en la actualidad 1 segundo en realizar la ruta y costar 1 centavo de dólar. Y sin embargo los ordenadores sí han cumplido esa progresión siguiendo la Ley de Moore enunciada por el vicepresidente de Intel en los años 70. El mundo real está presidido por las progresiones aritméticas y el mundo digital por las geométricas. El Bitcoin es una divisa digital caracterizada por su naturaleza deflacionista basada en una creación controlada y exponencialmente decreciente, con una producción limitada a 21 millones y cobertura mundial. Y ante todo es un activo digital. Todas las cosas en el mundo digital crecen de forma radicalmente diferente al mundo real. Eso ya lo aprendimos con la web 2.0. Por tanto no nos debería extrañar que el Bitcoin y otras criptomonedas alcancen en el futuro inmediato tendencias alcistas difíciles de explicar para cualquier tipo de mercado alejado de la realidad digital. Porque el mundo digital es muy diferente al real tanto en progresión como en números y forma de crecimiento. Tal vez por eso cuesta tanto aceptar con cierta lógica que la moneda haya disparado su cotización en los últimos tiempos. Aunque en realidad ha seguido una trayectoria más o menos prevista en 2014 ** y que guarda enormes similitudes con la curva de crecimiento del activo oro *** en los años 70. Y el oro no era ni es una burbuja.
 
De hecho, ya el mundo digital nos ha demostrado que progresa geométricamente y no aritméticamente. Si en el año 98 nos hubieran dicho que iba a haber una especie de asociación en unos años que por número de socios se podría situar como el segundo país del mundo, como es en la actualidad Facebook, directamente nos hubieran tildado de locos porque no se puede organizar algo de esas características. Sin embargo hoy en día Facebook es una realidad de 1.100 millones de personas, cuando las mayores asociaciones del mundo real, con estructuras centenarias y complejos sistemas burocráticos de funcionamiento, apenas pueden llegar al millón de socios, como es el caso de Cruz Roja. Una vez más las cifras del mundo digital no pueden compararse con las del mundo real. Se mueven con parámetros y escenarios diferentes.
 
De esta forma, lo previsible para el precio del Bitcoin en los próximos años, que irá acompañado de incursiones en los mercados bursátiles o de futuros como ha ocurrido últimamente con CBOE o CME, será de una progresión imparable no exenta de altibajos como ya hemos visto en los últimos días de diciembre. Quienes llevan ya algo de tiempo en el mundo de las criptofinanzas se han acostumbrado ya a estos altibajos y pueden observar con relativa tranquilidad como el Bitcoin un día baja hasta un 20% y al día siguiente sube un 30% sobre una corriente que hasta ahora ha sido alcista. Esos increíbles movimientos para el mundo real, son completamente habituales en el mundo digital.
 
En cualquier caso, hay un buen número de incógnitas que van a marcar el futuro, como va a ser la entrada en funcionamiento de la red relámpago de Bitcoin, la regulación que vayan imponiendo los Estados, los importantes retos de seguridad a los que se va a enfrentar y el fenómeno de la bitcoinización de algunas economías entre otros. Eso va a marcar un futuro alcista y ayudará a establecer la velocidad de consolidación de la moneda. Pero el Bitcoin está aquí para quedarse y para poner en marcha junto con su tecnología base, el blockchain, la Internet de los valores que desplegará una economía alternativa a la tradicional, con sus propios parámetros y forma de funcionamiento y con un carácter descentralizado, universal, desintermediado y más democrático, donde los usuarios serán dueños de sus propios activos sin intermediarios de por medio. Es solo cuestión de tiempo.
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* ver http://time.com/money/5066095/bitcoin-cryptocurrency-bubble-pop-signals/?utm_source=time.com&utm_medium=email&utm_campaign=the-brief&utm_content=2017122011am&xid=newsletter-brief

** https://steemit.com/bitcoin/@jonasbostoen/extremely-accurate-bitcoin-price-prediction-chart-from-2014 
 
*** https://medium.com/swlh/will-the-futures-market-do-to-bitcoin-what-it-did-to-gold-b7d35704641
 

Es digital, estúpido.
Joaquín López Lérida
 (http://es.linkedin.com/in/joaquinlopezlerida/)  es Doctor en Informática, Ingeniero de Telecomunicación y Master en Coaching Ejecutivo por AECOP. En la actualidad es CEO de Kolokium (www.kolokium.es), una empresa dedicada al desarrollo de tecnologías blockchain. Adicionalmente, es profesor de economía digital en la Escuela de Organización Industrial (www.eoi.es) y director de la conferencia TEDxSevilla (www.tedxsevilla.com). Es autor de libro “La economía de blockchain: los modelos de negocio de la nueva web”, la publicación sobre blockchain en castellano más vendida en el mundo en el año 2016.

Con anterioridad ha participado y puesto en marcha diferentes start-ups centradas fundamentalmente en el negocio digital y ha sido director de tecnología de Sandetel SA, gerente de negocio electrónico de Arthur Andersen, profesor asociado de la Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Politécnica de Madrid y Universidad Alfonso X El Sabio de Madrid, e investigador en la Universidad de Stanford, California. 



Lunes, 1 de Enero 2018
Ego sum qui sum
You may know who you are, but how do I know that you really are who you say you are? How, in other words, can you be identified as an individual, and how are you going to prove this identity. (Prof. Jane Caplan )


Cuando Moisés le pregunta cuál es su nombre, Dios le responde – al menos según sostiene la tradición latina - : Ego sum qui sum “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14) respuesta que parece que no engendró a Moisés ninguna duda sobre la identidad de su interlocutor. Los mortales, sin embargo, llevamos toda la historia tratando de resolver la forma en la que identificarnos y demostrar nuestra identidad frente a terceros.

Ese reto es, probablemente y sin exageraciones, el mayor a los que se enfrenta nuestra revolución digital que, veinticuatro años después de la publicación de la viñeta más reproducida del New Yorker aquél ya lejano verano de 1993 sigue sin resolver el que “en Internet nadie sabe que eres un perro” con todas las terribles consecuencias prácticas, ciberdelitos de toda naturaleza y debates técnicos, jurídicos, regulatorios y filosóficos que ello conlleva. 

Ego sum qui sum
Tras años dando palos de ciego, Directiva de firma electrónica del año 1999 y consecuentes normativas locales dispersas incluidas, la Comisión Europa entendió hace unos años que esa normativa no ofrecía un marco global transfronterizo e intersectorial capaz de garantizar unas transacciones electrónicas seguras, fiables y de fácil uso. La Comisión entendió que era necesaria una nueva estrategia y enfoque para superar el reto de la identificación on-line y que se hacían necesarias soluciones globales y homogéneas. Y es que de nada sirve que todos tengamos un DNI “electrónico” si nadie lo usa y si los pocos que usan/usamos certificados de firma electrónica avanzada no podemos usarlo fuera de este pequeño “barrio” de la aldea global en que vivimos y, además y pese a ese DNI electrónico, si seguimos apuntando en nuestras agendas listas interminables de distintas contraseñas que no paramos de olvidar –y los proveedores de restablecernos con todos los costes y riesgos que ello implica- para acceder a los cada vez más imprescindibles servicios de la sociedad de la información que necesitamos cada día.

Así, la Comisión Europea (ha reconocido que el  E-Identification es una herramienta fundamental para garantizar la protección de los datos personales y prevenir el fraude on-line y es de alabar que frente a la preponderancia otorgada en determinados ámbitos –como el financiero- a la identificación basada en la presencia física de las personas y los documentos “físicos”, la identificación electrónica prevista en el Reglamento  910/2014 de 23 de julio de 2014 relativo a la identificación electrónica y los servicios de confianza para las transacciones electrónicas en el mercado interior y por la que se deroga la Directiva 1999/93/CE (Reglamento eIDAS) está llamada a convertirse en el estándar.

Sin embargo, quedan por superar determinadas inconsistencias y anacronismos regulados en la normativa de prevención de blanqueo que están frenando el desarrollo de los nuevos servicios financieros electrónicos y la industria Fintech. En este sentido, debe existir una respuesta coherente respecto de los nuevos mecanismos de identificación por videoconferencia que ofrecen ya muchos proveedores como por ejemplo los españoles Electronic ID y resulta fundamental que prospere la propuesta de que se reconozcan los mecanismos de identificación electrónica del Reglamento eIDAS  entre las medidas de diligencia debida con respecto al cliente a las que se refiere el artículo 13 de la Cuarta Directiva de Prevención de Blanqueo (Directiva 2015/849, 20 de mayo de 2015 o 4ª Directiva AML) que sigue dando preponderancia a la identificación del cliente y la comprobación de su identidad sobre la base de documentos, datos o informaciones obtenidas de fuentes fiables e independientes.

También resulta fundamental que se avance en la interoperabilidad de los DNI electrónicos de los distintos Estados Miembros porque de otro modo de nada servirá que todos los europeos tengamos un DNI electrónico en nuestra cartera si no lo podemos, sabemos o queremos usar y si no resulta operativo fuera de nuestras cada vez más limitadas fronteras nacionales.

Y, todo lo anterior, sin olvidar las enormes posibilidades que blockchain ofrece. La recién creada Red Lyra es una buena muestra al respecto.

Dejando estos “problemas de ricos” al margen, 1.500 millones de personas viven sin una identidad oficialmente reconocida y como la iniciativa ID2020  constata, que sin identidad estas personas son totalmente vulnerables y susceptibles de todo tipo de discriminaciones.

El problema no tiene fácil solución y para quien desee ahondar en el mismo resulta particularmente interesantes las reflexiones al respecto realizadas por la Global Identidity Foundation de Paul Simmonds. Videos de “Tom” incluidos!

El debate sobre la identidad es uno de los grandes debates quijotescos y, si todavía a estas alturas del verano alguno de los lectores del blog no ha elegido su lectura de verano me permito recomendarle que relea el Quijote donde –como muchos expertos han escrito- se puede ahondar bastante sobre el debate de la identidad.  Y es que, desvaríos de todo tipo al margen, don Quijote siempre tuvo claro quién era y su “Yo soy quien soy” se repite en varios capítulos de la novela y es que pese a su tal vez errónea percepción de la realidad don Quijote nunca tuvo dudas sobre su identidad:

Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués  de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.
Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías.
(Quijote I, 5)

PD: Artículo inspirado en la ponencia Fintech OnLine identification: solutions and challenges impartida por el autor en la 30th Conferencia organizada por Privacy Laws & Business “Promoting Privacy with Innovation” que tuvo lugar St. John’s College, Cambridge (Reino Unido) el 5 de julio de 2017. El vídeo de la ponencia está disponible aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ZWmndoQRtg0

© Javier Fernández-Samaniego, 2017
javier.samaniego@samaniegolaw.com

Ego sum qui sum



Domingo, 13 de Agosto 2017
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Javier Fernández-Samaniego
Javier Fernández-Samaniego
Ardiel Martinez
Socio Director de Samaniego Law. Abogado y especialista en asesoramiento contractual y contencioso de proveedores y clientes de Tecnologías de la Información. Fue uno de los abogados pioneros en España en el asesoramiento en materia de protección de datos de carácter personal. Asesora a empresas nacionales y multinacionales en contratos de outsourcing, nuevos modelos de negocio vertebrados en tecnologías disruptivas y en la prevención y resolución de conflictos que involucran cuestiones tecnológicas complejas. Cuenta con estrechos vínculos en Estados Unidos y Latino América. Es árbitro de la sección especializada en TIC de la Corte de la Cámara de Comercio de Madrid y asociado del Club Español de Arbitraje. Es mediador acreditado por CEDR de Londres y forma parte del Panel de Distinguidos “Neutrales” de CPR en Nueva York. Abrió la oficina de Madrid de Bird & Bird en 2005 y anteriormente colaboró profesionalmente con los despachos Linklaters y Cuatrecasas. Comenzó su carrera como abogado en el ente público CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial). Miembro del Consejo Académico de FIDE. Senior Fellow del Steven J Green School of International and Public Affairs (FIU - Florida International University).



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